Kara Ema:
No tenía muchos planes programados para el lunes. Cuando me levanté vi que afuera estaba soleado, así que cerca de las 12:00 decidí salir a pasear por los alrededores del hotel.
Tomé el 小松川境川親水公園 (Parque ribereño del río Komatsugawa Sakai) —el mismo de la otra vez— y lo empecé a recorrer en sentido noreste, el opuesto al que había tomado la vez pasada.

En un momento el parque se bifurcó; opté por el sendero de la izquierda, el cual culminó en la avenida Shishibone Kaido.

La otra rama de la bifurcación también desembocaba en esta avenida pero unos 800 metros al este. Decidí caminar hasta allá y empezar a volver hacia el hotel por este otro sendero del parque.


El urinal en este aseo masculino estaba completamente visible desde el sendero donde la gente caminaba. De hecho cuando lo usé justo pasó alguien. Estas cosas son comunes en Japón, lo cual puede resultar un poco paradógico considerando lo reservados que son los japoneses normalmente con la sexualidad y el valor que le atribuyen a la privacidad, la modestia y la discreción.

Tras andar un rato a lo largo del río (se llamaba río pero por su anchura diría más bien arroyo o canal) llegué al mismo parque a donde me había encontrado con la loli en monociclo el otro día (中央森林公園; Parque Forestal Central).

El plan original era sentarme en este parque y ponerme a leer con la música de fondo de los niños riendo y correteando cerca. Pero no pude hallar un lugar apropiado para sentarme —tenía que ser un banco con respaldo y que estuviese al sol—, así que no tarde en irme y continuar la caminata por el arroyo.

Reglas del parque
- Juguemos todos juntos amigablemente.
- Cuidemos nuestras flores y nuestros árboles.
- Por favor no traigas bicicletas, ya que causan molestias a todos.
- Por favor evita lanzar pelotas, ya que pueden golpear a otras personas y causarles lesiones.
- Por favor llévate tu basura a casa.
En este parque había también un aseo público. Lo increíble de los aseos públicos en Japón —además de ser siempre gratuitos y estar impecablemente limpios— es que suelen tener papel higiénico, mismo los de los parques. Me parece algo digno de destacar ya que en cualquier otro país es muy raro que esto suceda.
A las 13:00 llegué a Seiyu, un edificio al lado de la estación que tenía varios restoranes y un supermercado.

Tomé fotos de mis tres cosas favoritas de los supermercados japoneses para mostrártelas:



Otra cosa genial que tenía este supermercado en particular es que —según un cartel que vi pegado en la puerta— permanecía abierto las 24 horas del día todos los días.

Me compré lo siguiente:

Después de mi visita al supermercado me pasé a Quttarna Restaurant City, donde había ocho plantas de varios restoranes para elegir. Decidí almorzar en Sushiro, que hacía mucho que no iba.



A las 15:00 fui a la biblioteca central de Edogawa, la misma que había visitado la otra vez.

Me senté un rato en un sector en la segunda planta donde estaba marcado que te podías sentar libremente para estudiar o usar tu propio dispositivo. Estaban todas las mesas llenas de gente—más que nada de jóvenes estudiando.

Me puse a leer un nuevo libro por un par de horas. Dado que el libro que leí durante el fin de semana fue de no ficción, ahora me tocaba leer ficción: una novela. Ya te contaré más sobre ella a medida que avance un poco más.
A las 18:00 volví al hotel.
A las 21:30 volví a salir a la calle, esta vez con todo mi equipaje (menos la maletota que la había dejado en lo de mi amiga Akane). Me fui a tomar el tren hasta la estación de Tokio.
A un par de cuadras de la estación había un aparcamiento llamado 鍛冶橋駐車場 (Kajibashi). Desde allí partiría mi autobús, programado para las 22:50.

A las 22:40 anunciaron que me el autobús Tabinosuke número 5 destino a Ōsaka-Umeda saldría por la dársena 14, así que me fui para allá, mostré mi billete, me dijeron qué asiento me había tocado, me subí y me senté.
Algo curioso de los 高速バス (kōsoku basu; autobuses larga distancia / interurbanos) en Japón es que cuando reservas tu billete por internet te piden que selecciones tu género y no te dejan seleccionar el asiento. Es obvio que el motivo por el que hacen esto es para que ellos (los de la empresa del autobús) seleccionen los asientos de manera tal que los hombre se sienten con los hombres y las mujeres con las mujeres, ya que por alguna razón todo en Japón tiene que estar separado por géneros así.
El autobús estaba completamente lleno; por lo que pude apreciar eran todos japoneses. Por estas épocas hay mucha gente desplazándose a distintos lugares dentro del país para visitar su 故郷 (furusato; pueblo natal) y 実家 (jikka; casa de los padres), cosa de pasar las fiestas allí.
De hecho esto mismo es lo que mi amiga Akane había hecho: ella también se vino a Ōsaka para pasar unos diez días en lo de su mamá. Todos los años hace lo mismo en esta época. Si lo recuerdas, el año pasado yo viajé con ella y me quedé en lo de su madre. Pero esta vez no podía quedarme allí porque también estaba el hermano menor, con lo cual no había dormitorios libres para mí.
Pero volviendo al autobús: estaba lleno de gente. Probablemente por eso (alta demanda) es que me haya costado tan caro (¥8200; ~45€). A la gente me la esperaba; lo que no me esperaba es que fuese a ser tan estrecho todo dentro del autobús. No había ningún tipo de separación ni apoyabrazos entre mi asiento y el de al lado, y era imposible levantarme (yo estaba del lado de la ventana) sin que la persona de al lado de tuviese que levantar también. Me sentí un poco claustrofóbico.

Tan pronto como todos estuvimos sentados y se hizo la hora de partida, el autobús arrancó a moverse y se empezó a oír la voz de una persona hablando por un micrófono. Esa persona estuvo hablando durante más o menos diez minutos, diciendo cosas como:
- El uso del cinturón de seguridad es obligatorio. Por favor ajustárselo.
- Por favor no correr las cortinas debido que la luz de afuera podría molestar a otros pasajeros.
- Por favor no consumir comidas con olores que puedan causar molestia otros pasajeros.
- Por favor no dejar nada en el pasillo que pueda molestar a otros pasajeros.
- Por favor mantener el teléfono en modo silencioso para no molestar a otros pasajeros.
- Por favor avisar al pasajero detrás de usted antes de reclinar el asiento.
- Por favor tomar nota de la matrícula del vehículo antes de bajar en las parada para asegurarse de regresar siempre al autobús correcto.
- El autobús se detendrá varias veces en áreas de servicio. No realizaremos ningún anuncio más que este o en caso de que suceda alguna emergencia.
- El autobús estaba programado llegar a destino a las siete de la mañana.
- Al finalizar este anuncio apagaremos las luces. Por favor guardar silencio para no molestar a los pasajeros que desean dormir.
Por supuesto todos los anuncios fueron 100% en japonés, sin traducciones al inglés, pero por suerte todavía recuerdo lo suficiente de japonés para entender la mayor parte.
He visitado más de 30 países y aún no he encontrado ninguno que sea ni la mitad de detallado con los anuncios y las reglas como son los japoneses. Realmente los nipones están a otro nivel.
No había pasado ni siquiera una hora desde que partimos, que ya hicimos la primera parada en una de las llamadas áreas de servicio (service area), que son grandes edificios al costado de la autopista donde los vehículos pueden detenerse y bajar a utilizar los aseos, a comprar cosas, o simplemente a estirar las piernas.
La parada duró 20 minutos. Lo que me pareció genial fue el hecho de que hayan puesto la hora exacta de repartida bien visible al bajar del autobús, cosa de que todos supieran hasta cuándo podían estar afuera.

Me había olvidado lo fantásticas que son las áreas de servicio japonesas:





Los baños eran enormes, estaban impecables y por supuesto eran gratuitos, a diferencia de Vietnam y otras partes del Sudeste Asiático donde a veces te cobran.
Cuando volví a subirme al autobús ya era martes. Intenté dormir, pero me costó, sobre todo porque no encontraba una posición cómoda al no tener a mano nada que me pudiese servir de almohada.
A las 2:30 volvimos a parar en otra área de servicio.





A las 2:55 el autobús reemprendió la marcha. Antes de volver a sentarme cogí una de mis chaquetas y me la llevé a mi asiento para utilizar como almohada. Mucho mejor: ahora sí podía dormir más cómodo.
A las 5:30 nos volvimos a detener. Siempre que parábamos en un área de servicio, las luces se encendían pero nada más. No había ningún aviso por altavoz para no molestar a los que estaban durmiendo. Esta vez no bajé ya que no lo necesitaba.
A las 7:00 en punto —igual que lo que estaba programado— llegamos a Umeda, Ōsaka.
Pensar que este autobús larga distancia que me tomé en Japón hizo tres paradas para ir al baño en un viaje de 8 horas, mientras que en Vietnam me he tomado un autobús de 12 horas que solamente hizo una parada al principio. Nunca voy a entender por qué los autobuses en Vietnam hacen tan pocas paradas y cómo hacen los vietnamitas para retener los fluidos por tanto tiempo. Pero volviendo a Japón.
Cada vez que me preguntan cuál es mi ciudad favorita en Japón, respondo que Ōsaka (aunque Fukuoka le compite bastante). Las razones son varias:
- La gente aquí es algo más amigable y menos reservada que en Tokio y otros lugares. Incluso hablan diferente (con un acento/dialecto distinto).
- Ōsaka es grande y con un montón de conveniencias, pero no absurdamente grande como Tokio. Tampoco está tan abarrotada de gente como Tokio.
- Ōsaka está estratégicamente ubicada, cerca (menos de 100 km) de varias otras ciudades importantes como Kioto, Kōbe, Uji, Nara y Himeji.
- Ōsaka en general es más barata que Tokio, y tiene una cultura culinaria muy fuerte con muchos sitios para comer excelentes y a buenos precios.
A las 7:30 me instalé en Saint Marc Cafe, frente a la estación de Umeda. Me pedí algo para desayunar (¥890; ~5€).

A las 12:00 salí del café y empecé a caminar hacia mi hotel, el cual quedaba en 天王寺区 (Tennōji-ku), a unos 8 kilómetros de Umeda. No podría hacer esta caminata de una sola vez cargando con mi bolso de mano, pero si me detenía un par de veces en el medio para descansar no habría problema. De todas formas no tenía apuro porque el check-in era a las 16:00.
Mi primera parada fue cerca de las 13:00, en un parque llamado Minamitenma (南天満公園). Distancia a destino: 5,6 kilómetros.

Me senté allí por quizás unos veinte minutos para recargar energías, y continué mi recorrido.
A las 14:20 llegué a otro parque más, llamado Inao (稲生公園). Distancia a destino: 190 metros. Sí, ya prácticamente había llegado. Pero aún no podía hacer el check-in, así que decidí sentarme en este parque a esperar a que se hiciera la hora. Una vez más me puse a leer con la música de los niños jugando cerca.

A las 16:00 llegué a Cogo Tennoji, mi hotel. Ya había pagado todo por internet, así que simplemente me anuncié en la recepción y me dijeron qué habitación y qué cama me habían tocado. Me costó ~15€ por noche, es decir más o menos lo mismo que venían costando los hostales en Tokio (y esto es lo más barato que se consigue aquí por estas épocas).
Es interesante como en Japón la gran mayoría —por no decir todos— de los hoteles prefieren pago cashless (con tarjeta), con lo cual ya te toman el pago en el momento en que reservas por sitios como Booking. Mientras tanto en Vietnam es al revés: prefieren pago en efectivo así que si reservas por Booking, luego tienes que pagar en el momento en que llegas a la recepción.
A diferencia de los hoteles donde me había estado quedando en Tokio, este era bastante grande con varios pisos.
En la primera planta hay una lounge area (sala de estar) con mesas, sillones, tomacorrientes para cargar dispositivos, wifi, televisión, máquina expendedora de bebidas, café y té gratis, microondas, pava eléctrica. También hay un baño, una cocina, una lavandería, un espacio para fumar, y una parte con piso de tatami y mesas estilo tradicional japonés (con patas cortas). Incluso hay un 足湯 (ashiyu; baño para pies) que no he probado todavía pero que me va a venir genial para mis pies agrietados.

Como no había podido dormir bien en el autobús, cuando llegué al hotel me sentí tan cansado que tan pronto como subí a la habitación localicé mi cama y me eché a dormir una siesta de dos horas.

A las 19:00 me desperté y al rato salí del hotel para hacer un paseo nocturno.

A veinte minutos de mi hotel descubrí un shōtengai llamado 桃谷本通商店街 (Tōdani Hon-dōri). En esta calle comercial vi varios restoranes que me tentaron, incluyendo uno nepalí y uno birmano.


También pasé por el barrio coreano, a donde ya había estado alguna vez en el pasado. Me sorprendió encontrarlo vacío y con casi todos los negocios cerrados. Me pregunté si sería por las fiestas o porque era de noche (la última vez que estuve aquí era de día y estaba lleno de gente).

Cerca de las 20:00 llegué al sitio principal que quería visitar: いくのパーク (Ikuno Park). Se trataba de un centro comunitario que funcionaba en un edificio que previamente había sido una escuela municipal.
Ikuno Park ha ido abriendo sus puertas por etapas desde mayo de 2023.
Se trata de una instalación polivalente que no solo ofrece restaurantes, eventos, deportes y arte, sino también funciones educativas y asistenciales.
Cuando oyes el término «complejo multifuncional», ¿no te hace pensar en centros comerciales y cosas por el estilo?
Sin embargo, Ikuno Park no es lo que se podría llamar un «complejo multifuncional».
Para nosotros, Ikuno Park es un «centro para la convivencia multicultural».
Un centro para la convivencia multicultural puede sonar un poco complicado, ¿verdad?
En pocas palabras, espero que puedas imaginarlo como un lugar donde cualquiera puede reunirse, independientemente de su nacionalidad, género o edad, para resolver los problemas a los que se enfrenta o trabajar juntos en cosas que les gustaría intentar.
Ikuno Park







A las 20:30 empecé a caminar de regreso al hotel, pasando por el mismo shōtengai y el mismo restorán nepalí. Esta vez decidí entrar y comprarme unos momos. Un plato con diez momos por ¥500 (~3€) no me pareció nada mal. Además estaban riquísimos.

Había salido del hotel sin nada encima más que las tres capas de abrigos y mi teléfono, pero por suerte pude pagar con Apple Pay.

Cuando ya estaba más o menos a diez cuadras del hotel pasé por un supermercado llamado Izumiya. Faltaba poco para que cerrara, así que la poca comida fresca que le quedaba la estaba ofreciendo a mitad de precio. Vi que tenían okonomiyaki que hace mucho que no comía, así que quise aprovechar para comprarlo barato (~¥200; 1€), pero por desgracia en la caja me dijeron que no aceptaban Apple Pay—que podía pagar con tarjeta pero tenía que tener la tarjeta física. Así que me tuve que ir sin poder comprar nada.

Comparado con la última vez que estuve en Japón, siento que hay muchos más lugares que aceptan tarjeta en lugar de efectivo, pero por culpa de negocios como este que aún no aceptan contactless, no se puede decir que Japón haya llegado al punto en el que está Europa, en el que puedes salir de tu casa solamente con tu teléfono y saber que vas a poder pagar prácticamente todo con él. A lo mejor la próxima vez que viaje a la Tierra del Sol Naciente habrá finalmente alcanzado este punto.
A las 21:30 pasé por el parque Inao donde había estado más temprano. Ya no había niños jugando sino que estaba vacío.

A una cuadra del parque había un jardín de infancia: 天王寺幼稚園 (jardín de Tennōji).

A una cuadra más había un FamilyMart, donde me compré un par de snacks para tener por si me daba hambre a la noche estando en el hotel (¥305; ~1,7€). Las tiendas de conveniencia japonesas siempre aceptan tarjeta (y contactless / Apple Pay), a diferencia de los 7-Eleven en Tailandia donde tienen esa regla tonta de que solo puedes usar tarjeta a partir de —si no recuerdo mal— 200 baht (~5€).

A una cuadra más estaba mi hotel.
Ame,
Kato
La proxima coche cama!