Kara Ema:
El martes a la salida de la escuela fui al edificio de la terminal de autobuses de Hakata —al lado de la estación ferroviaria—, a buscar un nuevo lugar para almorzar. Me terminé decidiendo por スパゲッティーのパンチョ (Pancho Spaghetti).

En el quinto piso de este edificio había una tienda de Daiso (casi todo por ¥100), así que después de comer no pude evitar pasar por ahí y comprarme varios chocolates, galletas, bebidas y todo lo que encontrara que tuviese la palabra キャラメル (caramelo) en su etiqueta. Últimamente me está pasando con las tiendas de todo por ¥100 lo mismo que me pasaba con las boulangeries hace un par de semanas: las estoy visitando demasiado seguido.
Una de las cosas que me compré en Daiso —y que luego terminó siendo mi postre de la cena de esa noche— fue un Yukimi Daifuku (helado de mochi) de sabor a caramelo.
El helado de mochi es un dulce japonés hecho de mochi (arroz glutinoso machacado) con un relleno de helado. Fue creado originalmente por la subsidiaria de confitería del conglomerado Lotte, y comercializado como Yukimi Daifuku en 1981. […] El helado de mochi es actualmente una especialidad reconocida internacionalmente. […]
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Me hizo acordar a mi estadía en Francia, dado que Charlotte cada tanto solía comprar mochi de distintos sabores para degustar con las chicas, tanto en su versión helada como en su variante natural.
Mi escuela está ubicada en Hakata, muy cerca de la estación. Al oeste de allí se encuentran los barrios más céntricos de Fukuoka—Tenjin, Daimyō y Nakasu. Al norte se encuentran Island City y Uminonakamichi. Al sur se encuentra la share house donde estoy viviendo. La única dirección que me faltaba investigar era el este, así que el miércoles a la salida de la escuela encaré en esta dirección.
Estuve caminando una media hora por un paisaje que no me agradó mucho. No estoy seguro de si esta es la mejor palabra para describirlo, pero a falta de una mejor la utilizaré: suburbano. Es decir, ni rural ni urbano, sino un punto medio entre ambos. La vida rural me agrada y la urbana también; ambos tienen sus puntos favorables. Pero el ámbito suburbano en mi opinión es el peor de los dos mundos.
En los suburbios todo está alejado y el único medio de transporte práctico es el vehículo personal. Todo está pensado para ser transitado con un coche, con lo cual las tiendas tienen carteles enormes y espaciosos estacionamientos. Las calles son grandes y están todo el tiempo llenas de vehículos pasando a gran velocidad. Las aceras están casi siempre vacías, con el ocasional peatón o ciclista que pasa una vez cada tanto. Este tipo de infraestructura urbana se encuentra seguido en Estados Unidos, y es una de las razones por las cuales no tengo mucho interés por ese país.
En fin, ¿dónde estaba? Ah, sí. Estuve caminando una media hora por el entorno suburbano hasta que llegué a una tienda de kaitenzushi llamada Kura Sushi. Ahí paré para almorzar.

Una particularidad que tenía este lugar que no había visto nunca es que cada cinco platos que pedías podías jugar un «minijuego», que te daba la posibilidad de ganar una cápsula de juguete, de esas que obtienes en los gachapon.

Yo me pedí seis platos, con lo cual tuve acceso a jugar el minijuego una sola vez, pero no tuve suerte. Pienso que debe de estar configurado para que ganes no una de cada dos veces (i.e. un 50% de probabilidad de ganar o perder), sino con una probabilidad más baja para que pierdas más seguido y eso te motive a pedir cinco platos más para tener una nueva posibilidad de jugar y ganar.
Era la primera vez que iba solo a un kaitenzushi, así que aproveché para grabar toda la singular experiencia así te la podía mostrar bien.
«Hace rato que no visito una tienda erótica», me dije a mí mismo. Si no me equivoco, la última vez fue en Nakano Broadway, en Tokio hace varios meses. Para ser justo, no es que visitar un sex shop sea algo que haga particularmente seguido, o mismo infrecuentemente. De hecho, nunca había entrado a una tienda de este tipo antes de venir a Japón. Aun así, la industria del sexo —incluyendo los sex shop— es enorme en Japón, y es tan excéntricamente distinta de su equivalente occidental que no puedo evitar sentir curiosidad.
Una de las cosas que me fascinan tanto de este país es el hecho de que frecuentemente te encuentras con toda clase de cosas bizarras que jamás te esperarías encontrar en el occidente; cosas que cuando las ves te hacen pensar: «sin lugar a dudas estoy en Japón», «nunca cambies Japón», y «los japoneses están relocos» (en el buen sentido). Esto de toparse con cosas extravagantes y exclusivas de este país es válido también en los sex shops, y es la razón por la cual me dan ganas de entrar a curiosear cada vez que veo uno.
¿A qué viene todo este prólogo? Pues que luego de almorzar pasé por (y entré a) una tienda erótica. Fui 100% en «modo exploración», es decir, con la idea de investigar el inventario y a lo mejor tomar algunas fotos para mostrarte, pero sin intención de comprar nada.

En total habré estado unos veinte minutos paseándome por la tienda. No era particularmente grande, pero me entretuve intentando entender qué era cada producto y ver cuál era el más bizarro que encontraría.
Los primeros artículos interesantes que vi fueron unos atuendos femeninos ligeros, presumiblemente para vestir a tu muñeca sexual, o bien para usar sobre uno mismo. Al lado de ellos también había unas bragas con un cartel que ponía «男の娘», que significa «trasvestido»:
En la cultura japonesa contemporánea, otokonoko (男の娘 Otoko no Ko, lit. hija varón o mujer masculina), es el término utilizado para denominar a hombres que practican el travestismo.
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En la sección de DVDs me seguí encontrando cosas curiosas, como muchas chicas que parecían cualquier cosa menos adultas legales, y unos videos de panchira sobre colegialas.
El panchira (パンチラ) o pantsu es, en su origen, una expresión coloquial usada por las mujeres japonesas para indicar que sus bragas están a la vista. Actualmente se ha extendido al significado de echar una mirada indiscreta a las braguitas de una chica que quedan al descubierto por diversos motivos accidentales, por ejemplo al agacharse o al sentarse, al sufrir una caída, al inclinarse mientras lleva puesta una minifalda, al luchar con alguien, al recibir repentinamente una ráfaga de viento que levante sus faldas, por sufrir un enganchón en las faldas, etc. La expresión «panchira» también se emplea cuando alguien hace algo para verle las bragas a una chica sin su consentimiento. Se trata por tanto de un concepto compartido entre el fetichismo y el voyeurismo.
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La práctica de 盗撮 (fotografía encubierta y sin consentimiento del otro) es súper ilegal en Japón, con lo cual imagino que estos videos deben de haber sido producidos con sets y actrices y no con personas cualesquiera. Supongo que el hecho de que sea ilegal es parte de lo que hace que esta clase de videos y de fetiches sea popular.
En la sección de revistas había también algunas chicas bastante jóvenes.

En una parte también vendían «fragancias femeninas», es decir, unas botellas con una especie de perfume con aroma a «esencia de mujer», por decirlo de una manera sutil.

Por último, probablemente lo más funambulesco que me encontré fue esto:

Cuando vi que casi todas tenían el cartel de 売切 (agotado), se me ocurrió que era una buena oportunidad para poner aprueba mi japonés (y mis agallas), preguntándole al vendedor sobre estas bragas. Así que me acerqué a la caja e inicié la conversación más descarada de toda mi vida:
Kato. — Disculpa, ¿no les quedó ninguna de las bragas usadas?
Vendedor. — [Haciéndome señas para que lo acompañe] Nos quedó una sola.
K. — ¿Es esta bolsa cerrada? ¿No se puede ver el contenido?
V. — La bolsa contiene dos bragas y dos sostenes, pero no se puede ver antes de comprar, lo siento. Reponemos stock de artículos usados todos los viernes, e informamos por nuestro Twitter sobre el nuevo stock que nos llega, así que si lo desea puede verificar ahí si hay lo que es de su interés, o bien puede acercarse directamente a la tienda el viernes a partir de las cuatro de la tarde.
K. — Muy amable, muchas gracias.
V. — ¡Lo esperamos de vuelta pronto!
Lo más curioso es que, si bien las bragas venían en paquetes opacos que no te permitían verlas, sí podías saber bastante información sobre ellas. Por ejemplo, sobre la única bolsa de bragas que quedaba había un cartel que decía lo siguiente: «29 años. Copa B. 161 cm. 49 kg. Dos conjuntos de bragas y sostenes. Incluye accesorios.»
A las 15:00 me fui de la tienda erótica y me volví caminando hasta Hakata.
Cuando llegué a la estación de Hakata pasé por Cinnabon y me compré un Java Kula de caramelo (un frappé, básicamente), para tomar tranquilo mientras esperaba el tren.

Mientras estaba volviendo a casa recibí un mensaje de Noah, diciéndome que estaba volviendo a Fukuoka de su pequeño viaje que había estado haciendo estos últimos días por las prefecturas aledañas. Teníamos que vernos sí o sí porque yo tenía su maleta en mi casa (le habría ofrecido cuidársela mientras él estuviese de viaje), pero además porque al día siguiente él partiría de Fukuoka y también de Kyūshū, con lo cual iba a pasar un tiempo hasta que pudiésemos vernos de vuelta.
Así que quedamos en juntarnos frente a la estación de Hakata a las 19:00. Cuando nos vimos lo saludé, le entregué su maleta y lo acompañé hasta su hotel para que la dejara allí. Luego nos fuimos a Tenjin, a cenar a un lugar de hamburguesas llamado US Burger, que tenía la reputación de ser la mejor tienda de hamburguesas de Fukuoka.
Llegamos a las 20:15. No había nadie aparte de nosotros dos y el encargado del lugar, que hacía todo: las hamburguesas caseras, y el bacon y la salsa también caseros. Además de preparar la comida se encargaba de administrar el lugar, dado que él era el único dueño y empleado. Se trataba de un estadounidense que se había venido a vivir a Fukuoka dado que su mujer era japonesa y quería vivir en su tierra natal.
Estuvimos charlando largo y tendido con el dueño del local. Nos contó un montón de cosas sobre su historia, sobre cómo es manejar un lugar así por sí solo, y cómo llegó a conseguirlo. Una cosa que me sorprendió fue cuando nos dijo que en realidad él era ingeniero, que había trabajado para Cisco en Estados Unidos, y que había llegado a tener mucha gente a su cargo. También cuando contó que se vino hace cuatro años a Japón sin saber ni una palabra de japonés; apenas llegó abrió el restorán y arrancó su negocio, que poco a poco fue ganando popularidad hasta llegar a convertirse en el número uno de Fukuoka.

A las 22:00 me despedí de Noah en la estación de Tenjin, con un abrazo y un «À bientôt, bon voyage!» («Hasta pronto, ¡buen viaje!»). De ahí me tomé el tren para casa.
Ame,
Kato
Muy bueno el video del funcionamiento del restorán autoservicio 👏🏻👏🏻