Nagoya – Día 4: concierto de la banda de música de Kyoto Tachibana

Kara Ema:

El lunes 26 me levanté a las 9:00 y a las 9:30 desayuné el mismo café latte y mismo escón de queso que me daban todas las mañanas en la cafetería del hotel.

A las 10:30 me tomé un tren hacia el distrito de Atsuta, para ir a ver el famoso santuario que había allí y de paso conocer un poco la zona.

A las once menos diez llegué al santuario sintoísta de Atsuta Jingū.

El santuario de Atsuta (熱田神宮, Atsuta-jingū) es un santuario sintoísta que tradicionalmente se cree que fue establecido durante el reinado del emperador Keikō (71-130) situado en Atsuta-ku, Nagoya, prefectura de Aichi en Japón. […] Desde la antigüedad, ha sido especialmente venerado, situándose a la altura del Gran Santuario de Ise.

Wikipedia

Al parecer, no solo se trata del santuario más importante de Nagoya, sino también de todo el sintoísmo. Sus terrenos me recordaron a Meiji Jingū en Tokio, debido a que ambos santuarios están ubicados en el medio de una gran área de parque y bosque.

Atsuta Jingū (I)
Atsuta Jingū (II)
Atsuta Jingū (III)

Me puse a ver en el mapa a dónde podía ir después, y vi que había un gran parque a unas pocas cuadras llamado Jingū Higashi (lo cual tiene sentido, dado que «higashi» significa «este», y estaba ubicado al este del santuario).

Parque Jingū Higashi y estatua de una joven parada al lado de una farola

Después de visitar este parque me empecé a acercar de a poco al lugar donde tenía que estar en un rato dado que tenía un evento allí, para el cual había reservado entrada.

Río Hori. El lugar donde tenía que ir era ese edificio con forma de «H» que se ve a la izquierda.

Tras cruzar un puente para pasarme al otro lado del río Hori, empecé a caminar bordeando al río hasta llegar a el edificio de la «H», que era el Centro de Convenciones de Nagoya. Dentro de él hay tres salas de teatro. La más grande se llama Century Hall y alberga a 3000 personas. Era allí donde tendría lugar el concierto que estaba súper ansioso por ver.

Frente al centro de convenciones estaban estas cinco columnas gigantes, con diferentes colores y símbolos en la parte más alta:

Columnas misteriosas (Pilares de la Creación)

¿De qué están hechas las cosas? ¿Cuál es la «fuente» del mundo? En un pasado lejano, en el Oriente, se creía que la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua eran la «fuente» de todas las cosas, y que cada uno de los cinco elementos tenía su propio color: azul, rojo, amarillo, blanco y negro. Esto se conoce como la Teoría de los Cinco Elementos […].

Los Pilares de la Creación hablan de los bellos encuentros entre las personas y las cosas, y expresan un gran sueño. Lo que atrae este sueño hacia los cielos lejanos son los símbolos planetarios que resplandecen en lo alto de cada columna. Estos símbolos, utilizados en la antigua astronomía occidental, corresponden a los cinco elementos y reflejan las infinitas posibilidades. Los Pilares de la Creación también hablan de la hermosa armonía entre el pensamiento oriental y la sabiduría occidental.

Azul – Madera
Rojo – Fuego
Amarillo – Tierra
Blanco – Metal
Negro – Agua

Cartel que estaba ahí en el medio de los pilares
Centro de Convenciones de Nagoya
Monumento Sforza de Leonardo da Vinci (reconstrucción)
Centro de convenciones por dentro
Cartones de chicas de animé en el centro de convenciones

Si te estás preguntando qué hacen chicas de animé en un centro de convenciones, es la misma razón por la cual un Pikachu estaba en el acuario de Okinawa. No tienen nada que ver ahí, pero vas a ver Pokémon en todos lados en Japón porque son híper populares y queridos por todo el mundo. Lo mismo con las chicas de animé. Aparte porque son kawaii, y los japoneses adoran todo lo que sea kawaii.

Mientras esperaba a que se hiciera la hora en que abrieran las puertas para entrar al teatro, noté que a cada tanto pasaban algunas de las chicas a las que iba a ir a ver. A veces iban acompañadas por escoltas y otras veces iban solas o con otras chicas.

Chica siendo escoltada

A las 12:30 abrieron las puertas.

Cuando entré fui directo a buscar mi asiento. La disposición de asientos supuestamente era aleatoria, pero para mí tiene que ver con la posición social de la persona. Lo que no sé es exactamente cómo miden esa posición social. En mi caso, como soy extranjero y desde hace solo algunos meses que estoy viviendo en Japón, no tienen muchos datos de mí para medir, así que por eso pienso que terminé quedando en el último piso atrás de todo (lo mismo me había pasado en Tokio cuando fui a ver a Aqours). Mientras tanto, los presidentes de empresas y otra gente importante tienen el privilegio de sentarse en las dos filas más próximas al escenario. Todo funciona así en la sociedad japonesa: por rangos y estatus sociales.

Este era el generoso espacio que tenía para las piernas
A los japoneses les encanta llenarte de papeles cada vez que asistes a un evento. El único de todos estos que me interesaba era el amarillo, el cual detallaba cómo iba a ser el programa (a qué sería cada cosa, los intervalos que habría, etc.).

Llegó el momento de que te revele qué es lo que fui a ver.

El evento se llamaba「防災講演会と心の絆コンサート」(«Conferencia sobre prevención de catástrofes y concierto de corazón a corazón»), y estaba dividido en dos partes: una charla sobre prevención de desastres y una orquesta musical tocando y marchando en vivo, que por cierto estaba compuesta por alrededor de cien chicas de secundaria. Creo que no es muy difícil adivinar cuál de las dos partes estaba más ansioso por ver.

A las 13:00 arrancó la primera parte. Durante los primeros quince minutos pasaron varias personas a dar un breve discurso. Entre ellas estaban el alcande de la ciudad y el jefe del departamento de bomberos.

Luego pasaron a presentar uno por uno a todos los VIPs que estaban sentados en las dos primeras filas de asientos, quienes al oír su nombre se paraban, se volvían a la audiencia y hacían una reverencia mientras todos aplaudían. No sé bien quiénes eran, pero no me cabe duda de que era toda gente con cargos altos en diferentes corporaciones. La mayoría eran hombres mayores, como suele ser el caso en ese ámbito.

Después arrancaron con la charla de seguridad y prevención. Como no llegaba a entender casi nada y tampoco me interesaba demasiado, aproveché este tiempo para ponerme a ver en mi móvil qué era lo podía hacer cuando terminara el evento, aunque tampoco estaba seguro de a qué hora acabaría. Noté que había varias personas que estaban distraídas con sus móviles también. Sabía que yo no podía ser el único de todos los que estaban ahí en haber ido solo para ver a las chicas.

A las 14:00 pasadas terminó la primera parte y hubo un intervalo de diez minutos para poder ir al baño y a estirar las piernas (que yo seguía sin saber dónde meterlas, dado que el espacio era ínfimo).

Mientras duraba el intervalo, las chicas empezaron a aparecer en el escenario, desplazándose de aquí para allá y transportando toda clase de instrumentos músicales; poniendo todo en el sitio que tenía que estar para poder comenzar.

La segunda parte estaba dividida en dos etapas: una de concierto primero y una de marcha después. A las 14:20 arrancó la primera etapa.

No se llega a apreciar bien dado que estaba súper lejos, pero esas personas que estaban por tocar todos esos instrumentos eran chicas de secundaria de la escuela Kyoto Tachibana.

El concierto fue absolutamente mágico. Aun así, no era nada comparado con lo que estaba por venir en la segunda etapa.

Lo que distingue realmente a esta banda de secundaria, lo que las hace tan brillantes y tan reconocidas, es la increíble marcha ultrasincronizada que hacen mientras están tocando. De eso se trató la segunda etapa.

Las chicas a punto de arrancar con la marcha. Fíjate cómo iban vestidas con el atuendo favorito de la colegiala japonesa: la minifalda.

Ahora es un buen momento para hablarte un poco más en detalle sobre esta banda. Porque no se trata de cualquier banda de música de colegio, como las otras que he visto en otras oportunidades. Se trata de Kyoto Tachibana.

Estas chicas son tan increíblemente talentosas que son reconocidas internacionalmente. Si buscas «Kyoto Tachiabana» en YouTube, vas a ver que han estado tocando y marchando en Taiwán y en Estados Unidos, además de todo alrededor de Japón.

Imagínate ser artista de orquesta, llenar teatros de tres pisos, atraer muchedumbres enormes en las calles, hacer giras por Japón y el mundo, todo sin siquiera haber terminado aún la secundaria.

Estas chicas son un fantástico ejemplo de lo que la juventud es capaz de lograr cuando se les ofrecen las libertades y las oportunidades para hacerlo. Son la prueba del gran potencial que tienen los jóvenes, el cual lamentablemente muchas veces acaba siendo derrochado debido a los obstáculos impuestos por los adultos; a restricciones excesivas e injustas que en el afán por protegerlos, al final los terminan perjudicando.

El siguiente es un extracto resumido de un artículo interesante que habla sobre esta banda y por qué es tan buena:

Los niños asiáticos siempre han sido elogiados y admirados por su inteligencia y talento innatos. Aunque a muchos les encanta decir que «lo llevan en los genes», cualquiera que haya profundizado en sus orígenes se dará cuenta de que estos estudiantes dedican mucho tiempo a sus estudios y habilidades.

En Japón, la música se tiene en gran estima, al igual que otras asignaturas como las matemáticas y las ciencias; por eso, desde pequeños se les enseña a leer música y a tocar instrumentos. También se suele cantar y los alumnos se saben la canción de su colegio. […]

[…] fue entonces cuando me topé con Kyoto Tachibana. Dios mío, ya es bastante difícil bailar tocando cualquier instrumento, pero ¿conseguir que 20, 50 o incluso 100 chicas lo hagan en secuencia unas con otras? Yo, como muchos, ¡me he enamorado de ellas!

Si has visto antes Kyoto Tachibana, seguramente te preguntarás, ¿qué vida llevan que les permite ser grandes músicos desde tan jóvenes?

Una de las principales razones por las que los estudiantes occidentales no pueden competir con muchas bandas japonesas es simplemente porque muchos de ellos empiezan a aprender música «de verdad» a una edad muy temprana. […]

En Japón, los niños de guardería aprenden a tocar la melódica, que es un miniteclado en el que se sopla para producir sonido. También aprenden a leer música muy pronto y las clases de música se toman tan en serio como las demás.

Los estudiantes no se apuntan a [clubes de música] sólo por diversión o para salir con sus amigos […]. Saben que apuntarse significa sacrificar gran parte de su tiempo libre para aprender y practicar lo que se les pide. El profesor o el director no les va a coger de la mano ni a hacer de niñera, ni les va a permitir que sigan cometiendo errores.

[Las chicas de] Kyoto Tachibana […] trabajan como un solo equipo. Nadie destaca por bailar mucho o muy poco. Nadie intenta destacar ni lucirse. Incluso la chica con la pierna ortopédica encaja muy bien, y se esforzó mucho para conseguirlo.

En la página de fans de Kyoto Tachibana, se les preguntó a las estudiantes cuánto tiempo practicaban. La mayoría respondió que entre 35 y 40 horas a la semana, y algunas incluso 50 o más. […]

Aunque [las habilidades de Kyoto Tachibana] tocando y bailando son asombrosas, lo que hace que sea tan agradable verles es que puedes ver lo mucho que les gusta y lo mucho que quieren que te guste. Saludan, sonríen y bailan con todas sus fuerzas.

Para las escuelas como Tachibana, que siempre ganan competiciones, estoy seguro de que existe la misma presión para mantenerse en lo más alto. Cada tres años, la banda está formada por un nuevo grupo de estudiantes y nuevos líderes, pero todos tienen la misma mentalidad y ética de trabajo. […]

[…] Sé que algunos consideran que los países asiáticos son esclavos o que llevan esas habilidades en los genes, pero se trata de trabajo duro y mucho sacrificio personal.

Por supuesto, no estoy diciendo que otras bandas de todo el mundo no puedan competir o que nadie trabaje tan duro como ellas, pero sin duda hay razones por las que su banda escolar es tan buena y ha sido invitada a actuar en varios lugares del mundo. […]

Trabajan muy duro y se nota, pero lo hacen porque les encanta. Me imagino la presión para los nuevos miembros del club, aunque sé que muchas eligen o intentan entrar en esa escuela sólo para unirse. Saben que van a tener que ponerse al día y hacer muchos sacrificios, pero para ellas merece la pena y sin duda será un momento culminante de sus vidas.

Chromatic Dreamers

Coincido con todo lo que dice esta persona, sobre todo la parte en que declara: «¡me he enamorado de ellas!».

Creo que no exagero cuando digo que la parte de las chicas bailando y moviéndose para todos lados de forma coordinada al mismo tiempo que tocaban los instrumentos, fue uno de los actos más impresionantes que he visto en toda mi vida. El hecho de que fuese realizado por chicas de secundaria solo lo hace mil veces más grandioso. No me puedo imaginar la cantidad de tiempo y dedicación que estas chicas deben de haber invertido para alcanzar este extraordinario nivel de talento.

(Si ves el video te vas a dar cuenta de que hay un par de chicos también, pero para mí siempre van a ser las chicas de Tachibana, dado que son alrededor de cien chicas versus tres o cuatro chicos.)

Montaje de las chicas de Kyoto Tachibana tocando y bailando

El evento terminó a las 15:50, y a las 16:20 me estaba tomando el tren en la estación de Kanayama para volver a la estación de Nagoya.

Una parte que no había visto antes de la estación de Nagoya, con un reloj dorado (Gold Clock).

De la estación me fui a almorzar a un Saizeriya. Me pedí un spaguetti carbonara al principio y un rato más tarde una pizza (me quedé allí por varias horas).

Spaguetti carbonara en Saizeriya

Finalmente a eso de las 20:00 me fui para el hotel.

Ame,
Kato