Kara Ema:
El jueves a eso de las 9:00 salí del hotel y me tomé la línea Ikegami hasta la estación Kamata. Desde Kamata me tomé la línea Keihin-Tōhoku hasta Sakuragichō, en Yokohama.
Había quedado en juntarme con Mavy frente a la estación de Sakuragichō a las 10:00. Yo llegué puntual pero ella no. Los japoneses le dan mucha importancia a la puntualidad, y son de llegar antes solo para que la otra persona no tenga que esperar. Pero Mavy no era japonesa sino vietnamita.

Como yo llegué primero, le dije que la esperaría en la puerta norte de la estación. Hacía frío afuera, así que decidí entrar a la estación y pasearme un poco por las tiendas mientras la esperaba.


Pasaron tres cuartos de hora hasta que finalmente Mavy se hizo presente con su hijo. A eso de las 11:00 arrancamos a caminar hacia el primer sitio que acordamos visitar: el mercado navideño en Akarenga Sōko (Almacén de ladrillo rojo).

Mavy llevaba puesta una máscara que le cubría parte de la cara sobre la boca y la nariz. Le pregunté por qué llevaba eso y me dijo que para protegerse del sol. Bien de mujer asiática.

Íbamos a entrar pero al final decidimos no hacerlo. La entrada costaba ¥500 (~2,8€), lo cual personalmente me parecía un poco absurdo tener que pagar para entrar a un lugar donde lo único que había era puestos para comprar comida que encima eran caros. Es como si te cobraran para entrar a un centro comercial a comprar cosas.


En un momento, mientras paseaba y charlaba con Mavy —siempre en japónes— pasamos por una persona que llevaba un perro, así que se me ocurrió preguntarle algo, pero definitivamente no estaba preparado para la respuesta que recibiría:
Kato: «¿Te gustan los perros?»
Mavy: «Sí, son deliciosos.»
Kato: «No, los perros. 犬 [inu], con chó.»
Mavy: «Sí, con chó. Ngon [delicioso en vietnamita]. Los gatos también me gustan.»
Kato: «¿En serio? ¿Has comido gatos y perros?»
Mavy: «Un montón de veces.»
Kato: «…»
Creo que en las ciudades vietnamitas ya no es tan común como antes comer perros y gatos, aunque en ciertas zonas rurales parecer ser que la costumbre sigue bastante vigente. Mavy es originaria de la provincia de Quảng Bình, la cual es predominantemente rural.
A las 12:30 fuimos a almorzar Coco Ichibanya. Cada uno se pagó lo suyo (bueno no, el bebé no se pagó lo suyo; la mamá pagó por él).

Una hora más tarde volvimos a la estación Sakuragichō. Mavy quería ir al Starbucks de la estación, pero cuando vio que estaba lleno de gente dijo que mejor se iría a su casa. Yo le ofrecí ir a otra cafetería, pero ella me respondió que solo le gustaba Starbucks (!). Así que nos despedimos.
Aprovechando que estaba ahí en Yokohama, decidí seguir paseando un rato más por mi cuenta antes de volver a Ōta.

Cuando estaba en Hanói me había enterado de que había una franquicia de Café Giảng en Yokohama, por lo que la fui a visitar y me pedí un cà phê trứng (¥550; 3€).



A las 15:00 me fui del café y me crucé al barrio chino que arrancaba justo enfrente. El 横浜中華街 (Yokohama chūkagai) es el barrio chino más grande de todo Japón.



En este parque me topé con algo interesante: un mercado navideño básicamente como el de Akarenga solo que este era de entrada gratuita.





A las 16:00 entré a Landmark Plaza, un centro comercial. Ya había estado aquí en algún momento; entré no para recorrer sino para atravesar el edificio y seguir paseando por el exterior.

Al rato llegué a otro mercado navideño más, en グランモール公園 (Grand Mall Park), Minatomirai.





A las 16:30 llegué a la estación de Yokohama.






En el lado oeste de la estación también había un Lashinbang, que si recuerdas es una de las cadenas de tiendas de artículos de animé, manga y demás. A esta hora este tipo de tiendas en Japón suelen ser frecuentadas por jóvenes estudiantes que pasan por aquí tras salir de la escuela para comprarse un nuevo manga para leer o algún accesorio para la mochila o para decorar su habitación.



A las 17:00 me fui del local y me pasé a Yokohama Vivre, un centro comercial de nueve pisos. Allí había un Animate, un Book Off, un Volks, entre varias otras tiendas.



Luego me pasé a Marui City Yokohama, donde había un Surugaya y un Pokémon Center.




A las 18:00 pasadas volví a la estación de Yokohama ya con la intención de tomarme el tren de regreso a casa.


Mientras estaba en el tren, en un momento entraron dos personas y se pararon frente a mí. Una de ellas era una mujer y la otra una niña pequeña de alrededor de 6 años. Había un asiento libre a ambos lados de donde yo estaba sentado, así que me corrí para dejar dos asientos libres cosas de que la mujer y la niña se pudieran sentar juntas. La mujer me agradeció pidiéndome disculpas (es común que los japoneses digan すみません [sumimasen] para agradecer, en plan «perdón por la molestia ocasionada»). Pero lo mejor pasó más tarde, justo antes de que la mujer y la niña se bajaran del tren. Al pararse de su asiento, la niña se me puso enfrente y me dijo, con un tono de voz muy franco y solemne: ありがとうございます [arigatō gozaimasu]. Es decir que la niña me estaba agradeciendo por haberle cedido el asiento un tiempo antes, y creo (aunque no puedo asegurarlo ya que quizás yo no lo escuché) que incluso lo hizo sin que la mujer se lo pidiera. Ejemplo como este me recuerdan lo diferentes que son los niños japoneses versus los de otros países, y lo diferente que es la sociedad japonesa en general.
A las 19:00 me bajé en la estación Senzoku-ike, a tres cuadras de mi hotel.
Antes de ir al hotel pasé por el supermercado My Basket para comprar algo para la cena.

Me compré un phở, un yogur griego y una sopa de miso. Estos dos últimos acabaron siendo mi cena, mientras que el phở me lo reservé para el almuerzo del día siguiente. Me costó todo ¥383 (2€).
El viernes durante el día no hice nada. Lo interesante vino a la noche.
A las 17:30 salí del hotel y me fui a tomar el tren —o los trenes en realidad— hacia Saitama. Era la peor hora para desplazarse en transporte público en Tokio, ya que todos justo salían del trabajo.
Como recordarás, en la ciudad de Saitama (pegada a Tokio hacia el norte) es donde viven mis amigas Akane y Sakura. Todos los viernes a las 19:00 siempre van a las reuniones de Komi. La reunión de hoy era especial de Navidad.
Akane no pudo ir porque su hijo Kenta estaba enfermo, así que no la pude ver todavía. Pero todos los demás estuvieron allí.
Cinco minutos antes de las 19:00 llegué al edificio de さいたま市文化センター (Centro cultural de la ciudad de Saitama), que es donde se realizan las reuniones de Komi para este grupo.

En un momento durante la reunión hicimos un 一芸 (ichigei), es decir una actividad mediante la cual todos tenían que pasar al frente a mostrar algún talento, ya sea bailar, tocar un instrumento, cantar, etc.
Había un piano en la sala. Una vez estoy seguro de que te conté que los japoneses en general son buenos tocando el piano. Muchos niños japoneses lo aprenden desde temprano. Por eso es que varios eligieron el piano para la actividad de mostrar un talento.




Después de la actividad de los talentos, me dieron unos minutos a mí para hablar de mis viajes y mostrar fotos. Les conté por ejemplo que visité cementerios en Manila donde vive gente, que visite escuelas en aldeas rurales de montaña en Vietnam, que me hice amigos niños caminando por las calles de un barrio de bajos recursos en Bangkok, y que festejé mi cumpleaños con niños de un orfanato en Nepal.
Quedaron bastante impresionados, y me hicieron exactamente las dos preguntas que sabía que me iban a hacer:
- ¿Para entrar a las escuelas reservas una cita previa o cómo haces?
- ¿Cómo te acercas a los niños en la calle y te haces amigos de ellos?
Claro, pasa que aquí en Japón es completamente inimaginable la idea de que un extraño entre en una escuela sin ser anunciado para hacer una visita y jugar con los niños. Igualmente impensable es la idea de que un adulto se haga amigo de un niño en la calle. En la mente de los japoneses estas cosas les debe de chocar un montón, ya que van en contra de la realidad a la que están acostumbrados. Pero justamente eso es lo lindo de viajar (y de escuchar historias de gente que viaja): que uno se da cuenta de que existen otras realidades allá afuera, muy distintas a la propia.
La última actividad que hicimos antes de cerrar la reunión de Navidad consistió en que cada uno tenía un snack pegado en la espalda, y tenía que salir corriendo a quitarle el snack que otra persona tenía en la espalda, pero siempre cuidando de que nadie le quitase el suyo propio, dado que si eso ocurría ya no podías seguir jugando y tenías que sentarte. Yo perdí enseguida cuando una niña me quitó mi snack.

A las 21:30 me fui del centro cultural y volví a la estación para tomarme el tren de regreso a Ōta-ku. Una hora más tarde llegué a la estación de Gotanda. Desde allí me podría haber tomado otro tren más pero en su lugar decidí realizar una caminata nocturna (~4 km).

A esta hora de la noche es común ver obras en la calle. Los japoneses solo hacen obras durante la noche y la madrugada para interferir lo menos posible con el tráfico y la vida cotidiana de los ciudadanos.




A las 23:40 llegué al supermercado My Basket a tres cuadras de mi hotel. Me encanta que algunos supermercados japoneses cierren tarde (este cerraba a las 24:00, con lo cual llegué justo). Me compré unas gyoza y un yogur para cenar (¥516; ~2,8€).
Ame,
Kato