Kara Ema:
El martes a las 7:30 salí del hotel.

Lo primero que hice fue ir a la escuela que había visitado el día anterior, pero no había nadie todavía. Creo que las escuelas en Laos no arrancan hasta por lo menos las 8:00.
El CCC tampoco abría hasta las 8:00, pero allí por lo menos ya había algo de gente.












Estas niñas en un momento me prestaron la raqueta para que yo jugara también. De más está decir que yo era peor que ellas—al menos ellas cada tanto le pegaban; yo no le pegaba nunca.

Por cierto, esa falda larga y tubular que tenían las niñas que estaban afuera se llama sinh, y es una prenda de vestir tradicional laosiana. Forma parte del uniforme escolar de las niñas—recuerdo que Sophie tenía que usarlo. En Tailandia también existe pero no se ve tan seguido como en Laos.
El sinh es una falda tradicional hecha a mano, a menudo de seda, que llevan las mujeres laosianas y tailandesas, especialmente las del norte y el noreste de Tailandia. Es una falda tubular. Su estampado puede indicar la región de origen de quien la lleva. En la Tailandia actual, las pha sins se suelen llevar en eventos especiales. Sin embargo, en Laos, las sinhs se llevan con más frecuencia en la vida cotidiana.
Wikipedia

Lo que me gusta de este centro juvenil es que si bien está orientado a jóvenes de 6 a 18 años (según su sitio web), no tienen problema con que individuos fuera de ese rango de edades también visiten y participen de las actividades. Recuerdo cuando estaba en Europa que un par de veces pasé frente a centros juveniles, pero nunca me animé a entrar ya que sabía que me iban a decir algo como «hola señor, ¿ha venido usted a buscar a su hijo?». No, he venido a jugar con los de otros.
A las 9:30 me fui del CCC y me pasé a la escuela. Esta vez sí estaban los alumnos.

Tras jugar un rato en la parte de primaria, en un momento me pasé al jardín y seguí jugando con algunos niños de primaria y luego de jardín.


A las 10:20 los niños de primaria tuvieron que ir a clase, así que me quedé solo en el patio de jardín. Decidí entonces entrar a una de las aulas.

Algo que nunca voy a entender de los maestros en casi toda Asia (salvo quizás Japón) es esta manía que tienen por gritar o alzar la voz para imponer autoridad y disciplina. Francamente, lo único que generan haciendo eso es que los niños les tengan miedo o desprecio más que respeto y amor.
En partes de Asia Oriental y Sudeste Asiático (e.g. China, Corea del Sur, Vietnam, Tailandia, Filipinas), los maestros suelen alzar la voz como herramienta disciplinaria. En muchos de estos países, la gestión estricta del aula y la autoridad del maestro se consideran fundamentales, por lo que gritar o regañar no es inusual. De manera similar, en algunos países de Medio Oriente y Asia Meridional (e.g. India, Pakistán, Egipto), la disciplina severa y ruidosa suele ser aceptada o incluso esperada por los padres.
ChatGPT

La mayoría estaba comiendo algo de lo siguiente:
- Arroz glutinoso.
- Sopa de fideos instantáneos.
- Pollo frito deshuesado.
El día anterior también había visto a varios comiendo sobre todo los fideos instantáneos. No es lo más sano del mundo pero supongo que para los padres es lo más fácil, práctico y barato para darles a los niños.
Una cosa —una de las tantas— que me encanta de los niños es que comparten todo sin reparos. Por ejemplo, vi a una niña pasando parte de su sopa al plato de otro niño, a niños tomando agua de la misma botella, y a una niña dándome de sus snacks poniéndomelos directamente en mi boca.

Como suele ser el caso en los jardines de infancia, después del almuerzo a los niños les toca la siesta.


Por cierto, los niños me llamaban falang (ຝຣັ່ງ), que significa extranjero tanto en laosiano como en tailandés. Intenté enseñarles mi nombre para que me llamaran por él, pero siguieron utilizando falang.

Varias clases se estaban yendo a dormir, pero por suerte no todas: unos niños habían salido al patio y estaban formando una fila detrás de una pareja de adultos sentada en un banco. Una niña, al verme, inmediatamente se desprendió del grupo y se me acercó para mostrarme sus uñas recién pintadas. Resulta que la fila que estaban haciendo era para que les pintasen las uñas.

La levanté, le di un beso y me hice una selfi con ella en mis brazos. Luego me acerqué a los demás niños que estaban en el patio.


La pareja de adultos estaba compuesta por una mujer quien pintaba las uñas, y un hombre quien hacía fotos de los niños. Creo que eran los dos laosianos, pero estaba claro que no pertenecían a la escuela sino que estaban de visita al igual que yo. Me agrada la gente que visita escuelas.
En un momento una niña me pidió que la alzara, me pasó sus bracitos por alrededor de mi cuello y se quedó ahí como una garrapata durante más o menos veinte minutos, apoyando su cabeza en mi hombro.

Lo mejor igual no fue la loli que no se quería bajar de mis brazos sino todas las que se quisieron subir tan pronto como conseguí bajar a la garrapata.

Por desgracia no pude subir a ninguna dado que fue en ese momento —mientras estaba recibiendo el abrazo colectivo por parte de todas las lolis— cuando apareció la maestra para decirles que tenían que entrar de vuelta al aula.
A las 12:00 volvieron a aparecer mis amigos de primaria, incluyendo a Mia.

Me habría quedado todo el día —y todos los días— jugando con ellos, pero tristemente tenía que volver a Tailandia. Mi hotel me había reservado un vehículo para llevarme a la estación ferroviaria y me habían dicho que tenía que estar antes de las 13:00 allí.
A las 12:40 me hice las últimas fotos con los niños y me despedí de ellos antes de salir caminando rápido hacia el hotel. Cuando llegué el vehículo ya estaba ahí esperándome, así que cogí todas mis cosas rápido y me subí.


Es gracioso porque Luang Prabang es uno de los destinos turísticos más populares de Laos, con lo cual había bastantes turistas extranjeros. Los turistas que visitan LP normalmente hacen cosas como explorar los templos, subir al monte Phousi, visitar las cascadas Kuang Si, o dar un paseo un barco por el río Mekong. Yo no hice nada de eso; en su lugar me la pasé jugando con niños laosianos. Prioridades.
A las 13:20 llegué a la estación.

Todavía faltaba un rato para la partida de mi tren así que aproveché para almorzar algo. Me compré unos fideos instantáneos por ₭30k (~1€).
Paseándome por la estación vi algo que me dejó boquiabierto de lo inesperado e inusual que fue. Una niña que tendría alrededor de 10 años estaba cogiendo unos snacks de una tienda. Con los snacks en la mano, se acercó a la cola para pagar y se detuvo frente a un hombre. Levantó la cabeza para mirar al hombre a la cara y frunció los labios en señal de «dame un beso». El hombre se agachó y cumplió con el pedido implícito de la niña.
La escena completa no habrá durado más de diez segundos, pero logró dejarme atónito por al menos el doble de tiempo. Es extremadamente raro ver asiáticos mostrando afecto en público mediante besos en la boca, mismo en parejas casadas, por no hablar de una relación intergeneracional adulto-niño. Podría decirse que estas dos personas que vi estaban haciendo frente a dos tabúes sociales al mismo tiempo, y por eso se merecen todo mi respeto.
Le pregunté a ChatGPT en qué países es más común ver padres besando a sus hijos en la boca y me dijo que básicamente solo es común / socialmente aceptado en el sur de Europa (Italia, España, Portugal y partes de Francia) y en Latinoamérica. Mi tía es un ejemplo real de esto, ya que es argentina y siempre ha besado a su hija en la boca en lugar de en la mejilla. Ahora mi sobrina es adulta, y sin embargo sigue saludando a su madre con un beso en la boca.
A las 14:00 pasadas me subí al tren.

A las 16:00 llegué a Vientián. Desde la estación me tomé un autobús hasta la frontera con Tailandia.
En migraciones me pidieron ₭10k (0,4€), lo cual me pareció simpático (léase: grotesco) considerando que ya me habían cobrado 50 dólares para entrar al país y ahora me estaban cobrando de vuelta para salir de él. Primera vez en mi vida que experimento un país que te cobra la salida. Imagínate ir a un parque de diversiones o a un cine y que no te dejen salir si no abonas un importe adicional.
A las 17:00 me tomé otro autobús más, que me dejó en el control inmigratorio del lado de Tailandia. Allí fue tan simple como darles mi pasaporte para que me pongan el sello. Nada de tasas de entrada ni rellenado de formularios como en el país vecino.

Desde el control fronterizo caminé hacia el centro de la ciudad de Nong Khai.

Pasé por un puesto callejero de kebab y me pedí uno por ฿80 (~2€).

Pasé también por un Lotus’s donde me compré provisiones, entre ellas un helado de yogur griego, el cual me tomé mientras caminaba hacia la terminal de autobuses.


A las 19:00 llegué a la terminal y a los veinte minutos ya estaba en el autobús rumbo a Bangkok (฿571; ~15€).

Cerca de las 6:00 llegué a la terminal de autobuses de Mochit, desde donde me pedí una moto hacia el hotel.
Ame,
Kato
Entrena en el Badminton que aca ya soy experto