Fui √°guila por un minuto ūü¶Ö ūü™ā

Kara Ema:

El lunes ser√≠a mi √ļltima jornada completa en Sevilla, y a√ļn me quedaba tanto por ver de esta fant√°stica ciudad.

Pero antes de seguir recorriendo el centro, hab√≠a algo que ten√≠a que hacer en la periferia. Resulta que hab√≠a contratado un salto en t√°ndem para hacer ese d√≠a por la ma√Īana, en el aer√≥dromo La Juliana, situado a unos 25 kil√≥metros de Sevilla.

El Salto T√°ndem es una variaci√≥n del paracaidismo convencional en la que un aprendiz de paracaidismo salta junto a un instructor unidos por medio de un sistema de doble arn√©s. Precisa de una breve formaci√≥n en tierra, donde se explican distintos aspectos del salto, principalmente relacionados con seguridad. Se usa un arn√©s especial de t√°ndem que se ci√Īe al cuerpo del estudiante. [‚Ķ]

Wikipedia

Sí, fui a hacer paracaidismo, y puedo decirte que ha sido una experiencia sensacional. Salté de una avioneta a 4600 metros de altura y caí con la aceleración de la gravedad (caída libre) durante un minuto, el cual se pasó volando. Luego, el instructor abrió el paracaídas y nos dirigimos planeando lenta y suavemente hacia la zona de aterrizaje, mientras yo aprovechaba para contemplar las espectaculares vistas aéreas, y reponerme de la fuerte dosis de adrenalina que me acababa de ser suministrada.

Pero empecemos desde el principio, que sabes que a m√≠ me gusta ir por orden y a los detalles. El lunes a eso de las ocho de la ma√Īana sal√≠ del hotel y me dirig√≠ hacia la estaci√≥n de autobuses Plaza de Armas, para tomarme un bus hasta el pueblo m√°s cercano al aer√≥dromo, Bollullos de la Mitaci√≥n. Cuando llegu√© al pueblo, no me qued√≥ otra que hacer los seis kil√≥metros que me quedaban hasta el aer√≥dromo a pie, ya que no hab√≠a ning√ļn transporte que me llevara y casi no pasaban coches por ah√≠. Si hubiese estado m√°s ajustado con el tiempo a lo mejor habr√≠a intentado hacer autoestop, pero como era a las 11:00 mi cita en el aer√≥dromo, y todav√≠a faltaba una hora, decid√≠ marchar tranquilamente por el borde de la carretera.

Lo bueno de haber hecho eso es que he podido hacer bonitas fotografías de las rutas de tierra y los preciosos campos y prados que había por esa zona:

La carretera principal en realidad es la de cemento que apenas se ve al lado. Este es un camino de tierra que estaba en esta zona nada m√°s, supongo que para ser utilizado para el mantenimiento de este campo.

Cuando ya estaba cerca del aeródromo, empecé a ver a los paracaidistas cayendo:

A las 11:00 casi en punto finalmente llegué al aeródromo:

Hangares
Avioneta de la que salté

Cuando llegué, me anuncié en recepción, me presentaron a mi instructor (con quien iba a dar el salto tándem) y mi cámara (quien me iba a estar filmando y sacando fotos durante toda la experencia), me dieron el entrenamiento en el cual me explicaban las posiciones que tenía adoptar a cada momento, entre otras cosas importantes que debía saber, y me entregaron el mono que me tenía que poner sobre la ropa.

En un momento dado nos llamaron para que nos subi√©ramos a la avioneta, donde apenas quedaban espacios libres para moverse de todos los que √©ramos (unas diez personas) y de lo peque√Īa que era la aeronave. Mientras √≠bamos tomando cada vez m√°s altura, yo iba mirando el paisaje por la ventanilla a la vez que mi instructor me aseguraba bien los puntos de anclaje con √©l y me recordaba la posici√≥n que deber√≠a asumir en unos instantes para afrontar el salto.

Cuando vi que habíamos ya sobrepasado el nivel de las nubes y seguíamos subiendo, me empecé a cuestionar cuándo finalmente nos detendríamos. La altura era tal que ya comenzaba a notarse la curvatura de la tierra. Semejante elevación traía consigo no solo ráfagas de viento, sino también de adrenalina y excitación.

De repente veo que se abre la puerta de la aeronave, y uno a uno, los que estaban adelante mío empiezan a saltar al abismo. Yo estaba atrás de todo. Cada vez que veía a una persona desapareciendo tras la puerta del avión, mi corazón se aceleraba unas diez pulsaciones. Finalmente me tocaba a mí. Cincuenta pulsaciones más. Para cuando pude volver a tener constancia de lo que sucedía, ya estaba en el aire, volando a 200 kilómetros por hora hacia el centro de la tierra.

Eso fue todo en cuanto a mi experiencia de volar como un √°guila. Una cosa menos en mi lista de cosas que debo hacer/probar/ver al menos una vez antes de morir.

A√ļn me queda por contarte todo lo que hice durante la tarde de ese mismo d√≠a. Pero esta entrada ya es lo suficientemente larga as√≠ que me parece que voy a hacer como la anterior y voy a dividir la jornada en dos entradas separadas.

Ame,
Kato