Kara Ema:
Frase del día en tailandés
วันนี้เป็นวันเกิดของหนู
Hoy es mi cumpleaños.
วันนี้ | wan-níi | hoy |
เป็น | bpen | ser |
วันเกิด | wan-gèrt | cumpleaños |
ของ | khǎawng | de |
หนู | nŭu | yo (forma infantil) |
Toda esta semana he estado alternando entre días tranquilos y cargados. El miércoles había sido cargado, así que el jueves tocaba tranquilo.
Lo único que tengo para mencionar de este día fue que estrené mi nueva bandolera y me pasé la tarde en Lotus’s Bangyai. Compré algunas provisiones en el supermercado antes de volver a casa.


Esas grageas de chocolate (tipo M&M’s) las compré para llevar siempre conmigo en mi bandolera, cosa de siempre contar con dulces para dar a los niños con quienes me cruce en mi día a día.
Salí a las 13:00 y volví a las 18:00. El resto del tiempo me lo pasé en casa.
El jueves había sido una jornada retranquila así que el viernes tocaba una recargada para compensar.
Salí de casa a las 8:00 y crucé la autopista para tomarme el autobús del otro lado. Mientras lo esperaba noté que cerca de la parada había un puesto de comida vendiendo arroz glutinoso con pollo frito por ฿20 (~0,5€). Me compré una porción para que me sirviese de desayuno.

Pedí un billete hasta Khok Wua, que donde la línea 516 terminaba su recorrido. Me costó ฿18 (~0,5€).
A las 9:00 me bajé en Khok Wua y caminé un rato, pasando por el Monumento a la Democracia, el Pabellón Real Mahajetsadabadin y el Fuerte de Mahakan.


Por cierto, esta zona histórica de Bangkok se conoce como Isla de Rattanakosin, en el distrito de Phra Nakhon. Aquí es donde están las principales atracciones turísticas, tales como el Gran Palacio Real y los templos más importantes. Es por esta razón que la primera vez que vine a Bangkok reservé un hotel en esta área.
La isla de Rattanakosin (en tailandés: เกาะรัตนโกสินทร์) es una zona histórica del distrito de Phra Nakhon, en la ciudad de Bangkok, Tailandia. Limita al oeste con el río Chao Phraya y al este con varios canales que se excavaron para servir de fosos a lo que originalmente era el centro fortificado de la ciudad. Situada en la orilla convexa oriental de un meandro del río Chao Phraya, la isla alberga el Gran Palacio y el Santuario del Pilar de la Ciudad de Bangkok, entre otros lugares de importancia histórica.
Wikipedia

A las 9:30 finalicé mi caminata frente a la escuela Wat Saket, con la intención de tomarme un autobús allí para ir a Sombat. Habré estado unos cinco minutos esperando el autobús cuando decidí que me tomaría una moto taxi a través de la app de Bolt (฿79; 2€). Es que quería llegar antes de las 10:00.
A las 10:00 llegué al jardín de Duang Prateep. Ya lo había visitado un par de veces antes, pero nunca había pasado la jornada entera allí. La idea del viernes era pasar la jornada entera.
Es gracioso, ¿no? El viernes fue mi último día de «vacaciones» antes de empezar a trabajar en un jardín de infancia el lunes. ¿Dónde decidí pasar mi último día de vacaciones? En un jardín de infancia, claro.
En este jardín hay 18 maestras—todas mujeres. Solo una de ellas sabe hablar inglés bien; se llama Dara. No era la primera vez que me encontraba con esta simpática mujer, quien cuando me vio me saludó con una sonrisa acompañada de un «long time no see!» («¡cuánto tiempo sin vernos!»).
Me invitó a entrar al jardín y me condujo a la clase de inglés, donde había un hombre extranjero dando una clase a un grupo de párvulos. También había una mujer japonesa, y dos mujeres tailandesas —incluyendo a Dara— que servían de apoyo.
Una de las cosas que hicimos en esta clase fue bailar el Hokey Pokey.
Ah, y también había una niña extranjera que había venido con su madre. Según entendí eran de Suiza.

A las 10:30 terminó la clase de inglés y Dara me ofreció dos alternativas: quedarme en esa misma aula para presenciar la siguiente clase de inglés con otro grupo de niños, o bien seguir con el mismo grupo e ir con ellos al aula de Montessori. Opté por la segunda opción.





A las 11:00 a los niños les tocaba almorzar, así que plegaron todas las alfombras, prepararon sus mantas de dormir —dado que cuando volviesen al aula después de comer tocaría la siesta—, y marcharon primero al baño a lavarse las manos y luego al comedor.

En esta foto puedes ver la cantidad importante de maestras y de niños que hay en este jardín. Hay por lo menos 13 maestras y 60 alumnos visibles en la imagen. Recuerda que este jardín forma parte de una fundación y los niños no tienen que pagar nada. Las maestras trabajan duro de lunes a viernes y ganan apenas 9800 baht por mes (~250€).
Si bien las maestras almuerzan más tarde, como yo era un invitado especial (?) me ofrecieron un plato de lo mismo que estaban comiendo los niños para almorzar con ellos. Me costó lograr que mis piernotas quepan en esas sillas y mesas diminutas.




A las 11:30 —tras pasar por el baño para lavarse los dientes— ya estaban todos de vuelta en el aula. Bueno, no exactamente. Los niños podían elegir lo que querían hacer y dónde querían estar entre estas dos opciones:
- Quedarse dentro del aula con el aire acondicionado para dormir la siesta.
- Sentarse en unas mesas afuera del aula para estudiar, dibujar, o charlar con los otros.
Me encanta que les dejen a los niños la libertad de elegir. Era básicamente hora libre. Las maestras aprovechaban este tiempo para almorzar, sentadas al lado de los niños que estaban afuera. Las aulas tenían paneles deslizables transparentes, con lo cual podía verse su interior desde afuera, y las maestras podían supervisar a todos los niños.
Al principio me senté con los niños que estaban afuera de una de las aulas, luego me fui a otra parte del jardín para ver qué hacían las demás clases: todos estaban haciendo lo mismo. Cuando me di cuenta de que dentro del aula no todos estaban durmiendo, y que algunos que estaban despiertos me miraban y me saludaban mientras yo pasaba por afuera, decidí entrar a una de ellas.

Tras estar un rato en esta aula, cuando salí me crucé con una maestra que me pidió que me quedase afuera y que no entrara al aula, dado que se suponía que los niños estaban haciendo la siesta. Sin embargo, más tarde cuando volví al aula original donde había estado al principio, las maestras de allí me ofrecieron una botella de agua y me invitaron a entrar al aula donde los niños estaban durmiendo, dado que allí estaría más cómodo porque estaba el aire acondicionado encendido.









A las 14:00 era el momento de despertarse y guardar las cosas.

Una cosa interesante de este jardín es que los grupos parecerían estar armados de forma aleatoria, mezclando géneros y edades. Por ejemplo, la niña de la imagen anterior parecería tener 2-3 años, mientras que la niña al final de la fila en la imagen siguiente, por su altura diría que tiene 5-6 años, y ambas están en la misma clase.



No vi exactamente cuándo pasó, pero está claro que las maestras en algún momento antes de que los alumnos llegaran al comedor les pusieron talco en sus rostros, ya que estaban todos empolvados.

A las 14:30 los niños se sentaron en una patio cerca de la entrada al jardín. La jornada escolar había terminado y ahora solo quedaba esperar a que los padres pasaran a buscar a los críos.
Una niña me mostró lo que tenía en su mochila: algunos snacks y un cuaderno. Abrí el cuaderno y me puse a hojearlo.


Estoy casi seguro de que yo no aprendí a sumar con números de dos dígitos hasta que no estuve en segundo grado de primaria. Me choca ver niños de jardín aprendiendo esto. Este jardín tiene un parque infantil muy bonito y completo, con toboganes y demás estructuras lúdicas. Me pasé el día entero allí y jamás vi que los niños hicieran uso de estos juegos. Mientras tanto en los jardines europeos los niños se pasaban la mayor parte del tiempo jugando. Eso sí: no esperes que un niño europeo te sepa calcular 32 + 54 o te escriba con letra impecable. Ni falta que les hace.
Los niños tenían snacks que sus padres les habían dejado para abrir y comer cuando tuviesen hambre. Varios de los niños me pidieron que les ayude a abrir sus snacks y se pusieron a degustarlos, compartiéndome a mí y a sus compañeros. La forma en que me compartían sus snacks era poniéndomelos directamente en la boca en lugar de dármelos en la mano, lo cual me encanta porque es muy de niño de jardín con absoluta cero preocupación por la higiene.

Hacia las 15:30 ya casi todos los niños se habían ido, excepto dos. Uno de los dos que quedaban era una loli llamada Prae, quien tenía unas de las cejas más llamativas que jamás he visto, lo cual le resaltaba también los ojos.
En este punto nos hicieron mover del patio donde estábamos viendo los dibujos animados al frente de una de las aulas, donde había unos bloques para jugar.

En un momento noté que Prae se levantó y se empezó a quitar la ropa. La maestra le indicó que entrara al aula y que se cambiara allí dentro, luego se la llevó al baño para ducharla. Al parecer a los niños que se quedan hasta tarde las maestras les dan una ducha antes de devolvérselos a sus padres.
Ahora bien, hay algo que me dejó pensando.
Es evidente que para Prae es habitual que sus padres pasen tarde a buscarla por motivos de trabajo, con lo cual esto de quedarse hasta tarde jugando con los bloques y ducharse en el jardín es una rutina diaria para esta niña. Si Prae empezó a desvestirse afuera del aula es porque es allí donde lo haría normalmente. Pero este día era diferente: había un hombre presente, y al parecer las normas morales tailandesas establecen que las niñas —mismo las de jardín— no deben cambiarse en presencia de un hombre. ¿Y los varones en presencia de una mujer? Quién sabe.
Lo que sí es seguro es que esta niña no tenía ningún problema con cambiarse enfrente de mí. En general, los niños menores de ocho años suelen mostrarse indiferentes a exhibir sus cuerpos desnudos, ya que aún no han desarrollado el sentimiento de vergüenza condicionado por las expectativas sociales. El problema lo generan los adultos: son ellos quienes se sienten incómodos y en el fondo acaban transmitiendo esa incomodidad a los niños al obligarlos a cambiarse en privado.
A las 16:30 nos movimos una vez más, dado que las maestras se querían ir a su casa y querían ya cerrar la puerta del jardín. Igual obviamente no se podían ir todas hasta que los padres de estos dos niños que quedaban pasaran a buscarlos, así que nos sentamos en la puerta a esperarlos.

A las 17:00 pasadas me despedí de mi nueva amiga niña Prae y me fui.
Algunas de las maestras me preguntaron si volvería a pasar el lunes. Les dije que me encantaría pero que el lunes empezaría a trabajar en otro lugar. Se ve que estaban contentas conmigo allí, al igual que los niños.
Pasé por Sikkha Asia, no esperando encontrarla abierta ya que normalmente a esta hora ya estaría cerrada. Pero estaba abierta y había algunos voluntarios japoneses como la última vez. Nalin me dijo que el domingo realizarían otro evento con los japoneses, y yo estaba invitado a participar si quería. Le agradecí y me fui, dado que ya no quedaban muchos niños y ya estaban terminando. Además había estado todo el día jugando con niños ya.
A las 18:30 llegué a Gateway Ekkamai, caminando desde Sombat. Pasé por el MaxValu que había allí y me compré un plato de arroz con curry japonés por ฿62 (~1,6€). Luego me tomé el BTS hasta la estación Siam (฿43; ~1€).
A las 19:00 llegué a Siam Discovery, uno de los varios centros comerciales en la zona céntrica de Siam. Quería ir a Loft, una tienda japonesa que vende toda clase de cosas de vida cotidiana.



Hacia las 20:00 me crucé a otro centro comercial: MBK Center. Una vez más había solo una tienda en particular que quería visitar aquí: Donki, un supermercado japonés que también vende de todo.


Paseándome por este Donki tuve un montón de flashbacks a mis tiempos en Japón, sobre todo cuando vi este furikake. Realmente tengo que volver a Japón algún día pronto.

A las 21:00 salí del centro comercial y comí el mochi y el dango que compré en Donki. El arroz con curry había sido mi cena y este era mi postre.
Arranqué a caminar bajo la lluvia (bueno, bajo el paraguas) hasta llegar de vuelta a Khok Wua, desde donde me tomé un autobús de regreso a casa.
Habré rentrado a eso de las 23:00. Te dije que este día estaría cargado.
Ame,
Kato
Feliz cumple!