Kara Ema:
El miércoles a las 12:00 llegué a la estación de Kitanoda. ¿Te suena el nombre? Debería, dado que es la estación más cercana a las reuniones de Komi a las que voy todos los jueves en Sakai. Pero hoy no era jueves, ¿entonces…?
Entonces me fui a McDonald’s. No tenía hambre de McDonald’s pero necesitaba un lugar para almorzar en el que tuviese internet y para sentarme, y fue el primer local que cumplía estos requisitos que encontré. Me compré un menú de Samurai Mac por ¥850 (~4,7€).
¿Recuerdas los ingredientes que compré el lunes? Resulta que Rina me invitó a su casa para preparar alfajores de maicena. Como el jueves es mi última reunión de Komi en Sakai, yo quería hacerlos para regalar a todos allí y que todos pudiesen probar el manjar que es el dulce de leche (el cual por cierto compré por Amazon, dado que en tiendas físicas en Japón jamás lo he visto).
A las 13:30 llegué a lo de Rina. Unos minutos después que yo llegó también Yume del colegio. Normalmente creo que su horario de salida es a las tres de la tarde o algo así, pero los miércoles sale un poco más temprano. Cuando me vio me dio los regalos que había preparado para mí: todas cosas hechas a mano (y con amor) por ella ♡.

A las 14:00 nos pusimos a cocinar.
A continuación te voy a escribir la lista completa de ingredientes que utilizamos, tanto en japonés como en español. Durante esta experiencia yo aprendí a decir todos estos ingredientes en japonés y mis dos amigas aprendieron a decirlos en español.
| Japonés | Español | Cantidad |
|---|---|---|
| 無塩バター [muen batā] | Manteca sin sal | 200 g |
| 砂糖 [satō] | Azúcar | 150 g |
| 黄身 [kimi] | Yema de huevo | 3 unidades |
| バニラエッセンス [banira essensu] | Esencia de vainilla | 1 cucharadita (5 ml) |
| コーンスターチ [kōnsutāchi] | Maicena | 300 g |
| 薄力粉 [hakurikiko] | Harina de trigo para repostería | 200 g |
| ベーキングパウダー [bēkingupaudā] | Polvo de hornear | 2 cucharaditas |
| 重曹 [jūsō] | Bicarbonato de sodio | 1/2 cucharadita |
| 塩 [shio] | Sal | Una pizca |
| ドゥルセ・デ・レチェ [duruse de reche] | Dulce de leche | 450 g |
| ココナッツファイン [kokonattsu fain] | Coco rallado | 80 g |
Seguimos el siguiente vídeo de YouTube, el cual increíblemente tiene más de diez millones de vistas, lo cual me pareció un poco mucho para una simple receta de alfajores:
En general nos salió todo bien. Lo único fue que la masa nos quedó un poco quebradiza; era difícil hacerla lo suficientemente fina antes de que empezara a agrietarse.
Yume quería hacerlos alfajores en forma de corazón, así que usamos moldes con esa forma en lugar de la clásica forma circular. Llegamos a hacer alrededor de 60-70 tapas, con lo cual en total teníamos más de 30 alfajores.




Cerca de las 16:00 yo me tenía que ir a otro lugar y Yume también tenía que irse porque tenía clase de piano, así que no pudimos terminar todo. Rina se encargó de hornear las tapas y quedamos en que el jueves llegaríamos media hora más temprano a la reunión de Komi (18:00 en vez de 18:30) para poner el dulce de leche.
Yume se fue a clase de piano solita con su bicicleta, como buena niña nipona independiente que era.

A las 17:00 llegué al Shukudai Café en Awaji. Es que había quedado con Miina que iría también hoy, y además me había olvidado algo allí el día anterior, con lo cual tenía que volver sí o sí para recuperarlo.
Cuando entré vi que estaba Miina sola: no había nadie más. Me dijo que como no había venido ningún niño estaba pensando cerrar más temprano. También me contó que había un juku al lado que formaba parte de la misma organización a la que pertenecía Shukudai Café, y que en el juku sí había varios niños así que si quería podía pasar a visitar. Eso hice.
Ya te he contado lo que es un juku (塾), pero para recordarte se trata de una academia privada a la que los estudiantes van después de la escuela para reforzar materias o prepararse para exámenes importantes, especialmente los de ingreso a la secundaria/universidad.

Siempre quise visitar un juku, ya que me daba curiosidad saber cómo eran por dentro, y exactamente qué hacían los estudiantes allí. Al final terminó siendo bastante diferente de cómo me imaginaba que iba a ser, aunque entiendo que hay distintos tipos de juku y la experiencia puede variar según al que vayas.
Lo que yo me imaginaba era que era como una clase normal, suplementaria a las clases que toman los niños en el colegio, pero en realidad no es así. Los profesores les dan problemas a cada alumno para que haga y practique un tema que le cuesta (o algo que les vayan a tomar en el examen que están preparando). Los chicos por lo general trabajan individualmente (o a lo sumo en parejas), pero mientras trabajan pueden charlar con los demás presentes e incluso pueden comer snacks y tomar bebidas. Con lo cual el ambiente es bastante relajado.
Había dos sensei, un hombre y una mujer. Ambos eran jóvenes: no parecían tener mucho más de 20 años. Hablé un rato con el hombre primero y luego me fui a sentar al lado de los niños. Eran casi todos alumnos de primaria, salvo creo que uno que estaba en la escuela media, y estaba estudiando para un examen de ingreso a la secundaria.
El niño a mi lado me contó que venía al juku dos veces por semana. Después de la escuela primero pasaba por su casa, hacía la tarea y luego venía al juku en bicicleta. Se quedaba más o menos hasta las 19:00. Mientras charlábamos él hacía ejercicios de matemáticas, y cuando los terminaba le pasaba la hoja al sensei para que le corrigiera.

A las 19:00, como ya varios de los alumnos se estaban yendo y Miina ya estaba cerrando el Shukudai Café, decidí que era momento de irme yo también. Me despedí de todos y caminé hasta la estación.
Cerca de las 20:00 pasé por el centro comercial Daimaru. Entré y fui al Pokémon Center una vez más. A pesar de que estaba por cerrar, seguía habiendo algo de gente haciendo fila en las cajas para pagar, pero no tanto como la otra vez que fui. Decidí comprarme algo pura y sencillamente por fines nostálgicos: un mazo de cartas Pokémon.

Se trataba de un mazo prearmado y ya listo para utilizar en un duelo contra otra persona. Las cartas estaban en japonés. Noté que el diseño de la parte de atrás de las cartas era ligeramente diferente del que recordaba de mi infancia: parece que la versión japonesa es distinta de la occidental.
Las siguientes son las diferencias principales entre un mazo preconstruido (lo que me compré yo) y un sobre de refuerzo:
| Mazo preconstruido | Sobre de refuerzo |
|---|---|
| Contenido predeterminado (siempre las mismas cartas) | Contenido aleatorio (cartas al azar; cada sobre es diferente) |
| 60 cartas | 5-10 cartas |
| Pensado para jugar inmediatamente / aprender | Pensado para coleccionar y mejorar mazos |
| ¥550 (3€) | ¥180 (1€) |
Por cierto, hablando de juegos japoneses, Miina me regaló dos juegos de mesa: go y shōgi.

A las 21:00 y algo llegué al hotel.
El jueves a las 14:30 me tomé un tren hasta la estación de Nakamozu y desde allí caminé hasta el gakudō de Miyako. Una vez más me habían dejado pasar a visitar y a interactuar con los niños.
Resulta que justo era la hora en que los niños salían del colegio. Más o menos a mitad de camino entre la estación y el gakudō había una escuela primaria desde donde estaban saliendo alumnos para volver a sus casas. Tres alumnas de esta escuela estaban caminando juntas con sus randoseru. Cuando pasé por al lado de ellas ocurrió algo que nunca pensé que me sucedería estando en Japón: me llamaron y me saludaron.
En otros países de Asia me ha pasado muchas veces que los niños me saluden por la calle, pero en Japón es extremadamente raro. Todo el tiempo me encuentro con niños solos en la calle o en el parque y pienso que me gustaría entablar una conversación con ellos, pero tienen que ser ellos los que me hablen primero, lo cual normalmente no sucede. Pero hoy finalmente ocurrió.
Yo ya estaba casi a mitad de cuadra cuando las escuché llamándome desde la esquina. Me gritaban frases simples en inglés, como «Hello!», «How are you?» y «Nice to meet you!». Primero no supe como reaccionar, dado que me costaba creer que estuviese pasando algo que nunca me había pasado antes en Japón, a pesar de haber estado aquí alrededor de dos años (en total, sumando todas las veces que vine).
Les empecé a gritar yo también las mismas frases que ellas me estaban diciendo. Les lancé también sonrisas, lo cual estoy seguro de que les llegaron a pesar de que estábamos a una distancia de más o menos cincuenta metros, ya que realmente estaba contento de que me hubiesen saludado, y no me cabía duda de que se me notaba en la cara. Tampoco tenía dudas de que ellas también estaban sonriendo, pese a que no pude comprobarlo por las mascarillas que les cubrían la boca.
Tras gritarnos saludos en inglés durante unos momentos, las niñas dejaron de gritar y en su lugar empezaron a hacer reverencias, lo cual me resultó supertierno y superjaponés. Por supuesto que les devolví las reverencias también.
Tras las reverencias me siguieron saludando con gestos de la mano y con algunos gritos adicionales. Se tomaban su tiempo y no parecían apuradas en darse la vuelta y seguir su camino. Me quedé mirándolas unos segundos. Ahí fue cuando me dije a mí mismo que si me volteaba y seguía caminando hacia el gakudō, me arrepentiría toda mi vida de no haber ido a hablarles. Era evidente que ellas estaban interesadas en entablar una conversación conmigo tanto como yo con ellas. Así que corrí los cincuenta metros hasta llegar a la esquina donde se situaban.
Primero les hablé en inglés, pero me di cuenta enseguida de que su nivel de inglés era pobre, al igual que el de la mayoría de los niños (y adultos, francamente) japoneses. Así que cambié a japonés, sorprendiéndolas. Qué lindo no tener que depender de mi teléfono para traducir lo que quiero decir, como me pasaba en Tailandia y en Vietnam. Qué bien se siente poder comunicarse con la gente en su idioma local.
Nos quedamos todo el tiempo los cuatro parados en esa esquina: las tres niñas de sexto grado de primaria (~12 años) y yo. Hablamos de un montón de cosas, la mayoría de las cuales ya no recuerdo. Ellas me preguntaban cosas sobre mí que les daba curiosidad saber y yo sobre ellas. Habremos estado charlando más o menos media hora.
Yo les conté que estaba yendo a un gakudō a hacer voluntariado, que había viajado por muchos países y demás. Ellas me hablaron de sus ídolos, de sus novios (las que tenían), de lo que hacían en su tiempo libre, de los animé, manga y personajes que les gustaban, etc.
Me encanta esta clase de Interacciones Intergeneracionales e Interculturales (I3). Pienso que son un win-win para ambas partes que participan de ellas. El mundo necesita más de esta tipo de interacciones, pero cada vez se hacen más difíciles debido a las restricciones que los adultos imponen sobre los jóvenes (e.g. la prohibición del uso de redes sociales por menores en Australia, la prohibición de hablar con gente desconocida, etc.).
Mientras más desarrollado/rico es un país, más restricciones suele haber que impiden las I3. Por el otro lado, mientras menos desarrollado es, existen más libertades y menos barreras intergeneracionales. Por eso es que cuando estuve en Filipinas, Vietnam y Tailandia las I3 eran cosa de todos los días, mientras que en Europa y en Japón son practicamente inexistentes a no ser que esté dentro de un círculo social determinado (e.g. una familia anfitriona, reuniones de Komi, etc.).
Una de mis partes favoritas de esta I3 que tuve con las tres lolis fue cuando aparecieron otras niñas más, y las tres primeras con quienes había estado charlando las llamaron diciendo «¡Vengan que les presento a nuestro nuevo amigo, es súper interesante!». Lástima que nuestra amistad duró solo esa media hora que hablamos en la calle; pienso que podríamos haber sido buenos amigos en serio. A lo mejor en un universo paralelo.
Otra cosa que ellas hicieron en un momento y me pareció extremademente japonés de su parte, fue pedirme disculpas por haberme «molestado» llamándome y saludándome repentinamente en la calle, sobre todo después de que les conté que estaba yendo al gakudō y se suponía que estaría allí a las 15:00 (ya eran casi las 15:30). Les dije que no tenían por qué disculparse: no tenía ningún apuro en llegar ni obligación ya que no era un trabajo sino un voluntariado, y el hecho de que me hubiesen saludado me había hecho el día, la semana, el mes y lo que va del año.
Si me preguntas por qué Ōsaka es mi región favorita de Japón aquí tienes la respuesta: por personas como estas niñas que se molestan en saludarme y mostrar interés por mí. Nunca me pasó algo similar en Tokio ni ningún otro sitio de Japón.

Finalmente nos despedimos y cada uno siguió su camino.
Mi camino me condujo al gakudō, donde había más niños de primaria con quienes podía interactuar.
Al principio la mayoría estaba haciendo tarea. Uno de los niños me pidió que chequeara su tarea, incluyendo kanji y ondoku (lectura en voz alta).

A las 17:00 siempre hacen una reunión durante la cual los niños deben decidir qué quieren hacer después de terminar con su tarea.

A eso de las 17:15 me fui del gakudō y caminé hasta el lugar donde se hacía la reunión de Komi. Llegué justo a las 18:00. Había quedado con Rina que llegaríamos ella, Yume y yo media hora antes de lo habitual para terminar de preparar los alfajores.


Como esta sería la última reunión de Komi que iba a tener aquí antes de irme de Ōsaka, decidí preparar una presentación sobre Argentina para mostrar a todos, haciendo uso de un proyector que trajo Rina de su casa.
La primera diapositiva mostraba nada más que la bandera de Argentina y el nombre. La segunda mostraba un mapa de todo el mundo e invitaba a la audiencia a encontrar a Argentina antes de revelar su ubicación en América del Sur. Las siguientes diapositivas presentaban distintos aspectos del país a través de imágenes y vídeos cortos:
- Tradiciones
- Tango
- Mate
- Fútbol
- Costumbres
- Besos y abrazos (la cultura de saludarse con besos y abrazos es casi inexistente en Japón)
- Merienda (a las 17:00–18:00)
- Cena tarde (a las 21:00–22:00, bastante tarde comparado con otros países)
- Comidas
- Asado
- Empanada
- Milanesa
- Dulces
- Alfajores de dulce de leche
- Panes
- Medialuna
- Cañoncito
- Churro
- Tortas
- Chocotorta
- Rogel
- Balcarce
- Paisajes
- Cataratas del Iguazú
- Glaciar Perito Moreno
- Cordillera de los Andes
- Verano
- Año Nuevo
- Bombuchas
- Espuma
- Murga (Carnaval)
- Música
- Rock: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota – Jijiji
- Pop: Miranda! – El Profe
- Tango: Carlos Gardel – Por una cabeza
- Cuarteto: Rodrigo – Ocho Cuarenta
- Reggaeton
A las 22:00 me tomé el tren y una hora más tarde estaba de regreso en el hotel.
Ame,
Kato





