Jornada en Bilbao: trámites, Casco Viejo, pintxos y churros

Kara Ema:

Frase del día en ucraniano

Вона вчила мову один рік.
Vona vchýla móvu odýn rik.
Ella estudió el idioma durante un año.

вонаvonaella
вчилаvchýlaestudió
мовуmóvuidioma
одинodýnun
рікrikaño

Vídeo YouTube del día

Danza escénica, niños rusos, 11-12 años.

YouTube player

A las 7:00 del viernes despegó mi segundo vuelo y una hora y cuarto más tarde había aterrizado en Bilbao.

A las 8:30 me tomé un autobús desde el aeropuerto para ir a la ciudad. Me cobraron 5€.

Media hora más tarde me bajé en la ciudad y me fui directo al sitio más cercano a la parada de todos los que tenía marcados en el mapa para ver hoy: Doña Casilda Iturrizar parkea (Parque de Doña Casilda Iturrizar).

Por cierto, en el País Vasco hay dos lenguas cooficiales: euskera y castellano. Todos los carteles en la ciudad están escritos en ambas lenguas, y en la escuela también se enseñan ambas.

El euskera, vasco o vascuence (autoglotónimo: euskara) es un idioma preindoeuropeo. Es la lengua tradicional de los vascos, con unos 800 000 hablantes nativos en 2025. Es la única lengua aislada de Europa y su origen exacto continúa siendo discutido.

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El euskera me resulta fascinante porque a diferencia del catalán que es una mezcla bizarra de francés, italiano y castellano (y por consiguiente se entiende bastante), el vasco es totalmente distinto. Por ejemplo, si te digo «avinguda», seguramente no te resultaría difícil adivinar que significa «avenida» en catalán. Mientras tanto en euskera es «hiribide».

Doña Casilda Iturrizar parkea (I)
Doña Casilda Iturrizar parkea (II)
Doña Casilda Iturrizar parkea (III)
Doña Casilda Iturrizar parkea (IV) — Notar al grupo de escolares a la derecha.
Doña Casilda Iturrizar parkea (V)
Diego Lopez Haroko Kale Nagusia (Gran Vía de Diego López de Haro)
Iglesia de San José de la Montaña

A las 9:15 tenía cita previa en una OAMR (Oficinas de Asistencia en Materia de Registro) para recuperar mi usuario Cl@ve, que había perdido al haber cambiado el número de teléfono que tenía asociado con él. El sistema Cl@ve es clave para poder hacer toda clase de trámites en línea con las agencias gubernamentales españolas. Por suerte fue bastante rápido el trámite: en menos de 10 minutos ya estaba en la calle de vuelta.

Otra cosa que tenía que hacer era pasar por el banco para verificar cómo estaba mi cuenta. Esto tardó un poco más, dado que no me llevaba el SMS que me tenía que llegar para poder reactivar mi usuario. La mujer que me estaba ayudando, en un momento le habló a su teléfono y yo al principio pensé que estaba hablando con alguien de mesa de ayuda / soporte técnica interno, pero no: estaba hablando con Gemini, el agente de inteligencia artificial de Google.

Qué fuerte cómo en tan pocos años la inteligencia artificial se ha colado en los rutinas y procedimientos diarios de todo el mundo, ya sean programadores, estudiantes, empleados bancarios, diseñadores, docentes, animadores, etc. Todos pasamos a depender de la IA al punto de que pronto nos vamos a olvidar cómo hacíamos las cosas sin usarla, y no vamos a saber cómo vivir sin ella, así como ya no sabemos vivir sin nuestros teléfonos, y antes nuestros ordenadores, antes nuestras calculadoras, antes nuestros ábacos.

Bilboko Plaza Eliptikoa (Plaza Elíptica de Bilbao)

A las 10:00 salí del banco. Listo: esos eran todos los trámites que tenía que hacer en España, y ya me los quité de encima durante mi primera mañana. Ahora solo me queda disfrutar de mis tres días restantes, descubriendo varias ciudades y regiones nuevas.

Al rato pasé por el Guggenheim Bilbao Museoa (Museo Guggenheim Bilbao).

El Museo Guggenheim Bilbao […] es un museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry y localizado en la villa de Bilbao (País Vasco), España. Es uno de los museos vinculados en régimen de franquicia o colaboración con la Fundación Solomon R. Guggenheim. Fue inaugurado el 18 de octubre de 1997 por el rey Juan Carlos I de España.

[…] La característica más llamativa del museo es el innovador edificio en el que se emplaza, constituido por formas curvilíneas y retorcidas, recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio. Cuenta con una superficie total de 24 000 m², de los cuales 10 540 m² están reservados para las exposiciones, distribuidos en 19 galerías, siendo el museo con más metros expositivos del Estado. Se ubica a orillas de la ría de Bilbao, en una zona denominada Abandoibarra, junto al puente de La Salve, que está rodeado por una torre hueca.

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Escultura Puppy, ubicada frente al museo. Obra de Jeff Koons, un West Highland terrier de 13 metros cubierto de flores vigila el Guggenheim desde 1992.
Edificio del Guggenheim desde varios ángulos (I)
Edificio del Guggenheim desde varios ángulos (II)
Edificio del Guggenheim desde varios ángulos (III)
Puente de la Salve, justo detrás del museo.

Desde el museo caminé bordeando el río Nervión hasta el puente peatonal Zubizuri.

Puente Zubizuri sobre el río Nervión

Atravasé el puente para pasarme a la ribera del otro lado; continué caminando por ella.

Juegos para niños junto al río
Bilboko Udaletxea (Ayuntamiento de Bilbao)

Había entrado oficialmente a la parte más antigua de la ciudad, denominada Casco Viejo o Zazpikaleak.

El Casco Viejo o Las Siete Calles (del euskera: Zazpikaleak) es el barrio más antiguo y el núcleo originario de la villa de Bilbao (Vizcaya, España). Forma parte del distrito de Ibaiondo (distrito 5). En él se encuentra la Catedral de Santiago y las iglesias de San Antón, San Nicolás y Santos Juanes.

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Quintana kalea / Plaza del gas

Esa colina que se ve en el fondo de la última imagen era un parque llamado Etxebarri parkea (Parque Etxebarri).

Rociadores de agua en el parque Etxebarri
Más fuentes de agua, que deben de ser geniales para los niños en pleno verano, no tanto ahora.

¡Ah! Eso me recuerda: el tiempo aquí en el norte de España es totalmente distinto del de sur de Francia. Menos sol, más nubes e incluso algo de lluvia. Y en lo que respecta a la temperatura, bastante más fresco, incluso por momentos frío. Menos mal que esta vez sí vine preparado con abrigos. Una vez cometo el error; dos veces, no.

Del parque me fui a ver la Begoñako Basilika (Basílica de Begoña).

Begoñako Basilika (I)
Begoñako Basilika (II)

A las 11:00 empecé a bajar al centro por la célebre Mallona galtzada (Calzada de Mallona).

Mallona galtzada (I)
Mallona galtzada (II)
Mallona galtzada (III) — Notar el cartel del Camino de Santiago.
Miguel Unamuno plaza (Plaza de Miguel de Unamuno)
Askao kalea (Calle Askao)
Plaza Barria (Plaza Nueva)
Posta kalea (Calle del Correo)
Bilboko Donejakue Katedrala (Catedral de Santiago de Bilbao)

A las 11:40 entré al Erriberako merkatua.

Erriberako merkatua (Mercado de la Ribera)

El Mercado de la Ribera es una plaza de mercado situada en Bilbao, capital de la provincia vasca de Vizcaya, en el norte de España. Está ubicado en la orilla derecha de la ría del Nervión al lado del Casco Viejo. Tiene una superficie comercial de 10 000 m² lo que le hace ser uno de los mayores mercados cubiertos de Europa. En su interior recoge puestos de venta de diferentes productos destacando los alimentos frescos. Está ordenado por el tipo de producto que se comercializa.

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Aparte de la parte de los mercados (locales de pescadería, carnicería, panadería, etc.), también había un patio de comidas. Allí vendían el plato más clásico de la región: los pintxos.

Un pincho, pintxo […] es un pequeño aperitivo, que se suele tomar en bares o tabernas. Son tradicionales en el norte de España y especialmente populares en el País Vasco, Navarra, La Rioja, Cantabria y Asturias. Los pinchos suelen consumirse en compañía de amigos o familiares; por ello, tienen un fuerte componente social y, en el País Vasco y Navarra, suelen considerarse un pilar fundamental de la cultura y la sociedad locales. Están relacionados con las tapas, siendo la principal diferencia que los pinchos suelen estar «ensartados» en un pincho o un palillo, a menudo en un trozo de pan. Se sirven en raciones individuales y siempre se piden y se pagan por separado de las bebidas. No es imposible, sin embargo, que el mismo producto se denomine «pincho» en un lugar y «tapa» en otro.

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Los tres pintxos que me pedí (2,5€ cada uno).

Era gracioso porque veía que todos los que estaban sentidos comiendo sus pinchos también tenían una caña de cerveza. Es muy común que cuando los españoles «van de tapeo» —es decir, salen a comer tapas o pintxos—, se pidan una cerveza para beber junto con sus tapas. El hombre que me tomó el pedido de los tres pintxos me preguntó si quería beber algo también, y cuando le dije que «no gracias», siento que me miró medio mal, en plan «tú no eres español si no pides una cerveza para acompañar tus pintxos».

Vermuteka, el local donde me pedí los pintxos dentro del mercado.

A las 12:30 pasé por Cachito Mio, un local de empanadas argentinas. Sabía que tendría que haber uno en algún lado. Todas las ciudades españolas tienen al menos una tienda de empanadas. Tampoco es difícil conseguir helado de dulce de leche en España, lo cual me encanta. Francia, toma notas porfa.

Empanadas argentinas de Cachito Mio

Costaban 2,95€ cada una, lo cual era un poco caro pero no esperaba nada menos. Me pedí solo dos: una de jamón y queso y una de carne picante. También vendían cajas de alfajores Havanna, pero a precios exagerados: 15€ los seis y 30€ la docena.

Mientras caminaba por la calle degustando mis empanadas, de repente empecé a escuchar los gritos de muchos niños, los mismos que uno escucha cuando salen al recreo. Me dije a mí mismo que debe de haber una escuela cerca, pero no veía ninguna. Después recordé que no estaba más en Taiwán con escuelas tipo B, sino en España con las tipo A, que se camuflan entre los otros edificios y no son fáciles de distinguir. La escuela primaria estaba justo detrás de mí:

Mujika Eskola (Escuela Mujika)

Algo curioso es que no parecen tener un jolastokia (patio del colegio) en el exterior, dado que como ves en la foto, toda la escuela no es más que un gran edificio macizo. Es cierto que el patio podría estar detrás, pero no es el caso aquí. El sitio web de la escuela muestra fotos del patio, el cual está dentro del mismo edificio. Por esta razón es que cuando yo pasé caminando por la calle frente al colegio, escuchaba a los niños gritando y jugando desde la calle, dado que estaban en el recreo jugando en el patio del colegio interno.

Arriaga antzokia (Teatro Arriaga) (I)
Arriaga antzokia (Teatro Arriaga) (II)
Edificios históricos en Areatza kalea (Calle Areatza). Notar el cartel con los nombres de los sitios de interés escritos tanto en castellano como en euskera.
Areatzako parkea (Parque del Arenal)
Río Nervión visto desde Areatzako zubia (Puente del Arenal). ¿Llegas a ver el edificio del ayuntamiento en el fondo?

A las 13:00 pasadas pasé por aquí, donde había un Primark.

Plaza Biribila (Plaza Circular)

Como sabes, Primark es uno de mis sitios favoritos en Europa para hacer compras de ropa y accesorios, ya que los precios son muy baratos comparado con cualquier otra tienda.

Nunca había visto un Primark con tantas plantas. Notar cómo a los hombres los habían puesto arriba de todo y a las mujeres (que son las que más tienden a hacer compras de ropa) abajo y en dos plantas.

Me terminé comprando nada más que unos calcetines (7 pares por 4,5€) y una camiseta deportiva por 5€. Tampoco podía comprar mucho ya que no tendría donde transportarlo si no (solo estoy con una mochila, y ya la llevo casi completa).

Bilboko justizia jauregia (Palacio de Justicia de Bilbao)
Urkixo Zumarkalea (Alameda Urquijo)
Mikel Unamuno BHI (IES Miguel Unamuno)

Esta escuela secundaria desde este ángulo parecía un edificio macizo camuflado como el anterior que había visto, pero desde otra calle se podía ver todo el patio desde fuera.

Patio de la escuela visto desde la acera. Notar también el aparcamiento subterráneo, justo debajo del terreno del colegio.
Azkuna Zentroa-Alhóndiga Bilbao (Centro Azkuna)

El Azkuna Zentroa […], anteriormente Alhóndiga Bilbao, es un antiguo almacén de vino ubicado en la villa de Bilbao (Vizcaya, España), reconvertido en centro de ocio y cultura.

[…] Su superficie, de un total de 43.000 metros cuadrados, cuenta con 8 salas de cine, auditorio, biblioteca (Mediateka), sala de exposiciones, gimnasio, piscina, tienda, restaurantes y aparcamiento subterráneo.

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A las 14:00 llegué a Valor, donde me pedí unos churros con chocolate a la taza. He estado ansiando este momento desde la última vez que estuve en España a principios de 2025.

Churros con chocolate de Valor (6€)

Algo importante que tenía que hacer era cargar mis dispositivos, así que si bien las mesas de afuera eran más simpáticas, me senté en una mesa de adentro para poder usar el tomacorrientes. Lo que no tenían era wifi, así que tuve que usar mis datos móviles.

A las 17:00 pasadas dejé el café y empecé a caminar hacia Bilbao Intermodal, la terminal de autobuses de la ciudad. En el trayecto pasé por:

Indautxuko Eskola (Escuela de Indautxuko)

De esta escuela me gustaron tres cosas:

  1. Ver la calle frente a ella convertida en peatonal, y con tantos chicos sobre.
  2. Ver el patio del colegio desde la calle, lleno de niños jugando y corriendo.
  3. Ver que también había varios padres sentados mientras sus hijos jugaban.

Me recordó un poco al ambiente en Taiwán al finalizar la jornada escolar, que los padres vienen a buscar a los niños pero muchos no se los llevan inmediatamente a la casa, sino que se quedan jugando un rato en el colegio mientras los padres charlan con otros padres, dado que a partir de ese momento el terreno escolar se convierte en un parque público.

No tardé en toparme con otro colegio más: Basurto Ikastetxea HLHI (CEIP Basurto Ikastetxea). Lo curioso de esta escuela infantil y primaria es que, aparte de tener su propio patio interno (el cual se podía ver desde la calle en una parte), también tenía varios juegos infantiles justo enfrente, ubicados en la vía pública, cosa de que los padres pudieran llevar a sus hijos ahí y quedarse charlando con otros padres a la salida escolar.

Izquierda: edificio del colegio. Derecha: juegos para niños sobre la acera.
Patio del colegio visto desde la acera a través de las rejas
Banco en la acera

Le hice una foto a este banco porque me llamó la atención la cantidad de bancos que hay en las aceras de esta ciudad, y de España en general. Otros países deberían implementar más estas cosas.

A las 17:40 llegué a Bilbao Intermodal.

Bilbao Intermodal

Mi autobús partió a las 18:00 y llegó a destino una hora y media más tarde: Donostia (o San Sebastián—tiene dos nombres).

San Sebastián (cooficialmente en euskera: Donostia) es un municipio y ciudad española situada en la costa del mar Cantábrico, en el golfo de Vizcaya, y a 20 km de la frontera con Francia. La ciudad es la capital de la provincia de Guipúzcoa, en la comunidad autónoma del País Vasco. Su población es de 189 866 habitantes (INE 2025) y su área metropolitana alcanza los 436 500. Es la cabecera de la Eurociudad Vasca Bayona-San Sebastián, una conurbación de más de 620 000 habitantes.

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Desde la terminal de autobuses empecé a caminar directo hacia Loyola, el barrio donde estaba situado mi hotel.

Una vez que llegué al barrio, me topé con dos cosas curiosas e inesperadas: juegos de feria y lo que parecía ser un festival con gente disfrazada y gente tocando tambores y flautas.

Feria (I)
Feria (II)

Estaba lleno de niños, y muchos de ellos noté que estaban en grupos solos (sin padres acompañándolos). Supongo que como son fiestas de barrio, todo ellos deben de vivir cerca y estarían con sus amigos vecinos o compas de la escuela.

Grupos de niños solos
Festival con disfraces y música (I)
Festival con disfraces y música (II)
Festival con disfraces y música (III)

Una cosa que me he dado cuenta de los españoles es que son gente muy fiestera/festivalera. Es la segunda vez me estoy caminando por calles de España y de repente me cruzo con un festival (la primera había sido en Málaga). Mientras tanto, en otros países europeos no he visto nunca cosas de este estilo. En países asiáticos sí: Taiwán y Japón son de organizar festivales seguido también.

Cerca de las 20:00 pasé por un lugar de juegos que estaba estratégicamente colocado al lado de varios bares de tapas y cervecerías, con lo cual estaba repleto de gente: adultos sentados en las mesas tapeando mientras sus hijos jugaban en los juegos. Siento que alrededor de esta hora España entera está haciendo esto, sobre todo si es un viernes a la noche como era el caso.

Familias tapeando, niños jugando.

A las 20:00 en punto llegué al hotel: Balea Hostel. Me quedé una sola noche y tuve que pagar 54€, que creo que es lo que más he pagado por un hostal en toda mi vida. Para mí 50 euros es lo que sale una habitación privada, no una cama en un dormitorio compartido, pero increíblemente no pude encontrar nada más barato que esto en Donostia. No entiendo qué pasó, la verdad. O los precios cambiaron un montón desde la última vez que estuve en un hotel, o es esta parte de España que es carísima, o es esta época del año. Algo raro hay porque 50 euros una noche de hostal no es normal.

Por suerte todo este dinero lo acabaré amortizando con el hecho de que el resto de las noches que estaré viajando, dormiré en un autobús. De esta forma me ahorraré un montón de dinero que tendría que haber puesto para los hoteles, así como me ahorré la primera noche cuando decidí pasarla en el aeropuerto de Barcelona. Como son cuatro noches en total, prefiero pensarlo como que estuve en cuatro hoteles de 13,5€ por noche, en lugar de uno de 54€.

Antes de llegar al hotel había pasado a recuperar un TooGoodToGo de un bar llamado Doctor Livingstone (es uno de los que se pueden ver en la última foto que te mostré). Por apenas 5€ me dieron seis tapas/pintxos, los cuales normalmente cuestan 2,5€ cada uno. Nada mal, ¿eh? Esa fue mi cena.

Cena de 5€ gracias a TooGoodToGo

Antes de cerrar este escrito, quiero compartir contigo algo que compartió conmigo Ula, la chica ucraniana de 15 años con quien me sigo mensajeando.

Me contó que participó del siguiente concurso: «Tercer Concurso Nacional Ucraniano de Creatividad Infantil y Juvenil con motivo del Día Mundial de los Amantes de los Libros — El maravilloso mundo de los libros». Escribió un cuento corto acerca de su ciudad y ganó el primer premio.

A continuación me gustaría compartirte el cuento que escribió mi amiga, tanto la versión original en ucraniano como la versión en castellano. El título de la historia es Крихта надії («Una pizca de esperanza»).

Крихта надії

Під ногами пролунав знайомий хрускіт скла. Він знову стоїть серед диму, у вухах безперервно дзвенить. Ступає на тріснуту половинку, біля нього – уламки вікна. Серед них лежить дитячий чобіток, вкритий шаром пилу й сажі. Страшний крик розітнув повітря, материнський крик відчаю. Він нахиляється, бере чобіток, а коли підводить очі – бачить спустошене подвір’я, спалену коляску, і в ній – порожнечу. Він розкриває рота, намагаючись промовити хоч слово, проте чує лише свист. Він прокидається різко, жадібно хапаючи повітря та навпомацки хапаючись за чашку з водою. Через тремтіння вода розплескується по ліжку, чоловіку вдається зробити лише ковток. У скромно обставленій кімнаті царює пітьма. Проте з вулиці лунають поодинокі голоси людей, чутно гул генератора та гавкання собак десь удалечині. Він вдихає глибше, ніби змушує себе повернутися в реальність. Запалює пошарпану лампу. Довго роздивляється своє обличчя у дзеркалі, холодними пальцями торкається підборіддя, кілька днів не голився. Помічає на столі карту Антонівки, з десяток позначок, обведених червоним. Це місце, де довгі місяці було пекло, де люди закопували своїх самі – просто, щоб тварини не понівечили тіла та вони не зазнали розкладу, внаслідок атмосферних явищ. Там йому сьогодні доведеться побувати. Ставить чайник. Слухає, як він закипає, як підхоплюється перший слабкий свист – біль у голові відступає. За вікном починає світати. Херсон прокидається. Волонтер поспіхом виходить надвір. Кожен його рух супроводжується відбиванням тіні на асфальті – раннє сонечко, його любий незмінний супутник, давно піднялося з-за обрію. Неподалік він чує звуки будівельних робіт – ритмічні удари молотка, невпинне свердління. Місто оговтується. Усі працюють, не покладаючи рук, як злагоджений годинниковий механізм. Кожна душа, на кшталт пораненого звіра, намагається «зализати» ниючу рану, яка залишається в кожному назавжди. Раптом гуркіт припинився – певно, перерва. Тиша здавалася йому ненадійною, як, скоріш за все, і для багатьох інших. Він згадував Антонівку по-інакшому: не як місто на карті, а як глибоку рану на тілі рідного краю.

У путь… З кожним кілометром дороги дихати ставало важче, а тиша все густішала. Він оминув десятки зруйнованих парканів та домівок. На шляху натрапив не на одну згорілу дощенту автівку. Дійсно, наче нескінченна дорога смерті. Зупиняється обабіч дороги, де вже була зібрана група волонтерів та небайдужих місцевих, що стояли пліч-о-пліч. Хтось тримав список з іменами, а хтось ковдру і пляшки води. «Ми вже розмітили усі ділянки, — пролунав голос Сергія, який керував групою. – Усе необхідне у кузова. Будьте уважні!» Волонтери дістають пакети, лопати, записники. Усі гарно знають свою справу, і що треба робити. Вони працювали мовчки, наче в храмі. Віддавали честь цьому місцю. Лопата вдарялася об тверду землю. Земля сипалася, і кожен рух був відточений роками роботи волонтером. Вони не намагалися потривожити чиюсь пам’ять, але хотіли допомогти віднайти щось, що було її частиною. Він дивиться, як падають грудки землі, як між ними блищить то ґудзик, то клаптик тканини, тоді черевичок. «Записуй, — каже він до молодої дівчини з волонтерської групи. – Речі… Координати…» Вона дивиться на нього, киває, пише щось у зошит. Її руки тремтять. Поруч, хтось із тих, хто розгрібає завали, хреститься. Інший чоловік дістає флягу. Пропонує всім води. Він продовжує копати. Серце стискається з кожним поштовхом лопати. У голові знову лунає той крик, що переслідує його у нічних жахіттях. Коли сонце підіймається вище, вони нарешті знаходять рештки. Обережно, у тиші, мало хто наважується підняти голову, коли до місця захоронення підходить жінка, що чекала осторонь, притискаючи до грудей квіти. Її постать хитка, наче вона ледь стоїть. Обличчя бліде й беземоційне, як у тих, хто давно не має сліз. «Дякую вам, діти», – каже вона. Усі мовчать, не маючи змоги відповісти. Лише схиляють голови…

Він повертається увечері. Сонце сідає, забарвлюючи будинки в рожеве світло. Біля під’їзду граються дітлахи, розмальовуючи асфальт крейдою. Ця картина змусила його втомлено посміхнутися. Такий невинний символ надії. Він піднімається в свою квартиру. Ставить чайник, чекає поки закипить, а сам примощується на підвіконні. Вдалечині видніється сплячий лівий берег, безмежні поля та напрочуд мрійливий стовпець диму, що плинув від хатини. Знизу доноситься дитячий сміх. Над містом зависла тиша, але тепер вона не моторошна, не глуха. У цій тиші є подих життя й надії. У кишені задзвенів телефон. «Як ви там, синочок?»- питає матуся. «Тримаємось, – відповідає він. Завтра продовжимо». Після короткої, теплої розмови з нею, він кладе слухавку. Зітхаючи, думає: «Може, ми всі збираємо уламки неба, що падають кожного дня, щоб знову скласти його над Херсоном». Він поволі закриває очі. На цей раз його не тривожить той страшний сон. Лише спокій. Херсон повільно дихає. І він дихає разом із містом у ритмі, який озивається у серці херсонця.

Una pizca de esperanza

Bajo sus pies resonó el crujido familiar del cristal. De nuevo está de pie entre el humo, con un zumbido incesante en los oídos. Pisa una mitad agrietada; a su lado, los restos de una ventana. Entre ellos yace una botita de niño, cubierta de una capa de polvo y hollín. Un grito terrible desgarró el aire, un grito de desesperación materna. Se inclina, toma la botita, y cuando levanta la vista, ve un patio devastado, un cochecito quemado, y en su interior… el vacío. Abre la boca tratando de pronunciar al menos una palabra, pero solo oye un silbido. Se despierta de golpe, boqueando en busca de aire, y a tientas busca la taza de agua. El temblor hace que el agua se derrame sobre la cama; solo logra dar un sorbo. En la habitación, modestamente amueblada, reina la oscuridad. Sin embargo, desde la calle llegan voces aisladas de gente, se oye el zumbido de un generador y, a lo lejos, el ladrido de unos perros. Respira hondo, como si se obligara a regresar a la realidad. Enciende una lámpara desgastada. Se observa largo rato el rostro en el espejo, se toca la barbilla con dedos fríos: lleva varios días sin afeitarse. En la mesa nota un mapa de Antonivka, con una decena de marcas rodeadas en rojo. Es el lugar donde, durante largos meses, reinó el infierno, donde la gente enterraba a los suyos con sus propias manos, simplemente para que los animales no mutilaran los cuerpos y para que no se descompusieran por la intemperie. Hoy tendrá que ir allí. Pone la tetera. Escucha cómo hierve, cómo se eleva el primer silbido débil; el dolor de cabeza va cediendo. Tras la ventana empieza a clarear. Jersón despierta. El voluntario sale deprisa al exterior. Cada uno de sus movimientos va acompañado por el reflejo de su sombra en el asfalto: el sol de la mañana, su querido e inmutable compañero, hace tiempo que se alzó sobre el horizonte. Cerca de allí oye los sonidos de obras de construcción: golpes rítmicos de martillo, un taladro incesante. La ciudad se va recuperando. Todos trabajan sin descanso, como un mecanismo de relojería perfectamente sincronizado. Cada alma, como un animal herido, trata de «lamerse» la herida que no deja de doler y que permanece en cada uno para siempre. De pronto el estruendo cesó: sin duda, un descanso. El silencio le parecía poco fiable, como probablemente también a muchos otros. Recordaba Antonivka de otra manera: no como una ciudad en el mapa, sino como una herida profunda en el cuerpo de su tierra natal.

En marcha… Con cada kilómetro de camino, respirar se volvía más difícil, y el silencio se espesaba cada vez más. Dejó atrás decenas de vallas y casas destruidas. En el camino se topó con más de un coche completamente calcinado. Verdaderamente, como un interminable camino de muerte. Se detiene a un costado del camino, donde ya se había reunido un grupo de voluntarios y vecinos solidarios, de pie hombro con hombro. Alguien sostenía una lista de nombres, otro una manta y botellas de agua. «Ya hemos marcado todas las zonas —se oyó la voz de Serguéi, que dirigía el grupo—. Todo lo necesario está en los camiones. ¡Tengan cuidado!». Los voluntarios sacan bolsas, palas, cuadernos. Todos conocen bien su labor y lo que hay que hacer. Trabajaban en silencio, como en un templo. Rendían honor a aquel lugar. La pala golpeaba contra la tierra dura. La tierra se desmoronaba, y cada movimiento estaba pulido por años de trabajo como voluntario. No intentaban perturbar la memoria de nadie, pero querían ayudar a encontrar algo que había sido parte de ella. Observa cómo caen los terrones de tierra, cómo entre ellos brilla ora un botón, ora un retazo de tela, luego un zapatito. «Anota —le dice a la joven del grupo de voluntarios—. Los objetos… Las coordenadas…». Ella lo mira, asiente, escribe algo en el cuaderno. Le tiemblan las manos. Cerca, alguien de los que despejan los escombros se persigna. Otro hombre saca una cantimplora. Les ofrece agua a todos. Él sigue cavando. El corazón se le encoge con cada golpe de la pala. En su cabeza resuena de nuevo aquel grito que lo persigue en las pesadillas. Cuando el sol se eleva más alto, finalmente encuentran los restos. Con cuidado, en silencio, pocos se atreven a levantar la cabeza cuando, hacia el lugar del enterramiento, se acerca una mujer que esperaba a un lado, apretando unas flores contra el pecho. Su figura es vacilante, como si apenas pudiera mantenerse en pie. Su rostro está pálido e inexpresivo, como el de quienes hace tiempo se quedaron sin lágrimas. «Gracias, hijos», dice ella. Todos callan, sin poder responder. Solo inclinan la cabeza…

Regresa al atardecer. El sol se pone, tiñendo los edificios de luz rosada. Junto al portal, unos niños juegan pintando el asfalto con tiza. Esa imagen lo hizo sonreír con cansancio. Un símbolo tan inocente de esperanza. Sube a su apartamento. Pone la tetera, espera a que hierva, y se acomoda en el alféizar de la ventana. A lo lejos se distingue la orilla izquierda dormida, campos infinitos y una columna de humo sorprendentemente soñadora que se elevaba desde una casita. Desde abajo llega la risa de los niños. Sobre la ciudad se cierne el silencio, pero ahora ya no es aterrador ni sordo. En ese silencio hay un aliento de vida y esperanza. En el bolsillo sonó el teléfono. «¿Cómo estás, hijito?», pregunta mamá. «Aguantamos —responde él—. Mañana continuamos». Tras una breve y cálida conversación con ella, cuelga el teléfono. Suspirando, piensa: «Tal vez todos estemos recogiendo los fragmentos de cielo que caen cada día, para volver a recomponerlo sobre Jersón». Cierra los ojos despacio. Esta vez no lo perturba aquel sueño terrible. Solo calma. Jersón respira lentamente. Y él respira junto con la ciudad, en un ritmo que resuena en el corazón de cada jersonense.

Ula

Antonivka es un suburbio en el norte de Jersón, no muy lejos de donde vive Ula. El mismo fue fuertemente atacado por los rusos, al punto de que hoy en día ha perdido tanta de su población que ha riso reclasificado de un asentamiento urbano a uno rural.

Ula vive en la ciudad de Jersón, a apenas dos kilómetros del río Dniéper. Del lado del río donde está ella es relativamente seguro, del otro lado es terreno ocupado. Por esta razón es que ningún ciudadano de Jersón se atreve a acercarse siquiera a un kilómetro de la ribera.

La historia de Ula no es ficción: es real. Yo le dije que tan pronto como la terminé de leer un fuerte escalofrío me atravezó todo el cuerpo; así de fuertes eran las palabras que ella había escrito. Me contó que tomó su inspiración de un hecho que la marcó mucho, cuando en su región un niño de apenas un año de edad perdió la vida a causa de un ataque ruso.

Los jóvenes ucranianos están hablando: escribiendo historias y poemas para desahogarse, expresando sus sentimientos de resentimiento ante toda la destrucción que están viendo y viviendo a su alrededor. La pregunta es: ¿quién los está escuchando? ¿Quién está haciendo algo para que su sufrimiento termine de una vez por todas? ¿Para que puedan volver a las escuelas y no se tengan que graduar a través de una pantalla? ¿Para que puedan volver a jugar en los parques y las calles de su ciudad sin miedo a ser bombardeados? ¿Para que puedan dejar de tener pesadillas y síntomas de estrés postraumático a causa de los incesantes sonidos de drones, explosiones y sirenas antiaéreas? ¿Para que deje de haber niños que se quedan sin padre a causa de salir al frente para nunca volver?

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