Kara Ema:
El jueves a la mañana jugué con los niños a un par de partidas más de Pokémon antes de que se fuesen a la escuela.
Los despedí con un abrazo a todos ya que no los volvería a ver por un tiempo. A las 13:00 me fui a la estación a tomarme el tren para el aeropuerto. Ya se habían cumplido los tres meses de mi visa turista, así que estaba obligado a irme de Japón, justo una semana antes de que florecieran los cerezos…
En la estación me pasó algo digno de mencionar. Resulta que con la ansiedad de la mudanza, el viaje inminente, el cambio de país y todas las maletas que estaba llevando encima, no me di cuenta que había dejado el cierre de mi bolso pequeño abierto, y cuando lo moví para agarrar algo se me cayó todo lo que estaba dentro. No pasaron más de 15 segundos desde que me agaché y empecé a juntar las cosas que se me habían caído, que aparecieron dos mujeres japonesas y sin decirme nada me empezaron a ayudar a poner las cosas dentro del bolso.
A las 15:00 en punto llegué al aeropuerto de Narita, y media hora más tarde ya estaba del otro lado de seguridad aeroportuaria, dirigiéndome hacia la puerta de mi vuelo.

Adiós Japón, te echaré de menos y te llevaré siempre en mi corazón ♡ 🇯🇵.
Tras cuatro horas de vuelo, a las 20:00 llegué al Aeropuerto Internacional de Taoyuán, en Taiwán. Taiwán está una hora por detrás de Japón.
Era mi segunda vez en este país, y tenía planificado que fuese muy distinta a la primera, en los siguientes sentidos:
| Primera visita | Segunda visita | |
|---|---|---|
| Año | 2024 | 2026 |
| Duración | Una semana | Un mes o más |
| Propósito principal | Turismo | Voluntariado |
| Lugares visitados | Más que nada Taipéi | Taoyuán y otras ciudades |
| Interacción con locales | Baja | Alta |
Recuerdo la primera vez que estuve aquí que pensé que me gustaría volver a algún día para hacer voluntariado, y aquí estoy con ese propósito. Pero también otra cosa importante que me había quedado en el tintero era recorrer un poco más la isla, dado que la otra vuelta solo había tenido una semana y ese tiempo solo me alcanzó para explorar la ciudad capital y no mucho más.
Tras recuperar las maletas, a las 21:00 me tomé el MRT que conectaba el aeropuerto con el resto de Taoyuán, ciudad que por cierto sería donde me quedaría por un tiempo a hacer voluntariado (ya te contaré en breve de qué se trata).
Taoyuán (en chino : 桃園市) es un municipio especial de la República de China, localizado en la parte noroeste de la isla de Taiwán y a 21 km al suroeste de Taipéi. Limita al norte con el océano Pacífico, al sur con el condado de Yilan, al oeste con el condado de Hsinchu y al este con el Nueva Taipéi.
Su superficie ocupa 1221 km² y su población es de 2 245 059 habitantes. El distrito de Taoyuan es la sede del gobierno municipal y, junto con el distrito de Zhongli, forma una gran área metropolitana. En efecto, Taoyuan pasó de ser una ciudad satélite del área metropolitana de Taipei, a convertirse en la cuarta área metropolitana más grande y la quinta ciudad más poblada de Taiwán.
Wikipedia

A las 21:45 salí del MRT en la estación terminal, llamada 老街溪 (Río Laojie).

Desde allí me subí a un taxi que había llamado mi anfitrión para llevarme al apartamento donde me estaría quedando.
Mi anfitrión se llamaba Chen y era el dueño de un centro de inglés. Bueno, se hacía llamar «centro de inglés» pero en realidad era mucho más que eso. Era un sitio para que niños de entre 7-15 años (escuelas primaria y media) fuesen después de terminar las clases en el colegio para:
- Dormir una siesta (los más pequeños).
- Hacer la tarea de la escuela.
- Comer un snack preparado por/con los cuidadores.
- Consultar con los profesores lo que no entendieran.
- Hacer ejercicio (salir a correr, a jugar al fútbol).
- Tener clases extraescolares de inglés y de matemáticas.
- Jugar y charlar con otros niños y con los profes/cuidadores.
Para los padres era bastante conveniente mandar a sus hijos a un lugar así, dado que al parecer en Taiwán los niños salen de la escuela bastante temprano, a un horario en que sus padres aún están trabajando y no pueden pasarlos a buscar todavía. Es por esta razón más que nada que los centros como el de Chen son extremadamente populares en Taiwán. Los niños taiwaneses normalmente no son como los niños japoneses que se manejan solos por la calle; no les dan ese nivel de independiencia debido a que el tráfico en Taiwán puede ser peligroso.
A las 22:00 llegué al apartamento, el cual quedaba en una quinta planta en un edificio sin ascensor. Literalmente lo único que había en la parte compartida del edificio eran escaleras. Es decir, estaba la puerta que daba a la calle —la cual por cierto estaba todo el tiempo abierta y sin llave—, y tan pronto como atravesabas esa puerta te topabas con las escaleras. Subías las escaleras y lo único que te encontrabas eran más puertas que llevaban a los distintos apartamentos en cada planta. Así creo que son todos los edificios residenciales en Taiwán, o al menos la mayoría.
Fue superdivertido subir los cinco tramos de escaleras con mi maleta de 23 kg, bolso de mano, mochila y bolsa adicional. La puerta de mi apartamento tampoco tenía llave; la dejaban todo el tiempo desbloqueada. Me dijo Chen que como estaba en Taiwán no tenía de qué preocuparme.
En el apartamento no había nadie ni habría nadie más que yo. Era pequeño pero lo suficientmente cómodo. Consistía en un salón, dos habitaciones (una de las cuales era la mía, la otra no estaba siendo usada), un cuarto de baño y no mucho más. Chen hacía uso de este apartamento específicamente para alojar a sus voluntarios. Era práctico dado que quedaba a tan solo 300 metros de distancia del centro.


No había cenado y no tenía nada para comer, así que a las 22:30 salí a dar un pequeño paseo nocturno por los alrededores, y de paso pasar por un 7-Eleven para comprarme algo.
Justo frente al apartamento había un parque (新興公園; parque Xinxing). Frente a este parque de otro lateral había una escuela primaria (林森國民小學; Escuela primaria Linsen). Frente a la escuela de otro lateral estaba el centro de Chen.



Si recuerdas de la última vez que estuve en este país, una de las cosas que me impresionó fue la escala de los colegios taiwaneses (la mayoría de los cuales son públicos). Tanto los edificios como los terrenos son inmensos.

Si bien hay 7-Elevens en Japón también, hay dos cosas en esta imagen que al verlas uno inmediatamente puede darse cuenta de que no fue tomada en Japón:
- La hilera de motonetas aparcadas frente al local (en Japón serían más bien bicicletas).
- El grupo de gente charlando amistosamente, en la zona para sentarse dentro del local.
Si bien en Japón existen las tiendas de conveniencia con espacio para sentarse, no es como en Taiwán donde prácticamente todas tienen este espacio, a veces afuera y a veces adentro, a veces separado de la tienda, a veces grande con varias mesas a veces pequeño con una sola barra, pero siempre está.
En Japón, mismo en los konbinis donde hay mesas y sillas, suelen cerrar el espacio a la noche. Mi teoría es que lo cierran porque no quieren que la gente se acumule allí a beber cerveza, o que hagan lo que muchos japoneses hacen en los McDonald’s: dormir con la cabeza apoyada en una de las mesas.
Empecé a mirar los productos que vendían y enseguida descubrí algo extraño: había varios productos de marcas japonesas, cuyos paquetes tenían cosas escritas tanto en chino como en japonés. Pero lo más bizarro de todo es que eran productos que no existían en Japón, o si existían lo hacían con gustos más tradicionales, mientras que en Taiwán tenían sabores más inusuales y variados.

En Japón estos helado de la marca japonesa Morinaga existen en solo dos gustos: chocolate y vainilla. Mientras tanto la misma marca comercializa en Taiwán gustos como matcha y caramelo. Es una de las cosas que no me gusta de Japón: la falta de variedad.
Por alguna razón tenían un montón de cosas con gusto a caramelo, lo cual era formidablemente riesgoso para mí, ya que como sabes es mi debilidad número uno: cada vez que veo algo de caramelo siento una fuera necesidad de comprarlo y consumirlo.
Me terminé comprando un gimbap de queso y kielbasa (salchicha polaca), las Pringles de mantequilla y caramelo, un helado de caramelo salado, y una botella de té con leche y chocolate. Me costó todo 235 nuevos dólares taiwaneses (NT$), o ~6,5€.
Me senté a cenar allí mismo, en la barra que había—la misma que había fotografiado desde la calle. Al rato un hombre taiwanés se me acercó para hablarme. Me contó que frecuentaba ese 7-Eleven seguido. Me ofreció alcohol y tabaco, ambos de los cuales rechacé. Quiso saber sobre mí, incluyendo de qué país era, qué edad tenía y qué venía a hacer a Taiwán. Nos hicimos una foto juntos e intercambiamos contactos de Line (al igual que en Japón y en Tailandia, Line es la aplicación de mensajería instantánea preferida por los taiwaneses).
Cuando terminé de comer me volví para el apartamento.
Ame,
Kato
Le puse caramelo al Golf, lo queres comprar?