[NB: El siguiente artículo contiene muchas imágenes de índole sexual. Si eres mojigato o puritano, quizás sea mejor que no sigas leyendo. Si eres menor de edad, has lo que te parezca correcto a ti—yo no soy la policía ni tus padres como para prohibirte nada.]
Kara Ema:
El martes me pasé la tarde entera en mi querida Akiba.
A las 12:00 me tomé el tren en Shin-Koiwa y veinte minutos más tarde me bajé en la estación de Akihabara.

Recorrí primero el centro comercial Atré 1, que compartía el mismo edificio con la estación. Ya había entrado aquí varias veces, pero como siempre están cambiando las cosas que venden y que tienen en exposición, decidí entrar de vuelta.
La mayoría de los locales que visité hoy fueron sitios a los que ya había ido en otras épocas en que estuve en Tokio, pero ahora tenían otras cosas. Igualmente también entré a algunos negocios nuevos.
La mayoría de los lugares que visité fueron tiendas eróticas —o secciones eróticas dentro de tiendas normales— dado que es allí donde se encuentran las cosas más bizarras, interesantes y únicas.
A las 12:30 crucé la calle y entré a Pop Life Department M’s, que si recuerdas es una tienda erótica de siete pisos (una de las más grandes del mundo, sino la más grande). Me encanta explorar tiendas eróticas en Japón dado que encuentras toda clase de cosas bizarras que no verías en ningún otro país, como máquinas expendedoras de ropa interior femenina usada (y no lavada).



Todos estos eran distintos tipos de masturbadores masculinos. Realmente había una variedad enorme de ellos, para todos los gustos: distintos tamaños, distintos niveles de dureza, distintos patrones en el interior, clítoris visible o ausente, labios menores visibles o ausentes, lisos u ondulados. Algunos juguetes sexuales venían con el orificio de la vulva, otros el del ano y otros incluso eran una boca.
Recuerdo que la última vez que vine a esta tienda, los pisos con los juguetes sexuales masculinos tenían prohibida la entrada a mujeres, pero ahora esa restricción parecer que la quitaron porque no la vi más escrita en ningún cartel. Me parece bien; no hay razón por la cual deba existir tal restricción.
Las mujeres también tenían para elegir según sus gustos y capacidades:

A las 13:00 me moví a Surugaya, a uno de los seis locales que tiene esta cadena en Akihabara (¿No será un poco exagerado tener seis tiendas en una misma zona?). Igual no me sorprende que con el caudal inmenso de gente que reciben estos comercios todos los días y con todo lo que venden, es normal que cada tanto quieran expandirse; al no tener más espacio en la tienda que tienen actualmente lo que hacen es comprar (o alquilar) un espacio cercano y expandirse allí.

Uno no esperaría ver lolis en la sección de adultos de una tienda, ¿verdad? Ah, pero Japón es diferente, y todo lo diferente es interesante para mí. Es la razón por la cual viajo: para poder descubrir cosas únicas que de otra manera no llegaría a ver nunca ya que en otros países no están presentes.



El siguiente local que visité fue el de Volks.



Luego pasé por una tienda de Don Quijote (Donki) y aproveché para comprar ahí algo para comer y servirme de almuerzo (¥691; ~4€).

A las 14:30 entré a la otra gran tienda erótica de Akiba, llamada Love Merci. Ya había estado también aquí en algún momento. Esta tienda sí tenía dos plantas a las cuales solo permitía el acceso a los hombres y no a las mujeres.


A las 15:00 pasadas entré a un Hard Off / Hobby Off. Era como Book Off pero en lugar de libros usados y baratos vendía cosas de electrónica (hardware) y de hobbies tipo figuras y accesorios.



Me encanta lo grande y prevalente que es el mercado de productos de segunda mano en Japón. Además te permite conseguir buenas cosas y muy buenos precios, dado que en general está todo tan bien conservado que ni parece que fuesen artículos usados. Si tienen algún desperfecto te lo aclaran todo en la etiqueta. Si viviese en Japón me la pasaría comprando cosas usadas en estos lugares, y vendiendo también.
A las 15:30 visité los dos edificios de Mandarake, el original que ya conocía y el nuevo que al parecer abrió este año. El edificio original tenía ocho plantas y el nuevo nueve.


El piso más interesante para mí fue el último del nuevo edificio—el 9F. Si te fijas en la imagen de arriba, pone que el 9F tiene «Adult Disk» (discos para adultos), pero en japonés dice algo diferente: 禁書房 (kinshobō), que podría traducirse como «libros prohibidos» o publicaciones prohibidas.
Las publicaciones prohibidas resultaron ser DVDs y Blu-rays de junior idols. Había algunos discos de adultos también, pero la mayoría parecía ser de modelos jóvenes (U15). Por supuesto todo era 着エロ (chaku ero; erótica sin desnudos) como siempre es el caso con modelos menores de edad.










El disco más barato que vi se vendía a ¥5000 (27€) y el más caro a ¥70000 (380€).
Todos estos discos eran de segunda mano. Algunos incluso tenían un autógrafo de la niña modelo.
Actualmente este tipo de contenido erótico con modelos infantiles no se produce más, debido a presión por parte del Occidente. Lo curioso para mí es el hecho de que todas las agencias de producción hayan cerrado pero los negocios de venta como Mandarake no tengan problema con seguir comercializando los artículos producidos en el pasado.
Es una lástima que se hayan dejado de producir, dado que estaba claro que todas las partes implicadas salían beneficiadas:
- La agencia de producción generaba dinero.
- Los padres de la niña también generaban ingresos.
- La niña (junior idol) se divertía modelando y se hacía famosa.
- Los consumidores (fans) coleccionaban los discos de sus idols favoritas.
He visto algunos de estos DVDs y la fórmula siempre es la misma: niñas divirtiéndose, posando, a veces nadando en la piscina, a veces jugando con una pelota, haciendo burbujas, saltando a la soga, etc. En cada escena cambian de atuendo, pero siempre están vestidas con algo. Se las ve todo el tiempo sonriendo o riendo; se nota que les gusta hacer lo que están haciendo. Y la madre siempre está presente detrás de la cámara. Los videos se enmarcan desde el aspecto tierno en lugar del erótico.
Uno podría argumentar que se trata de explotación infantil porque los padres obtienen un beneficio monetario a partir de que su hija menor de edad realice un trabajo. ¿Pero si a la niña le gusta cuál es el problema? ¿O acaso no existen los actores infantiles, los modelos infantiles, los cantantes infantiles, etc.?
Por desgracia Japón decidió que tenía que alinearse a lo que el Occidente consideraba apropiado para mantener una buena imagen y recibir más turistas de afuera. Esta también es la razón por la cual los onsen (baños públicos) en Japón dejaron de ser mixtos (konyoku) y empezaron a estar segregados por género: por influencia de los valores morales occidentales.
Para muchos, visitar un onsen y estar desnudos rodeados de desconocidos puede resultar intimidante, pero la idea de hacerlo en presencia del sexo opuesto es casi inimaginable. Sin embargo, hasta hace poco, el konyoku [baño mixto] era una práctica habitual y muy extendida.
La tradición se remonta al antiguo Japón, donde bañarse en aguas termales naturales se consideraba una actividad comunitaria que trascendía el género. Durante el período Edo (1603-1868), las casas de baños públicas eran centros sociales donde todo el mundo se reunía. El aspecto comunitario del baño reflejaba la naturaleza muy unida de la sociedad japonesa. La relajación y la conversación prevalecían sobre la privacidad y la modestia.
La Restauración Meiji de 1868 marcó el inicio de la rápida modernización de Japón. Influenciado por las actitudes occidentales hacia la segregación de géneros y la modestia, el Gobierno japonés comenzó a imponer regulaciones sobre los baños mixtos. A principios del siglo XX, muchos baños públicos habían pasado a ser instalaciones segregadas por géneros y, en las zonas urbanas, los baños mixtos se hicieron cada vez más infrecuentes.
En la década de 1950, los baños mixtos desaparecieron casi por completo en las ciudades, aunque las tradicionales ciudades balnearias de zonas remotas continuaron ofreciendo konyoku, optando por preservar este aspecto de la cultura japonesa.
Hoy en día, aproximadamente el 20 % de los onsen siguen ofreciendo konyoku de alguna forma. Los enfoques modernos tratan de equilibrar la tradición con los estándares actuales de modestia. Sukayu Onsen es uno de esos lugares que aún intenta preservar la práctica histórica de los baños mixtos.
Where and Wander
Las junior idols modelos serán cosa del pasado pero las junior idols cantantes siguen existiendo, al menos por ahora.
A las 16:00 pasadas visité Kotobukiya.

En este negocio vi un nuevo tipo de producto que no había visto nunca antes: una figura digital. Por lo que entendí, te vendían básicamente una caja y una aplicación que te tenías que descargar a un teléfono que no usaras, y luego poner ese teléfono en la caja para que quede permanentemente encendido y puedas ver a tu figura moviéndose allí. Probablemente también te dejaría interactuar con ella de distintas formas.

El precio (¥8800; ~50€) me pareció ridículamente exagerado para algo que en definitiva no es mucho más que una aplicación en el teléfono, solo que te la venden en una caja (!).
A las 16:30 entré a Melonbooks, pasé por la sección erótica y descubrí más lolis.


Las ilustraciones y animaciones eróticas japonesas son mundialmente conocidas/infames por la pornografía de tentáculos, pero lo gracioso para mí es que casi nunca me encuentro con tentáculos cuando entro en las secciones eróticas de tiendas; veo muchas más publicaciones eróticas conteniendo lolis que tentáculos.
De ahí me fui a Lammtarra, una tienda nueva para mí, que no había visitado anteriormente. Tenía cinco plantas, de las cuales solo la primera —la que daba a la calle— tenía cosas aptas para todo público (peluches, figuras, accesorios para la mochila, etc.) mientras que las otras eran todas de DVDs XXX.



A las 17:00 pasé rápido por Animate. Animate no me gusta tanto como las otras tiendas dado que es demasiado mainstream (tiene solo las cosas más populares en el momento), no suele tener sección erótica, y tiene solo contenido nuevo (no de segunda mano), con lo cual suele ser un poco más cara. Por este motivo fue que me la había salteado más temprano, pero ahora que ya había pasado por todas las otras decidí visitarla también.

De ahí me fui directo a la estación, cansado de todo lo que caminé (~10 km).

A las 18:00 llegué al hotel.
A la media hora volví a salir y caminé un par de cuadras hasta Jonathan’s, un family restaurant. Me pedí una sopa de espaguetis (?) y unas patatas fritas con drink bar (¥1560; ~8,5€).

A la medianoche (cuando cerraba el restorán) me volví para el hotel.
Ame,
Kato