Kara Ema:
Domingo 1 de junio.
Cerca de las 12:00 fuimos a otra cafetería, llamada Homu.





Éramos tres personas: Shali, una amiga tailandesa de Shali llamada Tanya, y yo.
A las 14:00 Shali se fue a su casa y quedamos Tanya y yo. Yo quería ir a un encuentro de lenguaje japonesa en el centro comercial EmSphere, y Tanya aceptó en acompañarme. Pedí un taxi con mi teléfono (Bolt) y a los diez minutos llegamos al mall.


Este centro comercial parecía bastante interesante y me sorprendió que haya estado tres vez en Bangkok y no lo haya visitado antes.
La reunión japonesa era en el restorán de IKEA, en la tercera planta.


Era información nueva para mí que había un restorán de IKEA en Bangkok, y muy valiosa dado que vendían comida rica a buenos precios y con amplio espacio para sentarse y trabajar o lo que sea. Una barra de chocolate (para regalar a Shali), dos tartaletas de huevo, un perrito caliente con albóndigas y unas patatas fritas con queso me costaron ฿235 (~6€).
Cuando llegamos ya estaban todos allí; alrededor de veinte personas. La mayoría eran japoneses viviendo en Bangkok, aunque también había un par de tailandeses y de otras nacionalidades que sabían hablar japonés.
Después de conversar amenamente con la gente, a las 16:00 nos fuimos. Cuando volvimos a pasar por la entrada del restorán, Tanya compró un helado para mí y para ella (฿8 c/u; 0,2€), de una máquina que te lo hacía automáticamente.

Después de tomar el helado Tanya me dijo que se tenía que ir, así que la despedí y me quedé solo. En ese momento me dije que tenía tres opciones: quedarme allí a recorrer todo el centro comercial, volver temprano a lo de Shali, o bien ir caminando hasta Khlong Toei / Sombat. Adivina cuál de las tres elegí.


Al parecer, como junio es considerado el mes del orgullo LGBT, el primero de junio se celebraría un desfile del orgullo en Bangkok. Con lo cual podría decirse que en realidad tenía cuatro opciones: las tres que te dije arriba más la de ir a ver el desfile. Pero mi corazón ya había elegido dónde más quería estar.
Por cierto, esta fue la primera marcha LGBT luego de que Tailandia legalizara el matrimonio igualitario a principios de año, convirtiéndolo en el segundo país de Asia en reconocer los derechos LGBT después de Taiwán.
A las 17:00 llegué a Sombat.

Esta vez decidí visitar primero la biblioteca/fundación Sikkha Asia. Cuando llegué me dijeron que estaban cerrando, pero todavía había algunos niños ayudando a limpiar o simplemente haciendo stand-by en la entrada.

Esta foto la tomé exactamente a las 17:23. En aquel momento aún no tenía idea de lo mucho que estas cinco niñas iban a significar para mí y yo para ellas, y de lo rápido en que se convertirían en mis amigas.
Había una persona que trabajaba en esta fundación que ya me había visto varias veces pasando por allí, y siempre me saludaba. Es una de las únicas personas que conozco que viven en este barrio que hablan relativamente bien inglés. Se llama Nalin, tiene 18 años y nació en Camboya, pero fue criada en Khlong Toei. Es muy bonita y muy maja. Hoy finalmente le pedí su Line (la app de mensajería más popular en Tailandia y en Japón).
Justo antes de despedirme de Nalin y de que cerrara la persiana de la biblioteca, le pregunté si me podía quedar un rato con el grupo de niñas y jugar con ellas. Ella les preguntó a las niñas en tailandés y las niñas respondieron que sí, así que me sumé a su grupo.

Lo primero que hicimos fue buscar un sitio lo suficientemente espacioso donde pudiésemos jugar al vóley un rato. Primero fuimos al cercado al lado del campo de fútbol donde había un escenario y unos juegos para niños, pero un hombre que estaba allí nos echó y nos dijo que buscáramos otro lugar. Al final nos terminamos poniendo en una calle al lado del campo de fútbol, por donde no pasaban muchos coches.


Pui nació en Camboya al igual que Fai, su hermana mayor y otra de las conformantes del grupo de las cinco amigas.


Después de jugar, a las 18:20 fuimos al 7-Eleven las cinco niñas y yo. Les dije que podían coger lo que quisieran que yo se los compraría.


Habían agarrado una sola cosa cada una, así que les ofrecí que buscaran algo más. Se mostraron cohibidas y reservadas. Solo aceptaron agarrar una segunda cosa cada una después de que yo les insistiera varias veces, y les asegurara de que a mí me ponía contento poder complacerlas.

Esa sonrisa que ves en la última foto es lo que para mí hace que todo merezca la pena. Los ~฿250 (~7€) que pagué por sus snacks no son nada comparados con todas las sonrisas preciosas y el afecto que recibí de cada una de ellas.
Cuando salimos a la calle las cinco inmediatamente se pusieron una al lado de la otra y me agradecieron haciendo el gesto del wat (🙏) y diciendo khob khun ka todas al mismo tiempo.

Tras hacernos una foto grupo los seis juntos, era momento de despedirnos. Nos comunicábamos a través del traductor de mi teléfono. Mediante él me dijeron cosas hermosas, como «มาเล่นที่นี่อีกนะ» («ven a jugar de vuelta con nosotras») y «¿De verdad tienes que irte? ¿No podrías quedarte aquí?».
Eran las 17:40 cuando me despedí de mis nuevas amigas. Había pasado exactamente una hora y veinte minutos desde que las conocí en la biblioteca, menos de lo que dura una película. ¿Quién hubiese imaginado que en tan corto tiempo íbamos a conectar tanto? Esa hora y veinte con ellas fue un momento mágico para mí, y creo que para ellas también.
El vínculo que desarrollamos fue tal que la despedida involucró gritos de «Bye-bye, I love you!» e incluso algunas lágrimas por parte de una de las niñas, llamada Liw. Sus amigas la señalaban y me hacían gestos para hacerme entender que se había emocionado y afligido de que su nuevo amigo se tuviese que marchar. Le acaricié el pelo suavemente para reconfortarla y le extendí mi dedo meñique al mismo tiempo que le prometía que nos volveríamos a ver.
Liw tiene 12 años. Antes de irme intercambié contactos de Line con ella. Ella no sabe inglés, pero igual nos escribimos en inglés, por lo cual asumo que cada mensaje que yo le mando lo hace pasar por un traductor automático y los suyos también.
A las 19:14, mientras estaba volviendo a la casa de Shali, recibí un mensaje de Liw. Se trataba de un video que había grabado Liw con sus amigas para agradecerme una vez más por haber jugado con ellas.
Además del video, también me envió los siguientes mensajes:
| Thank you for everything | Gracias por todo |
| We love you very much | Te queremos mucho |
| We will never forget you | Nunca te olvidaremos |
| We will never forget your kindness. | Nunca olvidaremos tu bondad. |
| I will try to message you everyday. If I don’t have time, I might not be able to message you. I’m sorry. | Intentaré enviarte mensajes todos los días. Si no tengo tiempo, es posible que no pueda enviarte mensajes. Lo siento. |
| If you want to come here Monday to Friday you have to come at 16:30 because I will be at school. But on Saturday and Sunday you can come from 9:00 to 18:40. I am free during this time. | Si quieres venir aquí de lunes a viernes tienes que venir a las 16:30 porque estaré en la escuela. Pero los sábados y domingos puedes venir de 9:00 a 18:40. Estoy libre durante este tiempo. |
| Don’t forget us. We love you so much. | No te olvides de nosotras. Te queremos mucho. |
Me acuerdo que cuando saqué mi teléfono del bolsillo para pagar en 7-Eleven, las niñas vieron la foto de fondo de pantalla en donde estaba yo con Suong montada en mis hombros, ambos tomados de la mano y sonriendo a la cámara. Es una de mis fotos favoritas, por eso hace meses que la tengo de fondo.
Me preguntaron quién era la niña. Cuando respondí que se trataba de una amiga mía de Vietnam, me miraron incrédulas. Podía ver los pensamientos formándose en sus cabezas: «¿Una niña tan pequeña amiga de un hombre adulto? ¿Acaso es eso posible?». En la sociedad actual no es común, lo cual es triste, pero que no sea común no significa que no sea posible.
Así como en la época victoriana Lewis Carroll fue amigo de Alice Liddell, yo soy amigo de Suong y de muchos otros niños que he conocido durante mis viajes. Y a partir de hoy tenía cinco amigas nuevas: Liw, Tik, Pui, Fai y Noy.
Seguimos hablando por Line. Le dije que la quería invitar a ella y a sus amigas al cine a ver Lilo & Stitch. Sabía que no había forma de que los padres de estas niñas dejaran que un hombre desconocido las llevase al cine, pero tenía la solución perfecta para eso: podría invitar también a Nalin, en cuyo caso seríamos dos adultos, y los padres se quedarían tranquilos sabiendo que sus hijas estarían con al menos un adulto que ya conocen.
Tras intercambiar varios mensajes tanto con Liw como con Nalin, al final quedó confirmado que a las diez de la mañana del lunes nos encontraríamos en Khlong Toei para ir todos juntos al cine. Ese día las niñas no tenían colegio dado que tanto el lunes como el martes eran feriado nacional (por ser el 3 de junio el cumpleaños de la Reina de Tailandia).
Lunes 2 de junio.
Como habíamos quedado, a las 10:00 me junté con mis nuevas amigas, incluyendo las cinco niñas y también Nalin.

Pedí un taxi XL con la app de Bolt (~฿150; ~4€). Mientras lo esperábamos las niñas aprovecharon para arreglarse con crema, cosméticos y esas cosas.

Durante el viaje, algunas de las niñas se quejaron de que el vehículo les producía cinetosis (mareos). Creo que por esto es que Pui se puso a inhalar su ya dom, dado que se supone que sirve como remedio contra el mareo.

Ya dom (ยาดม, «medicina respirada» en tailandés) son inhaladores basados en la medicina tradicional de Tailandia. Además de sus propiedades de herbolaria tradicional, son un objeto popular y usual en las personas de ese país.
Wikipedia
Ya eran las 10:30 cuando llegamos al cine, el horario en que comenzaría la función. Igual primero habría como media hora de comerciales, así que no teníamos prisa.
Las entradas costaban ฿260 cada una, con lo cual las siete las pagué ฿1820 (~50€). También compré tres diferentes refrescos y palomitas: Seven Up, Pepsi, Lipton, palomitas de queso, saladas y dulces (฿470; ~13€).




La peli la vimos en tailandés sin subtítulos. Liw estaba preocupada porque yo no entendería nada, pero le dije que la historia era la misma que una película que ya había visto antes, así que no importaba si no entendía los diálogos. Además, mi mayor disfrute pasaba por otro lado: por estar allí compartiendo el momento con ellas, por ver sus sonrisas y oír sus risas.
En la parte más triste de la peli, cuando no se sabía si Stitch iba a poder volver con Lilo, las seis personas hermosas que estaban sentadas conmigo lloraron.
Hablando de personas hermosas, los productores no podrían haber elegido una mejor actriz para el papel de Lilo que Maia Kealoha.
Esta peli significa mucho para mí porque la original de 2002 forma parte de mi infancia y es una de mis películas favoritas de Disney. Me pone muy contento haber podido compartirla con mis nuevas amigas tailandesas.
A las 12:45 salimos del cine.
A la salida del cine había un espacio de juegos de arcade, así que fuimos allí un rato. Las niñas se la pasaron jugando con las máquinas de garra, pero no lograron atrapar ningún premio. Yo las habría invitado con gusto pero prefirieron utilizar su propio dinero.




A las 13:30 nos fuimos caminando a Gateway Ekamai, un centro comercial que si recuerdas quedaba justo enfrente del hotel en el que me había quedado la última vez que estuve en Bangkok (Chill Inn).

Les dije a las niñas que eligiesen el lugar donde querían almorzar, y eligieron KFC. Pedí un menú familiar para compartir entre todos, el cual costó ฿349 (~9€).
Mientras esperábamos la comida las niñas se fueron a ver los cosméticos que vendían en la tienda de al lado.

Una de ellas se compró un talco de esos que a los tailandeses les gusta ponerse en el rostro para refrescarse (otra cosa muy típica de Tailandia que no he visto en ningún otro país).

Después de comer les ofrecí comprarles un helado. Había varios sitios de helado en el centro comercial, pero ellas a propósito escogieron el más barato (Dairy Queen). Cada acción de estas niñas que mostraba su naturaleza bondadosa, afectuosa y humilde era como un flechazo en mi corazón.

Los helados para los siete que éramos me costaron ฿314 (~8€), casi lo mismo que el almuerzo. Como Dairy Queen no tenía espacio para sentarse, terminamos yendo a sentarnos afuera del mall.




A las 15:00 nos subimos al taxi que pedí por la app de Bolt para volver a Sombat.

En el trayecto Liw me ofreció un regalo: un accesorio para la mochila tipo llavero con la imagen de un gatito. Lo había comprado con su dinero en la máquina expendedora justo antes de subirse al taxi. Ahora yo tendría algo para llevar conmigo en mis viajes que me recordaría a mi amiga tailandesa para siempre. Igual tampoco es que lo necesitara, dado que ya estaban las cinco (bueno, las seis contando a Nalin) en mi corazón, y como yo siempre digo: mi corazón tiene puerta de entrada pero no de salida.
Cuando llegamos a la comunidad, algunas de las niñas pasaron primero por sus casas para cambiarse o buscar la pelota de vóley para jugar.

Yo esperé afuera a que todas estuviesen listas. Luego fui con ellas a jugar.



Mientras jugábamos las niñas me preguntaron cuánto había gastado en total por ellas ese día. Estaban preocupadas por eso. Les dije que no sabía y que no me importaba, así que que no se preocuparan. Que ellas ya me lo habían devuelto con sus sonrisas, su felicidad y su compañía. (Igual por curiosidad recién acabo de hacer la cuenta de todo lo que gasté, y me dio un total de ~3200 baht, que equivale más o menos a 85 euros.)
A las 16:30, justo cuando yo ya me estaba por pedir una moto taxi para volverme a lo de Shali, apareció un hombre japonés que había venido a explorar el barrio. Resultó ser que era un influencer/instragrammer/personalidad de televisión de Sapporo que estaba recién arrancando su aventura de viajar por todo el mundo.


Un rato después de las 17:00 pasamos por una ONG que estaba repartiendo comida gratis. A Masato y a mí también nos dieron, pero yo la mía no me la quedé sino que se la di a Pui.
De ahí las niñas me acompañaron a la entrada de la comunidad, y allí fue donde nos despedimos con un abrazo a cada una. Ellas se volvieron a sus casas caminando por las vías.

En un momento tuve el siguiente diálogo con dos de las niñas:
Liw: «¿Puedes no irte?»
Kato: «Pero ya tengo el billete de avión para esta noche.»
Tik: «Cancela el billete de avión.»

Las despedidas siempre me cuestan, sobre todo cuando son con personitas preciosas como ellas que me dicen cosas como estas. Pero no fue tan dolorosa porque sé que nuestras caminos se volverán a cruzar en el futuro no muy lejano.
A las 18:00 pasadas llegué a lo de Shali. Mi avión partiría en tres horas, con lo cual estaba con el tiempo justo y encima a esa hora el tráfico en las calles de Bangkok era fatal.
Preparé todas mis cosas, cené una pizza que pidió Shali y pedí un Bolt hacia el aeropuerto. Cuando me subí al taxi a las 19:00 pasadas, le avisé que tenía que estar en el aeropuerto para las 20:00, así que que por favor hiciese lo mejor posible para llegar a esa hora. Fue por la autopista y por suerte lo consiguió: terminé llegando bien a coger mi vuelo.
Mientras esperaba para embarcar me la pasé chateando con Liw. Incluso cuando me senté en el avión seguí hablando con ella hasta que tuve que cortar el internet minutos antes de despegar. Le dije que tuve que apurarme para ir al aeropuerto y que pensé que no llegaría a mi vuelo, tras lo cual se preocupó pensando que había sido ella y sus amigas la razón por la cual yo había estado retrasado. Me pidió perdón. Yo le respondí que no tenía de qué disculparse y que yo me tendría que haber dado cuenta y salido de la comunidad más temprano. Me dijo también que el día de hoy fue muy feliz y me agradeció por haberlo compartido con ella.


Estos dos últimos días que pasé en Bangkok con estas niñas son días que jamás olvidaré, y creo que ellas tampoco. Ya las echo de menos y espero ansiosamente al día en que las volveré a ver.
Gracias Nalin, Liw, Tik, Pui, Fai y Noy por ser como son, tan puras de alma y tan grandes de corazón. Gracias por mostrarme que la felicidad pasa principalmente por el afecto y las buenas compañías, y no por el dinero y lo material. Gracias por confiar en mí y querer ser mis amigas y hermanas menores. Gracias por todos los momentos mágicos compartidos en tan solo dos jornadas. Pronto vendrán muchas más.
Ame,
Kato



Dia agitado!