Primera visita a escuela finesa

Kara Ema:

Al fin se me dio. Tras semanas de enviar correos a directores de escuelas en Helsinki, uno de ellos me derivó con la maestra de español, con quien pude coordinar una visita a una de sus clases del jueves.

La escuela que visité se llamaba Aleksis Kiven peruskoulu (Centro de enseñanza integral Aleksis Kivi). Como se trataba de una peruskoulu, tenía a los alumnos de primaria y secundaria inferior todos en el mismo edificio, de primero y noveno grado. Incluso tenía a los de jardín y preescolar también allí. Con lo cual te imaginarás que tenía que ser un edificio bastante grande.

Edificio de la escuela Aleksis Kivi
Interior de una de las cinco plantas (me encanta el detalle de las chaquetas en el piso y algunas zapatillas fuera de lugar; me recuerda a la entrada de la casa de la familia islandesa, ya que las niñas también solían dejar sus cosas en cualquier sitio).

La profe de español se llamaba Lilja. Me había citado a las 8:00 en la sala de profesores; la clase arrancaba a las 8:15 y terminaba a las 9:00.

Los días anteriores me venía levantando a las 9:00 o incluso más tarde, con lo cual me costó tener que levantarme de repente a las 7:00. Por suerte la escuela solo quedaba a diez minutos caminando desde mi hotel, pero aun así llegué un poco tarde así que tuve que ir directo a la clase (además no pude encontrar la sala de profesores).

Lo bueno de salir a la calle tan temprano es que ves a los niños yendo a la escuela solos, así como los veo siempre saliendo por la tarde.

Resulta que en Finlandia los niños aprenden inglés desde primer grado, sueco desde tercer grado, y además en tercer grado tienen que elegir un tercer idioma entre español, alemán, francés y ruso. Yo cuando Lilja me explicaba esto no podía creer que en una escuela pública enseñaran tantos idiomas—en Argentina ni el inglés se enseña.

Lilja es la única profesora de español de este colegio, con lo cual tiene alumnos de casi todos los grados—todos los que eligen estudiar español. La clase del jueves era de los alumnos de octavo curso, es decir que tenían todos 14 años (habían comenzado español a los 9).

Lo primero que me llamó la atención cuando entré a la clase fue lo pocos que eran. No los conté, pero me extrañaría que llegaran a ser más de quince. Otra cosa curiosa era que casi todos a excepción de dos eran mujeres.

Dado que la clase era corta y que había llegado tarde, tan pronto como llegué saludé a la profesora y a los alumnos, pasé al frente, conecté mi ordenador al proyector, me presenté muy brevemente y arranqué con la presentación que había preparado para introducir a los estudiantes fineses a mi país de origen.

Arranqué preguntando si alguien sabía dónde quedaba Argentina, si sabían cuál era la capital, cómo era la bandera, y demás. Siempre era la misma chica del fondo la que levantaba la mano, así que la voy a llamar Hermione. El resto de la clase me observaba en silencio, algunos quizás porque no tenían ganas de participar y otros porque les faltaba confianza o no entendían lo suficiente.

Les hablé de algunas costumbres y tradiciones argentinas como el tango, el mate y el fútbol, luego pasé a hablar de comida, presentándoles el asado, las empanadas y el dulce de leche, y finalmente les mostré fotos de las Cataratas del Iguazú y del Glaciar Perito Moreno.

Tradiciones y costumbres (las imágenes de esta diapositiva eran en realidad videos en bucle)
Comidas típicas
Paisajes naturales

Luego tenía preparada otra presentación sobre mis viajes y experiencias en Tailandia y en Islandia. Se trataba de una presentación muy corta que solo incluía unas cinco diapositivas para cada uno de los dos países, y las diapositivas no contenían nada más que fotos. Aun así no llegué a mostrarla dado que para cuando terminé con la presentación de Argentina, la profe me dijo que quedaban quince minutos de clase, así que preferí pasar directamente a lo último que tenía preparado que eran los juegos.

Decidí hacer el juego de armar palabras encadenadas, cosa de hacer algo didáctico que les sirviera a los chicos para practicar su español. El ejemplo que di fue: nariz → rizo; rizo → zorro. Hicimos una ronda sola y para cuando terminamos solo quedaban tres minutos de clase, los cuales utilizamos para dar un cierre, agradecimientos y despedida.

En un momento una de las chicas me obsequió una pegatina de un grupo militante antifascista llamado Antifaschistische Aktion. También vi que tenía un tatuaje en la mano (temporal, imagino) de un símbolo comunista.

Los adolescentes son fascinantes. Detrás de cada uno observándote silenciosamente desde su banco existe un mundo único, un festín de emociones, lleno de ansiedades, pasiones, sueños, deseos, miedos. Me encanta descubrir estos mundos tan especiales charlando e interactuando con ellos.

El sistema finlandés se presta mucho más que el de otros países para que los profesores tengan oportunidad de conocer a sus alumnos a fondo, dado que por lo general se intenta que los estudiantes mantegan al mismo maestro durante toda su vida escolar.

Cuando terminó la clase fui con Lilja a sala de profesores. Nos quedamos allí charlando hasta las 10:00, hora en que la profe se tenía que ir a hacer una tutoría. En el momento en que entramos no había casi nadie, pero a medida que avanzó la hora y otros profesores terminaban sus clases la sala se fue haciendo más abarrotada y alborotada.

Hablamos de varios temas y aprendí muchas cosas nuevas del sistema educativo finés. Por ejemplo, viste que en muchos países la escuela arranca con una asamblea escolar, de la cual participan todos los estudiantes de todos los cursos, todos los profesores y el director. En esta ceremonia uno de los docentes suele decir unas palabras de motivación, luego selecciona a un alumno para que realice el izado de la bandera, y si se trata de una escuela católica a veces se lee algún pasaje de la biblia.

Toda esta asamblea no existe en las escuelas finesas. De hecho, por lo menos en el colegio que visité no hay ningún lugar donde quepan todos al mismo tiempo. Cuando hacen eventos en el salón de conciertos (que también funciona como gimnasio) los tienen que dividir en tres turnos con diferentes grados presenciando cada uno.

Cada alumno tiene sus propios horarios individualizados; no todos entran y salen a la misma hora sino que cada uno sabe a la hora que tiene que entrar y salir de acuerdo a las asignaturas que le toquen cada día. En este sentido es básicamente como la universidad, donde cada estudiante se hace cargo de sus horarios, se dirige directamente a las aulas correspondientes a sus asignaturas y luego se va a su casa por su cuenta.

Según me contó Lilja, los alumnos entran a la escuela entre las 8:00 y las 10:00 (algunos más temprano y otros más tarde pero siempre dentro de este rango), y se van a sus casas entre las 13:00 y las 16:00. Una cosa que noté yo es que las puertas de acceso al edificio siempre se pueden abrir del lado de adentro, pero del lado de afuera solo están desbloqueadas en ciertos horarios. Si llegas tarde tienes que poner un código para poder ingresar. Los profesores toman asistencia, con lo cual por lo que entiendo debe de haber un mínimo requerido para cada asignatura que cursan los chicos, al igual que suele suceder en la universidad.

Otra cosa que me dijo fue que ella con las clases de español que estaba dando llegaba a hacer 15 horas semanales, pero el mínimo que tiene que hacer sí o sí para recibir su salario es de 20 horas, con lo cual además de las lecciones de español también hace coenseñanza en otras asignaturas de otros profes para poder alcanzar ese mínimo. Yo acoté que 20 horas igual me parecía poco comparada con las 40 horas semanales que trabaja normalmente la gente, tras lo cual Lilja me respondió que son 20 horas de clase nada más, sin tener en cuenta las horas de planificación, corrección de tareas, tutorías y demás.

A las 10:30 volví al hotel, contento de cómo se dio la experiencia y expectante de cómo seguirá mañana, dado que quedé con la profe que también iré a las clases que ella tiene el viernes, con alumnos de varios otros grados.

No lo llegué a conocer al director hoy, y no sé si lo podré ver mañana tampoco, pero estoy muy agradecido con él por ser el único de los tres o cuatro que respondió positivamente y me dio la oportunidad de visitar una escuela finesa. Kiitos!!


A las 13:30 salí a caminé hasta el centro.

Tren y puente

A las 14:00 llegué a Forum, un centro comercial. Iba ahí con un propósito específico: comprar un protector de pantalla para mi teléfono para reemplazar el que se me rompió. El que tengo actualmente me habrá costado unos 5-7€ en China; aquí me querían cobrar 35-50€. Salí corriendo de la tienda.

De ahí me fui a Normal, una tienda que venía viendo en todos los países nórdicos pero nunca había entrado. Se trata de un negocio de variedad, que tiene toda clase de baratijas tipo esponjas para la ducha, estuches para el cepillo, snacks y demás.

Lo bueno es que tenía muchos snacks importados que no se consiguen en los supermercados

A las 15:00 fui a Rikhardinkadun kirjasto, una de las tantas bibliotecas públicas de Helsinki.

El edificio de la biblioteca, que representa la arquitectura renacentista, fue diseñado por el arquitecto finlandés Theodor Höijer y se construyó en 1881 como el primer edificio de los países nórdicos diseñado como biblioteca general. Más tarde, en la década de 1920, se añadieron al patio interior una planta adicional diseñada por el arquitecto Runar Eklund y un edificio anexo conocido como la torre del libro. La biblioteca fue la principal de Helsinki hasta 1986.

Wikipedia
Rikhardinkadun kirjasto
Lo interesante de esta biblioteca era que aceptaba el ingreso con mascotas (!)
«¡Ven a practicar la lectura con el Perro Lector de la biblioteca! Durante una sesión de lectura de 15 minutos, puedes leer en voz alta al perro. El Perro Lector escucha pacientemente sin críticas ni interrupciones. […]»
Biblioteca por dentro

En un momento encontré un libro de Karoliina Korhonen —la autora de Finnish Nightmares— llamado Matti in the Wallet. Me lo leí completo (era más imágenes que palabras, con lo cual no se tardaba mucho en terminarlo).

«¡Kokko (apellido)! Junta toda la hoguera. ¿Quieres decir que hay que montar toda la hoguera? Sí, toda la hoguera.»
Kuusi palaa es una oración finesa que tiene un montón de distintos significados

A las 19:30 arranqué a caminar de regreso al hotel.

Mural de una niña con una mochila y un peluche, diciendo «Turvallisesti kotiin!» (¡Volviendo a casa sana y salva!)

A las 20:00 pasadas pasé por un Lidl para comprarme la cena. Al rato llegué al hotel.

Ame,
Kato