Bicicleteada para conocer a mi ídola panadera

Kara Ema:

El viernes fui al hoikuen y pedí estar con los de 5 años.

No tengo mucho para contarte de este día dado que la mayor parte del tiempo los peques se la pasaron practicando para el acto que van a hacer de El Mago de Oz.

En un momento mientras la mayoría estaban subidos al escenario ensayando, yo estaba sentado al lado de dos niñas que se estaban peleando porque las dos querían tomarme de la mano, hasta que les recordé que tengo dos, entonces se quedaron satisfechas una con cada mano.

De repente una de las lolis me miró seriamente y me dijo「りんご!」(ringo; manzana). Cuando yo le devolví una mirada perpleja, me explicó que quería jugar al shiritori (juego de unir palabras por la última y primera sílaba, e.g. ringo → gorira → rajio). Así que jugamos unos minutos al shiritori entre los tres.

Yo miraba de reojo a las sensei esperando que no me volviesen a llamar la atención como aquella vuelta. Por suerte no lo hicieron; estaban demasiado ocupadas dando indicaciones a los niños subidos al escenario y asegurándose de que estuviesen haciendo todo bien.

Aproveché que las sensei estaban ocupadas para hacer una foto de lo que estaba pasando en el primer piso: habían armado una especie de indoor playground (parque infantil cubierto) con colchonetas y demás para que los más pequeños del hoikuen (1-2 años) pudiesen jugar y desarrollar su psicomotricidad.

Indoor playground en las escaleras y en el primer piso

Salimos al patio dos veces hoy. Algunos niños jugaron al fútbol (los varones), otros con la soga (las niñas), otros al onigokko y otros en la carpa y con los neumáticos.

Loli jugando con neumáticos

Por cierto, por alguna razón en esta clase la proporción entre niños y niñas estaba muy desequilibrada: había solo 5 niñas versus 12 varones. No sé cuántos serán normalmente igual; es probable que justo hoy se hayan ausentado varias niñas.

Durante el almuerzo una de las sensei pidió dos veces que todos comieran en silencio para evitar contagiarse de gripe, dado que por estos días había muchos contagios. La otra sensei habló normalmente con los peques igual, con lo cual se ve que había diferencia de opiniones entre ellas sobre la idea de dejar a los niños hablar o no.

Cuando ya faltaba poco para que se hiciera la hora en que terminaba el horario de almuerzo, las sensei declararon mogu mogu time (mogu mogu es una onomatopeya de masticar)—los niños ya sabían lo que eso significaba: que tenían que reducir al mínimo las conversaciones que estaban teniendo con sus compañeros y concentrarse principalmente en terminar todo lo que aún les quedaba en los platos.

Si alguien hablaba en este momento, los niños a su alrededor levantaban un brazo con el puño cerrado, lo cual asumí que era una seña que las sensei les habían enseñado para hacer referencia a mogu mogu time sin emitir ningún sonido.

Después de almorzar me volví a la casa a tener mi recreo de tres horas.

A las 15:30 volví al hoikuen.

Tuve que hacer esta foto porque no todos los días se ve a una niña de 6 años con el pelo teñido

Después de comer el oyatsu (snack), los niños bajaron a jugar al patio. En ese momento yo aproveché para pasar la aspiradora en el piso. Cuando terminé bajé a reunirme con la clase.

En el patio estaban también otros peques; creo que los de 4 años. Los de mi clase parecían ya estar muy ocupados cada uno divirtiéndose con distintas cosas (las que mencioné arriba: fútbol, soga, carpa, neumáticos), así que en lugar de sumarme a ellos me fui con unos niños de otra clase que estaban jugando con la arena.

Loli sirviéndome comida (en realidad era arena pero hacíamos de cuenta que era comida).

Cuando regresamos al edificio nos juntamos con la clase de 4 años en su aula para el tiempo de juego libre.

A las 17:00 pasadas me volví a la casa.


El sábado a las 10:00 pasadas cogí una de las bicis y empecé una bicicleteada larga, de más o menos 25 kilómetros hasta el distrito de Kuzuha en la ciudad de Hirakata en la prefectura de Ōsaka. Tardé dos horas en llegar a donde quería llegar.

La mayor parte del tiempo anduve sobre una ciclovía que bordeaba el río. Lo bueno de este sendero ribereño es que me evitaba tener que cruzarme con tráfico vehicular y semáforos.

En Japón las sendas bici no son comunes en las calles dado que no son realmente necesarias (la gente anda sin problemas por el costado de la calle o mismo sobre la acera cuando esta es lo suficientemente ancha). Pero lo que sí es común son las ciclovías al lado de ríos y canales.

Ciclovía bordeando el río

A las 12:15 llegué a Kuzuha Mall y aparqué la bici en el parking que ofrecía el mall. Te daban las primeras tres horas gratis lo cual me pareció bastante generoso. Aparcamientos de bici gratuitos o muy baratos deberían ser la norma en todo el mundo, para fomentar que la gente utilice este medio de transporte sostenible.

Si te suena el nombre este centro comercial es porque ya había estado aquí alguna vez. Igual si bien entré, este mall no era la razón principal por la que había decidí venir a este distrito hoy.

Resulta que ayer vi un vídeo un YouTube que documentaba una panadería en Kuzuha administrada por un maestro panadero (Okamoto-san) y su hija de 9 años, Miyu-chan. Miyu ayuda a su papá recibiendo a los clientes, cobrándoles en la caja, acomodando los artículos a la venta, limpiando las bandejas y las pinzas, y a veces incluso cocinando los panes. Okamoto-san le da entre 1000 y 1500 yenes (~5-8€) cada día que la niña trabaja en la panadería.

El padre nunca la obligó a la niña a trabajar con él; todo comenzó cuando la Miyu, observando atentamente a su padre, empezó a interesarse por lo que hacía y quiso ayudar ella también. Solo ayuda en sus ratos libres cuando no tiene tarea ni escuela. Solo cuando ella quiere y no cuando el papá le pide. Si un día prefiere salir a jugar con sus amigas en lugar de quedarse en la panadería de su padre, pues eso es lo que hace.

YouTube player
Vídeo documental de Okamoto-san y Miyu-chan

Me conmovió tanto ver a una niña de 9 años trabajando tan diligentemente en la tienda de su padre (y diciendo que algún día la quiere heredar y convertirse ella en maestra panadera), que decidí que tenía que conocerla en persona.

La panadería de Okamoto-san —llamada Boulangerie Cocoro— quedaba a unos diez minutos a pie desde el centro comercial, así que poco después de que dejé la bici caminé hasta allá.

Boulangerie Cocoro

Cuando entré noté que no había ningún cliente (al parecer justo en este horario no suelen venir muchos clientes dado que están almorzando en otros sitios) y solamente había una persona detrás del mostrador: no era ni el padre ni la hija sino una empleada.

Le pregunté a la chica si Miyu-chan estaba por ahí, y me dijo que por favor aguardara un momento mientras ella se iba a fijar adentro. Al rato reapareció con Okamoto-san.

Okamoto me saludó y me explicó que Miyu justo no estaba trabajando hoy; que normalmente trabajaba los domingos y no los sábados. Yo me mostré decepcionado. Le conté que era el fan número uno de Miyu (?) y que había venido en bicicleta desde Kioto para verla. Entonces me dijo que la llamaría para ver si estaba cerca y si podía pasar a saludarme.

Mientras Okamoto llamaba a Miyu yo aproveché para hacer fotos del lugar.

Sección con libros y juguetes para niños (todas cosas que solían pertenecer a Miyu).
Todos los diferentes tipos de panes que vendían
Panes en exposición

Okamoto-san volvió con la buena noticia: Miyu podía pasar un rato a saludar a su fan. Me puse a charlar un poco con el padre hasta que llegó la hija.

Cuando apareció Miyu fue gracioso porque no dijo ni una sola palabra durante un rato. Se notaba que estaba tímida. Intenté entonces romper el hielo haciendo un comentario positivo sobre su apariencia, en particular sobre su pelo que al parecer lo tenía levemente aclarado con tonos rojizos. Tras oír mi comentario Miyu me sonrió y me agradeció. Al fin pude escuchar su voz, aunque apenas ya que hablaba siempre en un tono bajo y suave.

El padre se volvió a la trastienda y yo me quedé a solas con Miyu. Nos sentamos en una de las dos mesas que había y mantuvimos una amena conversación. Bueno, más que conversación fue como una entrevista; yo no paraba de hacerle preguntas y ella me contestaba.

Miyu-chan

Después de hablar durante unos minutos, le dije que había preparado un regalo para ella y se lo quería dar. Lo busqué en mi mochila y se lo mostré. Se trataba de un origami de una boca que se abría y se cerraba. Del otro lado había escrito en japonés lo siguiente: «Para Miyu de un gran admirador. ¡Da lo mejor de ti! ¡Te estaré apoyando!».

Miyu con mi regalo
Miyu diciendo que en el futuro quería seguir trabajando con su papá en la panadería

Luego Miyu fue a buscar al padre para que nos hiciera una foto juntos. También hizo una con su propio teléfono. ¡Qué honor! Saber que mi ídola Miyu-chan tiene una foto mía guardada en su teléfono, al igual que yo tengo una (o unas cuantas) de ella.

Después le pedí que me mostrara los panes que más le gustaban, es decir que me recomendara los que para ella eran los mejores. También le pregunté cuál era el que más le divertía hacer.

Miyu-chan mostrándome uno de sus panes preferidos

La verdad es que todos se veían superricos. Decidí que compraría no más que cinco, pero me costó elegir cuáles cinco. Por supuesto incluí varias de las recomendaciones que me había hecho mi ídola.

Foto de Miyu con su papi el maestro panadero

En este momento Miyu me dijo que se tenía que ir (no le pregunté a dónde iba porque me pareció ya meterme mucho en su vida personal; creo que se iba con sus amigas, quizás a la casa de una de ellas o a un parque). Antes de irse la vi agarrar un par de panes ella también, por su puesto sin tener que pasar por caja para pagarlos—las ventajas de tener un papá panadero.

La muchacha empleada del local me cobró en la caja. Algo que me pareció muy interesante que no había visto nunca antes fue la máquina que tenían que reconocía automáticamente todos los panes que había elegido, en lugar de que la empleada los tuviese que seleccionar uno por uno manualmente.

Máquina reconociendo los panes automágicamente

Con la compra me regalaron unos stickers. Me dijo Okamoto-san que podía elegir todos los que quisiera (normalmente creo que solo daban a elegir uno por cliente). Elegí estos tres:

Stickers que me regalaron

En total gasté ¥1500 (~8€).

A las 13:00 pasadas me fui de la panadería Cocoro y me pasé a Kuzuha Mall. Vi que había un Loft en 2F, así que fui a ver qué tenían.

¿Recuerdas cuando estaba en Bangkok que estaba buscando sellos para comprarme, de esos que decían cosas como «¡Buen trabajo!», «Excelente», etc. para poner a los niños si llegaba a trabajar en una escuela? Los únicos sellos de este estilo que llegué a encontrar en Bangkok (en Loft también) fueron unos que estaban en coreano, con lo cual no me servían. En Loft de Japón, mientras tanto tenían un montón.

Sellos de Pokémon

Estaba lleno de cosas kawaii y objetos útiles para tener en casa. Había mucha gente comprando y explorando la tienda también.

Stickers
Adaptadores, cables y baterías portátiles, todos con formas de gato. No los necesitaba pero los quería…
Grapadora con forma/decoración de gato
Marcadores estampadores
Chocolates en una caja con decoración de gatos

Loft es mi tienda favorita de Japón para encontrar buenos regalos. Por ejemplo, la caja de chocolates de gatos la compré para regalar porque me pareció genial.

Todo lo que me compré en Loft (¥5392; ~29€).

Sí, los sellos de Pokémon también me los compré. No sé cuándo tendré oportunidad de usarlos con niños, pero para cuando la tenga ya estaré preparado.

Cerca de las 15:00 volví a tomar la bici. Como todavía estaba dentro de las tres primeras horas, no tuve que pagar nada.

Una vez más tomé la carretera ciclista de Keinawa (京奈和自転車道).

Ruta ciclista

Cerca de las 17:00 llegué a casa.

Por cierto, a la vuelta de la casa de voluntarios están construyendo una nueva casa de tres plantas. Es la primera vez que veo cómo construyen una casa desde cero en Japón. De un día para el otro apareció todo el marco de madera. Van bastante rápido.

Esto es todo lo que llegaron a hacer en los apenas dos días que van desde que arrancaron a construir (la tercera planta no se ve en esta foto pero también está).

Ame,
Kato