Kara Ema:
El jueves me tocó también hoikuen.
Mis dos primeros días (martes y miércoles) fui con Lena, pero a partir de hoy siempre nos asignarían separados, es decir, cuando a mí me toca hoikuen a ella yōchien, y viceversa.
Me ofrecieron ir a la misma clase que el día anterior (5 años), pero yo les dije que me gustaría probar otra, así que me pusieron en la de los 4 años, aunque a esta altura del año escolar ya casi todos tenían 5.
Antes de las 9:00 parece que algunos cursos juegan un rato afuera, en el patio, dado que allí fue donde me encontré a mi curso. Cuando se hicieron las 9:00 subimos todos juntos al aula.
Los niños saben que el protocolo al entrar al aula involucra cosas como quitarse el abrigo, plegarlo y guardarlo en una caja, dejar la cantimplora en una canasta, colgar la gorra en un estante, lavarse las manos y a veces también ir al baño. Como ya están acostumbrados a esta rutina, generalmente hacen todo esto sin ayuda ni indicaciones por parte de las maestras.




A las 9:20 llegó una alumna más, un poco más tarde que el resto de sus compañeros. Llamémosla Sui.
La observé con una sonrisa mientras hacía toda la rutina de plegar su abrigo y guardar sus cosas en los distintos sitios (e.g. colgar los pañuelos, el vaso y el cepillo de dientes cerca del lavabo, dejar la ropa de recambio preparada en una bolsa, pegar el sticker en su cuaderno, etc.).


Pocos minutos más tarde todos nos levantamos y salimos del aula para pasarnos al lobby, dado que al parecer los niños más pequeños (de 1 a 3 años, creo) iban a hacer el ensayo de un acto.
Nos sentamos en las sillas para ver el acto de los más peques. Yo me senté al lado de Sui. Mientras mirábamos el acto, Sui y yo charlábamos amenamente, en voz baja para no molestar a nadie. También entrelazábamos nuestros brazos y nos acariciábamos las manos recíproca y afectuosamente.



En total estuvimos más o menos una hora en el lobby viendo el acto, entre las 9:30 y las 10:30.
En algún momento de esa hora apareció la maestra titular del curso de 4 años, se acercó a Sui y le dijo algo al oído. Lo único que llegué a escuchar fue lo primero: «Sui-chan, ¿qué vinimos a hacer aquí?», en plan vinimos a ver el acto, no a charlar.
Lo que yo no entiendo es por qué esta maestra cree que no se pueden hacer las dos cosas juntas. De hecho se puede y la prueba está en que eso era precisamente lo que estábamos haciendo Sui y yo. Si realmente pretende que niños de 4 años se puedan quedar durante una hora totalmente quietos y en silencio, creo que debería reconsiderar su profesión.
Luego me pidió a mí que me alejara de ese sitio y me sentara más atrás. Yo le respondí que estaba bien allí donde estaba, al lado de los niños. Me miró con mala cara pero no me dijo nada más.
Sui de repente pasó de estar alegre charlando conmigo a estar totalmente callada. La miré en silencio durante unos minutos. Estaba con la cabeza agachada, sin mirar al escenario. Noté que a la altura de su regazo se habían formado pequeños círculos con algo que había mojado su ropa. Sui sacó una servilleta de su bolsillo y se limpió los mocos que se habían acumulado en su nariz. Era evidente que había estado llorando en silencio, intentando contener los ruidos para que nadie a su alrededor se diese cuenta.
Cuando me di cuenta de que la loli se había puesto triste porque la maestra la había regañado por haber estado charlando conmigo, me acerqué a su oído y le dije: «Lo siento mucho, charlemos y jugamos juntos más tarde, ¿vale?». Realmente pienso que lo que hizo la maestra estuvo de más; no había necesidad de hacerla sentir así de mal a esta niña—no estábamos haciendo nada malo. A veces los japoneses exageran demasiado con sus reglas y protocolos rigurosos, y estas son las consecuencias.
Como yo me rehusé a alejarme de Sui, al cabo de un rato Sui me empezó a hablar de vuelta. Yo también le charlé pero intenté mantener la charla al mínimo cosa de que la maestra no volviese a hacernos un llamado de atención.
A las 11:00 salimos al patio con sogas para que los niños jugaran. También jugaron con arena, con bicis, al onigokko, y finalmente hicieron un par de vueltas corriendo antes de volver al aula (ejercicio aeróbico).




Cuando volvimos al aula, a eso de las 11:45, mientras algunos niños se cambiaban de ropa otros leían (o mejor dicho pasaban las páginas de) un libro. Cuando todos estuvieron cambiados la maestra se sentó frente a ellos y les leyó un ehon (libro ilustrado).
A las 12:00 almorzamos. Bueno, los niños almorzaron primero mientras a mí me habían pedido que preparase los futones donde los niños dormirían la siesta.
Los futones iban en distintos sectores del aula de acuerdo al siguiente mapa con símbolos de animales:

Los niños estaban almorzando en mesas que habían colocado en el medio del aula, mientras yo pasaba por los costados y acomodaba los futones de acuerdo a los animales. Cada niño tenía asignado un animal distinto.
Cuando terminé con los futones me senté también a almorzar con los niños.
A las 12:30 terminó la hora de almuerzo. Los niños se lavaron los dientes, acomodaron sus cosas y se fueron a sus respectivos futones en preparación para la siesta.
Te enseño dos palabras de vocabulario japonés que son relevantes en el contexto de siesta de niños de jardín:
- ねんね (nen’ne) — Palabra infantil para referirse a la siesta.
- トントン (tonton) — Onomatopeya para referirse al sonido de dar palmadas suaves.
En este contexto, tonton se usa para la acción de dar palmadas en la espalda de un niño para que se duerma. Al parecer esto es algo común que hacen tanto los maestros de jardín como los padres.


En este momento arrancaba mi horario de descanso, así que me fui del aula.

Por cierto, el hoikuen tiene una cocina pero el yōchien no, así que tienen que contratar a un servicio de catering escolar que les envía comida para todos los alumnos y maestros todos los días.
Por cierto #2, una cosa que noté este día fue que dentro de las aulas había una cámara, lo cual me llamó la atención. En el yōchien por su parte no vi que hubiese cámaras. Mi opinión personal es que es preferible que no haya cámaras dentro de las aulas dado que los maestros pueden sentir que están siendo observados y juzgados todo el tiempo, lo cual puede resultar estresante. Es como si el director de la escuela estuviese siempre presente en un rincón del aula viendo todo lo que haces y lo que dices a los alumnos.
Me fui a descansar un rato a casa y a las 15:20 volví al hoikuen.

Cuando entré a la clase los niños estaban terminando su snack y yendo a lavarse los dientes.

Cuando los niños estuvieron todos nuevamente sentados y con todas sus cosas guardadas, la maestra les mostró unos trompos hechos con platos y tapas de plástico. Invitó a los niños a pasar de a dos para probar los trompos.

Cerca de las 16:00 los dos encargados del curso pasaron al frente, la maestra se sentó en el piano, todos los niños se pararon y cantamos juntos la canción de adiós/cierre de la jornada.

Una vez más me pidieron que limpiara el aula mientras los niños estaban en el lobby; luego cuando entraron de vuelta me agradecieron por haber limpiado.
Aproveché que estaba solo en el aula para explorar cada uno de sus rincones con un poco más de detenimiento.



Cuando terminé de limpiar me fui al lobby a ver qué estaban haciendo los niños. Había varios cursos todos juntos, sentados frente al escenario. En el escenario había dos maestras enseñando a los niños las normas de seguridad vial. Por ejemplo, explicaban que siempre hay que mirar a ambos lados de la calle antes de cruzar, incluso cuando el semáforo te dé el paso a ti. También decían que había que levantar la mano al cruzar y que si un vehículo te dejaba pasar, luego había que darse la vuelta a hacer una reverencia para agradecerle.

Cuando terminó la clase especial todos los niños ayudaron a poner las cosas en su lugar (bancos y alfombras) antes de volver a sus respectivas aulas.

Cuando volvimos al aula los niños tuvieron tiempo libre, así que varios fueron a buscar los juegos que querían utilizar al estante que fotografié antes, con los rompecabezas y demás.





Y después las maestras no quieren que tome fotos. Es que de verdad. Con lo kawaii que son estas lolis y con lo que claramente les gusta que les haga fotos (a menudo posando e incluso pidiéndome que les haga y les muestre las fotos), ¿cómo evitarlo?
Hablando con una de las niñas sobre Anya, en un momento le dije algo como «¿Viste que Anya siempre llama a su papá diciendo chichi en lugar de otōsan?», a lo cual la loli me respondió con un «¡Chinchin! ¡Chinko!». Tanto chinchin como chinko son términos infantiles para referirse al pene.
Cerca de las 17:00 continuó el tiempo libre pero esta vez fuera del aula, en el lobby.



A las 17:20 volví a casa.
En el trayecto de vuelta descubrí que había un jidōkan a pocos metros del hoikuen, pegado a una escuela primaria. Ya te había hablado de los jidōkan, pero por si no lo recuerdas es básicamente un edificio provisto por el gobierno donde los niños pueden ir gratuitamente después del colegio a jugar y participar de distintas actividades.
A las 19:30 me puse a cocinar unos ñoquis que había comprado el otro día en Kaldi, con una salsa de queso y pimienta negra que venía ya preparada y solo había que calentarla en el microondas.

Tanto la salsa como los ñoquis estuvieron superricos. Lo único que lamenté fue la poca cantidad que venía de ambas cosas en los paquetes (apenas alcanzaba para servir de cena para una persona).
Ame,
Kato