Mercados de Navidad en Tokio y reuniones con mis amigas en Saitama

Kara Ema:

Leí un nuevo libro. Una novela corta sobre amor no correspondido, titulada Белые ночи (Noches blancas), escrita por el auto ruso Fiódor Dostoyevski y publicada por primera vez en 1848.

La historia transcurre en San Petersburgo. Los personajes principales son el narrador, un hombre de 26 años; Nástenka, una muchacha de 17 años; y el inquilino, otro hombre joven.

Nástenka se enamora del inquilino cuando tiene 15 años. El inquilino tiene que irse a Moscú por un año pero le promete que se van a casar cuando vuelva si ella aún sigue enamorada de él. El narrador conoce a Nástenka cuando ella tiene 17 años y se enamora de ella enseguida, pero no se lo dice. Nástenka sigue enamorada del inquilino. Justo se acaba de cumplir un año de la partida del inquilino, así que Nástenka espera ansiosamente su regreso. Pasan unos días sin que aparezca, por lo que la chica piensa que ya no volverá a ver a su amado. El narrador le confiesa su amor a Nástenka, y la muchacha le dice que la espere, que pronto se olvidará del inquilino y aprenderá a amarlo tanto como él a ella. Mientras ambos están hablando de que se van a casar y empiezan a hacer planes de ir a vivir juntos, aparece el inquilino y Nástenka salta a los brazos de su prometido, rompiéndole el corazón al narrador.


El miércoles a las 11:00 salí del hotel y me tomé un tren hasta Shibuya.

Quería visitar una tienda pero estaba cerrada, así que caminé desde Shibuya hasta Roppongi.

¿Qué está pasando que me estoy encontrando con tantos negocios vietnamitas en Tokio de repente?

A las 13:00 llegué a Roppongi Hills, donde había un mercado navideño.

Roppongi Hills
Mercado navideño de Roppongi Hills (I)
Mercado navideño de Roppongi Hills (II)

Como ya me lo esperaba, estaba lleno de gente y lo que vendían era caro y no demasiado apetitoso, así que me fui sin comprar nada.

Media hora más tarde llegué a Azabudai Hills, donde había otro mercado navideño.

Mercado navideño de Azabudai Hills (I)
Mercado navideño de Azabudai Hills (II)
Mercado navideño de Azabudai Hills (III)

Por cierto, hoy el tiempo estuvo bastante malo: frío (5 ºC), lluvioso y algo neblinoso. Aun así podías ver a algunas japonesas mostrando las piernas con sus faldas cortas, como en la imagen de arriba.

¿Recuerdas la cadena vietnamita Pizza 4P’s? Tienen una sucursal también en Tokio.

Después de Roppongi continué mi caminata pasando por Shinbashi y Yūrakuchō, hasta llegar a la estación de Tokio.

Shinbashi
Yūrakuchō
Edificios cerca de la estación de Tokio
Estación de Tokio
Políticos haciendo campaña frente a la estación de Tokio

Desde la estación de Tokio me tomé un tren hasta la estación de Hirai.

A las 15:15 llegué a Matsunoya en Hirai, donde almorcé. Me pedí un plato ōmori (grande) de katsukarē (¥930; 5€).

Katsukarē de Matsunoya
Todas las salsas y aderezos que había para elegir (muy distintos de los que hay en el Sudeste Asiático, aunque también ricos).
En Hanói los restoranes generalmente no te daban agua gratis. Aquí en Matsunoya había una máquina expendedora no solo de agua gratis sino también de té, y podías elegir si lo querías caliente o frío.
Esta máquina en la puerta te permitía elegir el plato que querías y pagar antes de sentarte en el mesa. Incluso podías pagar con tarjeta de crédito o Apple Pay, cosa que en Vietnam no era muy común.

Me da la sensación de que los negocios donde puedo pagar con tarjeta de crédito o Apple Pay en Japón han aumentado bastante comparado con la última vez que estuve aquí. A cada lugar a donde voy casi siempre pago de esta forma. Lo único importante que tengo que hacer cada tanto y que aún no parece poder pagarse con tarjeta es recargar la Suica (tarjeta de transporte).

A las 16:30 caminé hasta 吉野湯 (Yoshino-yu), un sentō o baño público japonés. La entrada me costó ¥580 (~3€).

Yoshino-yu en Hirai

Era bastante simple: dos habitaciones, una para cambiarse y dejar las cosas, y otra con las duchas y los baños. No había saunas. Los baños eran cuatro: uno de agua fría, otro templada, otro caliente, y el último extra caliente (~44 ºC). El baño caliente tenía zonas con hidromasaje y con electricidad. Pero lo que más me gustó a mí fue el baño de agua tibia que era un 炭酸泉 (tansansen; baño de agua carbonatada). Se sentía como estar flotando dentro de una botella de Seven Up.

Por supuesto que no se trataba de un kon’yoku sino que estaba separado por géneros: hombres por un lado y mujeres por el otro. La mayoría de los hombres que vi eran mayores (ojiisan), aunque en un momento entró un papá con su hijo de alrededor de 9 años.

A las 18:00 me fui y caminé de regreso al hotel, pasando por el 平井大橋 (Hirai-ōhashi; puente Hirai).

Puente Hirai, con carril separado para ciclistas y peatones y amplio espacio para transitar de forma seguro (a diferencia de los puentes en Vietnam).

A eso de las 18:30 pasé por los supermercados cerca de casa (incluyendo uno vietnamita) y compré salsa de pescado, salsa de chile y papel de arroz para hacer rollitos de primavera. También compré provisiones para la noche. En total gasté (¥1425; ~8€).

Todo lo que compré en el supermercado

A las 19:00 pasadas volví al hotel.


El jueves fue Navidad. ¡Feliz Navidad! 🎄

Mi amiga Akane me invitó a almorzar a su casa. Al fin me reencontraría con ella, después de un año y medio.

A las 12:30 llegué a su casa y fui recibido por ella, por su hijo Kenta (que ahora tenía 4 años) y por su perro Haru. Su marido Taiyo estaba trabajando así que no lo pude ver todavía.

Mientras nos poníamos al día con nuestras vidas charlando un montón, nos pusimos también a cocinar. Habíamos quedado que íbamos a hacer un almuerzo de comida vietnamita.

Para el almuerzo yo llevé phở gà instantáneo, papel de arroz, salsa de chile y salsa de pescado. Más tarde también le hice probar cà phê muối instantáneo y bánh đậu xanh.

Los rollitos de primavera que hicimos junto con el phở gà

A las 16:00 me pasó a buscar Sakura, mi otra amiga japonesa que me había invitado a su casa a cenar.

Si recuerdas, Sakura tiene dos hijos: Daichi (el mayor, que ahora está en la escuela media) y Takeshi (en quinto grado de la escuela primaria).

Cuando llegamos a su casa, Takeshi tenía que ir a comprar al supermercado, así que yo me ofrecí acompañarlo. También pasamos por un Book-Off porque se quería comprar unas cartas Pokémon.

Takeshi eligiendo las fresas para comprar
Takeshi pagando en el supermercado
Takeshi eligiendo las cartas Pokémon que se quería comprar
Takeshi pagando en Book-Off

Ver a un niño de 10 años yendo solo a comprar —estaba conmigo porque yo lo quise acompañar, si no habría ido solo— y comprándose cartas Pokémon con sus propios ahorros es realmente inspirador.

Los ahorros (お小遣い; okodzukai) los había obtenido tras hacer cosas como limpiar el baño y el inodoro en la casa, ayudar en la cocina, etc. Es por cosas como estas que los niños japoneses son tan responsables e independientes desde temprano.

A las 17:00 llegamos de vuelta a la casa y Takeshi me mostró su colección de cartas Pokémon, lo cual me transportó a la época en que yo tenía su edad y también las coleccionaba.

Colección de cartas Pokémon de Takeshi

Le conté que yo solía jugar con estas cartas en los recreos del colegio, y él me dijo que no podía hacer eso dado que estaba prohibido llevar cartas Pokémon a la escuela en Japón. Recuerdo que yo también jugaba a la Game Boy en los recreos (en incluso a veces en el aula mientras la maestra daba clase, pero no se lo vayas a contar eh). Le pregunté si él podría jugar a la Switch en el recreo y me dijo que no, que tampoco estaba permitido llevar eso. De hecho no se podía llevar nada más que el material escolar.

En un momento Daichi y Takeshi se pusieron a jugar una partida de Pokémon.

Daichi y Takeshi jugando a las cartas Pokémon

A las 18:00 pasadas servimos la cena y empezamos a comer.

Cena en lo de Sakura (I)
Cena en lo de Sakura (II)

Después de la cena Takeshi me mostró su boletín de notas de la escuela, en donde tenía todas As y algunas Bs. Claramente era uno de los mejores alumnos, aunque conociendo a los niños japoneses no me sorprendería que todos tuviesen boletines igual de buenos.

Boletín de notas de Takeshi

Daichi por su parte me mostró el álbum de graduación de la primaria.

Álbum de graduación de primaria (I)
Álbum de graduación de primaria (II)
Álbum de graduación de primaria (III)
Álbum de graduación de primaria (IV)
Álbum de graduación de primaria (V)
Álbum de graduación de primaria (VI)

Una de las cosas que más me impresionan y admiro de estos chicos igual no es lo bien que les va en la escuela ni lo independientes que son, sino lo mucho que les gusta la lectura. Siempre veo libros en el sofá. Hoy vi a Daichi llevarse un manga al baño para leer mientras hacía sus necesidades. Van a la biblioteca una vez cada dos semanas para devolver una decena de libros y tomar prestada otra. Daichi pidió prestados un total de 383 libros de la biblioteca de su escuela los seis años que hizo la primaria. Los japoneses en general son de leer más que las personas de otras culturas, pero Daichi y Takeshi realmente están a otro nivel mismo para el estándar japonés.

Sakura me mostró también unos álbumes que tenía del jardín de sus hijos.

Álbumes de jardín (I) — Fíjate como ya desde el jardín los japoneses aprenden a tocar el piano.
Álbumes de jardín (II)
Álbumes de jardín (III)
Álbumes de jardín (IV)
Álbumes de jardín (V)
Álbumes de jardín (VI)

A las 20:00 comimos el postre —pastel que habían preparado Sakura y Takeshi—, y al rato me despedí.

Postre de pastel

Cerca de las 22:00 regresé al hotel.

Ame,
Kato