Paseos por el distrito de Ōta y por la ciudad de Kawasaki

Kara Ema:

Hay países que se parecen más o menos a otros social y culturamente. Por ejemplo, Canadá se parece a Estados Unidos, Suecia es muy similar a Finlandia, y Nepal se asemeja a la India. Sin embargo, en mi paso por más de treinta países nunca he encontrado uno que se parezca a Japón. Lo más cercano que llegué a encontrar fue Taiwán, y aun así está muy lejos. Japón es único en el mundo por muchas razones.

Podría describir lo que lo hace distinto a Japón empleando siete términos clave, todos empezando con la letra C:

  1. Civismo. Respeto por las normas, el orden, los procesos, las colas, las estructuras, los horarios.
  2. Consideración. Respeto por el otro, empeño por no causar problemas y evitar confrontamientos.
  3. Contención. Empeño por no mostrar emociones abiertamente y reservar opiniones personales.
  4. Contraste. Armonía y coexistencia de tecnologías modernas con elementos tradicionales.
  5. Comunidad. Sociedad colectivista; deseo de pertenecer y no resaltar por ser/actuar diferente.
  6. Cultura. Elementos culturales muy distinguibles y apreciados (e.g. origami, animé, karate, etc.).
  7. Conveniencia. Atención a los detalles para hacer todo lo más conveniente y cómodo posible.

Con respecto al último punto podría mencionar un montón de cosas, por ejemplo (ChatGPT me ayudó a armar esta lista):

  1. La tabla del inodoro y los asientos de los trenes ligeramente calientes cuando hace frío.
  2. El bidé incorporado en el inodoro con un montón de funciones (sonido, secado, pulsación, etc.).
  3. Las puertas y luces automáticas, que operan mediante sensores de movimiento.
  4. Lás máquinas expendedoras por todas partes en la calle.
  5. Las tiendas de conveniencia por todas partes, abiertas las 24 horas.
  6. Los portaparaguas con cerradura en la entrada de tiendas.
  7. Las fundas de plástico para paraguas mojados al entrar a edificios.
  8. Los baños públicos limpios y gratuitos en estaciones y parques.
  9. Los baños públicos con ganchos y estantes para bolsos y abrigos.
  10. Las escaleras mecánicas con carriles definidos para pararse y caminar.
  11. Los mapas extremadamente detallados en estaciones, centros comerciales y barrios.
  12. Los taxis con puertas que se abren y cierran automáticamente.
  13. Los restoranes con botones para llamar al personal, tablets para ver el menú y pedir, robots que te traen la comida y una máquina de autopago.
  14. Los modelos de comida en vitrinas para saber exactamente cómo se verá tu plato antes de pedirlo.
  15. Las instrucciones claras y visuales para casi todo (máquinas, trámites, transporte).
  16. Las bicicletas con canastas y candados integrados.
  17. Los supermercados con comida fresca preparada, máquinas de autopago y zonas para empaquetar tranquilamente después de pagar.
  18. Las áreas designadas para fumar, en lugar de fumar en cualquier parte.
  19. Las puertas correderas o plegables que ahorran espacio en casas y baños.
  20. Los lavamanos y bebederos en patios de comidas, ubicados a una altura tal que mismo los niños pequeños pueden usarlos por su cuenta.

Todo esto es lo que hace a Japón un lugar único en el mundo 🇯🇵.


El martes a las 12:30 salí del hotel y fui a pasear por los alrededores.

Calle y lago
Vías férreas
Carretera de emergencia (cerrada en caso de gran terremoto).
Biblioteca

A las 13:00 entré a 大田区立洗足池図書館 (Biblioteca municipal Senzokuike de la ciudad de Ota).

En la entrada a la biblioteca había esto para dejar el paraguas con cerradura para estar seguro de que nadie se lo robaría (esta es una de las conveniencias que mencioné más arriba).
Sección infantil de la biblioteca
En esta mesa había un cartel que pedía por favor no estar demasiado tiempo y no usar ordenadores, tabletas o calculadoras en ella. Había otra sección de la biblioteca destinada al uso de dispositivos.
En esta biblioteca podían tomarse prestados no solo libros sino también CDs y DVDs.
Puertas de seguridad antes de pasar al área de café. El cartel ponía que no se podía entrar a esta área con libros, revistas, CDs o DVDs no debidamente registrados.

En la planta superior había una sala de lectura silenciosa y un espacio con mesas donde sí se podía usar ordenador, tablet, etc.

Lo siento por la foto torcida, es que técnicamente creo que no se podía hacer fotografías. Detrás de las ventanas se ve la sala de lectura, mientras que la mesa que se ve al costado es la de los dispositivos.

Me senté en la mesa de los dispositivos y me quedé un rato allí con mi laptop.

A las 15:00 me fui de la biblioteca y reanudé mi paseo. Pasé por una zona de juegos infantiles en el parque Senzokuike donde había varios niños jugando.

Las barras de mono (lo que se ve a la izquierda de diferentes colores) no pueden faltar nunca en parques infantiles japoneses. Mismo dentro de las escuelas es habitual encontrarlas.
Árbol y puente

Al rato llegué a un edificio interesante, llamado 洗足池児童館 (Senzokuike Jidōkan).

Senzokuike Jidōkan

洗足池 (Senzokuike) es el nombre del barrio donde estoy. 児童 (jidō) significa «niños» o «juventud». 館 (kan) significa «edificio». Con lo cual literalmente 児童館 (jidōkan) sería algo como «edificio de los niños». En inglés se traduce como Children’s Center, y en español supongo que sería centro infantil, aunque no me gusta este nombre porque hace pensar que tiene que ver solo con niños pequeños, cuando en realidad también puede ser utilizado por niños más grandes y adolescentes. Quizás un mejor término para llamarlo en castellano sería «centro juvenil comunitario».

Es comunitario porque la idea es que sea utilizado por los niños y adolescentes del barrio. También es estatal, es decir financiado y administrado por el gobierno municipal. El uso de este servicio municipal es 100 % gratuito para los residentes locales. Si bien es la primera vez que me encuentro con uno, tengo entendido que hay centros juveniles como este en todos los barrios de Japón.

Los niños pueden venir a hacer uso de las instalaciones en cualquier momento, con o sin sus padres. Dentro del edificio hay empleados con quienes los niños pueden jugar o realizar actividades, y hay espacios para jugar a la pelota, leer libros, jugar juegos de mesa, estudiar, conversar, etc.

¿Recuerdas esa biblioteca administrada por una ONG en el barrio de Sombat en Bangkok, Tailandia? Esa biblioteca operaba también como una especie de centro juvenil para los niños de aquel barrio, ofreciendo un espacio y actividades para que jueguen y se diviertan. En el Sudeste Asiático los gobiernos no suelen proveer estos servicios como sucede en Japón, así que tienen que ser las empresas y las ONGs las que los ofrezcan.

A diferencia de aquella biblioteca en Tailandia, donde no tenían problema con que yo entrara a jugar con los niños, en Japón obviamente la historia es diferente. Por lo general no dejan entrar a adultos a los jidōkan, a no ser que seas el padre de uno de los niños.

En Japón todo es mucho más estricto y menos libre que en el Sudeste Asiático. No es posible entrar a escuelas públicas como hacía en Camboya y en Laos, y no es posible acercarme a niños en la calle y ponerme a jugar con ellos y tomar fotografías como hacía en Filipinas, Tailandia y Vietnam.

Aun así, intenté entrar al centro juvenil a ver si me dejaban. El hombre de la recepción se me acercó a saludarme. Me preguntó primero si yo era el padre de un niño. Le respondí que no, y me apuré a añadir: «pero soy docente y me gustaría echar un vistazo dentro, ¿es posible aunque sea un par de minutos?».

Estoy casi seguro de que si no le aclaraba que estaba metido en el campo de educación e interactuaba con niños seguido, no me habría dejado entrar. Me hizo escribir mi nombre en un listado de entradas, me indicó que me quitara el calzado y me hizo entrar.

Ni siquiera le pregunté si podía tomar fotografías dentro porque ya sabía cuál iba a ser la respuesta, así que no tengo ninguna foto para mostrarte. Los pocos minutos que estuve dentro estuve siempre acompañado del empleado (o del docente, ya que me dijo que tenía la licencia de maestro).

Había pocos niños todavía a la hora en que visité el centro, quizás porque muchos aún seguían en la escuela y vendrían un poco más tarde. Los pocos niños que había me miraron sin decirme nada. Los empleados sí me saludaron, aunque no mucho más. Creo que no acostumbraban a recibir visitas.

En un momento entré en una sala donde había dos mujeres (probablemente también docentes) y dos niñas realizando algún tipo de actividad. El hombre que me guiaba justo estaba atendiendo el teléfono cuando entré. Tan pronto como cortó la llamada se me acercó y me dijo que no podía entrar ahí.

Sabía que los japoneses eran estrictos pero aun así me resultó chocante tanta rigurosidad de repente, tras haber estado varios meses en el Sudeste Asiático donde todo es mucho más libre y relajado (no significa que puedes hacer lo que quieras, pero sí mucho más de lo que te permiten en Japón).

El docente que me guiaba me llevó a la puerta de nuevo, aunque se quedó charlando un rato y respondiendo todas las preguntas que yo le hacía. Me mostró un calendario donde ponía algunas de las actividades planificadas. Una de ellas era un acto donde los niños mostrarían sus habilidades, el cual tendría lugar el 26 de diciembre por la tarde. Le pregunté si yo podría venir a verlo. Me dijo que no. 🙁

Cartel afuera del jidōkan

El cartel ponía lo siguiente:

Ven al centro juvenil.
Si no tienes dónde quedarte, ven al centro juvenil.
Si no tienes nada que hacer, ven al centro juvenil.
Si no tienes a nadie con quien hablar, ven al centro juvenil.
Si no hay nadie que te comprenda, ven al centro juvenil.
Antes de que se te haga tan duro que ya no puedas aguantar, ven al centro juvenil.

Cartel afuera del jidōkan

A las 16:00 me fui y volví al hotel.

踏切 (fumikiri; cruce de vías).

Viste que te conté que los niños en el centro juvenil solo me miraron sin decirme nada ni saludarme. Eso la verdad es que me chocó bastante, dado que me había acostumbrado a los niños en Vietnam que me saludaban siempre (salvo los de Hanói). Le pregunté a ChatGPT por qué piensa que esta diferencia existe, y me dijo lo siguiente:

  • En Vietnam se fomenta que los niños sean abiertos y conversen con personas fuera de su círculo cercano; en Japón se prioriza no molestar y mantener distancia.
  • Los extranjeros son menos comunes en Vietnam, lo que despierta curiosidad natural en los niños; en Japón esa curiosidad se aprende a reprimir desde temprano.
  • Japón tiene una educación muy marcada de no hablar con extraños, mientras que en Vietnam este mensaje es menos institucionalizado.
  • Los niños vietnamitas pasan más tiempo en espacios públicos mixtos (calles, mercados), donde interactuar con desconocidos es normal; los japoneses tienen rutinas más estructuradas.
  • En Vietnam, saludar a extranjeros en inglés suele recibir sonrisas y elogios; en Japón hay más miedo a equivocarse y quedar en ridículo.
  • En Vietnam, saludar es una forma básica de educación; en Japón, no interrumpir ni llamar la atención suele considerarse más cortés.
  • Los niños japoneses aprenden pronto a autocensurarse y evitar destacar; los vietnamitas suelen tener más libertad para comportarse de forma espontánea.
ChatGPT

A las 20:00 salí a un supermercado cercano, llamado My Basket (parte del grupo Aeon). Compré pan, queso, jamón y patatas fritas para hacerme sándwiches para cenar. Ah, y un helado de yogur de prepostre. Todo me costó ¥1286 (7€).

Cuando llegué a casa me puse a ver Pokémon Concierge mientras comía los sándwiches.

Cenando y viendo Pokémon Concierge (la mesa me quedaba pequeña).

El miércoles caminé todo lo que no había caminado desde que llegué a Japón cinco días atrás. 22 kilómetros en total.

Salí de casa a las 9:30 y empecé a andar hacia el sur, en dirección al centro del districto de Ōta, es decir el barrio de Kamata (蒲田).

Cerca de las 11:00 llegué a la estación de Kamata. Si lo recuerdas, prácticamente todos los barrios urbanos en Japón están centralizados en una estación ferroviaria. En las urbes niponas las estaciones son los sitios más neurálgicos, donde más comercios hay y que la gente suele utilizar para encontrarse (e.g. «nos encontramos en la salida este de la estación Namamugi a las 9:00»).

Frente a la estación había una escultura pública de las que me gustan a mí. ¿Recuerdas que las coleccionaba? Las echaba de menos. Nunca he visto este tipo de estatuas en otros países, o al menos no con la frecuencia que se encuentran en Japón. Mientras tanto en Vietnam —y demás países— lo único que se ven son esculturas de los proclamados «héroes de la nación» (políticos, militares, etc.).

「あすへ、走れ」 (Corre hacia el mañana)

Frente a la estación había también el acceso a un 商店街 (shōtengai), que si recuerdas era básicamente una calle comercial techada. Suele haber varias de estas en las partes más céntricas de los barrios japoneses más urbanos.

Shōtengai en Kamata (Sunrise Kamata)

No tardé en volver a cruzarme con un grupo de niños preescolares haciendo un paseo matutino con sus maestras. Realmente esto es algo que se ve todos los días en Japón.

Mi idea no era quedarme en Kamata sino seguir mi caminata hacia el sudoeste, en dirección de Kawasaki (川崎). Podría haberme tomado un tren desde la estación de Kamata hasta la de Kawasaki, pero en su lugar preferí caminar. No hay forma más bonita de explorar una ciudad japonesa que caminando. Bueno, quizás en bicicleta sea aun mejor, pero a falta de una utilizo la herramienta que tengo que son mis piernas.

Si hubiese ido en tren, nunca me habría topado con este parque tan peculiar:

西六郷公園(タイヤ公園)/ Parque Nishi-Rokugō (Parque de los Neumáticos)

El parque Nishi-Rokugō es un parque urbano situado en Nishirokugo, distrito de Ōta, Tokio. Se inauguró el 31 de marzo de 1969. Este parque único es conocido localmente como «Tyre Park» (parque de los neumáticos) debido a sus juegos infantiles fabricados con neumáticos desechados. La pieza central es un enorme monstruo de 8 metros de altura. En la entrada hay un cartel con la inscripción «Tyre Park».

Poco después de su inauguración, el parque recibió una avalancha de consultas desde el extranjero. También se ha utilizado con frecuencia en programas de televisión y películas. La estación de Kamata, que aparece en la serie «The Sand Glass», se encuentra cerca […].

Wikipedia
Más fotos del parque de neumáticos (I)
Más fotos del parque de neumáticos (II)
Como casi siempre es el caso en Japón, junto al parque había un lavabo y aseos públicos.

A las 12:00 llegué a Kawasaki.

Kawasaki (川崎市 Kawasaki-shi) es una ciudad de Japón situada en la prefectura de Kanagawa.

Kawasaki está situada en la desembocadura del río Tama, entre Tokio y Yokohama. Se encuentra en el oriente de la bahía de Tokio y es el centro del Área Industrial de Keihin, formando parte del área metropolitana de la capital nipona. Su parte occidental está compuesta de barrios que sirven de alojamiento a una parte de la mano de obra que se traslada diariamente a Tokio.

[…] En Kawasaki se celebra anualmente cada primavera el Kanamara Matsuri, un festival sintoísta en honor a la fertilidad en el que se venera al pene. Multitud de extranjeros acuden a tal evento por su particularidad.

Wikipedia

El primer sitio donde entré fue un edificio llamado Wing Kitchen Keikyu Kawasaki. Me tomé el ascensor y marqué el quinto piso (5F), para arrancar por el más alto e ir bajando. En esa planta solo había una puerta que daba acceso a una 保育園 (hoikuen; guardería infantil).

Puerta a la guardería en el quinto piso

Fíjate como todo es tan perfecto siempre en Japón: el piso podotáctil para los ciegos, el espacio para dejar el cochecito de bebé demarcado con una línea azul, el paragüero y el dispensador de alcohol en gel al lado de la puerta.

En el 4F estaba Seria, una tienda de todo por 100 yenes. Quizás me equivoque, pero creo recordar que estas tiendas solían tener bebidas y snacks también (no encontré), que es lo único que normalmente compro dado que todo lo demás me ocupa espacio en la maleta que ya no tengo.

Seria
Campana anti-osos. He leído noticias de que está habiendo muchos problemas de ataques de osos en el norte de Japón últimamente.
Hacía rato que tenía el protector de pantalla roto en mi teléfono, así que cuando vi esto decidí que era hora de comprarme uno nuevo. 100 yenes para un protector no está nada mal (~0,5€).

Lo que tienen los centros de barrios tokiotas es que están llenos de edificios como este con decenas de tiendas, entonces te puedes pasar una jornada entera yendo edificio por edificio y aun así no lo terminas de recorrer todo.

El siguiente edificio que visité estaba justo enfrente al anterior y se llamaba Kawasaki Dice.

Kawasaki Dice

En este centro comercial había un Can Do, otra cadena de tiendas de todo por 100 yenes, pero esta vez sí tenía snacks y bebidas, así que me compré algunas cosas (unos chocolates y una botella de té con leche). También pasé por GU, Uniqlo y Tsutaya Bookstore.

La librería Tsutaya tenía una sección bastante grande de alquiler de cómics, DVDs y CDs. La parte de alquiler de DVDs me transportó a mi infancia haciéndome recordar a Blockbuster.

Sección de DVDs
Mapa con todas las secciones de la librería (レンタル = rental/alquiler).

A las 13:00 me pasé a Atré, otro de los tantos centros comerciales situados en los alrededores de la estación.

Echaba de menos estos mapas tan detallados de todo lo que hay en el centro comercial. No hay nada que se le asemeje en otros países.
En Japón hasta te ponen un mapa de los baños que hay en cada piso y cuáles tienen botiquín médico, acceso para discapacitados y cambiador de bebé. Realmente es ridículo lo detallistas que son los nipones.

Al rato me pasé a Lazona Kawasaki Plaza, otro centro comercial más por la zona. Había varios más pero decidí que este ya sería el último al que entraría. Bueno, en realidad ni siquiera entré sino que me quedé por la parte de afuera.

Lazona Kawasaki Plaza
Algunos de los comercios que había dentro en las distintas plantas
Una plaza en el centro de Lazona Kawasaki Plaza

Frente a esta plaza había una Apple Store. Decidí entrar a hacerme un regalo de fiestas. Después de todo hacía más de un año que no me compraba nada caro, así que me lo permití. Me compré unos AirPods Pro 3 (¥39k; ~215€).

Mi regalo de fiestas

Te mentí cuando te dije que no iba a visitar otro centro comercial, pero es que este no sé si cuenta dado que era uno subterráneo, llamado Kawasaki Azalea, el cual además solo lo atravesé para ir a otro lado.

Kawasaki Azalea

De ahí me fui al ayuntamiento de Kawasaki (川崎市役所; Kawasaki Shiyakusho). La única razón por la cual me gusta pasar por la parte de afuera de ayuntamientos en Japón es porque muchas veces suele haber esculturas públicas allí, pero esta vez no vi ninguna. Kawasaki me decepcionó con la poca cantidad de estatuas que tenía.

Aunque sí había una plaza grande frente al ayuntamiento (edificio de la izquierda).

Cerca del ayuntamiento me topé con un Lawson Store 100, una tienda de conveniencia un poco más barata que las normales (aunque es un poco mentira lo de 100 ya que muchos de los productos que vendían no costaba 100 yenes sino el doble o el triple).

Le pregunté a la chica que trabajaba allí si tenía leche condensada (コンデンス・ミルク; kondensu miruku). Se me quedó mirando con cara de «¿Este me está hablando en japonés o en chino?». Lo que pasa es que la leche condensada es mucho menos popular en Japón comparado con el Sudeste Asiático; la gente aquí no la suele consumir. Igual me sorprendió que sí tenían. La chica finalmente entendió lo que le estaba pidiendo cuando le mostré una foto, y me llevó a la parte donde había.

Leche condensada marca Morinaga

Además de la leche compré también unas bananas y unos panes. En total gasté ¥661 (~3,6€).

A eso de las 15:00 empecé a caminar de regreso al hotel, aunque lo hice por un camino diferente comparado con el que había tomado para venir. Esta vez no pasé de vuelta por Kamata.

Camino de regreso al hotel
Niña andando en bici sola
En este edificio operaban dos servicios públicos: el jidōkan (centro juvenil) del barrio de Naka-Ikegami, y también la hoikuen (guardería infantil) municipal.

Durante esta caminata me crucé con unos cuantos niños que parecían estar volviendo a casa de la escuela. Todos llevaban randoseru y gorro, pero no uniforme. Le pregunté a mi amiga Akane por qué era que no estaban con uniforme, y me dijo algo que no sabía (o al menos no recordaba): en Japón, los niños que van a la escuela primaria pública generalmente no usan uniforme, mientras que los que van a colegio privado o a la escuela secundaria pública sí deben usar uniforme.

A las 16:30 llegué al hotel y ya no volví a salir.

Ame,
Kato