Kara Ema:
El miércoles llegué unos minutos más temprano de las 8:30 al jardín, lo cual dio lugar a que la profesora que siempre me ofrece cafés, me ofrezca un café para tomar antes de que arrancara la ceremonia.

Con semejante recibimiento voy a empezar a ir siempre más temprano.
La ceremonia arrancó como siempre: con la canción de sa wat dee y los niños formando una ronda a mi alrededor, seguida por el izado de la bandera y canto del himno.







Esta vez me tocó un grupo nuevo, que no esperaba que me dieran nunca: los niños de prejardín, es decir de 2 años.
Lo primero que hacen estos polluelos cuando entran al aula es quitarse el pantalón y la ropa interior (curiosamente ninguno usaba pañales) y ponerse en la fila para usar el aseo.
La vez pasada dije que no subiría ninguna foto de esta parte de la jornada, pero he cambiado de parecer.

Sí, hay niños desnudos en esta foto, ¿y qué? La desnudez es parte de la vida y no implica necesariamente connotación sexual.
La gente que considera la foto de arriba como pornografía infantil tiene serios problemas mentales, como todos los que repudiaron a la fotógrafa Sally Mann cuando publicó su libro Immediate Family, en el que incluye fotografías de sus hijos pequeños jugando al natural.
Immediate Family es un libro de fotografía publicado en 1992 por Sally Mann. […] En el libro aparecen principalmente los tres hijos de Mann, Emmett, Jessie y Virginia, cuando todos tenían menos de 10 años. Trece de las imágenes muestran desnudos […]. En muchos de ellos se exploran actividades típicas de la infancia en la remota cabaña de verano de la familia junto al río Maury (bañarse desnudo, leer las revistas de humor, disfrazarse, dormir la siesta, jugar a juegos de mesa), pero en otros se tocan temas más oscuros como la inseguridad, la soledad, las lesiones, la sexualidad y la muerte.
Immediate Family apareció en un momento en que los políticos tomaban medidas enérgicas incluso contra la sospecha de pornografía infantil para atraer a sus electores. La rendición de cuentas negativa obligó a los artistas sospechosos a justificar su trabajo, lo que llevó a muchos a autocensurarse o a retirar sus obras de los espacios públicos. Jeff Ferrell describió esta situación como «criminalización cultural», ya que los medios de comunicación manipularon las concepciones públicas de las obras culturales, deslegitimando a artistas como Mann, a pesar de que nunca se interpusieron acciones legales contra ella. […]
La novelista Mary Gordon argumentó que la naturaleza sexual de la obra de Mann invita a hablar de la sexualidad de sus hijos, sacando a la luz pública parte de la esfera privada del núcleo familiar. Un ejemplo que cita es una foto titulada El tomate perfecto, en la que el espectador ve a Jessie desnuda, posando en una mesa de picnic al aire libre, bañada por la luz. Mary Gordon argumenta que «tomate» es el argot para describir a una mujer deseable, por lo que el título refuerza la temática sexual y presenta a su hija como «sexualmente deseable». […] Mann respondió a Gordon afirmando que cualquier connotación sexual procedía del espectador, no de las imágenes.
Las críticas más negativas vinieron de Raymond Sokolov, que cuestionó que se fotografiara a niños desnudos y que se destinaran fondos federales a este tipo de obras. Acompañaba a su artículo una de las imágenes de Mann de su hija Virginia (Virginia a los 4 años), en la que sus ojos, pezones y región púbica aparecían cubiertos por barras negras. Mann afirmó que utilizó la imagen sin permiso «para ilustrar que este es el tipo de cosas que no deberían mostrarse». Mann declaró que, después de que Virginia viera el artículo, empezó a tocarse las zonas que aparecían tachadas, diciendo: «¿Cuál es el problema conmigo?». Mann respondió a las críticas diciendo que no había planeado las fotografías y que, cuando era joven, solía estar desnuda, por lo que educó a sus hijos de forma similar.
Mann nunca fue acusada de captar o vender pornografía infantil, aunque, según Edward de Grazia, profesor de Derecho y experto en libertades civiles, «cualquier fiscal federal de cualquier parte del país podría presentar una demanda contra [Mann] en Virginia, y no sólo confiscar sus fotos, su equipo, sus Rolodex, sino también a sus hijos para someterlos a exámenes psiquiátricos y físicos». Antes de publicar Immediate Family, consultó a un fiscal federal de Virginia, quien le dijo que algunas de las imágenes que exhibía podrían hacer que la detuvieran. En 1991, decidió posponer la publicación del libro. En una entrevista con Richard Woodward, periodista del New York Times, declaró: «Pensé que el libro podía esperar 10 años, cuando los niños no vivieran en el mismo cuerpo. Habrán madurado y comprenderán las implicaciones de las imágenes. Lo decidí unilateralmente». Sin embargo, cuando sus hijos se enteraron de la decisión, consiguieron hacer cambiar de opinión a su madre. […]
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Es una pena que algo tan natural, puro y hermoso como la desnudez infantil tenga que ser tan controversial y tabú en el mundo moderno. Probablemente nunca más surgirán artistas como Sally Mann, dado que ya nadie se animaría a fotografiar a niños desnudos en una sociedad tan sumida en pánico moral e histeria colectiva.
En las sociedades contemporáneas, la idoneidad de la desnudez infantil en diversas situaciones sociales es controvertida, con muchas diferencias de comportamiento en todo el mundo. Dependiendo de las concepciones de la inocencia infantil y de la sexualidad en general, las sociedades pueden considerar que la desnudez social antes de la pubertad es normal, aceptable en determinadas situaciones, como en grupos homosexuales, o inaceptable.
Hasta hace aproximadamente 20.000 años, todos los humanos eran cazadores-recolectores que vivían en estrecho contacto con su entorno natural. Además de compartir un modo de vida, estaban desnudos la mayor parte del tiempo. En las sociedades pastorales prehistóricas de climas más cálidos, los adultos podían ir mínimamente vestidos o desnudos mientras trabajaban, y los niños no llevaban ropa hasta la pubertad, una práctica que continuó en el Antiguo Egipto.
Hasta las últimas décadas del siglo XX, la desnudez de todos los niños pequeños y varones hasta la pubertad se consideraba no sexual en la cultura occidental. Desde la década de 1980, se ha producido un cambio de actitud por parte de quienes asocian la desnudez con la amenaza del abuso y la explotación infantil, lo que ha sido descrito por algunos como pánico moral. Otras sociedades siguen manteniendo la necesidad de apertura y libertad para un desarrollo infantil saludable, permitiendo a los niños jugar desnudos al aire libre.
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Lo más irónico es que parte de la razón por la cual esto es tabú es que los adultos le tienen terror a todo lo que tenga que ver con niños y sexualidad al mismo tiempo, mintiéndose a sí mismos de que los niños son asexuales para sentirse mejor y ocultar la realidad que les incomoda tanto. Los niños, por su parte —sobre todo los más pequeños de edad de jardín—, no tienen ningún problema con explorar su sexualidad y sus cuerpos desnudos y los de otros. Al contrario, les encanta, y se desconciertan cuando un adulto les pide que se vuelvan a poner la camiseta que se acaban de quitar, o que se dejen de meter la mano en los pantalones.
La conciencia sexual comienza en la infancia y se desarrolla junto con las capacidades físicas y cognitivas. Los niños en edad preescolar tienen poco sentido del pudor y buscan el bienestar corporal quitándose la ropa y tocándose. Sienten curiosidad por la diferencia entre niños y niñas, y aprenden principalmente a través de la vista y el tacto; quieren ver y tocar los cuerpos de otros niños de su edad. Suelen aprender la diferencia entre niños y niñas, incluidos ellos mismos, a la edad de 3 o 4 años. […] Entre los 4 y los 6 años, harán preguntas sobre las funciones corporales, intentarán ver a otras personas desnudas y explorarán los cuerpos de otras personas de su edad.
El juego sexual normal incluye conductas como jugar al médico, jugar a las casitas, imitar el coito vestido, mirar o tocar brevemente los genitales de otros niños, charlas y bromas sexuales, juegos sexuales y masturbación. El comportamiento sexual normal es exploratorio y espontáneo, y no va acompañado de fuertes sentimientos de ira, miedo o ansiedad. Estos comportamientos ocurren ocasionalmente entre compañeros o hermanos de edad, tamaño y nivel de desarrollo similares. […]
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El antropólogo David MacDougall afirma que en las culturas occidentales: «La sensación de conmoción al ver a los niños desnudos parece ser sobre todo un fenómeno reciente». A pesar de la mojigatería de la época victoriana en Gran Bretaña, que los niños estuvieran sin ropa se aceptaba como algo natural y ordinario en muchas circunstancias. Los niños eran libres de corretear desnudos en la guardería y, en Gran Bretaña, los hijos de la familia real fueron fotografiados desnudos en las décadas de 1920 y 1930. Las imágenes de niños desnudos aparecían en anuncios de jabón y en obras de arte.
[…]
El investigador Steven Angelides considera que el movimiento social para abordar la cuestión del abuso sexual infantil ha tenido la consecuencia no deseada de reforzar una percepción pública de la sexualidad prepúber como inexistente, lo que borra el desarrollo sexual normal de los niños.
[…]
El punto de vista naturista/nudista es que los niños son «nudistas de corazón» y que el naturismo proporciona el entorno ideal para un desarrollo saludable. Se señala que la psicología moderna suele estar de acuerdo en que los niños pueden beneficiarse de un entorno abierto en el que los cuerpos de otras personas de su edad de ambos sexos no sean un misterio. Sin embargo, hay menos acuerdo en lo que respecta a que los niños y los adultos estén desnudos. Mientras que algunos médicos opinan que cierta exposición de los niños a la desnudez de los adultos (sobre todo la de los padres) puede ser saludable, otros -en particular Benjamin Spock- no están de acuerdo. La opinión de Spock se atribuyó posteriormente al efecto persistente del freudismo en la profesión médica.
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El libro de Steven Angelides, The Fear of Child Sexuality (El miedo a la sexualidad infantil) es superimportante, y probablemente sea el próximo que lea.
Las continuas protestas públicas sobre temas como las jóvenes modelos en anuncios sexualmente sugerentes y las relaciones íntimas entre profesores y alumnos hablan de uno de los temores más controvertidos de nuestro tiempo: el enredo entre los niños y la sexualidad. En este libro, Steven Angelides se enfrenta a ese temor, explorando cómo los vocabularios emocionales de ansiedad, vergüenza e incluso desprecio no sólo dominan los debates sobre la sexualidad juvenil, sino que también permiten a los adultos evitar reconocer la agencia sexual de los jóvenes. Presentando estudios de casos y tendencias de Australia, el Reino Unido y Norteamérica, pone en tela de juicio las suposiciones sobre diversos temas, como la educación sexual, las leyes sobre la edad de consentimiento y el sexting. Angelides sostiene que la falta de voluntad para reconocer la capacidad sexual de los niños no conduce a la protección de los jóvenes, sino a su marginación.
Goodreads
He visto niños pequeños siendo bañados desnudos frente a su casa en Tailandia. He visto niños pequeños desnudos quitándose la arena luego de jugar en una playa en Vietnam. Para los orientales la desnudez en los niños no representa un problema. Mientras tanto, en el Occidente (bueno en Europa no tanto, pero sí en las tierras puritanas de los Estados Unidos) si llegas a dejar a tu niño desnudo en público prepárate para escuchar las quejas de los paranoicos: «¿Te parece apropiado dejar que tu hija ande desnuda así en la calle? ¿Acaso no te das cuenta de que puede haber un pedófilo a la vuelta de la esquina tomándole fotos para alimentar sus fantasías perversas o distribuirlas en la red oscura?».
En fin, me tenía que descargar con ese tema. Ahora volvamos al aula.
Fue divertido enseñar a niños de 2 años. Era mi primera vez con críos tan pequeños. Básicamente les hice repetir las letras del abecedario, los nombres de ciertos vegetales, algunos números y partes del cuerpo. Eran máquinas de repetir: casi todo lo que yo decía ellos entendían que tenían que repetir. Algunos se emocionaban a veces y repetían a los gritos.
Para hacer la clase más dinámica y divertida para ellos, también les hice hacer lo que sé que a los niños de jardín más les gusta hacer: mover sus cuerpos. Les hice maullar, gruñir, saltar, correr en el lugar, golpear el piso con las manos y con los pies, aplaudir, dar vueltas sobre sí, hacer figuras con las manos como corazones, círculos y triángulos, tirar un beso al aire, hacer vibrato con la palma de la mano en la boca, sacar la lengua, fingir comer, fingir dormir, fingir cepillarse los dientes, fingir reír, fingir llorar, etc.
La segunda clase fue con los del nivel 1. Me causó ternura cuando me recibieron con un «good morning» y una reverencia pronunciada hasta el punto de tocar el piso con la cabeza:

Dado que había tenido tanto éxito en el curso anterior, esta clase me la pasé casi toda diciendo acciones para que los niños hagan (tocarse la nariz, formar un corazón, y todas las otras que mencioné más arriba).

Una en particular que me gustó tanto a mí como a los niños —y que no sé cómo se me ocurrió; creo que ya me estoy volviendo un profesional en esto— fue la de hacer que se pongan en parejas tocándose los pies, se den las manos y hagan vaivén con sus cuerpos, hacia adelante y hacia atrás.

A las 11:00 me dieron de comer en la oficina y me pidieron que completase mi ficha en el libro de voluntarios internacionales. Tenía que poner cosas como mi nombre, nacionalidad, fecha de llegada, fecha de partida, edad, peso, altura, religión, y finalmente un breve comentario y una firma. También me tomaron una foto la cual pegaron arriba de todo en la hoja con mis datos.
Leyendo las fichas de los voluntarios que pasaron por aquí antes que yo, descubrí varias cosas interesantes. Una es algo que ya sospechaba dado que siempre resulta ser el caso: la gran mayoría venía de Europa, sobre todo Francia y Alemania. Yo era el primero de Sudamérica. Lo otro que me llamó la atención fue que si bien algunos venían solos como yo, también había los que venían en pareja y mismo los que hacían la actividad de voluntariado en familia con sus hijos. Finalmente, me gustó ver que había gente de todas las edades y géneros. Había por ejemplo un hombre que tenía más de 60 años, y una mujer que tenía 18.
Cuando terminé de almorzar me fui a la escuela secundaria Wittayayon a ver a la profe de inglés Chari.
A eso de las 12:00 llegué a la escuela, dejé aparcada la moto en el primer lugar que me pareció apropiado y empecé a caminar por el predio, saludando a los alumnos con los que me iba cruzando.



Me encanta esto de poder meterme sin avisar en cualquier escuela del Sudeste Asiático y ser bien recibido por todos. Incluso los adultos me sonríen y se alegran de verme. No me cansaré nunca de hacerlo.

En un momento me senté a charlar con un grupo de estudiantes. Lamentablemente su nivel de inglés era bastante bajo, con lo cual la conversación no pudo avanzar mucho.
Más adelante un grupo de chicos me vino a hablar. Cuando noté que uno de ellos hablaba más o menos bien inglés, aproveché y le pregunté por la profesora Chari. Me pidió que lo siguiera. Me terminó llevando a una oficina en donde había una chica de 25 años que se había recibido recientemente de profesora de inglés y ya estaba ejerciciendo en aquel colegio. No soy bueno leyendo caras, pero creo que se sonrojaba hablando conmigo. En todo caso no paraba de sonreír.
La chica recién recibida llamó a Chari por teléfono y me pidió que la esperase allí sentado. Me ofreció una botella de agua y una pajilla (⸘por qué tailandeses necesitan pajillas para tomar agua‽). Al rato apareció Chari. Me dijo que al final no tendría clases aquella tarde, por eso se había ido a su casa. Le pedí perdón y le agradecí por haberla hecho volver a la escuela por mí. Me dio un tour por algunas partes de la escuela y quedamos en que volvería el jueves.
A las 13:20 llegué a casa.
A las 15:30 volví a salir, sin la moto.
Una de las calles por las que suelo pasar, cerca del jardín, lucía diferente. La acababan de repavimentar.

Empecé a caminar por ella pero cuando vi que la aplanadora aún seguía allí haciendo su trabajo, decidí tomar un desvío antes de que me vieran y me regañaran.
Estaba yendo a la escuela primaria Suksa, la misma que había visitado la vez pasada a las 16:00 y ya no había nadie. Esta vuelta fui un poco más temprano y finalmente llegué a conocer a los niños.




A las 16:30 volví a la casa y cogí la moto, luego me fui al jardín donde Dara me dio de cenar.
A las 18:30 regresé a mi cuarto y ya no volví a salir.
Ame,
Kato
Bien ahi estrenando el voluntariado sudamericano!!