Parque Central de Tegarayama en Himeji y vuelta a Fukuoka

Kara Ema:

Martes 3 de enero—último día de mi viaje.

Al igual que el día anterior, me levanté temprano para poder desayunar en el hotel. A las 8:00 estaba desayunando esto:

Café, sopa, croissant y pan. Casocroipán.

Mientras desayunaba observaba fascinado por la ventana cómo los otros clientes del hotel esperaban a que su coche fuese despachado por el sistema de aparcamiento automatizado que tenía el hotel.

Sistema japonés de aparcamiento automatizado

Los aparcamientos robotizados son sistemas de estacionamiento inteligentes orientados a fomentar el máximo confort del usuario, reducir las maniobras y a minimizar el espacio necesario por cada plaza de garaje. […] El vehículo se transporta de forma automática, sin conductor, mediante equipos de elevación y transporte hasta su almacenamiento.

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Ejemplo de aparcamiento automatizado. Hay un montón de tipos diferentes; este es tan solo uno de ellos.

Luego de desayunar volví a mi habitación para empacar todas mis cosas dado que ya tendría que dejarla. A las 10:00 hice el checkout.

No tenía ningún plan programado para este día, aparte del hecho de que en algún momento me tendría que tomar el Shinkansen para volver a Fukuoka.

Lo primero que se me ocurrió hacer fue ir a recorrer el centro comercial de Sanyo, en la estación Sanyo-Himeji que quedaba al lado de la estación de Himeji. Cuando estaba por el segundo piso me di cuenta de que en verdad no tenía ganas de recorrer un centro comercial casi vacío —dado que acababa de abrir—, tan temprano y en un día tan bonito y soleado (aunque frío). Así que tan pronto como subí al segundo piso volví a bajar y me fui a la calle de vuelta.

Me puse a buscar en la aplicación de mapas en mi móvil para ver si había algún parque cerca que aún no haya visitado, y descubrí que al sur de la estación de Himeji había uno bastante grande y no muy lejos, llamado Parque Central de Tegarayama. Lo puse como destino de mi GPS y me encaminé hacia allá.

A mitad de trayecto me topé con otro centro comercial, Aeon Town Himeji. Sé que había dicho que no tenía ganas de estar en un centro comercial con este día lindo, pero ya que estaba allí no pude evitar entrar a echar un vistazo. Total este solo tenía dos pisos así que sería rápido.

Lo primero que hice ahí dentro fue pasearme un rato por Books Miyawaki, la librería que había en el primer piso. Luego me fui al segundo piso, donde vi un local que vendía ropa de Spy × Family.

Me tenté bastante con esto, pero al final no me compré nada.

Finalmente pasé por el Kid’s Park que había en la segunda planta y me sentí allí a descansar un momento, mientras respondía mensajes en el móvil y observaba a los niños jugar y divertirse.

Kid’s Park de Aeon Town Himeji

Observar niños jugando —o mejor aún: jugar con ellos— es tan placentero para mí como acariciar a un perro o a un gato. Son actividades que liberan oxitocinas y dopaminas, entre otras sustancias que te hacen sentir bien (salvo que no te gusten los niños, los perros o los gatos, en cuyo caso solo puedo decir que lo siento mucho por ti).


A las 11:30 llegué al parque de Tegarayama, y me encontré con esta vista:

«Acaso esos son… ¿castillos?»

Al principio pensé que esas estructuras con forma de castillos que veía a lo lejos formaban parte del acuario que había en el parque, el cual estaba cerrado ese día por el feriado de Año Nuevo. Pero cuando me empecé a acercar me di cuenta de que podía entrar al castillo desde el parque.

Fue en ese momento, mientras subía emocionado las escaleras del castillo para recorrer todos sus pisos, cuando me transformé en un niño de vuelta. No podía creer que alguien hubiera tenido la brillante idea de instalar CASTILLOS en un parque. Y lo digo en plural, dado que poco después de haber descubierto el primero, me di cuenta de que no había uno solo, sino que había como tres o cuatro más detrás de él.

Castillo (I)
Castillo (II)
Castillo (III)
Vista al parque desde lo más alto del castillo. La gente mirándome desde abajo estaría pensando: «¡Qué alto que está ese nene! ¡Y qué alto que ES ese nene! ¡Mira cuánta barba tiene!»
Las escaleras en espiral que llevaban a la torre más alta
Una cosa que me aterrorizaba un poco era lo bajas que eran las barandillas. No tanto por mí sino por los niños pequeños que se subían solos, corriendo de la emoción y adelantándose a sus padres.
Otra parte del parque, donde había otro castillo al que no fui porque no sabía cómo bajar hasta allí. Por cierto, ¿llegas a ver mi silueta en la sombra? Apenas se nota, pero estaba levantando un brazo mientras hacía la foto con la otra mano.
Un monumento que había en otra parte del parque

El Cenotafio Nacional de la Guerra del Pacífico para las Víctimas de las Bombas Aéreas es un cenotafio no religioso situado en el Parque Central de Tegarayama en Himeji, Prefectura de Hyogo, Japón. La espada clavada en el suelo representa un voto de no guerra y se construyó para conmemorar a las víctimas de los bombardeos aéreos y otros desastres urbanos durante la Guerra del Pacífico.

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Mientras estaba pasando por esta parte del parque donde estaba el cenotafio, de pronto veo que se me acerca un hombre japonés que estaba andando en bicicleta. Se detiene enfrente de mí y me pregunta en inglés: «¿De dónde eres?».

Así fue como empezamos a tener una charla de varios minutos, más que nada sobre mí—sobre por qué había venido a Japón, qué andaba haciendo ahí en Himeji, si estaba trabajando, estudiando y demás. El hombre me pareció increíblemente simpático, amable, modesto y respetuoso, como suelen ser la mayoría de los japoneses. Sobre todo al final, cuando me preguntó si podía tomarme una foto para recordar ese momento. Le dije que por supuesto que sí, y que yo también quería hacer una, pero de los dos juntos.

Los castillos en el parque ya me habían hecho el día antes, y ahora este hombre me lo estaba haciendo nuevamente. Me fui de ese parque veinte veces más alegre —y con más dopaminas— de como había llegado.

Luego de la charla con el ojīsan («hombre mayor», dicho de forma cariñosa) continué mi paseo por este gran y hermoso parque.

En una parte me encontré con esta estructura que parecía abandonada:

Observatorio giratorio del monte Tegara

Tenía un cartel que ponía lo siguiente:

Se trata de una cafetería giratoria que se construyó como torre símbolo cuando se celebró la Gran Exposición de Himeji en 1966 en el monte Tegara y que recibió el nombre de «Himejihaku Kinento (Torre Conmemorativa de la Expo de Himeji)».

La altura desde el suelo hasta la cima es de 24 m. El suelo de la 4ª planta, donde estaba la cafetería, giraba una vez cada 14 minutos. Desde las ventanas se tenía una vista de 360° de la ciudad de Himeji, por lo que se convirtió en un popular mirador para la gente. Durante un periodo de aproximadamente medio siglo hasta que se cerró debido a su envejecimiento en marzo de 2018, fue una presencia que vigiló la transición de la cultura y la historia de la ciudad de Himeji.

Cartel en el observatorio del monte Tegara

Me resulta extraño que hayan decidido cerrarlo en lugar de renovarlo. Supongo que no generaría suficiente rédito como para meritar invertir en una restauración.

Más tarde llegué a otra parte del parque más —te dije que era grande—, probablemente la más bonita de todas, con un jardín botánico con distintos tipos de flores:

Jardín botánico del parque de Tegarayama (I)
Jardín botánico del parque de Tegarayama (II)

Mientras estaba contemplando la belleza de este jardín botánico, volvió a aparecer el ojīsan en su bicicleta, quien me contó que justamente esta parte era la que estaba buscando para sacarle fotos. Estuvimos charlando unos diez minutos más en la cornisa que daba al jardín botánico, hasta que finalmente se despidió de mí diciéndome que tomaría un par de fotos más del jardín desde abajo y luego se iría a su casa (en la última imagen lo puedes ver tomando fotos en el lado de enfrente de donde yo estaba).


A las 13:30 volví a la zona de Ekimaechō y fui a almorzar a un Gyoza no Ohsho, donde hice uso del cupón de ¥800 que me habían dado en el castillo de Himeji para comprarme un menú que incluía seis gyōza, un nikuman, un bol de rāmen, y una porción de chāhan (arroz frito).

El nikuman (肉まん) es una receta japonesa consistente en masa de harina rellena con cerdo picado cocinado u otros ingredientes. Es un tipo de chūka man (中華まん, literalmente ‘bollo chino al vapor’) parecido al baozi (包子) chino.

El nikuman se cuecen al vapor y a menudo se vende como comida callejera. Desde agosto o septiembre, durante todos los meses de invierno hasta aproximadamente comienzos de abril, el chūka man está disponible en tiendas de conveniencia, donde se mantienen calientes.

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El arroz frito es un plato de la cocina china. Su origen es un plato casero proveniente de China y del que se supone que procede de 4000 a. c., elaborado de una receta que incluye el arroz como ingrediente principal. Básicamente, consiste en un arroz cocido que se saltea a fuego alto y muy rápido en un wok con verduras como cebolla china, raíces chinas, tortilla de huevo en trozos, carnes, salsa de soja y aceite.

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Las gyōza vinieron después

De ahí me fui a la estación de Himeji para tomarme el Shinkansen. Faltaba un rato todavía para que llegara mi tren así que hice tiempo en una librería llamada Bookstudio que había en la estación (increíble la cantidad de librerías que hay por todas partes aquí, y lo grandes que son). También me puse a contemplar esta especie de carroza que estaba puesta en exposición en la sala de espera del tren:

松原屋台 (Puesto de Matsubara)
Detalle de los grabados y estampados

A las 14:48 me tomé el Shinkansen hacia Fukuoka.


A las 17:00 llegué a la estación de Hakata. Desde ahí me tomé un metro hasta Tenjin, y me fui para el Apple Store que había allí.

Resulta que Apple había sacado una promoción de Año Nuevo, en la cual si comprabas cosas de Apple durante los días 2 o 3 de enero, te llevabas una tarjeta de regalo de regalo, que luego podías usar para comprate otras cosas.

Yo justo estaba con ganas de cambiar mis AirPods Pro por los más nuevos que salieron en 2022, así que aproveché la promo y me los compré. Junto con los Airpods me dieron una tarjeta de regalo de ¥8000 (~US$60).

Con mis Airpods recién comprados frente al Apple Store de Fukuoka

Me sentí todo un capitalista caminando por Tenjin Chikagai (la calle subterránea debajo de Tenjin, donde está el acceso al metro que me tenía que tomar para volver a casa) con mi bolsa de Apple en la mano, rodeado de gente que estaba haciendo compras y también llevaba bolsas de distintas marcas en las manos. Me sentí parte del sistema, parte de la sociedad.

A las 19:00 cuando llegué a casa me encontré con esta bolsa colgando de la puerta de mi habitación:

Bolsa y caja con chocolates de Navidad

Era un obsequio de Navidad de la parte de la persona que me alquila el lugar donde estoy viviendo.

El orden era pues el siguiente:

  1. Probar los chocolates
  2. Probar los Airpods

Así que eso hice, en ese orden.

Los Airpods los probé con un tipo de canción que a mí me gusta denominar «canciones mágicas». Sabes de cuáles te estoy hablando. De esas que te hacen sentir escalofríos, esas que hacen que tu cerebro libere dopaminas y te cambian el humor instantáneamente, haciéndote olvidar de todos tus problemas y haciéndote sentir inmensurablemente feliz, aunque sea por un instante.

Tengo una lista de reproducción en Spotify con un montón de este tipo de canciones. Estos son algunos ejemplos de las que para mí son canciones mágicas:

  1. Shelter de Porter Robinson & Madeon
  2. Send Me on My Way de Rusted Root
  3. Magic de The Sound of Arrows
  4. Save Your Tears de The Weeknd
  5. Wash Away de Joe Purdy

Y esas son solo algunas de las que están en inglés; después te podría decir también 1987 de Calogero en francés, o 手紙 〜拝啓 十五の君へ〜 de Angela Aki en japonés. Te podría mencionar miles de otras, pero creo que esas son suficientes para darte una idea de a qué me refiero exactamente con «canciones mágicas».

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Videoclip de Magic de The Sound of Arrows. Si esto no te hace sentir escalofríos no eres humano.

Ame,
Kato