Kara Ema:
El jueves a las 8:30 me levanté, y una hora más tarde hice el check-out y dejé el hotel.
¿Recuerdas que te conté que hay tres santuarios principales en el Kumano Kodō? Ya había terminado la peregrinación pero todavía me faltaba visitar uno, el cual quedaba en la ciudad de Shingū (新宮市).
El plan para hoy entonces era viajar a Shingū desde Kii-Katsuura, pasar la mañana ahí, luego volver a Kii-Tanabe para recuperar mis maletas, y finalmente viajar al aeropuerto de Kansai para dejar Japón.
Podría haberme tomado un tren en la estación de Kii-Katsuura, pero decidí caminar un poco dos estaciones más, hasta Nachi (那智). Frente a la estación de Nachi había una playa.



A las 10:00 pasadas me tomé el tren. No había máquina para pasar la tarjeta de transporte y pagar en la estación como suele haber, así que no entendí bien cómo iba a pagar hasta que me subí al tren y vi que había una máquina dentro del vagón al lado de la puerta. El billete me costó ¥240 (1,3€).
A las 10:30 me bajé en la estación de Shingū.

De ahí caminé unos quince minutos hasta llegar al santuario Kumano Hayatama Taisha.



Como puedes ver en la última imagen me quedaron cuatro espacios libres, lo que significa que probablemente me haya salteado cuatro sellos del Kumano Kodō. Igual como te dije la cantidad de sellos que obtienes no importa tanto. El sello más importante es el que te dan en Hongū—el que aparece abajo a la derecha en la foto anterior.
Había otro santuario en esta ciudad que merecía la pena visitar, y que por suerte no quedaba muy lejos de este, así que empecé a caminar hacia ahí. Justo cuando estaba por llegar al santuario me crucé con una escuela llamada 新宮市立神倉小学校 (Escuela Primaria Kamikura de la ciudad de Shingu).
Pasé frente a la puerta de la escuela a las 11:15, justo para cuando el camión que traía el almuerzo escolar estaba pasando.


Di la vuelta a la esquina y llegué a una puerta que daba al patio del colegio. La puerta estaba entreabierta. Acostumbrado a Taiwán, donde las puertas abiertas de las escuelas normalmente significan que puedes pasar, y aprovechando que no había nadie en el patio decidí entrar unos instantes solo para tomar unas fotos.


No habré estado más de un minuto adentro de la escuela, que una mujer se me acercó corriendo y me dijo (en japonés) que no estaba permitido estar ahí y que si había hecho fotografías de los niños que por favor las eliminara. Le expliqué que había entrado a hacer una foto del edificio nada más y le aseguré que no había hecho fotos de los niños (no vi a ninguno; me imagino que estarían en clase o almorzando). La mujer entonces me señaló a la puerta y me dijo que podía salir por ahí. Se quedó parada en el patio mirándome hasta que me fui del predio.
Es gracioso, ¿verdad? Pensar que en Taiwán debo de haber visitado alrededor de cien escuelas diferentes por todo el país, debo de haber hecho cientas de fotografías dentro de las escuelas (muchas de ellas con niños), y nadie nunca me dijo nada. Mientras tanto, una vez que se me ocurre meterme en una escuela en Japón por menos de un minuto, ya hay una persona acercándose corriendo para decirme algo. Y ni hablar de todas las veces que me metí en escuelas en el Sudeste Asiático y tomé fotos y jugué con los niños.
Esta es la razón por la cual pienso que, por más que me encante Japón, nunca podría vivir a largo plazo allí. Son demasiado estrictos con las reglas, y tienen demasiadas reglas. Sobre todo con lo que respecta a escuelas y al tomado de fotografías.
Dicen que las normas estrictas son la forma en que Japón protege su paz, su seguridad y la armonía social que caracterizan al país. No estoy de acuerdo con esto, y pienso que es solo una justificación para la existencia de las normas estrictas, así como los chinos intentan justificar el hecho de que el gobierno haya puesto cámaras en cada metro cuadrado diciendo que de esta forma pueden estar seguros. Mentira. No pasa por la seguridad sino por el control de la población por parte de los que están arriba.
China sería segura mismo si no hubiese cámaras cada metro cuadrado, y Japón sería seguro, pacífico y armonioso mismo sin todas las reglas estrictas que tienen. Taiwán es seguro y armonioso también (salvo en cierto ámbitos como el tráfico) sin tener reglas estrictas como Japón o cámaras como China. Lo mismo puede decirse de Finlandia, por ejemplo, o de Islandia, donde a nadie le importa si entras a una escuela después de clases y si tomas un par de fotos.
De ahí fui al santuario Kamikura (神倉神社).




A las 12:00 llegué a un centro comercial Aeon, donde había un supermercado homónimo.
Por primera vez usé Lジゴー, un sistema de los supermercados Aeon por el cual te llegas un teléfono contigo, con el cual vas escaneando los productos a medida que los añades en tu canasto, y de esta forma puedes saber en todo momento lo que llevas consumiendo. Además cuando llegas a la caja lo único que tienes que hacer es pagar, dado que ya tienes todos los artículos escaneados. Es muy práctico, cómodo y fácil de usar. No necesitas tener membresía ni nada de eso.


Mi plan original era salir del Aeon, caminar durante más o menos una hora hasta la estación Kii-Sano, y desde allí tomarme uno o varios trenes hasta Kii-Tanabe. Eran recién las 13:00, y mi vuelo saldría del aeropuerto cerca de las medianoche, con lo cual si bien me encontraba a unos 200 kilómetros de distancia del aeropuerto, no me preocupaba porque el sistema de trenes de Japón era excelente y me llevaría allí a tiempo.
Por desgracia igual no pude hacer mi plan original, dado que tenía miedo de no llegar bien con los tiempos. Según lo que estaba viendo en la app de Google Maps, si hacía eso el siguiente tren local no pasaría hasta las 16:00, y me dejaría en Kii-Tanabe a eso de las 18:00. Me arriesgaba mucho.
El Plan B —lo que terminé haciendo— entonces fue el siguiente: tomar un autobús desde Shingū hasta Kii-Katsuura, y desde Kii-Katsuura tomar un tren exprés hasta Kii-Tanabe. El tren exprés me dolió tener que tomarlo, dado que costaba el doble que el tren local (unos 3000 yenes; ~16€), y ni siquiera es que iba mucho más rápido. La razón por la que tuve que optar por ese en lugar de el local fue que a la hora en que yo llegaría a Kii-Tanabe era el único tren que pasaba. Si quería tomarme uno local tendría que esperar hasta las 16:00.
El autobús a Kii-Katsuura también costó un poco caro comparado con el tren como me había tomado antes: ¥510 (~2,8€). Me dejó en la estación de Kii-Katsuura a las 13:35, unos diez minutos antes de que pasara el tren exprés que me tenía que tomar.


Durante el trayecto me vi una película que tenía en la laptop, llamada Robot Dreams (2023).
Robot Dreams es una película de tragicomedia animada hispano-francesa de 2023 escrita y dirigida por Pablo Berger. Está basado en el cómic del mismo nombre de Sara Varon. Se trata de la inseparable amistad entre un perro y un robot en el Manhattan, Nueva York de los años 1980.
Wikipedia
Lo interesante de esta peli hispanofrancesa es que no tiene diálogo, dado que después de todo los personajes principales son un perro y un robot, y los perros y los robots normalmente no hablan.

A las 15:30 llegué a Kii-Tanabe y recuperé mi equipaje. Luego me volví a la estación para tomarme más trenes. Está vez sí me podría tomar trenes locales sin problema, así que eso hice para que me costara lo más barato posible (¥2530; ~14€).
Durante este trayecto de tren me la pasé leyendo un libro en la Kindle: El sabueso de los Baskerville. Se trata de mi novela de favorita de Sherlock Holmes, por la siguiente razón: fue la primera (y la única) que leí durante mi adolescencia, debido a que me la hicieron leer para el colegio. Con lo cual leerla ahora de vuelta me trajo un poco de nostalgia, a pesar de que no recordaba casi nada del contenido de la novela en sí, aparte del hecho de que la había leído en algún momento. Soy muy malo para recordar detalles que pasan en filmes o libros una semana (o años) después de haberlos visto/leído.

A las 20:00 llegué al aeropuerto. Aún faltaban casi cuatro horas para mi vuelo.
Hacer el check-in, dejar el equipaje, pasar por seguridad aeroportuaria y por control de pasaportes me tomó menos de una hora. A las 20:50 ya estaba del otro lado de seguridad, donde estaban las puertas. De haber sabido que iba a ser todo tan rápido me habría tomado ese tren local en lugar del exprés.
Pasé por un FamilyMart para comprarme algo para comer, incluyendo un Famichiki. Gasté ¥1016 (5,5€). No sabía que me iban a dar de comer también en el avión.
A eso de las 24:00 salió mi avión, y al rato me dieron de cenar.

Era mi primera vez viajando con la aerolínea Emirates. Me había costado 600€, que la verdad que no me pareció caro, considerando que eran dos vuelos largos incluyendo comidas, equipaje despachado y de mano, con una escala no muy larga (~6 h) en Dubái, y yendo de Asia a Europa.
Sí: después de estar más o menos un año en Asia, finalmente he decidido volver a Europa. Es que todavía me quedan un par de países que quiero conocer, y además tengo que hacer el Camino de Santiago, sobre todo ahora que tengo hecho el Kumano Kodō.
Llegué a Dubái a las 4:30 del viernes.
Dubái, Emiratos Árabes Unidos, y en general el Medio Oriente es una parte del mundo que no me interesa demasiado. Nunca pensé que pisaría Dubái, pero me alegra que la escala haya sido allí, dado que ahora que sí he estado (al menos en el aeropuerto) y he conseguido ver un poco cómo funcionan las cosas allí, puedo confirmar mis sospechas de que este no es un país que me interese conocer.



Quise llamar a mi tía por WhatsApp para mostrarle el aeropuerto —ya que sé que a ella sí le gusta Dubái, a diferencia de mí— pero no me dejó. Escribir por WhatsApp es posible pero no realizar llamadas. Parece ser que están bloqueadas debido a una normativa del gobierno emiratí.
Por suerte parece que Emiratos Árabes Unidos no conoce de la existencia de Zalo, la app de mensajería que usan los vietnamitas para comunicarse. Las llamadas de Zalo no estaban bloqueadas como las de WhatsApp, así que pude llamar a mi amiga Linh y hablar un rato con ella y con Suong.
A las 9:00 fui a McDonald’s y me pedí un menú de Cuarto de Libra con Queso, con patatas fritas y con un frappé de caramelo. Me costó 48 dírhams, equivalente a ~11€. Fue medio tonto de mi parte haber comprado esto, considerando que en el vuelo anterior me habían dado cena y desayuno, y en el siguiente me darían almuerzo, pero bueno. Por otro lado hacía más de un año que no comía Cuarto de Libra (no existe en Asia), así que fue bueno poder volver a tener una oportunidad.
A las 11:00 salió mi segundo y último vuelo, el cual me dejaría en Europa. El primer vuelo fueron diez horas (pude dormir por suerte), y el segundo fueron otras cinco. Pasé el tiempo alternando entre leer Holmes en la Kindle y mirar Euphoria en la Mac. Llegué a terminar ambos.
A las 12:30 me dieron el almuerzo, el cual me gustó bastante por todas las cosas ricas que contenía: ensalada de patata, ternera estofada con zanahorias, brócoli y puré de patatas, pastel de leche kunafe con pistachos, chocolate, queso, galletas, pan y mantequilla.


Ame,
Kato

Faaa si que te alimentaron en los vuelos!!