Kara Ema:
Mi primer día en Tokio en que no tuve escuela lo aproveché para ir a visitar el lugar que más tenía ganas de conocer: Akihabara.
Akihabara es considerado por muchos como el centro de la cultura popular japonesa moderna y un importante distrito comercial de videojuegos, anime, manga, electrónica y artículos relacionados con la informática.
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Tras ver este lugar innumerables veces en decenas de animés y desear visitarlo por años, no podía creer que finalmente estaba aquí.
Cuando salí de la estación y comencé a caminar por la calle principal (Chūōdōri), me empecé a sentir algo abrumado con la cantidad inmensa de tiendas enormes de varios pisos que había para visitar, la mayoría vendiendo cosas de animé, manga, electrónica o informática—en otras palabras, cosas para otakus y geeks. No sabía por qué tienda arrancar.


El primer comercio al que entré fue Kotobukiya, una tienda especializada en figuras y modelos de plástico.


De ahí me fui a Mandarake, una tienda de ocho pisos, con las siguientes cosas:






Un dakimakura (抱き枕) es un tipo de almohada larga japonesa. La palabra se traduce a menudo como «almohada para abrazar». Los dakimakura son comúnmente utilizados por la juventud japonesa como «objetos de seguridad». A menudo llevan ilustraciones gráficas de personajes femeninos estilo bishōjo (美少女, literalmente «niña hermosa»).
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Yo tenía una de estas y dormir abrazado a ella era lo más. Si no me equivoco, la funda que se ve en el centro de la última imagen es exactamente la misma que tenía yo.



Luego pasé frente a una tienda de gachapon.

El gachapon es una maquinilla donde pones una moneda de ¥100, giras una perilla y recibes una cápsula de plástico con un juguete aleatorio dentro de ella. Lo más interesante para mí de estas máquinas —aparte del hecho de que están por todas partes en Japón— es que, como se puede apreciar en la imagen, quienes juegan con ellas no son solo niños como podría esperarse en otras culturas, sino también adultos.
Más tarde entré a otra tienda gigante más—Don Quijote. Es un edificio de ocho pisos donde puedes encontrar de todo: artículos de supermercado, electrónica, cosas kawaii, juegos de arcade, disfraces de cosplay, juguetes sexuales y demás.







Esta es una cosa más que en otras culturas se considera algo que solo hacen los niños y adolescentes, mientras que en Japón es habitual ver adultos jugando también. Se ve que los japoneses también saben que la mejor forma de vivir es con el espíritu de un niño.
De ahí me fui a almorzar. Justo en la planta baja de este edificio había un lugar que vendía kebabs así que me compré uno. No encontré ningún banco para sentarme a comerlo (por lo que vi no suele haber muchos bancos en Tokio), así que me terminé sentando en unas escaleras donde había un montón de gente sentada también.
Las escaleras pertenecían al edificio comercial Akihabara UDX, así que cuando terminé de comer entré para ver qué había. Allí me topé con una exposición de figuras eróticas. Era gratis, pero para entrar tuve que mostrar mi tarjeta de residencia para demostrar que tenía más de dieciocho años. Me pregunto si insinuaban que parezco joven o simplemente se lo pedían a todo el mundo por cuestión de protocolo. Probablemente la segunda opción sea la más lógica.




Más tarde entré a M’s, una tienda erótica de siete pisos—muy probablemente una de las más grandes del mundo.



Por cierto, estaba bastante lleno de gente—tanto hombres como mujeres. Esta vez no me pidieron acreditar mi edad para entrar o comprar cosas, como lo habían hecho antes en la exposición.
Como ya estaba un poco agobiado de tantas tiendas con tantas cosas, tantos pisos y tanta gente, me aparté un poco de las calles principales de Akiba y me fui a recorrer algunos sitios más tranquilos, empezando por la antigua estación ferroviaria Manseibashi, que hoy en día funciona como lugar de esparcimiento.

El segundo lugar tranquilo que visité fue el santuario sintoísta Kanda Myojin.


Mientras estaba paseándome por el santuario, vi un dirigible pasando por arriba. Fue la primera vez que veía uno en persona. Tengo entendido que se usan exclusivamente con fines publicitarios.


Los Ema (絵馬) son pequeñas placas o tablillas de madera en las cuales los creyentes sintoístas escriben sus oraciones o deseos. Los ema son entonces colgados en un Jinja (santuario Shinto) para que los kami (espíritus de los dioses) puedan leerlos. Tienden a ser uniformes en cuanto a forma y tamaño, pero algunos tienen imágenes diferentes pintadas en ellos, usualmente de animales, zodíaco u otras imágenes sintoístas.
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Luego de rendir culto a los kami en el jinja, me volví para Akihabara. Decidí entrar a una tienda de manga más. En el segundo piso tenían toda clase de mangas eróticos. Hasta vendían lolicon, lo cual en el Occidente es bastante controversial.

Lolicon (ロリコン) es la contracción de la frase Lolita complex («complejo de Lolita»). En Japón, el término describe a una persona con preferencia sexual por chicas jóvenes que no suelen ser mayores de edad o mujeres adultas con aspecto infantil. También es usado para referirse al género de manga y anime lolicon, donde personajes femeninos de apariencia infantil llamadas lolis son representadas de manera kawaii y erótica, en un estilo artístico reminiscente del estilo manga shōjo.
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La última tienda que visité fue @home cafe, uno de los tantos maid cafés que pueden encontrarse por Akihabara.

Los maid cafés o cafés de sirvientas (メイドカフェ) son una subcategoría de restaurantes de cosplay que se encuentran predominantemente en Japón. En estos cafés, las camareras, vestidas con trajes de doncellas, actúan como sirvientas y tratan a los clientes como amos de una casa privada, en lugar de como clientes de un café. […]
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@home cafe es uno de los maid cafés más populares. Cuenta con cinco pisos en su tienda principal. Cuando yo fui, los cinco pisos estaban todos llenos, así que tuve que esperar unos treinta minutos hasta que pude entrar.
Cuando entré, todas las sirvientas me recibieron con un お帰りなさいませ、ご主人様! («¡Bienvenido, señor amo!») y una de ellas me pidió que la siguiera hasta el lugar donde me debía sentar. Allí se puso a hablar conmigo un rato, preguntándome cosas como cómo me llamaba y de dónde venía. Luego me entregó el menú y me enseñó una por una cuáles eran las cosas que podía pedir. Me dio también mi tarjeta de membresía de bronce. Me dijo que me podía quedar un tiempo máximo de una hora. Me ofreció la posibilidad de hacerme una foto instantánea con ella, lo cual es un servicio pago y es la razón por la cual no te permiten tomar fotografías de o con las camareras usando tu móvil o cámara.
Por cierto, tengo que contarte cuáles son todos los tipos de membresía de @home cafe porque es muy gracioso. Los busqué recién en el sitio web oficial de ellos. Son los siguientes:
Categoría | Nombre | Número de veces que hay que ir para pasar a esta categoría | Precio de entrada al café (¥) |
---|---|---|---|
Bronce | Mi amo/princesa | 1 | 660 |
Plata | Amo/princesa familiar | 5 | 550 |
Oro | Amo/princesa eminente | 50 | 440 |
Cristal | Amo/princesa glorioso | 200 | 330 |
Platino | Amo/princesa maravilloso | 500 | 220 |
Black | Amo/princesa legendario | 2000 | 110 |
Super Black | Amo/princesa mítico | 5000 | 0 |
Esto significa que una persona que llegó al nivel Super Black tuvo que haber invertido como mínimo 5 × ¥660 + 45 × ¥550 + 150 × ¥440 + 300 × ¥330 + 1500 × ¥220 + 3000 × ¥110 = ¥853050 ≈ US$6700. A eso súmale todas las consumiciones que habrá hecho cada una de las cinco mil veces que fue.
Las preguntas que le hice yo a la camarera fueron tres: «¿cómo te llamas?», «¿qué edad tienes?» y «¿siempre está tan abarrotado de gente este sitio?». Me dijo que se llamaba たんぽぽ (Tanpopo), el cual seguramente sea un nombre artístico y no el real por cuestiones de privacidad. Me contó que el café suele llenarse bastante, sobre todo los fines de semana.
Pero la respuesta más interesante para mí fue la que me dio a la pregunta de su edad: me dijo que todas ellas tienen forever seventeen («diecisiete por siempre»). Obviamente es mentira, pero es una linda fantasía y una buena forma de contestar la pregunta sin revelar su verdadera edad. Pienso que todas las camareras deben de tener entre 17 y 25 años, lo cual coincidiría también con el rango de edades que suelen tener las J-pop idols y las gravure idols. Después de los veinticinco, en general las chicas en estas profesiones se «gradúan» (lo llaman así), es decir, cambian de carrera y pasan a hacer otra cosa que no requiera que sean tan jóvenes.
Después de inspeccionar la carta unos minutos, llamé a una de mis sirvientas (no era necesario que siempre interactuaras con la misma) y le pedí un caramel latte y un chocolate parfait.
Al cabo de unos diez o quince minutos una de las doncellas se hizo presente frente a mí con mi latte. Me preguntó qué color de sorbete quería y qué me gustaría que ella me dibujara en la superficie del café. Le respondí que quisiera un sorbete color verde y un dibujo de un neko (gato). Cuando lo terminó de dibujar le dije que le había quedado muy kawaii.
Me dijo que seguramente estaría delicioso pero que para hacerlo aún más sabroso había que lanzarle un encantamiento mágico. Me mostró los movimientos que había que hacer y lo que había que decir para invocar el conjuro y me ofreció hacerlo juntos a la cuenta de tres. Lo hicimos juntos (el hechizo).
Todo esto es un ritual típico de los maid cafés. Básicamente consiste en decir la expresión モエモエキュン («moe moe kyun») —que por cierto no significa nada pero suena kawaii—, mientras haces con tus manos un corazón y lo mueves a la izquierda en «moe», a la derecha en «moe», y finalmente al centro y apuntando al objeto que estás hechizando en «kyun».


Cuando salí del café ya había oscurecido y se habían encendido las luces del distrito, así que tomé nuevas fotos de Akiba desde esta nueva perspectiva nocturna.



Finalmente, a eso de las 19:30 me dirigí de vuelta a la estación para tomarme el tren de regreso a casa, y descansar tras una larga y alucinante jornada en el paraíso otaku.
秋葉原は最高!絶対戻ります!\(^▽^)/
Ame,
Kato