Kara Ema:
Frase del día en mandarín
我的狗朋友陪我環島了。
Wǒ de gǒu péngyǒu péi wǒ huándǎo le.
Mi perro amigo me acompañó a dar la vuelta a la isla.
| 我 | wǒ | yo |
| 的 | de | de (partícula posesiva) |
| 狗 | gǒu | perro |
| 朋友 | péngyǒu | amigo |
| 陪 | péi | acompañar |
| 我 | wǒ | yo |
| 環島 | huándǎo | dar la vuelta a la isla |
| 了 | le | (partícula de acción completada) |
Vídeo YouTube del día
Ganadora del primer puesto del Concurso Internacional de Piano de Taipéi: Chen Chieh Yun (7).
El lunes era el único día que tendría completo en Lanyu, con lo cual la idea era aprovecharlo para dar la vuelta a toda la isla, yendo siempre por la carretera que la rodea, llamada Calle Huandao.
La mayoría de los turistas que venían aquí hacían esto mismo también, solo que con una pequeña gran diferencia: ellos alquilaban escúteres, mientras que yo había decidido hacer la vuelta caminando.
Eran unos 35 kilómetros que tenía por delante, así que si quería hacerlos a pie no había tiempo que perder. Por eso había previsto levantarme y arrancar temprano, pero el sueño no me lo permitió.
Terminé arrancando la caminata a las 10:00 pasadas. Decidí ir en sentido sur por la costa oeste y norte por la este. Si miras la isla en un mapa con el norte orientado hacia arriba, podría decirse que tomé el sentido levógiro (antihorario).
Lo primero con lo que me topé fueron estas decoraciones grabadas y pintadas en los muros al lado de la carretera:




A eso de las 11:00 pasé frente al 蘭嶼航空站 (Aeropuerto de Lanyu).

Fue en este momento cuando me topé con dos perros muy peculiares, que parecían no tener dueño ni casa, pero eran inofensivos (a diferencia de muchos otros perros con dueño que eran altamente hostiles).
Fue increíble lo que pasó con estos perros. Sin hablarnos, es como que tácitamente acordamos que nos acompañaríamos mutuamente, caminando juntos por la carretera y esperando uno al otro cuando hiciera falta.
Esta es la clase de cosas que si hubiese alquilado un escúter jamás habría podido experimentar. Realmente estos perros hicieron que mi paseo por esta isla fuese mucho más ameno y divertido de lo que habría sido sin ellos.
Yo caminaba con la esperanza de encontrarme isleños simpáticos que viesen a un extranjero y quisieran hablarle, o bien con niños locales para jugar o charlar un rato como había hecho tantas veces con los niños de Vietnam, Filipinas, Tailandia y muchos otros países. Nunca me imaginé que los amigos que me haría tendrían cuatro patas, rabo y hocico.

Creo que este día yo fui una personalidad muy singular y extravagante en la isla, por varias razones:
- Era el único que estaba haciendo la vuelta a la isla a pie en lugar de en escúter o en coche (vi un par en bicicleta, pero eso también era raro).
- Era el único extranjero con rasgos occidentales (bueno no, los que vi en bicicleta creo que también eran occidentales, pero salvo ellos no vi a nadie más).
- Era el único caminando con un paraguas permanentemente abierto sobre mí, a pesar de no estar lloviendo (era hacer eso o morir por quemaduras solares por todo el cuerpo).
- Era el único caminando con una custodia perruna (dos acompañantes caninos).
Como uno de los perros era negro y —creo que— hembra, y el otro era macho y con tintes marrones, los llamé Negra y Pardo, respectivamente.





Quise entrar a curiosear un poco la escuela, pero tan pronto como subí las escaleras me topé con un guardia de seguridad que me empezó a ladrar. Por suerte yo también tenía mi seguridad personal perruna para protegerme de la jauría escolar, pero con tanto ruido que estaban haciendo de seguro iba a aparecer algún docente para decirme algo, así que me fui antes de que me vieran.

A las 12:15 paramos unos minutos a descansar a la sombra de un vehículo abandonado.




Llegué a la Roca Loca justo al mismo tiempo que lo hicieron un grupo de turistas taiwaneses que venían con escúteres. Me saludaron y yo los saludé, luego me senté sobre una piedra a la sombra para descansar unos minutos. Los perris aprovecharon para descansar también.

En un momento había pasado por un restorán que parecía ser muy bueno por las reseñas que tenía. Quería almorzar ahí pero me di cuenta de que solo tenía mesas adentro, y no quería dejar a los perros afuera. Idealmente quería hallar un restorán que tuviese mesas afuera, sombra, y que me pudiesen dar algo de comida y bebida para ofrecerles a mis amigos perrunos. Pero claramente era mucho pedir, ya que nunca llegué a encontrar un sitio que cumpliera con todos mis requerimientos.

En este punto ya eran más de las 13:00 y ya estábamos arrancando a subir (sentido norte) por la costa este.




A eso de las 13:30 ocurrió un suceso muy extraño, digno de un relato de Sherlock Holmes. Yo ya sé lo que pasó exactamente, pero en el momento no lo sabía todavía, así que te lo voy a contar con los detalles a medida que los fui conociendo, no con lo aprendí en retrospectiva.
Veníamos caminando los tres por la carretera, los perros delante de mí y yo por detrás. De repente vi que la Negra salió corriendo hacia la costa, pasando a través de unos arbustos, cosa que impidió poder verla más. Unos instantes después de que la perdí de vista detrás de los arbustos, escuché unos ladridos y un grito humano. Pardo se lanzó en la misma dirección que había ido su amiga, y yo también fui para ver qué había pasado.
Cuando llegué a la costa me encontré con esta escena:

La Negra había desaparecido. Los únicos seres vivos que llegaba a divisar eran:
- Pardo cerca de mí.
- Un pescador que estaba más o menos a unos 300 metros de distancia, y me estaba gritando algo y haciendo señas pero yo no le entendía.
- Unas cabras que estaban más o menos a un kilómetro de distancia, sobre una colina.
Me quedé unos minutos ahí parado, sin saber qué hacer y aún sin comprender del todo lo que había sucedido, aunque sí tenía algunas hipótesis. Me intenté imaginar cómo resolvería el caso Holmes.
Cuando volví a la carretera, en un momento apareció el pescador con su escúter y se detuvo a mi lado. Me dijo algo con tono severo, como si me estuviera regañando. Estaba claro que me estaba diciendo lo que había pasado, pero como me hablaba en chino no le pude entender. De hecho ni siquiera estoy seguro si me estaba hablando en mandarín, taiwanés o yami.
Seguí mi camino. Estaba un poco triste porque mi grupo se había reducido de tres a dos, dado que habíamos perdido a la Negra. Solo me quedaba Pardo haciéndome compañía.



A las 14:30 llegamos a una aldea llamada Dongqing.

Me dije a mí mismo antes de llegar: «Qué bueno, estamos cerca de la aldea. Allí vamos a encontrar tiendas para comprar comida y bebida, y de seguro algún restorán bueno para almorzar con mesas afuera».
Pero no. En lugar de eso lo que nos recibió tan pronto como pisamos la aldea fueron perros hostiles ladrándonos. Por suerte tenía mi paraguas, además de mi guardaespaldas canino.
No me gustó lo de los perros sueltos y amenazantes así que me quería ir de allí lo antes posible, pero antes pasé por una tienda para comprarme un té de burbujas helado.

A las 15:00 bajamos a la playa como para variar un poco de estar caminando siempre por la carretera.

Tras atravesar esta playa pasamos por otra escuela más, también primaria. Había varias escuelas primarias por solo una secundaria, por eso esta última era tan grande también.

Avanzando un poco más me crucé con el 7-Eleven de la costa este. Decidí entrar para comprar algo para beber, que con todo lo que estaba caminando realmente lo necesitaba (igual todavía me quedaba un montón de agua en la mochila, pero quería algo más fresco). Me compré un cartón grande de leche de soja (NT$50; ~1,3€).

Mientras compraba, Pardo se quedó esperándome en la puerta. Pero en un momento una señora que también tenía un perro, no solo entró con su perro al local sino que dejó pasar a mi amigo. Cuando lo vi adentro de la tienda me puse algo nervioso ya que no sabía si estaba permitido o no, así que fui a la caja lo más rápido que pude y salí con él antes de que nos dijesen algo.

A las 15:30 encontramos un túnel en una roca.



Además del turismo, esta isla —y en general esta parte meridional de Taiwán— se beneficiaba mucho de la industria del buceo. No paré de toparme con tiendas que ofrecían ropa y servicios de buceo, como esta:

A las 16:00 llegamos a la esquina que unía las costas este con la norte. Allí había una roca emblemática llamada Roca de los Dos Leones.

Estábamos oficialmente en la costa norte: la recta final de nuestra aventura.



A las 17:00 llegamos a otra aldea más: Langdao.






Cerca de las 18:00 llegamos oficialmente a la costa oesta, justo a tiempo para ver el atardecer.

Esta foto es tan bonita como lo es siniestra.
Aquí fue cuando se reveló el misterio de lo que había pasado con la Negra. ¿Estás preparada para saberlo?
Viste que cada tanto los perros paraban a beber agua, ¿no? Cada vez que encontraban en el camino una fuente de agua. Con esto saciaban su necesidad de la sed. Pero, ¿no te has preguntado cómo saciarían su necesidad del hambre también? La respuesta es: cabras. En particular, cabritos (crías de la cabra).
La razón por la cual digo que la foto anterior es siniestra es porque la tomé unos instantes después de que Pardo matara y se comiera a un cabrito. Estaba la mamá cabra con él también, pero salió corriendo cuando lo vio a Pardo acercándose.
No justifico las acciones asesinas de mi amigo cuadrúpedo, pero las entiendo totalmente. Es la ley de la naturaleza, ¿verdad? Si Pardo no mata y se come a estas cabras, ¿cómo sobrevive? ¿Quién le va a dar de comer? Claramente nadie le da.
Ahora todo tenía sentido para mí. Era patentemente evidente que esto mismo era lo que había hecho Negra más temprano, y por eso el pescador —que lo había visto todo— me hablaba en ese tono, en plan «¡Tu perro mató a una cabra! ¡Hazte cargo!». Pero claro, él no sabía que no era realmente mi perro.


Tras atravesar este túnel, se me acercaron dos personas, un hombre y una mujer que venían en un escúter. Me preguntaron si el perro era mío, tras lo cual les respondí que era mi amigo. Me dieron a entender que ellos eran los dueños de la cabra que Pardo había matado, y que si lo encontraban de vuelta lo iban a matar.
Entiendo su enojo, ¿pero es esa realmente la solución? Si matan a Pardo, tarde o temprano va a aparecer otro perro callejero que les va a seguir comiendo a sus cabras. La solución definitiva para mí sería darles de comer y dejar de abandonarlos, aunque supongo que para que eso funcione toda la isla se tendría que poner de acuerdo, lo cual puede ser difícil de conseguir.


A las 18:30 llegué al 7-Eleven de la costa oeste, el mismo al que había ido la noche anterior. Me compré algo para cenar y me fui directo al hotel a descansar. Estaba contento porque había logrado con éxito mi cometido de caminar toda la isla (~35 km).
A las 19:00 llegué al minshuku. Le di una última caricia a Pardo antes de entrar a la casa. Mi amigo se acostó a dormir frente a la puerta y no se movió de ahí en toda la noche.

Ame,
Kato

