Kara Ema:
El lunes llegué a la escuela a las 8:30, justo a tiempo para la canción de sa wat dee en la que los niños se ponen en círculo a mi alrededor y me saludan todos juntos con una reverencia y con las manos juntas.

Durante la clase que les di a los alumnos de nivel 3, les enseñé sobre frutas y les hice jugar a un juego que consistía en dividirse en dos equipos y salir corriendo a ser el primero en tocar la fruta que yo decía.


También intenté enseñarles y jugar con ellos al Duck Duck Goose y al What time is it Mr. Wolf.
Para el juego de las frutas podría haberlos agrupado por género —niñas por un lado y varones por el otro— como sé que hacen algunos profesores, pero no lo hice por dos razones. Primero porque simplemente no había igual cantidad de niñas que de niños. El principal motivo es que considero que es importante desde temprano dar oportunidades a los niños de interactuar y jugar no solo con otros niños de su misma edad y género, sino también con otros géneros y edades, incluso con adolescentes y con adultos (aunque en un jardín es difícil encontrar a estos últimos, más allá de los profes).
En una de las dos aulas en las que estuve hoy está mi profesora favorita, dado que es una de las que mejor habla inglés y además porque siempre me ofrece café cuando voy a su curso. Entre las dos clases me tomé un descanso de diez minutos mientras tomaba un café en el aula de esta profe.
A las 11:00 Dara me dijo que almorzaría allí en la oficina y me pidió que esperara un rato dado que tenía que pedirme la comida, así que mientras esperaba me fui a ver lo que hacían los niños.


No soy muy fanático de los delantales rosas para las niñas y los azules para los niños, dado que conlleva una segregación innecesaria por géneros y perpetúa la idea de que el color rosa es para las niñas y el azul para los varones, cosa que no tiene por qué ser así. Si este fuese mi jardín todos llevarían el mismo color de delantal, o bien un color aleatorio cada uno.
A las 12:30 terminé de almorzar, cogí la moto y me volví a mi cuarto.
A las 16:00 pasadas salí con la moto al supermercado.

Me compré provisiones para tener en mi cuarto cuando tuviese hambre.

Estas cinco cosas me costaron un total de ฿98, es decir menos de 3 dólares estadounidenses. Bastante barato.
A las 17:30 fui a cenar al restorán que me dijo Dara que había encargado comida para mí. De ahí me volví para casa.
El martes fue feriado (Día de la Constitución), con lo cual tuve la jornada entera libre.
Al principio no sabía qué planes hacer, así que por lo pronto decidí coger la moto e ir al supermercado; no al que había ido el día anterior sino a otro que quedaba al lado (la competencia siempre conviene tenerla lo más cerca posible).

No hice foto de lo que compré, pero básicamente eran cuatro snacks para y una lata de café (฿89; ~US$2,6).
De ahí me fui a desayunar uno de los snacks y la lata de café que compré frente al lago frente a la casa. Mientras desayunaba pensaba en que en aquel lugar estaban haciendo desesperadamente falta algunos bancos para que la gente se siente de cara al lago, a relajarse, leer o lo que sea.
Aunque lo cierto es que aquí por lo que he notado la gente no es mucho de pasar tiempo en terceros lugares. Con terceros lugares me refiero a todo lo que no sea tu primer lugar (tu casa) o tu segundo lugar (tu trabajo, tu escuela o tu universidad); cosas como parques, iglesias, cafeterías, bibliotecas, etc.
A las 10:00 finalmente se me había ocurrido el plan perfecto para la jornada: iría con la moto hasta el pueblo más cercano, Chaiyaphum, a 15 kilómetros al este de Ban Khwao. Tardé alrededor de veinte minutos en llegar.
Me di cuenta de que lo que no me gusta de las motos es la velocidad. Mientras estoy en la aldea nunca tengo necesidad de ir a más de 20 km/h, pero en la carretera yendo a 30-40 km/h me hizo sentir vulnerable, y esa sensación es la que no me agrada.
A las 10:40 pasé por esta puerta, que entiendo que es donde comenzaba oficialmente el pueblo de Chaiyaphum:

El primer sitio adonde fui fue un parque con un gran lago en el medio, bordeado por un camino de cemento para que la gente caminara, trotara, andara en bici, o —en mi caso— en moto (no estoy seguro de que estuviese permitido meterse a ese parque con la moto, pero por suerte no había mucha gente y nadie me dijo nada).

A las 11:00 me pasé a un templo (Chao Por Paya Lae) que quedaba al lado del parque y del lago. Había gente rezando y haciendo ofrendas.





Luego pasé por otro lago más y de ahí continué mi paseo por el pueblo con la moto, hasta llegar al Jardín Kanchanaphisek.


A las 11:45 aparqué la moto frente al Jardín Kanchanaphisek, el cual me decepcionó dado que acabo siendo un simple parque sin nada interesante dentro.

Lo único interesante que había en el momento en que fui fue una niña, así que me acerqué a ella para saludarla. Me dijo que tenía 6 años y que su mamá estaba trabajando en la tienda de al lado mientras ella jugaba sola en el parque. Esto es muy común de ver en Tailandia: los padres trabajando y los niños jugando cerca de ellos (o bien ayudando en el trabajo), dado que no tienen a nadie con quien dejarlos.

Me dio un poco de lástima verla ahí sola, jugando con basura (un recipiente de fideos instantáneos, el cual puedes ver que tenía en la mano en la foto de arriba). Me habría gustado poder llevármela a almorzar conmigo y a tomar un helado, y devolvérsela a la madre más tarde, así ella no estaría sola y yo tampoco. No sucedió, pero al menos nos hicimos compañía allí en el parque durante los diez minutos que estuvimos charlando sentados en el banco.
Por suerte aquí los padres son simpáticos y te sonríen cuando te acercas a sus hijos e interactúas con ellos (incluso a veces hasta te agradecen), o en el peor de los casos no te dicen nada. Mientras tanto, si me intentara acercar a una niña en un parque de Estados Unidos o Inglaterra acabaría inconsciente en un hospital tan pronto como abriese la boca para decir «hola» al padre que viene corriendo a «saludarme».
A las 12:15 entré a un restorán local y me pedí un plato de curry verde para almorzar.

Mientras almorzaba mirando el mapa descubrí que había un centro comercial en este pueblo, llamado Robinson Lifestyle Chaiyaphum, así que después de comer me fui para allá.


Lo mejor para mí fue cuando descubrí esto:

He visto muchas exhibiciones de arte de niños en distintos países de Asia (sobre todo en Japón); aun así esta me sorprendió dado que tenía algunas de las más impresionantes obras de arte que he visto.
















A las 14:00 me pedí un helado de cha thai en una heladería del centro comercial.

A las 15:30 emprendí viaje de regreso a Ban Khwao. Veinte minutos más tarde estaba llegando a la aldea.

A las 19:30 salí a hacer una caminata nocturna, en parte para compensar un poco el hecho de que había estado usando la moto durante el día, y además porque quería ir a comprar algo para comer.
Ban Khwao tiene dos calles principales que discurren paralelas, y podría decirse también un tercer tramo de calle importante que une las dos principales. El lago y la casa donde estoy quedan justo en el medio de estas dos calles. El recorrido que hice a pie fue similar al que he hecho muchas veces con la moto: salí de la casa y tomé la calle principal que está al oeste. Me dirigí hacia el sur por esa calle hasta llegar al tramo que la une con la otra calle, donde está el mercado. Cuando llegué a la segunda calle principal empecé a caminar hacia el norte de vuelta hasta llegar a la altura del lago.
La gran mayoría de las veces que salgo a dar una vuelta estoy en una de aquellas tres calles dado que son las que tienen la mayoría de los negocios, incluyendo los dos 7-Eleven, los dos supermercados y los mercados.
Mientras caminaba pensaba en el hecho de que no había nadie caminando aparte de mí. Nunca veo gente caminando en el Sudeste Asiático. La gente no camina aquí, ya sea porque no tienen tiempo o porque no les gusta y prefieren usar la moto para ir a todos lados.
A las 20:30 volví a casa.
Ame,
Kato
Muy buena exposicion de arte!!