Hace unas semanas había estado leyendo el libro Patterns of Sexual Behavior (Patrones de comportamiento sexual), el cual analiza las conductas y actitudes con respecto al sexo y la sexualidad en 191 culturas diferentes, incluyendo sociedades WEIRD (Estados Unidos), sociedades tradicionales, e incluso sociedades no humanas (primates).
El capítulo 10 es de especial interés para mí, por eso es he decidido dedicarle un artículo entero a modo de ensayo. Se titula Development of the Individual (Desarrollo del individuo) y habla de la ontogenia de la conducta sexual: cómo se desarrolla mediante la maduración y la experiencia, bajo la influencia de factores culturales y fisiológicos.
Este capítulo me enseñó que en realidad sí existe un período biológico que podríamos llamar «adolescencia», tanto en los humanos como en los primates. Este período arranca con la pubertad y termina con la madurez sexual. Sin embargo, pienso que los adultos de las sociedades WEIRD abusan de este período para imponer restricciones en la sexualidad de los jóvenes, las cuales por cierto están totalmente ausentes en otras sociedades humanas y otras especies.
El siguiente es un cuadro enumerando todas las etapas biológicas del desarrollo de los primates, incluyendo los humanos. Añadí también una columna sintetizando los actos sexuales permitidos y observados en cada etapa, dentro del contexto de una sociedad WEIRD, una tradicional y una de primates no humanos. La fuente de todo lo que escribí aquí son los conocimientos que he adquirido tras todos los libros de antropología que he leído, incluyendo el actual.
| Nombre de la etapa | Características | Actos sexuales permitidos/observados |
|---|---|---|
| Niñez | Los órganos reproductores y los gametos aún son inmaduros. | En sociedades WEIRD: están mal vistos por los adultos, los niños están al tanto de esto así que lo hacen a escondidas de los adultos. En sociedades tradicionales: la mayoría no tiene reglas estrictas en contra. Los niños aprenden observando e imitando los actos sexuales de los adultos. En otras especies: se observan juegos sexuales y comportamientos masturbatorios en varias especies de primates, como los chimpancés y los bonobos. |
| Pubertad | Se activa el sistema endocrino reproductivo y se desarrollan los caracteres sexuales secundarios. En esta etapa el individuo suele ser estéril, al menos al principo. | En sociedades WEIRD: sigue estando mal visto, aunque al menos aquí se reconoce que los jóvenes tienen deseos y necesidades sexuales. Se les permite la autoestimulación siempre y cuando se realice en puertas cerradas. En sociedades tradicionales: muchas organizan ritos de iniciación, tras los cuales los niños pasan a ser considerados adultos, pudiendo tener sexo y casarse. En otras especies: es el momento en que arrancan a entrar en celo y a tener encuentros sexuales. |
| Adolescencia | Esta etapa en realidad arranca con la pubertad, pero suele terminar un par de años más tarde. La fertilidad (capacidad reproductiva) aumenta gradualmente, mientras que la llamada «esterilidad adolescente» va disminuyendo. | En sociedades WEIRD: tras finalizar la pubertad, se empiezan a tolerar un poco más los actos sexuales. Algunos países incluso permiten encuentros sexuales entre individuos de esta etapa y adultos. En sociedades tradicionales: más o menos la mitad ya están casados a esta altura, algunos incluso con hijos. En otras especies: encuentros sexuales frecuentes, cada vez con mayor probabilidad de tener crías. |
| Madurez sexual (adultez) | El individuo ha alcanzado el punto de fertilidad máxima. La reproducción se vuelve posible de manera fiable. | En sociedades WEIRD: todas permiten los actos sexuales, siempre y cuando se realicen con otro individuo de esta etapa o a lo sumo un adolescente pospuberal. En sociedades tradicionales: no distinguen entre individuos de esta etapa y la anterior. En otras especies: encuentros sexuales habituales, con chances máximas de tener crías. |
Es decir que la diferencia entre pubertad y adolescencia es que —si bien ambas empiezan al mismo tiempo—, la pubertad termina cuando los caracteres sexuales secundarios (e.g. vello púbico, senos, barba, voz grave) se desarrollan completamente. Mientras tanto, la adolescencia termina cuando la fertilidad alcanza su nivel máximo.
Por supuesto que todas estas definiciones de términos pueden diferir según cada autor. Yo hice el cuadro y las separaciones de cada etapa básandome en lo que plantea este libro, que personalmente me parece una clasificación biológica bastante coherente.
Establecido esto, ahora sí podemos empezar con los extractos.
Son relativamente pocas las chicas capaces de reproducirse antes de los quince años, e incluso entonces su capacidad reproductiva no es tan grande como lo será más adelante. Se ha estimado que el promedio de edad de plena madurez reproductiva en las mujeres es de aproximadamente veintitrés años. Esto significa que es menos probable que el coito dé lugar a una concepción en una chica pospuberal que en una mujer madura. Un estudio estadístico sobre la edad en el primer embarazo realizado con 2535 esposas escocesas corrobora esta conclusión general. Los datos presentados en la tabla 7 muestran que las mujeres de entre quince y diecinueve años tienen menos probabilidades de quedarse embarazadas durante los dos primeros años de matrimonio que las esposas que son cinco años mayores.
Patterns of Sexual Behavior
Las mujeres de entre 15 y 19 tienen menos probabilidades de concebir porque son «adolescentes», mientras que las mujeres de entre 20 y 24 años ya son «adultas» (utilizando las definiciones del cuadro de arriba). Pero el hecho de que las adolescentes sean menos fértiles que una mujer madura no significa que no puedan disfrutar de mantener relaciones sexuales.
A diferencia de los cambios graduales en el desarrollo que caracterizan el período de la adolescencia, el inicio de la pubertad es relativamente brusco y, por ello, ha suscitado el interés de las personas en muchas sociedades. Se celebran ceremonias especiales para marcar esta etapa de la vida de cada persona.
[…]
Al igual que las «fiestas de presentación» en nuestra sociedad, las ceremonias de pubertad para las niñas sirven, entre otras cosas, para anunciar públicamente que estas jóvenes han alcanzado ya la edad adulta. En algunas sociedades, el rito de iniciación marca el momento en el que se permite a las niñas comenzar a mantener relaciones sexuales. Si la vida sexual de las niñas comienza antes de la pubertad, estas ceremonias pueden indicar que la joven está lista para contraer matrimonio.
[…]
En los hombres adultos, el orgasmo y la eyaculación suelen producirse al mismo tiempo, pero no son necesariamente interdependientes. De hecho, se ha documentado que el orgasmo puede producirse en bebés muy pequeños de ambos sexos. Kinsey, Pomeroy y Martin afirman que los bebés varones menores de un año responden a la estimulación de los genitales realizando movimientos de empuje con los músculos pélvicos; y si la estimulación continúa, los movimientos del bebé se vuelven más rápidos y vigorosos y culminan en un espasmo general bastante similar al que caracteriza el clímax en la mayoría de los adultos.
Por lo tanto, los datos sugieren que el sistema neuromuscular del ser humano es capaz, desde el nacimiento, de mediar al menos dos de los patrones reflejos básicos que más tarde se entrelazarán para formar el acto sexual completo. Sin embargo, los patrones de comportamiento sexual en la edad adulta consisten en mucho más que los reflejos genitales y pélvicos. ¿Qué otros mecanismos intervienen, cómo se desarrollan y cuándo alcanzan la madurez? ¿Cómo se transforman los reflejos simples y hereditarios en las formas mucho más complejas y variables de expresión sexual que caracterizan a los adultos en las distintas sociedades? Solo se podría obtener una respuesta plenamente satisfactoria a estas preguntas mediante el estudio del juego sexual de muchos niños de diferentes edades en un gran número de entornos culturales distintos. Sin embargo, lamentablemente, la frecuencia con la que se produce dicha actividad y la facilidad con la que el observador puede obtener información al respecto dependen en gran medida de las actitudes de los adultos. Y estas actitudes varían considerablemente de una sociedad a otra.
Sociedades restrictivas. En una minoría de las sociedades sobre las que disponemos de información suficiente, los adultos intentan impedir que los niños pequeños expresen su sexualidad de cualquier forma. Como se explicará más adelante, esta es la actitud predominante en la sociedad estadounidense, aunque existe una diferencia considerable entre el comportamiento real y los estándares idealizados del código moral.
La severidad de las restricciones y los castigos asociados a las transgresiones sexuales en la infancia varía de una sociedad restrictiva a otra. Entre los apinaye, por ejemplo, se advierte a los niños y niñas desde la primera infancia que no se masturben, y al niño sospechado de tal comportamiento le espera una severa paliza. En África, los padres de los niños ashanti les dicen desde muy temprana edad que no se masturben ni participen en ningún juego sexual. En Nueva Guinea, a los niños kwoma se les advierte constantemente que no se toquen los genitales con los dedos; si una mujer ve a un niño con una erección, le golpeará el pene con un palo, y los niños aprenden pronto a abstenerse de tocarse los genitales incluso al orinar. […]
La mayoría de estas sociedades restrictivas mantienen una conspiración pública contra la adquisición de cualquier tipo de conocimiento sexual por parte de los niños. Los adultos evitan mencionar temas de carácter sexual en su presencia y hacen todo lo posible por mantenerlos en la más absoluta ignorancia sobre el proceso reproductivo. Entre los nativos de las Carolinas occidentales nunca se habla de sexo delante de los niños, especialmente de las niñas. Los niños cuna permanecen ignorantes en materia sexual (en lo que respecta a la enseñanza de los adultos) hasta las últimas etapas de la ceremonia matrimonial. Ni siquiera se les permite observar cómo dan a luz los animales. A los niños chagga se les dice que los bebés salen del bosque.
[…] Esas actitudes de los adultos hacia la sexualidad infantil pueden impedir que los jóvenes mantengan relaciones sexuales en presencia de sus mayores, pero que consigan reprimir con éxito la actividad sexual en secreto es otra cuestión. Hay pruebas de que, en algunas de estas sociedades, los niños mantienen cierto grado de comportamiento sexual a pesar de la firme desaprobación de los adultos. En Haití, los niños y las niñas experimentan en privado con la actividad sexual desde la primera infancia hasta la pubertad. Los niños de Manus se masturban, pero siempre en soledad y con un sentimiento de vergüenza. Cuando están solos en el bosque, los niños kwoma se frotan el pene con ortigas. Y en Truk, los niños simulan el coito a una edad temprana, aunque sus padres les pegan si les pillan. En la sociedad de Truk, los niños observan a veces a sus mayores manteniendo relaciones sexuales por la noche. Los niños y niñas de Apinaye se masturban con frecuencia, aunque ese juego se castiga siempre que se descubre […].
Algunos pueblos establecen una clara distinción entre las personas socialmente inmaduras y las maduras en lo que respecta a la actividad sexual permitida. Estas sociedades consideran que deben evitarse las relaciones sexuales antes de la edad adulta; sin embargo, una vez que la persona alcanza la madurez según sus criterios, puede concederse una libertad considerable en materia sexual. En su mayoría, estos pueblos parecen preocuparse especialmente por las niñas prepúberes, ya que creen que las relaciones sexuales antes de la menarca pueden ser perjudiciales para ellas. A las niñas del centro-este de las Islas Carolinas se les prohíbe estrictamente mantener relaciones sexuales antes de la pubertad, pero, una vez superada esta etapa, disfrutan de una libertad sexual casi total. Tras la menarca, las jóvenes ao comienzan a dormir en dormitorios compartidos, donde mantienen relaciones sexuales con las parejas que eligen. Entre los siriono, las relaciones sexuales antes de la pubertad están prohibidas, pero las relaciones prematrimoniales son habituales una vez que la joven ha tenido su primera menstruación. […] Los ashanti están convencidos de que las relaciones sexuales con una joven que no haya pasado por la ceremonia de la pubertad son tan perjudiciales para la comunidad que la infracción se castiga con la muerte para ambas partes.
Patterns of Sexual Behavior
Teniendo en cuenta que —les guste o no a los adultos— los niños son seres sexuales, no me sorprende leer que hasta en las sociedades más restrictivas consiguen satisfacer sus necesidades sexuales, a pesar de los intentos de los adultos por frenarlos.
La siguiente sección habla de la sociedad estadounidense. Dado que las actitudes estadounidenses hacia la sexualidad infantil son muy similares al código moral de otras sociedades industriales, podríamos considerar a esta sección como representativa de las sociedades WEIRD en general.
Por cierto, vas a notar que en esta parte los autores especifican niños y adolescentes solteros. Esto es porque en la época en que fue escrito el libro, al menos un tercio de los casamientos anuales en EE. UU. involucraban a una adolescente. Las restricciones al comportamiento sexual de los jóvenes solo aplicaban a los que estaban solteros.
Sociedad estadounidense. El código social relativo al comportamiento sexual de los niños y los adolescentes solteros en Estados Unidos es claramente restrictivo. En este país se ejerce una presión constante —al menos en teoría— para impedir cualquier tipo de comportamiento sexual hasta que sea legalizado y pueda tener lugar dentro del matrimonio. […]
Kinsey y sus colaboradores han demostrado de forma estadística lo que, en general, se viene reconociendo desde hace muchos años, a saber, que a pesar de las actitudes de los adultos, los niños de nuestra sociedad suelen dedicarse con frecuencia a diversas formas de actividad sexual. Aunque el rigor con el que se aplica el código moral varía considerablemente de una clase social a otra, el intento más o menos concertado de impedir que los niños se dediquen a cualquier forma de juego sexual continúa hasta bien entrada la adolescencia y hasta el momento del matrimonio. […]
Patterns of Sexual Behavior
Las siguientes sociedades que analizan los autores son las semirrestrictivas, seguidas de las más permisivas. Veamos qué dicen sobre ellas. Ya de por sí lo más llamativo para mí aquí es el hecho de que las sociedades permisivas y semirrestrictivas (que por cierto son más permisivas que restrictivas) son la mayoría, mientras que las fuertemente restrictivas son una pequeña minoría.
Sociedades semirrestritivas. […] Hay muchas sociedades en las que las actitudes de los adultos hacia los juegos sexuales entre niños o hacia las relaciones prematrimoniales entre adolescentes se caracterizan por prohibiciones formales que, aparentemente, no se toman muy en serio y que, de hecho, no se hacen cumplir. En tales casos, la experimentación sexual puede tener lugar en secreto sin incurrir en castigo alguno, aunque los padres sepan perfectamente lo que está ocurriendo. Los aloreses se oponen formalmente a cualquier forma de juego sexual por parte de los niños mayores. Sin embargo, se dan prácticas homosexuales y heterosexuales manifiestas por parte de niños y niñas, y los niños que juegan juntos en las cabañas del campo imitan las relaciones sexuales de sus padres. A menos que esto se ponga de manifiesto de forma flagrante ante los adultos, estos no hacen nada al respecto.
Entre los andamaneses, la promiscuidad prematrimonial es habitual y los padres no se oponen siempre y cuando las relaciones amorosas se mantengan en secreto. […] Los huicholes defienden un ideal de castidad prematrimonial para ambos sexos, pero en la práctica esto rara vez se cumple. Si se descubre a una pareja de adolescentes manteniendo relaciones íntimas, ambos son golpeados y obligados a casarse; pero los padres no vigilan de cerca las actividades de los jóvenes, y estos tienen muchas oportunidades de escabullirse al bosque por la noche durante las fiestas y los bailes.
[…]
Sociedades permisivas. En numerosas sociedades, los adultos adoptan una actitud totalmente tolerante y permisiva hacia la expresión sexual en la infancia. En tales condiciones, los niños se dedican a cierto grado de juego sexual en público. El hecho de tocarse los propios genitales surge a raíz de movimientos exploratorios de las manos que entran en contacto con diversas partes del cuerpo. Si los adultos no intentan desalentar dicho comportamiento, tocarse los genitales se convierte en un hábito arraigado que se produce de forma ocasional. A medida que el niño crece lo suficiente como para andar y jugar con otros, tiende a ampliar el alcance y a aumentar la variedad de actividades sexuales. El contacto con los genitales de otras personas, ya sean del mismo sexo o del sexo opuesto, se produce con frecuencia en el contexto de los juegos sexuales libres. Otras formas de actividad sexual por parte de los niños pequeños incluyen, en ocasiones, contactos orogenitales e intentos de copulación con una pareja sexual.
En algunas sociedades permisivas, los adultos participan activamente en la estimulación sexual de bebés y niños pequeños. Los padres de las comunidades hopi y siriono masturban a sus hijos con frecuencia. Y en estas sociedades, la automasturbación pasa prácticamente desapercibida durante la primera infancia, ya que los adultos adoptan una actitud tolerante y permisiva hacia todo comportamiento sexual, al menos hasta la pubertad. Entre los kazakos, los adultos que juegan con niños pequeños, especialmente con los niños varones, estimulan los genitales de los pequeños frotándolos y jugando con ellos. En esta sociedad, la estimulación autogenital por parte de los niños pequeños se acepta como una práctica normal. En la sociedad alorese, las madres acarician ocasionalmente los genitales de sus bebés mientras los amamantan. Durante la primera infancia, los niños aloreses se masturban libremente y, en ocasiones, imitan el coito con una niña pequeña. Sin embargo, a medida que los niños crecen, la actividad sexual se vuelve mal vista y, durante la última etapa de la infancia, dicho comportamiento está prohibido tanto para los niños como para las niñas. En realidad, sin embargo, continúan con su comportamiento sexual, pero en secreto.
Entre los pukapukanos de Polinesia, donde los padres simplemente hacen caso omiso de las actividades sexuales de los niños pequeños, los niños y las niñas se masturban libre y abiertamente en público. Entre los hotentotes nama, la estimulación autogenital en la primera infancia no es ningún secreto. Los niños pequeños de las islas Trobriand practican diversas actividades sexuales. A falta de supervisión por parte de los adultos, entre las formas típicas de diversión de las niñas y los niños de las islas Trobriand se incluyen la estimulación manual y oral de los genitales y la simulación del coito. Los niños pequeños de Seniang simulan públicamente el coito de los adultos sin ser reprendidos; los niños mayores se masturban libremente y practican juegos sexuales con las niñas pequeñas, pero se les advierte que no mantengan relaciones sexuales, ya que este comportamiento los debilitaría. Los niños de Lesu que juegan en la playa imitan el coito de los adultos, y los adultos de esta sociedad consideran que se trata de un juego natural y normal. En Tikopia, los niños pequeños se provocan erecciones mediante la estimulación manual, y los adultos lo ignoran o, como mucho, lo reprenden levemente. Las niñas pequeñas también pueden masturbarse en esta sociedad sin ser castigadas por dicho comportamiento.
La mayoría de las sociedades que permiten a los niños jugar libremente con temas sexuales (y algunas que son semirrestritivas) también les brindan la oportunidad de observar el comportamiento sexual de los adultos y de participar en debates sobre cuestiones sexuales. Entre los aloreses, los conocimientos sobre sexualidad son totalmente accesibles para los niños pequeños y, a los cinco años, ya están bien informados sobre todos los detalles del acto reproductivo en su totalidad. Todos los miembros de la familia Pukapukan duermen en la misma habitación, bajo un mismo mosquitero; y, aunque algunos padres esperan hasta que creen que los niños están dormidos, los pequeños tienen frecuentes ocasiones de observar las actividades sexuales de los adultos y, a menudo, se habla de temas sexuales. Los niños de Lesu pueden observar libremente a los adultos mantener relaciones sexuales, con la excepción específica de que no pueden ver a sus propias madres en pleno acto. En Ponape, a los niños se les imparte una cuidadosa instrucción sobre las relaciones sexuales a partir de los cuatro o cinco años. Los niños de Truk no reciben ninguna enseñanza formal, pero aprenden mucho observando a los adultos por la noche y preguntando a sus mayores sobre cuestiones sexuales. Entre los wogeo, los adultos hablan abiertamente de temas sexuales en presencia de los niños. Sin embargo, en esta sociedad, los padres toman ciertas precauciones para evitar que sus propios hijos los vean manteniendo relaciones sexuales.
En las sociedades en las que se les permite hacerlo, los niños van aumentando gradualmente su actividad sexual tanto a medida que se acercan a la pubertad como durante la adolescencia. De hecho, hay algunas sociedades en las que […] el incesto es la única restricción significativa a la actividad sexual entre los adolescentes. Al igual que en el caso de los niños muy pequeños, sus juegos sexuales incluyen en un primer momento la estimulación autogenital y la masturbación mutua con personas del mismo sexo y del sexo opuesto, pero a medida que crecen se caracterizan cada vez más por intentos de copulación heterosexual. Al llegar a la pubertad, en la mayoría de estas sociedades, las manifestaciones de sexualidad por parte de los niños de más edad consisten predominantemente en la forma aceptada de relación sexual heterosexual entre adultos, patrón que seguirán manteniendo a lo largo de toda su vida sexualmente activa.
Entre los chewa de África, los padres creen que, a menos que los niños empiecen a tener relaciones sexuales a una edad temprana, nunca tendrán descendencia. Los niños más mayores construyen pequeñas cabañas a cierta distancia del pueblo y allí, con la total aprobación de sus padres, los niños y las niñas juegan a ser marido y mujer. Estos emparejamientos de prueba pueden prolongarse hasta bien entrada la adolescencia, con cambios periódicos de pareja hasta que se contrae matrimonio. […]
Los lepcha de la India creen que las niñas no alcanzarán la madurez sin haber mantenido relaciones sexuales. Los primeros juegos sexuales entre niños y niñas suelen incluir diversas formas de masturbación mutua y, por lo general, terminan en un intento de copulación. Cuando alcanzan los once o doce años, la mayoría de las niñas mantienen relaciones sexuales completas de forma habitual. En ocasiones, los hombres mayores mantienen relaciones sexuales con niñas de tan solo ocho años. En lugar de considerarse un delito, los lepcha ven este comportamiento como algo divertido. La vida sexual comienza de verdad entre los trobriandeses entre los seis y los ocho años en el caso de las niñas, y entre los diez y los doce en el de los niños. Ambos sexos reciben instrucciones explícitas de compañeros mayores a quienes imitan en sus actividades sexuales. Los juegos sexuales incluyen la masturbación, la estimulación oral de los genitales de personas del mismo sexo y del sexo opuesto, y la cópula heterosexual. En cualquier momento, una pareja puede retirarse al bosque, a la cabaña de un soltero, a una cabaña aislada donde se guardan los ñames o a cualquier otro lugar adecuado, y allí dedicarse a juegos sexuales prolongados con la plena aprobación de sus padres. En la sociedad de Trobriand no se consuma ningún matrimonio sin un prolongado período preliminar de intimidad sexual durante el cual se ponen a prueba tanto la sinceridad del afecto como la compatibilidad sexual. Se dice que el embarazo prematrimonial es poco frecuente en esta sociedad, a pesar de que las relaciones sexuales pospuberales se prolonguen durante un período de tres años o más antes del matrimonio. Esta experiencia ha llevado a los trobriandeses a dudar de que exista una relación causal entre el coito y la concepción. En cambio, consideran que las influencias sobrenaturales son mucho más importantes a la hora de provocar la concepción de un hijo.
En este caso, al igual que en otros casos de relaciones sexuales frecuentes pero infértiles entre hombres y mujeres pospuberales, el fenómeno de la esterilidad adolescente parecería ser especialmente pertinente. Es muy posible que, aunque hayan superado la menarca, las chicas que participan en esta actividad aún no ovulen o, al menos, sean incapaces de llevar un embarazo a término. Sin embargo, cualquier interpretación de este tipo debe seguir siendo especulativa hasta que haya pruebas más satisfactorias de la ausencia de cualquier forma de anticoncepción.
Los pueblos africanos de lengua ila adoptan una actitud interesante respecto a la actividad sexual de los adolescentes. La infancia se considera una etapa de preparación para la vida adulta y las funciones sexuales maduras. En época de cosecha, a cada niña se le asigna una casa a la que lleva a un chico de su elección, y allí juegan a ser marido y mujer. Se dice que entre este pueblo no hay vírgenes a partir de los diez años. En la Isla de Pascua, los niños a partir de los seis años imitan el comportamiento sexual de los adultos sin que ello sea motivo de reproche; y los jóvenes maoríes juegan por las noches en el bosque a ser marido y mujer. Con frecuencia se producen relaciones sexuales completas antes de la pubertad. Los adultos lesu consideran naturales los intentos de coito que realizan los niños y aprueban plenamente la actividad sexual libre por parte de los adolescentes.
Patterns of Sexual Behavior
A partir de este punto los autores dejan de hablar de las sociedades humanas y pasan a los animales no humanos. En los capítulos anteriores normalmente esta parte me la salteaba —es decir, no te la mencionaba y la leía por arriba—, pero en este me parece que merece la pena prestarle más atención.
Sin verse limitados por restricciones sociales, las crías de muchas especies muestran un comportamiento sexual similar al que se observa en los niños humanos de sociedades permisivas. Esto es especialmente cierto en el caso de los demás primates, los simios antropoides y los monos.
Primates infrahumanos. Las observaciones sistemáticas de chimpancés bebés y adolescentes han demostrado que estos se dedican a numerosos juegos sexuales. Aunque la madurez reproductiva no se alcanza hasta el octavo año o más tarde, los chimpancés de tres años muestran numerosas respuestas autoeróticas, homosexuales y heterosexuales. Los juegos masturbatorios aparecen en ambos sexos antes de la pubertad. Según Yerkes, la masturbación en solitario es más habitual en los machos; cuando las hembras muestran un comportamiento similar, tienden a hacerlo en compañía de otros individuos.
Al igual que los niños humanos, los pequeños chimpancés, tanto machos como hembras, practican juegos sexuales que implican insinuaciones eróticas por parte de uno o ambos miembros de la pareja e incluyen intentos de llevar a cabo una cópula real. Experimentan con varias posiciones copulatorias diferentes y, en ocasiones, logran una intromisión parcial. Algunos machos jóvenes practican la estimulación manual y oral de los genitales femeninos, y las hembras pueden tocar el pene erecto de sus parejas inmaduras.
Otros primates también se dedican a numerosos juegos sexuales durante la primera infancia y la niñez; de hecho, Zuckerman llega a la conclusión de que, antes de la pubertad, el mono joven reproduce todas las actividades sexuales de sus mayores, en la medida en que le es físicamente posible. Este investigador estudió el desarrollo de los patrones sexuales en varias especies de primates. Describe el caso de un mono de cola de cerdo macho de seis meses que adquirió el hábito de montar a su madre de forma copulatoria cada vez que ella adoptaba la postura coital. A los siete meses de edad, este animal presentaba erecciones y movimientos pélvicos mientras montaba a la hembra adulta. En ese momento, el pequeño aún se alimentaba de leche materna; su edad era aproximadamente equivalente a la de un niño de dos años.
Todas las manifestaciones del comportamiento sexual están presentes en los babuinos machos y hembras a los nueve meses, momento en el que acaban de salir los dientes de leche. Carpenter recoge observaciones de manipulación autogenital en monos araña bebés que viven en su entorno natural. Durante el primer año de vida, el macaco macho en cautividad muestra reacciones sexuales ante otros animales e incluso ante juguetes inanimados. En el transcurso del juego infantil, las monas suelen imitar el comportamiento sexual de los adultos. Los animales inmaduros de ambos sexos pueden reaccionar sexualmente ante las insinuaciones de una pareja adulta. Las babuinas preadolescentes pueden establecer relaciones sexuales duraderas con un macho adulto mucho antes de que la reproducción sea físicamente posible.
Patterns of Sexual Behavior
El capítulo termina con una reflexión acerca del posible significado funcional de los juegos sexuales tempranos. Recuerda que los autores habían prometido no hacer juicios de valor al principio del libro, y creo que están cumpliendo bastante bien con su palabra, exponiendo los hallazgos (extremadamente controversiales según el código moral de las sociedades WEIRD) de la manera más objetiva y empírica posible.
Habiendo observado que los juegos sexuales son habituales entre las crías de muchas especies y también entre los niños, es lógico que nos preguntemos cuál puede ser el significado de este fenómeno. Por ejemplo, ¿la práctica temprana prepara al individuo para tener un buen rendimiento sexual en la edad adulta? ¿Cada animal tiene que aprender a cortejar y aparearse?
La respuesta depende de la especie y del sexo del individuo. En lo que respecta a las hembras de especies inferiores a los primates, la respuesta es obvia. No practican el patrón de apareamiento femenino adulto antes de la pubertad; sin embargo, cuando se produce el primer celo, son capaces de mantener un coito efectivo. En varios experimentos, se ha criado a machos de la misma especie aislados de otros animales desde el momento del destete hasta que alcanzan la madurez. A pesar de la falta de oportunidades para participar en juegos sexuales prepuberales, estos animales pueden copular eficazmente la primera vez que se les pone con una hembra receptiva. Al parecer, no es necesaria ninguna práctica para que el coito sea satisfactorio.
El comportamiento copulatorio de los primates machos depende en mayor medida del aprendizaje que el de los animales inferiores. Los monos y chimpancés adultos que no han tenido ninguna experiencia heterosexual suelen ser incapaces de copular con una hembra en celo. El macho sin experiencia puede sentirse sexualmente excitado e intentar aparearse cuando se presenta la oportunidad; pero, incluso cuando la hembra está totalmente receptiva, el macho parece incapaz de cumplir su función sexual. A menudo, comienza a montarse sobre la hembra y luego se muestra tan torpe al intentar la intromisión que el apareamiento nunca llega a completarse. En lo que respecta al chimpancé macho, parecen ser esenciales varios meses o incluso años de práctica y experiencia en el rendimiento sexual para el desarrollo de una eficiencia coital máxima.
[…]
A continuación surge la cuestión de la probable influencia de las experiencias tempranas en la capacidad para mantener relaciones sexuales satisfactorias en la especie humana. Los datos evolutivos sugieren claramente que los patrones sexuales humanos no están organizados por completo a un nivel estrictamente hereditario. Por el contrario, es muy probable que la práctica sea esencial para alcanzar la excitación completa y, en particular, para la expresión satisfactoria de la excitación sexual. De ello se deduce, por tanto, que, si alguna vez quieren obtener la máxima satisfacción de las relaciones sexuales, las personas que se crían en condiciones que impiden o reducen gravemente la experimentación y la práctica durante la infancia y la adolescencia se verán obligadas a pasar por los procesos de aprendizaje esenciales una vez alcanzada la edad adulta.
Este tipo de adaptación puede resultar extremadamente difícil para los jóvenes adultos de ambos sexos, sobre todo si pertenecen a una sociedad que inculca múltiples inhibiciones sexuales en el individuo en fase de desarrollo. Se espera que el hombre o la mujer que, durante la infancia y la adolescencia, aprendió que era «incorrecto» examinarse o estimularse los propios genitales, que era incluso «peor» tener cualquier tipo de contacto con los de otra persona y, sobre todo, que los intentos de mantener relaciones heterosexuales eran inmorales, cambie por completo al menos algunas de estas actitudes en la noche de bodas o poco después. Esta expectativa es difícil de cumplir. Si las lecciones iniciales se han asimilado bien, el proceso de desaprendizaje seguramente llevará mucho tiempo y puede que nunca llegue a completarse.
Incluso los tipos más sencillos de instrucción sexual preliminar parecen ayudar a las personas inteligentes a adaptarse, al menos de forma parcialmente satisfactoria, a la relación matrimonial. Dickinson comparó a las esposas que, antes del matrimonio, habían sido examinadas por un médico y habían recibido instrucciones sobre las relaciones físicas que conlleva el coito, con otras mujeres que no habían recibido dicha preparación. De las 15 esposas «instruidas», 12 declararon haber experimentado el orgasmo durante el coito conyugal, mientras que solo 10 de las 35 mujeres «sin instrucción» tuvieron una experiencia similar.
[…] Los puntos que parece conveniente destacar son: (1) que una adaptación sexual satisfactoria parece aumentar las posibilidades de que el matrimonio sea un éxito; (2) que la ignorancia y la falta de preparación reducen la probabilidad de que se produzca dicha adaptación; y (3) que una sociedad que permita un amplio juego sexual durante la infancia y la adolescencia puede, de este modo, aumentar las posibilidades de que las relaciones sexuales dentro del matrimonio sean placenteras y mutuamente satisfactorias.
[…] Tras analizar los datos obtenidos en diferentes especies y culturas, estamos convencidos de que las tendencias hacia el comportamiento sexual antes de la madurez e incluso antes de la pubertad están determinadas genéticamente en muchos primates, incluidos los seres humanos. El grado en que dichas tendencias se manifiestan de forma evidente depende, en parte, de las normas de la sociedad en la que crece el individuo, pero es muy probable que se manifiesten en cierta medida en cualquier circunstancia.
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