Kara Ema:
Frase del día en ucraniano
Вона їде у школу на автобусі.
Vona yíde u shkólu na avtobúsi.
Ella va a la escuela en autobús.
| вона | vona | ella | pronombre personal |
| їде | yíde | va, viaja | verbo presente, 3.ª persona del singular |
| у | u | a | preposición de dirección |
| школу | shkólu | escuela | sustantivo acusativo, femenino singular |
| на | na | en | preposición de medio de transporte |
| автобусі | avtobúsi | autobús | sustantivo locativo, masculino singular |
Vídeo YouTube del día
Niña filipina cantando para The Voice Kids Philippines (Lyca – Halik).
Trust Kids!
El jueves terminé de leer Trust Kids!
Extractos de un ensayo de Toby Rollo.
Los jóvenes representan la clase explotada originaria. Desde los albores de la historia occidental, se consideraba que los cuerpos y el trabajo de los niños pertenecían a los adultos. Los niños fueron la primera forma de propiedad, y el trabajo infantil masivo fue fundamental en todas las revoluciones agrícolas e industriales —para la producción de excedentes, así como para la acumulación y centralización de la riqueza—. El trabajo infantil proporcionó a los adultos los recursos y el tiempo libre necesarios para desarrollar las artes, las ciencias y la filosofía. En resumen, la civilización occidental se construyó sobre el sudor y la sangre de sus niños. Durante la época clásica de la historia europea, los niños eran esenciales para la acumulación de riqueza. Cuanto más grande era la familia o el clan, más tierra se podía cultivar y defender, y más riqueza se podía generar. Los clanes ricos se convirtieron en jefaturas, que a su vez se convirtieron en reinos, los cuales se fusionaron en imperios. Los imperios aseguraron su riqueza mediante el trabajo infantil.
En la antigua Roma, a aquellos que eran demasiado pobres para pagar impuestos y solo podían ofrecer a sus hijos (proles) como mano de obra para el imperio se les denominaba «proletarius». El trabajo infantil se convirtió en el principal motor del feudalismo agrario y de los avances en la guerra tecnológica, antes de impulsar el cambio económico hacia el capitalismo industrial, donde, una vez más, los proletarios solo tenían su trabajo y el de sus hijos que ofrecer al capitalista. Hoy en día, la economía mundial se desmoronaría sin el trabajo de los niños en los países «en desarrollo», donde estos realizan gran parte de las tareas agrícolas, textiles y manufactureras, por no hablar de la extracción de los minerales necesarios para nuestra economía digital moderna.
Trust Kids!
Extractos de un ensayo de Gustavo Esteva, Madhu S. Prakash y Dana L. Stuchul.
Imaginemos un mundo en el que los recién nacidos sean acogidos y contemplados con asombro. Imaginemos que los honramos y respetamos como seres humanos plenos y completos, en lugar de considerarlos deficientes o inferiores, débiles y necesitados de manipulación y control. Imaginemos un mundo en el que aprendamos con ellos —a medida que ellos y nosotros crecemos— cómo crear un mundo construido sobre la conciencia de que todos formamos parte de la Madre Tierra de manera indeleble, inextricable e inseparable. Imaginemos, por tanto, comportarnos en cada interacción y en cada intercambio, actuando para hacer todo lo humanamente posible por preservar, proteger, nutrir y fortalecer a nuestra Madre; un mundo en el que practiquemos continuamente la conexión, no la separación. Imagina que, en lugar de sacrificar la curiosidad infinita de los jóvenes, su increíble pasión por el aprendizaje, en el altar de las enseñanzas impuestas, aprendamos de los recién nacidos a resistir toda forma de autoritarismo y patriarcado —a aprender dentro del mundo lo que se necesita para vivir bien, hoy.
Durante demasiado tiempo, bajo el pretexto de la «infancia», muchos han dado por sentado e impuesto a los jóvenes una existencia artificial. Con la excusa de que «necesitan» estar preparados antes de ocupar su lugar en el mundo de los «adultos», de que «necesitan» estar protegidos de las crueldades de las relaciones entre adultos y de que «necesitan» ser controlados y manipulados, se ha marginado a los «niños». Al dar por sentada su «ignorancia» y sus carencias, hemos prolongado la artificialidad de su existencia, separándolos del sentido y de una relación significativa con el mundo tal y como es. Desde el momento en que una persona recién nacida llega al mundo, se ve inmediatamente reducida, obligada a ajustarse al molde imperante como un individuo egoísta y narcisista, separado de los demás. A medida que crecen, se les priva demasiado pronto de su capacidad para amar y aprender dentro de sus comunidades. El objetivo: convertirse en individuos competitivos lo antes posible. Estar «educado» significa ser preparado para separarse de la propia comunidad, para afirmar las propias aspiraciones individuales, hacia formas de consumo cada vez más novedosas. Sin embargo, el brutal individualismo que actualmente azota a las sociedades modernas no es algo natural en los recién nacidos. Tiene un comienzo y, del mismo modo, puede tener un final. […]
En una sociedad solidaria, interactuamos con los demás mirando y escuchando a la persona que tenemos delante, en su condición singular y única, en lugar de abordarla a través del filtro de alguna clasificación, ya sea por edad, género, profesión o actividad. Esto puede resultar especialmente importante en el caso del llamado «niño», al que siempre se ve desde la posición de superioridad que supone la adultez. […] Supongamos por un momento que, en lugar de transmitirles nuestros hábitos, prejuicios y formas de percibir el mundo, los recién nacidos aprendieran en libertad. Recibieran cuidados y amor en lugar de «educación», ese intento de moldearlos de una determinada manera. Con una imaginación abierta, los jóvenes podrían intentar crear nuevas formas de vivir, formas que no se limitaran a las narrativas predominantes, opresivas y violentas que dominan lo que significa estar vivo.
Descubrir la realidad del mundo junto a los más jóvenes, que por lo general están libres de los prejuicios que la propia vida va acumulando en todas las personas a través de la experiencia, tiene más sentido que nunca. […]
Trust Kids!
Esta es una de las razones por las cuales me gusta tanto pasar tiempo con jóvenes: sus mentes aún están libres de todos esos prejuicios que vamos adquiriendo del contexto social. Aún no han sido moldeados por la sociedad para tener la misma forma (i.e. la misma mentalidad) que todos los demás.
Extractos de un ensayo de Gabriel Zacuto.
Tanto si lo entendemos como socialización como si lo consideramos control social, la mayor parte de la crianza de los niños, ya sea en casa o en el colegio, se dedica a la modificación del comportamiento. La idea de que los niños deben cooperar, cuando se les pide, al menos dentro de sus grupos sociales más cercanos, es universal, y el consenso parece indicar que esto debe enseñarse mediante amonestaciones, castigos o recompensas.
[…] La razón por la que esta sociedad concede tanta importancia a la formación de los jóvenes nunca ha sido que aprendan a trabajar juntos de forma cooperativa. No basta con confiar en que los jóvenes obedezcan órdenes; hay que obligarlos a hacerlo. Por eso les enseñamos a formar parte de equipos dentro de equipos dentro de equipos. Industrias enteras y múltiples instituciones deben dedicarse a su adoctrinamiento, para evitar que, al crecer, exijan la liberación colectiva que tanto teme el poder. Son, al mismo tiempo, el mayor activo y la amenaza más grave para el statu quo.
Trust Kids!
El otro día le conté a Akane (mi amiga japonesa) sobre la escuela libre Wakusei en Kioto. Ella me respondió que en Japón hay niños que no consiguen adaptarse o no se sienten cómodos en las escuelas convencionales, y entonces para ellos las escuelas alternativas son una posible solución. Me dijo también que había algunos dorama (series japonesas) sobre escuelas libres/alternativas, así que me puse a buscar, y así fue como di con タツキ先生は甘すぎる!
«¡El profesor Tatsuki es demasiado indulgente!» (タツキ先生は甘すぎる!; Tatsuki-sensei wa amasugiru) es una serie de televisión que se emitió del 11 de abril al 13 de junio de 2026 en la franja horaria «Sábado Drama» de la cadena Nippon TV. El protagonista es Keita Machida.
La escuela libre «Yukanai» es un lugar de acogida para los niños y alumnos que, cada vez en mayor número, dejan de asistir al colegio. Allí se encontraba Tatsuki Ukita, conocido como «Tatsuki», un miembro del personal que proclamaba abiertamente que «no hace falta ir al colegio» y que «se puede pasar todo el día jugando a videojuegos», y que afirmaba incondicionalmente la autonomía de los niños.
Shizuku Aomine, una nueva empleada y antigua profesora de secundaria, se siente desconcertada ante la política «ultrapermisiva» de Tatsuki, que descarta las normas y da prioridad exclusiva al juego y al arte; sin embargo, al ser testigo de cómo Tatsuki consigue sacar a la luz, a través de diversas expresiones artísticas, los verdaderos sentimientos que los niños y jóvenes tienen encerrados en lo más profundo de su corazón, Shizuku va comprendiendo poco a poco sus verdaderas intenciones.
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Por ahora vi solo el primer episodio pero ya me encanta esta serie y se la estoy recomendando a todo el mundo. Debo decir que nunca me imaginé que vería el concepto de escuela libre despegando tanto en Japón al punto de que creen doramas al respecto. Los nipones suelen ser muy rígidos con las reglas y las estructuras, y las escuelas libres rompen justamente con todas las estructuras y las reglas. Me alegra saber que hay japoneses que apoyan la idea de las escuelas de este tipo y que existe un marco legal que las reconoce.
El viernes arranqué a leer un nuevo libro, esta vez de ficción, titulado The Young Visiters («Los jóvenes visitentes»).
«The Young Visiters» o «Mister Salteena’s Plan» es una novela de 1919 de la escritora inglesa Daisy Ashford (1881-1972). La escribió en 1890, cuando tenía nueve años, y parte de su atractivo reside en su inocencia infantil, así como en su gramática y ortografía poco convencionales. La obra, que tuvo un gran éxito, vendió alrededor de medio millón de ejemplares durante el siglo XX y ha sido adaptada al cine, a la televisión, al teatro y al musical.
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Imagínate tener nueve años y escribir una novela con un montón de errores ortográficos (incluyendo uno en el título), pero que vende cientos de miles de ejemplares y a partir de la cual se crean películas, series y obras de teatro. Y después los adultos dicen que los niños son incompetentes…
Es gracioso (por no decir triste e indignante): a los adultos les cuesta tanto creer que una niña de nueve años pudiese escribir un libro exitoso, que varios hicieron correr el rumor de que se trataba de un elaborado engaño literario y en realidad había sido escrito por J. M. Barrie (el creador de Peter Pan).
Me gusta la idea de que alguien se tomó la molestia de crear una versión digital del manuscrito original de la niña, copiando minuciosamente una por una todas las faltas ortográficas y gramaticales en lugar de corregirlas. La editorial que publicó el libro también podría haberlo editado para resolver estas faltas antes de lanzarlo, pero no: prefirieron ser fieles al manuscrito y a su autora.
También me gusta el hecho de que, si bien este libro fue escrito por un niño, no se trata de un cuento infantil sino más bien una novela con personajes adultos y temas normalmente considerados de adultos, incluyendo triángulos amorosos y cómo ser un caballero en la alta sociedad victoriana.
Esta novela me lleva a preguntarme algo: ¿por qué no vemos más seguido a novelistas de nueve años?
Pienso que para que alguien de esta edad pueda crear algo digno de ser publicado —ya sea una novela, una pieza musical, una canción, una pintura, etc.— tienen que pasar dos cosas al mismo tiempo:
- El niño tiene que tener la suficiente motivación.
- Los padres tienen que confiar en sus capacidades y darle los medios para desarrollar su potencial.
Muchas veces lo que sucede es que el niño no llega a desarrollar ese potencial no por falta de motivación sino por falta de confianza por parte de sus padres, lo cual es una pena.
Los tres personajes principales en esta novela son:
- Alfred Salteena, un hombre de 42 años.
- Bernard Clark, un hombre de 29 años.
- Ethel Monticue, una mujer de 17 años.
Ambos hombres se quieren casar con la mujer, pero el corazón de Ethel tiene un solo dueño (si quieres saber quién tendrás que leer la historia).
Con este libro, Daisy Ashford ha conseguido ir en contra del código moral de dos épocas distintas: la victoriana (cuando fue publicada la obra) y la actual.
La victoriana porque hace que Ethel se quede a dormir en casa de Alfred y que se vaya a un hotel con Bernard, cosas que una mujercita de aquella época jamás habría podido hacer con hombres solteros. Se ve que la pequeña autora nunca había escuchado hablar de los chaperones.
La época actual porque… Bueno, creo que ya te has dado cuenta sola al ver las edades de los personajes. En la época victoriana estas diferencias de edades no eran tanto problema como lo son para la gente de ahora. Pero al menos ahora las mujercitas no necesitan chaperón.
Por cierto, en las dos adaptaciones cinematográficas (1984 y 2003) escogieron una actriz de 25 años para el papel de Ethel, que se suponía que tenía que tener 17.
El sábado hice la maleta y me preparé mentalmente para la colonia. A eso de las 18:00 dejé la casa y me fui a tomar un tren hacia Cannes.
A las 19:30 partió mi tren de noche desde Cannes. No me acuerdo cuánto lo pagué, pero es irrelevante ya que la empresa organizadora del campamento me va a reembolsar de todas formas.
A diferencia de la vez pasada que había viajado en tren de noche para ir a París, esta vez opté por las couchettes (literas).

Debo decir que ninguna de las dos opciones (litera y asiento) es ideal, dado que la litera viene bien cuando uno quiere dormir, pero es incómoda cuando uno quiere estar por ejemplo en el ordenador viendo una peli o leyendo un libro. Mientras tanto, el asiento está bueno para leer o ver una peli, pero es incómodo para dormir. Pero bueno, viste cómo dicen: nada es perfecto.
Me había descargado una peli para ver durante el viaje: Annie (1982).
«Annie» es una película estadounidense de comedia dramática musical de 1982 basada en el musical de Broadway del mismo nombre de 1977, obra de Charles Strouse, Martin Charnin y Thomas Meehan, que a su vez se inspira en la tira cómica «Little Orphan Annie», creada por Harold Gray. […]
Ambientada en la Gran Depresión, en 1933, la película cuenta la historia de Annie, una huérfana de Nueva York a la que acoge el multimillonario más rico de Estados Unidos, Oliver Warbucks. El rodaje tuvo lugar durante seis semanas en la Universidad de Monmouth en 1981.
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Me gustó mucho la peli, sobre todo el contraste entre los dos personajes principales, Annie y Warbucks:
- Warbucks es un adulto; Annie, una peque.
- Warbucks es un hombre; Annie, una niña.
- Warbucks es multimillonario; Annie, pobre.
- Warbucks vive en una mansión; Annie, en un orfanato.
- Warbucks es pelado; Annie tiene cabello voluminoso.
- Warbucks llega atuendos oscuros y formales; Annie viste más informal y colorido.
A pesar de todas estas diferencias, al final llegan a quererse cual si fuesen padre e hija. Por desgracia esto es bastante irrealista, dado que la gente rica y poderosa en la vida real no se interesan demasiado por los niños (al menos no de forma afectuosa). Por ejemplo, esto es lo que dice la hija del hombre más rico del mundo:
Vivian Jenna Wilson, la hija mayor de Elon Musk, lleva años distanciada de él y lo ha criticado públicamente con dureza: lo describió como un padre ausente, frío, narcisista, cruel y muy rápido para enojarse, que solo estaba presente alrededor del 10 por ciento del tiempo y que le gritaba con fiereza de niña por tener la voz demasiado aguda; dijo que en 2022 pidió cambiar su apellido porque no quería estar relacionada de ninguna forma con su padre biológico; lo llamó «pathetic man-child» (un hombre-niño patético); todo mientras admite que apenas piensa en él y que ni siquiera sabe cuántos hermanos tiene.
Resumen de Venice AI
Domingo 18 de octubre. Le jour J.
Me desperté a las siete en punto con las vibraciones de mi reloj: me había olvidado de desactivar la alarma que siempre tengo configurada a las siete. Dormí bastante bien, la verdad. Supongo que al final sí merece la pena pagar unos euros más por las couchettes.
A las 8:00 me bajé en la estación de Austerlitz, en París. Me había subido al tren en Cannes haciendo una temperatura de 20 ºC; estaba en camiseta en aquel momento. Ahora me bajaba en París con 7 ºC. Enseguida me puse los cuatro abrigos que había preparado en el bolso.
Tenía previsto visitar un Decathlon, pero como era domingo estaba cerrado. Ya me está empezando a molestar esto de que todo cierre los domingo en Francia… Entiendo que la gente necesite su descanso, pero precisamente para eso existen los turnos rotativos. Además, no tiene sentido: se supone que —en el sistema capitalista— la gente trabaja durante la semana y sale a comprar los fines de semana, con lo cual los negocios deberían aprovechar para abrir los domingos y así maximizar sus ventas.
En fin. Visto que hacía frío y no había nada abierto, decidí ir a un Starbucks a pasar la mañana mientras esperaba a que se hiciera la hora de juntarme con Coline, la directora del campamento.
Me daba un poco de miedo ver los precios del Frappuccino, ya que hacía como dos años que no iba a un Starbucks y pensé que habrían aumentado bastante, pero al final fue algo razonable: 7€ el venti. Obviamente me pedí de caramelo con café.
Ame,
Kato

