Kara Ema:
Frase del día en ucraniano
Я люблю колір зелений.
Ya liubliu kolir zelenyi.
Me gusta el color verde.
| я | ya | yo | pronombre personal |
| люблю | liubliu | me gusta | 1.ª persona singular |
| колір | kolir | color | sustantivo, acusativo |
| зелений | zelenyi | verde | adjetivo |
Algo peculiar del ucraniano es que el orden de las palabras dentro de una oración es totalmente flexible. Esta frase también se podría haber dicho:
- Я люблю зелений колір.
- Я зелений колір люблю.
- Люблю я зелений колір.
- Зелений колір я люблю.
- Зелений колір люблю я.
Y así siguiendo hasta llegar a las 24 posibles permutaciones que pueden formarse con cuatro palabras.
Vídeo YouTube del día
Vasilisa Martynova haciendo acrobacias con telas aéreas.
Hoy estuve escuchando un par de capítulos del libro It’s Not Fair de Eloise Rickman. En un momento habla de un proyecto del periódico británico The Guardian llamado The School I’d Like, durante el cual le pidieron a niños que describieran cómo sería la escuela de sus sueños.
Activa, tranquila, acogedora, creativa, especializada, flexible, amable, atenta, inclusiva, internacional: estas son las palabras que cientos de niños han utilizado para describir su colegio ideal.
Estos fueron los resultados de «La escuela que me gustaría», un proyecto que pusimos en marcha el pasado mes de enero y en el que pedíamos a los niños que describieran la escuela de sus sueños. Desde propuestas ligeramente prácticas hasta otras bastante descabelladas, desde «grabadoras digitales para las clases, para que si vas al baño, al volver puedas ponerte al día con lo que te has perdido» hasta «una alfombra rosa y mullida para poder andar en calcetines», la imaginación y la innovación fueron las protagonistas.
Las ideas inspiradoras de los niños fueron evaluadas por un grupo de jóvenes y se plasmaron en el «Manifiesto de los Niños». El manifiesto enumeraba los elementos esenciales para que la educación de todos los niños fuera productiva y feliz, desde horarios flexibles hasta más excursiones escolares. Pero lo fundamental de estas demandas era que se les escuchara. Y eso es exactamente lo que hizo el proyecto «La escuela que me gustaría»: prestar atención y ofrecer una plataforma para que los jóvenes expresaran sus opiniones sobre su propia educación. Como escribió Vishane Mendis, alumna de 4.º curso: «Creo que es importante escuchar a los niños, ya que tenemos mucha imaginación y podríamos aportar ideas sobre cómo hacer que las clases sean divertidas. Además, quizá los profesores puedan aprender algo de nosotros, ya que no lo saben todo».
Quizás la mejor forma de ilustrar cómo es la escuela perfecta sea mediante ejemplos. Por eso, en la fase final de «La escuela que me gustaría», hemos buscado escuelas que se acerquen a cumplir los puntos del Manifiesto de los Niños, y presentamos tres de ellas. Pero seguro que hay muchas más.
El proyecto no solo ha dado voz a los niños. Es la prueba de que, cuando se les da la oportunidad de expresarse, sus propuestas pueden ser inspiradoras y cuestionar las ideas preconcebidas. Como dijo Markus Heinonen, miembro del panel del manifiesto y alumno de 1.º de secundaria: «A veces, los niños tienen mejores ideas que los adultos. Eso se debe a que el cerebro de los niños es nuevo y no viejo». Esperamos que vuestro colegio escuche y se esfuerce por poner en práctica algunos de los puntos del Manifiesto Infantil.
The Guardian
Desde vacas lecheras hasta clubes extraescolares, los niños de todo el país han aportado un sinfín de ideas sobre el tipo de colegio que les gustaría tener. Este es su manifiesto.
★ Activo – con un montón de deportes diferentes, como judo, baile, kárate, fútbol y rappel, además de una piscina con toboganes. Parques infantiles con estructuras para trepar y casas en los árboles donde se puede aprender sobre la naturaleza.
«La escalada en roca podría ayudarte en tus estudios, porque tienes que pensar dónde colocar las manos y los pies».
★ Tranquilidad – con una sala de relajación; música en lugar de timbres y un rincón tranquilo en el interior donde, durante el recreo, se puede dibujar, leer y jugar a juegos de mesa.
★ Cómodo – con pufs, sillas grandes y pequeñas, pantuflas y un espacio personal para guardar cosas. Debería haber bebidas frías en verano y bebidas calientes para entrar en calor en invierno.
«Una alfombra rosa y mullida para poder andar en calcetines».
★ Creativo y colorido – con mucho espacio para crear y exponer obras de arte, paredes pintadas de colores vivos en los pasillos y los comedores, y flores en las aulas.
«Me gustaría prohibir los colores negro, marrón y gris en nuestro colegio».
★ Expertos – con profesores que no solo estudian sus materias, sino que las viven, y con personalidades invitadas que hablan de a lo que se dedican.
«En clase nos gustaría que Stephen Hawking nos enseñara ciencias. Me gustaría que Gordon Ramsay nos preparara la comida, pero tendría que prometer que se callaría. Me gustaría que Besse Cooper nos enseñara historia; según Internet, es la persona más mayor que hay hoy en día, así que podría contarnos cosas de su vida».
★ Flexibilidad – más tiempo para las asignaturas favoritas, sin asignaturas obligatorias aparte de matemáticas e inglés, y más tiempo para el arte y el deporte.
«Si estamos haciendo algo que requiere pensar mucho, debería haber tiempo suficiente para terminarlo».
★ Acogedor – con profesores amables que hablan con suavidad y no gritan, y personal especial con el que puedes ir a hablar. Deberías poder sentarte con tus amigos en clase y en las asambleas.
«Lo mejor es el banco de la amistad. Si alguien se sienta ahí con cara de tristeza, alguien se le acerca y siempre le pregunta qué le pasa, y lo arreglan con un gran abrazo y luego se van a jugar juntos».
★ Escuchar – con foros en los que las clases puedan expresar sus opiniones y también oportunidades para que los alumnos mantengan conversaciones tranquilas con los profesores. No te limites a escuchar, sino que toma en serio los comentarios de los niños y introduce cambios en consecuencia.
«Me gusta la idea de tener un buzón de sugerencias porque así podemos compartir nuestras ideas con el consejo escolar».
★ Inclusivo – alumnos de todos los niveles, capacidades y procedencias aprenden juntos. Todos deben aprender en una misma aula, con la posibilidad de trabajar en grupos reducidos o de forma individual.
«Creo que es injusto que solo se expongan en el vestíbulo del colegio las historias de quienes se les da bien escribir. Creo que deberían exponer los trabajos de todos. Así nadie se sentiría excluido».
★ Internacional – con platos de todo el mundo en el menú de la comida y alumnos de todo el mundo en las aulas; con oportunidades de viajar al extranjero para aprender idiomas y conocer otras culturas.
«A la hora de comer se serviría un bufé con platos namibios, chinos, indios y franceses en platos con forma de flor, y mientras comeríamos escucharíamos música de cada uno de esos países».
★ Al aire libre – excursiones escolares quincenales (sin fichas de trabajo), animales que cuidar, como gallinas, ovejas y caballos, e invernaderos para cultivar frutas y verduras que se consumen en el colegio y se venden para recaudar fondos.
★ Tecnológico – con iPads para leer y trabajar, reproductores de MP3 para relajarse durante los descansos o para ayudar a concentrarse mientras se trabaja a solas, y memorias USB para llevarse el trabajo a casa (y ahorrar papel).
«Debería haber grabadoras digitales disponibles para las clases, de modo que, si vas al baño, cuando vuelvas puedas ponerte al día con lo que te has perdido».
Cómo sería el colegio perfecto:
★ Sin deberes (todo el trabajo se haría en el colegio)
The Guardian
★ Un horario flexible
★ Una hora de descanso para comer
★ Mascotas
★ Clases de primeros auxilios
★ Posibilidad de elegir el uniforme para expresar tu personalidad
★ Actividades extraescolares sobre todo tipo de temas
★ Comidas calientes
★ Un iPad para cada alumno
★ Un campo de fútbol
★ Menos exámenes (pero no ninguno)
Lo de música en lugar de timbres es genial, y es precisamente lo que hacen en Taiwán y en Japón. Mientras tanto aquí en Francia suena exactamente el mismo timbre molesto y monótono que sonaba en mi escuela en Argentina.
Tomo notas de las ideas de los niños para implementar en mi propia escuela, el día que tenga una.
El jueves me levanté a las 8:30. Ya todos se habían ido a trabajar / a la escuela.
Dos horas más tarde Juliette volvió del colegio. Tan pronto como entró en la casa, encendió la tele y se fue directo a sentar en el salón para ver su animé. Ni siquiera se molestó en llevar su mochila a su cuarto: la dejó arriba del sofá.
Juliette se pasa casi todo el tiempo que no está en la escuela viendo la tele o viendo TikTok en su teléfono. No hace ninguna actividad extracurricular.
Esto tiene que ver con lo que te contaba la otra vez de la influencia de los padres. Ambos adultos en la casa (Charlotte y Julien) también llevan un estilo de vida extremadamente sedentario: no hacen deporte y no suelen salir mucho de la casa más que para ir a trabajar. Cuando están en casa la mayor parte del tiempo se lo pasan en la cocina cocinando/comiendo, o en el salón viendo la tele. Los tres tienen sobrepeso.
A las 15:00 salí de casa y me fui a tomar el tren. Una hora más tarde me bajé en la estación de Villeneuve-Loubet.

De ahí caminé en dirección de Niza todo por la costa hasta Cap 3000 (7 km; una hora y media a pie a mi ritmo).


Cap 3000 es un centro comercial francés situado en las afueras de Niza, en la localidad de Saint-Laurent-du-Var. Inaugurado en 1969, es uno de los centros comerciales más grandes de los Alpes Marítimos, el que cuenta con mayor número de tiendas (300 en 2021) y fue uno de los más concurridos. En febrero de 2021, era el quinto centro comercial más grande de Francia por superficie comercial útil, con 135 000 m².
Aunque este centro comercial regional se sitúa en un segmento de gama media-alta, es un lugar de encuentro muy popular, tanto para los vecinos de la zona como para los turistas extranjeros adinerados. El centro comercial cuenta con grandes tiendas minoristas y de servicios, boutiques, restaurantes, consultas médicas y laboratorios de análisis clínicos.
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A las 17:30 entré al centro comercial y lo exploré un rato.

Luego me fui a sentar en una silla que tenía un tomacorrientes, el cual aproveché para cargar mis dispositivos.
A las 19:00 tenía reserva en el Apple Store de Cap 3000, la única tienda oficial de Apple en todos los Alpes Marítimos. Al principio había ido para reemplazar las puntas de mis AirPods. Me las cambiaron, pero resulta que los AirPods me seguían andando mal. Así que al final me terminaron reemplazando los dos dispositivos también, todo gratis dado que aún estaban en garantía.
A las 20:00 salí del centro comercial. A esta hora la mayoría de los comercios ya estaban cerrando, y en media hora más cerraría todo el mall.
De ahí caminé hasta el aeropuerto de Niza, el cual quedaba a solo media hora a pie desde Cap 3000.

Mi vuelo estaba programado para las 22:30, pero terminó despegando una hora más tarde.
A las 25:00 pasadas llegué al aeropuerto de Barcelona, desde donde te estoy escribiendo. Mi destino final no es aquí sino en Bilbao, pero para mi siguiente avión voy a tener que esperar cinco horas más.
No hay muchos vuelos de trasnoche, así que el aeropuerto está casi vacío ahora mismo. Los locales están casi todos cerrados también. Tenía que cenar algo sí o sí porque hacía horas que no comía, así que decidí ir a la única tienda que vi abierta: Burger King. Me dio un poco de bronca tener que pagar 17€ por un menú grande de hamburguesa doble con aros de cebolla y bebida, pero viste que en los aeropuertos siempre te ponen un recargo (salvo en los Japón, en mi experiencia).
Bilbao (en euskera: Bilbo) es un municipio situado en el norte de España y una villa de dicho municipio, capital de la provincia y territorio histórico de Vizcaya, en la comunidad autónoma del País Vasco.
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Tenía que venir a España para hacer unos trámites, los cuales podía hacer en cualquier parte del territorio. Decidí entonces aprovechar para ir a una parte de España que aún no conocía y hacía rato tenía ganas de ver: el País Vasco.
El País Vasco o Euskadi (en euskera: Euskal Herria o Euskadi) es una comunidad autónoma española, considerada nacionalidad histórica, situada en el norte del país, en el extremo oriental de la costa del mar Cantábrico, limítrofe con Francia. Se compone de las provincias y territorios históricos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. La ciudad más poblada es Bilbao, seguida por Vitoria y San Sebastián. Su población es de 2 242 343 habitantes; cerca de la mitad vive en el área metropolitana de Bilbao. Limita al este con Navarra y el departamento francés de Pirineos Atlánticos (región de Nueva Aquitania, que incluye el País Vasco francés), al sur con La Rioja y al oeste con la provincia de Burgos (Castilla y León) y Cantabria.
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Había otra opción de vuelo sin tanto tiempo de escala, pero costaba el doble de cara. Además, si hubiese llegado a Bilbao a la noche en lugar de a la mañana, tendría que haber pagado también un hotel, con lo cual me habría salido mucho más caro también por eso.
Viajé con Vueling, una aerolínea low-cost. Como solamente llevaba una mochila conmigo y nada de equipaje facturado, me salió relativamente barato: 115€ los dos vuelos (Niza→Barcelona y Barcelona→Bilbao).
Ahora la pregunta es: ¿qué hago para pasar estas cinco horas? Dormir sería una buena idea, solo que a cada cuarto de hora hay una grabación en volumen bastante alto por el sistema de megafonía del aeropuerto, diciendo que cuides tus pertenencias. Además, los asientos están hechos de manera tal de dificultarte dormir/acostarte sobre ellos: duros, incómodos y con apoyabrazos inamovibles.
Ya que no voy a podir dormir, de momento creo que voy a leer un poco un nuevo libro que me descargué, titulado The School I’d Like. Sí, tiene que ver con el proyecto de The Guardian que te conté más arriba.
Sin duda, habrá quien descarte sus críticas [las de los niños] por considerarlas triviales, como si no fueran más que un reflejo de las preocupaciones infantiles. Se equivocan. Tomemos como ejemplo los aseos. Casi todas las respuestas los mencionaban. Olían mal, estaban sucios y las cerraduras nunca funcionaban. Deseaban que hubiera papel y jabón para poder lavarse las manos. Pero, ¿quién dice que se trata de un tema trivial? Varios estudios han demostrado que los aseos desagradables fomentan el acoso escolar y contribuyen al absentismo. Peor aún, demuestran una falta de respeto por la dignidad de los alumnos.
«Respeto» fue la palabra que más se repitió; era lo que los niños querían, pero sentían que no recibían. Se les obligaba a hacer tareas que no les interesaban, en edificios que se desmoronaban a su alrededor. Se esperaba de ellos que se adaptaran a una estructura y a un plan de estudios que parecían haber sido creados sin tener en cuenta en absoluto lo que les pudiera gustar o lo que les motivara. Pero, sobre todo, estaban hartos de que no se les escuchara. Hartos de que se les tratara como a niños.
Espero que este libro brinde a la gente la oportunidad de escuchar a los niños. Espero que los educadores, los arquitectos y los políticos lo lean y encuentren en él inspiración. Y espero que no tengamos que esperar otras tres décadas para que a alguien se le ocurra escuchar a los niños y actuar en función de lo que dicen.
The School I’d Like
Este libro fue originalmente publicado en 2003, con lo cual ya han pasado dos de esas tres décadas, y seguimos sin escuchar a los niños…
[N.B. A partir de ahora, todo lo que escriba con bolígrafo azul son palabras de los niños. El resto son palabras de los autores del libro.]
Soy una adolescente inglesa que vive en el país donde nací, tan ciudadana inglesa como aquellos que controlan este país. No tengo voz ni voto en mi propia educación; estoy condenada a que me mangoneen políticos anónimos y a que nunca me escuchen hasta que alcance la edad para votar. Incluso entonces, apenas tendré voz en mi propio país. Nosotros, como personas que hemos pasado casi todos los años de nuestra vida recibiendo órdenes de profesores, directores, etc., deberíamos tener algo que decir sobre cómo funciona nuestro colegio. [Angela, 15, Croydon]
En mi colegio ideal… ya no nos tratarán como a un rebaño de animales idénticos a la espera de que nos «civilicen» antes de soltarnos al mundo. Se reconocerá que este mundo también es nuestro. [Miriam, 15, Reading]
El año pasado dejé el colegio a los trece años y me matriculé en un centro de formación profesional local para presentarme a los exámenes GCSE. Lo dejé porque sentía que el régimen era opresivo y, como la mayoría de los regímenes opresivos, coercitivo y difícil de cambiar. Me molestaba que me dijeran cómo vestirme, qué pensar, en qué creer, qué decir y cuándo decirlo. En un colegio normal, los niños son la clase inferior, con un estatus tan bajo que no merece la pena escucharlos.
[…] Una de las injusticias de nuestro sistema educativo es que los alumnos no tienen voz ni voto en la forma en que se imparte su propia educación. La estructura de la escuela típica es oligárquica, ya que está controlada en gran medida por los profesores de mayor rango, con cierta participación de los miembros del consejo escolar. Sin embargo, al mismo tiempo, se anima a los jóvenes a valorar la justicia y la democracia, pero no a esperarlas para sí mismos. Los niños, como personas dependientes, deben confiar en que los adultos representen sus intereses. Sin embargo, el egocentrismo humano dicta que es más eficaz que los individuos defiendan sus propios derechos. A menudo, los adultos no logran garantizar derechos importantes en nombre de los niños. Por ejemplo, no existe un sistema de justicia organizado en los colegios mediante el cual los alumnos puedan recurrir contra un trato injusto y ejercer algún tipo de poder. Hay quien sugiere que los consejos escolares son un medio eficaz de representación de los alumnos, pero he llegado a la conclusión de que solo sirven para crear una falsa conciencia. Un consejo escolar tiene muy poco poder, ya que cualquier propuesta que presente puede ser rechazada en cualquier momento por el profesor supervisor en una reunión, o por el director.
La idea de las escuelas democráticas suele ser objeto de burlas con el argumento de que los niños carecen de la responsabilidad necesaria para autogobernarse. Esto pasa por alto el hecho de que se espera que los niños cumplan las normas y, por lo tanto, tienen derecho a expresar su opinión. Si lo aplicamos al mundo de los adultos, la situación de los escolares es similar a la de alguien a quien se le exige que obedezca las leyes promulgadas en una sociedad no democrática. Además, el autogobierno puede contribuir al desarrollo de la conciencia social y el sentido de la justicia en un niño. Por otra parte, los alumnos de Summerhill son la prueba viviente de que los niños sí practican el autogobierno de forma eficaz. Y lo que es más importante, creo que, dado que se dice que las escuelas son microcosmos de la sociedad, cualquier nación verdaderamente democrática debería extender sus principios a sus instituciones educativas. […] [Lorna, 14, Ipswich]
The School I’d Like
Esos fueron unos breves extractos de la introducción. Ya te contaré los demás capítulos a medida que lo vaya leyendo.
Ame,
Kato

Yo me hubiese tirado en el piso a dormir!