Kara Ema:
El 31 de octubre llegué a Barcelona, mi nuevo destino para esta semana. Ese día no hice mucho, más que salir a pasear a la noche por la zona de mi hotel para ver qué hacía la gente para festejar Noche de Brujas —habían muchos niños en las plazas vestidos con todo tipo de disfraces, desde fantasmas hasta los soldados rosas del Juego del Calamar.
Antes de pasar a lo que hice el 1º durante mi primera jornada completa en esta ciudad, paso a contarte algunas primeras impresiones y observaciones varias:
- Los catalanes en general son bilingües —saben hablar las dos lenguas oficiales de cataluña: castellano y catalán—, pero en la vida cotidiana siempre se los oye hablando en castellano. Lo interesante es que, pese a que se manejan más con el castellano, en general toda la cartelería pública está escrita en catalán (y solo en catalán, salvo excepciones como en el aeropuerto, donde también está en castellano y en inglés). Por cierto, el catalán me suena como una mezcla súper bizarra entre el castellano, el francés y el italiano.
- Si bien es una ciudad súper turística, comparado con las ciudades que venía viendo en Italia —sobretodo Roma— me pareció bastante más tranquila en cuanto a cantidad de gente, filas, tránsito, contaminación sonora y demás. Aunque esto también puede que sea por el hecho de que ya estamos en noviembre y suele haber menos turismo comparado con octubre.
- Al ser un destino turístico, a cada rato oyes a alguien pasando por al lado tuyo hablando en un idioma extranjero. Por alguna razón, el 87 % de las veces que me pasa eso, ese idioma resulta ser el francés. Esto mismo me pasaba en Italia también. De hecho me pasa tan seguido que a veces siento que nunca me fui del Hexágono. Supongo que es lógico que los franceses sean los turistas mayoritarios dado que son los que están más cerca, pero igual no deja de sorprenderme la cantidad de franceses que hay por aquí. También escucho algunos italianos e ingleses, pero en mucha menor medida (9 % y 3 % respectivamente).
- Una cosa llamativa que he visto varias veces ya por la ciudad, es que cuando hay escaleras en la vía pública para subir una colina, casi siempre vas a encontrar también escaleras mecánicas justo al lado. Por ejemplo, mi hotel está ubicado en una calle que tiene escaleras en las aceras para afrontar las colinas, y al lado hay también unas escaleras mecánicas para subir, las cuales me han venido súper bien el prímer día para montar las maletas.
- En Francia y en Italia, en todos los lugares públicos interiores siempre te pedían presentar un certificado de vacunación de COVID-19 para poder entrar. Aquí en España a lo sumo te obligan a ponerte la mascarilla al ingresar en recintos cerrados, pero el pasaporte sanitario hasta la fecha al menos no se está exigiendo en ningún sitio.
- El transporte público es brillante aquí, sobretodo el metro. Con el Metro de Barcelona llegas a casi cualquier sitio del Área Metropolitana de Barcelona en no más de media hora. Y la frecuencia de los trenes es excelente también: hasta ahora nunca me ha tocado esperar más de dos minutos entre que llego a la estación y me subo al tren. Es genial porque en las estaciones ponen un contador de cuánto falta para que llegue el próximo tren con una precisión de segundos.
El lunes comencé mi día a las 9:00, y lo primero que hice fue tomarme el metro hasta l’Arc de Triomf.

Luego me fui a caminar por el Parc de la Ciutadella, que quedaba ahí nomás del arco triunfal. Pasé por el Castell dels Tres Dragons, la Cascada Monumental, y las esculturas del Mamut, la Font dels Nens, y Desconsuelo, entre varias otras.



A todo esto eran ya eran las diez de la mañana y no había desayunado todavía, así que me fui rápido a remediar ese problema en el Starbucks más cercano.

Cerca del Starbucks estaba la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia o, simplemente, la Catedral de Barcelona, donde estaban haciendo una ceremonia especial adentro por el Día de Todos los Santos (que por cierto es un día feriado en España y en varios otros países de Europa). Y afuera también había un evento especial: había unos músicos tocando música tradicional de Cataluña y la gente se ponía en círculo frente a ellos bailando la sardana.
La sardana es un género musical típico de la cultura catalana que se baila en círculo siguiendo una serie de pasos. […]
Los hombres y las mujeres se unen en círculo cogidos de la mano y mirando hacia dentro para bailar la sardana curta histórica (con una duración aproximada de 5 minutos) o la sardana llarga actual (con una duración aproximada de 12-13 minutos).
Los pasos se cuentan meticulosamente como movimientos de dos o tres pasos realizados lateralmente dentro del círculo. La dirección de los pasos se alterna. Las manos permanecen a la altura de la cadera o del hombro, según la estructura de los pasos. El patrón de la coreografía tiene intervalos de salto que cambian con la música. Por lo general, hay más de un círculo con diferentes ritmos y niveles de conocimiento de la danza.
Este baile se distingue de los demás porque permite a la gente unirse a un círculo de baile público en cualquier momento, ya que cualquier persona de cualquier edad y procedencia que esté familiarizada con la sardana puede dejar su abrigo y su bolso en el centro del círculo y unirse a él.
Wikipedia




Luego fui para la Plaça Sant Jaume, donde está el Ajuntament de Barcelona, y a la Plaça del Pi, donde está la Basílica de Santa Maria del Pi. También pasé por el Carrer Petritxol, una pequeña calle peatonal histórica donde hay varias chocolaterías.





De ahí me fui a La Rambla, pasando por el Mercat de Sant Josep de la Boqueria. Por esa zona paré para pedirme un Chimney Roll, que es como una especie de gofre crocante con forma de chimenea, donde se le pueden poner varias cosas adentro. Yo le puse helado de dulce de leche, dulce de leche natural, y crema (o «nata», como le dicen aquí).



Al final de La Rambla está el Monument a Colom, y pasando el monumento está La Barceloneta, un barrio costero de Barcelona donde queda la Platja de la Barceloneta.



Ya que estaba comiendo cosas argentinas (dulce de leche), decidí almorzar unas empanadas en Maremagnum, un centro comercial ubicado en el Moll d’Espanya, en el otro extremo del puente de Rambla de Mar.

Después de comer seguí caminando y pasé por dos esculturas que estaban por ahí: el Cap de Barcelona y La Gamba. Luego me fui finalmente para la playa. Hacía un día hermoso para bañarse, y el agua estaba perfecta: espumosa, con algo de olas pero no demasiado, ni fría ni caliente. Lástima que no había ido preparado —no llevaba conmigo bañador ni toalla—, así que tuve que limitarme a quitarme el calzado y caminar pies desnudos por la orilla.



A las 16:30 pasé por el Parc de les Cascades, donde estaba la escultura El Poder de la Paraula. Y de ahí ya me fui para el hotel.

Ame,
Kato
Amo
Estuviste a full!! Que linda la playa!
P.D.: Me diste hambre con todo lo que comiste jajaja