Hoy fui a Uniqlo. Primera vez que me compro ropa (sacando remeras) en un año. Me impresionó la forma en que pagué lo que compré: metí los cinco productos (dos pantalones, dos bóxers y un paraguas) en un cubículo, y automáticamente me apareció el detalle con el precio de cada artículo y el total. Pasé mi tarjeta, recogí la ropa y me fui. La magia de las etiquetas RFID.