Kara Ema:
El martes pasado —21 de marzo— fue el Día del Equinoccio Vernal en Japón. Este día no solo es cuando comienza la primavera, sino que también es un feriado nacional en Japón, así que la mayoría de la gente se toma un descanso de trabajar para ir a juntarse con sus allegados en un parque a hacer hanami debajo de los sakura recién florecidos.
Hanami (花見 lit. «ver flores») es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores, pero por lo general se asocia esta palabra al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores (sakura).
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El hanami es parte de la tradición japonesa del mono no aware, de apreciar las cosas efímeras como los cerezos, que ahora mismo están en flor pero dentro de un par de semanas van a desaparecer tan rápido como vinieron.
La share house donde estoy viviendo con un gran grupo de extranjeros organizó un evento de hanami a ser realizado en el parque Yoyogi el Día del Equinoccio Vernal. Podían participar todos los que quisieran, tanto extranjeros viviendo en la share house como japoneses.
A las 13:00 salí de la vivienda con dos personas más que iban al evento, incluyendo a Hank. Llegamos al parque Yoyogi a las 14:00 pasadas, que era el horario en que el evento arrancaría.
Cuando llegamos al punto de encuentro, fuimos recibidos por los organizadores del evento, quienes nos entregaron un naipe a cada uno, con distintos números. La idea era que el número que te tocaba era el grupo al que tenías que sumarte.
Yo no tardé en encontrar mi grupo. Literalmente di dos pasos y un grupo que estaba ahí me preguntó qué número me había tocado. «El tres», les dije. «¡Estás con nosotros!», me contestaron. Así que me sumé a la ronda en la que estaban sentados.
Éramos un montón en total: como cincuenta personas o más, divididas en siete grupos. Había muchos extranjeros pero también unos cuantos japoneses.
Algo interesante que noté sobre los japoneses que habían venido es que eran casi todas chicas, y había incluso algunas que aún estaban en la secundaria. Me pareció genial esto dado que en la sociedad actual lamentablemente es raro encontrar oportunidades en que adolescentes puedan interactuar con adultos.
En mi grupo en particular éramos once: siete hombres y cuatro mujeres, de las cuales tres eran japonesas. De estas tres japonesas, dos tenían diecisiete años, con lo cual aún estaban cursando su último año de la secundaria.


Para participar del evento, la regla era que cada uno tenía que traer algún snack para compartir con todos los demás.

La primera actividad que hicimos entre todos cuando nos sentamos fue presentarnos uno por uno. Luego hicimos algunas rondas de teléfono descompuesto, con frases en inglés y en japonés.

Otra de las actividades que nos hicieron hacer consistió en ir en grupo a buscar algo bonito para tomarle una foto. El grupo que sacaba la mejor foto ganaba el juego y se llevaba un premio.
Así que nos levantamos todos de donde estábamos sentados y empezamos a buscar. Se nos ocurrió que sería kawaii sacar una foto de un perro, así que nos pusimos a hablar con una extranjera (polaca) que estaba paseando a su Border Collie por el parque. Muy amablemente la mujer nos prestó su perro y nos acompañó con él hasta un árbol de sakura para tomar la foto con el árbol de fondo.

Gracias a la magia canina, terminamos ganando. Fuimos el único grupo original al que se lo ocurrió hacer una foto de un animal. Todos los demás hicieron primeros planos de los árboles de sakura o fotos de integrantes del grupo con los árboles de fondo.

Por supuesto que aproveché el hecho de que hubiese dos chicas de secundaria en mi grupo para charlar un rato con ellas, dado que es una oportunidad que no se da exactamente todos los días.
Además porque me daba un poco de lástima verlas a las dos solas hablando entre ellas, dado que nadie se animaba a acercarse a hablarles, no sé si porque las chicas no hablaban mucho inglés o por el hecho de que fuesen menores. Así que tuve que tomar la iniciativa yo.
Estuvimos hablando de una gran variedad de cosas, incluyendo el colegio, las actividades que les gustan hacer dentro y fuera de él, la razón por la cuál habían venido al evento, qué planes tenían para el futuro y demás.
Parece que las dos estaban interesadas en mejorar su nivel de inglés. Me preguntaron cómo podían hacer para lograr eso. Les recomendé cosas como ver películas en inglés (en lo posible con subtítulos en inglés), leer libros en inglés, empezando con los más básicos y orientados para niños (les conté que eso es lo que hice yo cuando empecé a leer manga en japonés), ver videos en YouTube en inglés, y básicamente consumir todo el contenido en inglés que pudieran, aumentando la dificultad poco a poco.
Luego, cuando nos pusimos a hablar sobre Disney, Universal Studios y esos lugares, me acordé de una pregunta que siempre le había querido hacer a una JK (estudiante de secundaria), pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de hablar con ninguna. Les pregunté por qué cuando van a Disney o en general cuando salen los fines de semana, lo hacen vistiendo el uniforme del colegio, a pesar de que ese día no tengan que ir a clases.
La respuesta me pareció súper interesante. Básicamente me dijeron porque «JK限定» (JK gentei). Gentei es un término japonés que significa «por tiempo limitado». Es decir que de vuelta volvemos a la mentalidad japonesa del mono no aware, de apreciar las cosas efímeras. En este caso lo efímero es el tiempo en que uno es una JK/colegiala. Ellas reconocen que ser alumna de secundaria es algo que pasa una sola vez en la vida y solo por tres años. No hay nada que las impida seguir usando el uniforme después de que se gradúen, pero ya no sería lo mismo. Por eso es que lo quieren usar lo más que puedan mientras aún son JKs. Fascinante, ¿verdad?
A eso de las 18:00 nos fuimos con un grupo de los que viven en mi share house y una chica japonesa que conocimos ahí, a cenar juntos en Shibuya. Me costó creer que una chica accediera a salir sola con un grupo de seis hombres extranjeros que literalmente acababa de conocer, pero supongo que es entendible considerando el bajo nivel de crimen que hay en Japón. Es fácil sentirse seguro todo el tiempo viviendo aquí, sin importar la hora que sea, dónde estés o con quien estés.
Fuimos todos caminando desde el parque Yoyogi hasta Shibuya. Cuando llegamos fuimos a cenar a un patio de comidas en el parque Miyashita. Nos costó encontrar lugares para sentarnos dado que estaba abarrotado de gente.

Después de comer fuimos todos juntos —los seis hombres y la chica japonesa— a Utahiroba, una sala de karaoke en Shibuya.

Nos quedamos una hora y media en total.
Fue mi primera experiencia de karaoke con una persona japonesa, lo cual lo hizo bastante interesante. Encima esta chica cantaba súper bien. La mejor parte fue cuando yo puse la canción de Digimon para cantarla yo y ella la cantó conmigo con el otro micrófono.
A eso de las 21:30 terminamos con el karaoke, nos despedimos de la japonesa y nos fuimos todos los hombres juntos de vuelta para la share house.
Ame,
Kato
Felicitaciones por ganar el premio a la mejor foto!! 👏🏻👏🏻