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Childhood and Sexuality
Capítulo 7: La sexualidad en la adolescencia
[…] A la mayoría de los jóvenes se les habrá negado la oportunidad de aprender cosas útiles durante la infancia, de modo que, en lugar de ir asumiendo gradualmente su sexualidad a lo largo de sus vidas, los adolescentes se ven confrontados de repente con ella. Entran en esta etapa de la vida con una gran ignorancia en materia sexual y se espera que salgan de ella sexualmente maduros. Este es un ejemplo de lo peculiar que resulta la adolescencia, una institución que pocas otras culturas comparten. La existencia de esta fase de transición entre la infancia y la edad adulta genera confusión sobre qué rasgos infantiles o adultos deberían tener exactamente los jóvenes.
[…] Para complicar aún más las cosas, la adolescencia no tiene límites aceptados; ni su inicio ni su fin son fijos ni están claramente definidos. El inicio coincide más o menos con la pubertad y a menudo se da por sentado que es una consecuencia de ella. Pero no es la pubertad en sí misma la que impulsa al niño hacia la adolescencia, ya que la adolescencia, incluso más que la infancia, es una institución social más que un estado psicológico natural.
[…] Sospecho que la mayoría de los padres quieren o sienten que deberían ser los encargados de iniciar la educación sexual de sus hijos, así que, ¿por qué tantos no dan el paso? Una vez más, el principal problema es el secretismo que rodea a la sexualidad: ¿cómo se empieza a transmitir información que antes se había ocultado deliberadamente, sobre todo si es algo que te produce incomodidad? Pocas personas en nuestra sociedad pueden hablar de sexo con la misma libertad con la que hablan de otros temas.
Childhood and Sexuality
Yo soy una de ellas. Con el tiempo he aprendido que uno puede vivir una vida mucho más feliz si:
- Mantiene una curiosidad y un espíritu de niño (e.g. no considera que los juegos, los peluches o los dibujos animados son cosas solo para niños).
- Mantiene una mente abierta, capaz de pensamiento independiente, razonamiento crítico, e inmune a los tabúes sociales (e.g. pudiendo hablar abiertamente de sexo).
Solo unos pocos padres hablan abiertamente de temas sexuales con sus hijos de tal manera que les animen a formarse sus propios juicios morales y a procesar sus propios sentimientos respecto al sexo. Al fin y al cabo, esto no es lo que la mayoría de los padres pretenden hacer: por lo general, están más interesados en transmitir su propio punto de vista moral. Los consejos habituales que se dan a las hijas suelen consistir en vagas advertencias del tipo «pórtate bien» o «ten cuidado», sin ninguna explicación sobre las implicaciones sexuales del mensaje. […] No es raro que los padres parezcan empeñados en transmitir actitudes totalmente negativas hacia el sexo. La experiencia de esta chica es muy común: «Mi madre cree que es algo sucio. Desde pequeña me lo repetía sin cesar: que era algo sucio. Decía que no estaba bien, ya sabes, fuera del matrimonio… Me decía que nunca dejara que un chico me tocara».
[…] La mayoría de las adolescentes con las que he hablado han afirmado con rotundidad su interés por el sexo y su derecho al placer físico, pero este sentimiento se veía atenuado por su conciencia de que los chicos eran los cazadores y ellas, las presas. Sentían que tenían derecho a desear el sexo, pero desearlo en exceso resultaba moralmente sospechoso. Las chicas que mostraban demasiado interés solían ser condenadas: […] «Si solo se acuesta con ellos por su propio placer, ya sabes, no puedes tener muy buena opinión de ella».
[…] Las niñas y las mujeres no podrán desarrollar un sentido de autonomía sexual a menos que dejen de definir su sexualidad en relación con un hombre concreto al que aman. Hasta entonces, las mujeres experimentarán su sexualidad no como algo propio, sino como algo que se concede a un hombre concreto. Este comentario de una chica de diecisiete años, al hablar de la masturbación, parece decirlo todo: «No me tocaría ahí abajo: eso es para el hombre con el que me case». Quizá sea un caso extremo, pero resume los problemas que nuestra sociedad, dividida en términos sexuales, plantea a los jóvenes que se adentran en la edad adulta.
Childhood and Sexuality
El miércoles a las 15:00 llegué a la estación de Le Havre.
Allí estaban esperándome Gabriel (14) y Thomas (12), junto a su abuelo, el papá de Charlotte.
Nunca pensé que iba a volver a ser au-pair de chicos franceses, pero aquí estoy. Bueno igual esta vez es un poco diferente, dado que estaré viviendo yo solo con los dos jóvenes. Resulta que su padre es comandante (capitán) de un barco y tiene que estar en altamar durante dos meses.
Antes de que me preguntes, «¿Y por qué no los cuida la madre? ¿O los abuelos?», te respondo. La madre desde hace un año que al parecer está medio como forzosamente apartada debido a malas decisiones que ha tomado (pista: 🍺), que han hecho que sus hijos no quieran saber nada de ella. Y los abuelos están mayores y prefieren que otra persona se encarge; además viven lejos (en Bretaña, a cinco horas en coche).
Cuando salí de la estación fuimos directo al coche, el cual el abuelo condujo durante unos veinte minutos hasta la casa.
Me habían dicho que la casa era grande, pero la verdad que no me esperaba que fuese tan bonita e interesante. Tiene:
- Dos jardines (uno pequeño adelante con espacio para varios coches, y uno grande atrás).
- Tres plantas (sótano, plantas baja y alta).
- Cuatro dormitorios (uno de los cuales será para mí).
- Una cocina (un poco pequeña para semejante casa).
- Un salón comedor.
- Una oficina.
- Un taller.
- Una sala de juegos.
- Un gimnasio.
- Una lavandería.
- Un cuarto de baño.
- Dos baños.
- Una despensa.
- Un solárium.
Desde afuera no parece tan grande, pero la verdad que los espacios están muy bien aprovechados. Por ejemplo, las escaleras para ir a la planta superior o para bajar al sótano están escondidas detrás de una puerta y los escalones son estrechos, ocupando muy poco espacio.
Toda la casa está repleta de decoraciones de cosas relacionadas con la marina y los barcos, incluyendo timones, mapas con proyecciones cartográficas antiguas, maquetas de embarcaciones, medallas, barriles, espadas y demás.
Y por supuesto, los chicos tienen todas las fuentes de entretenimiento imaginables: PlayStation 5, Switch, Xbox, Wii, tenis de mesa, fútbol de mesa, juegos de mesa, set de arquería, arco en el jardín, trampolín, etc.















La despensa es genial: es como tener un propio minisupermercado dentro de la casa, donde todos los productos cuestan 0€. Recién por ejemplo fui a buscar una leche para reponer la que se había acabado en la cocina.
Si yo tuviese una casa así de grande, pienso que la personalizaría un poco diferentemente. En lugar del estilo Piratas del Caribe, pondría peluches de Eevee, figuras de Anya, y demás cosas kawaii. También, por supuesto, pondría por todas las paredes y en cada rincón arte de niños: pinturas, dibujos, cartas y manualidades. También varias pizarras grandes para escribir y dibujar, y un proyector / sala de cine.
Algo importante que haría también sería japonizar mi casa, es decir, añadir todas las conveniencias que suelen encontrarse en las casas japonesas. Cosas como la entrada con el escalón para dejar el calzado antes de entrar, las luces con sensor de movimiento y temporizador, los grifos de agua que se extienden tipo manguera, el bidé incorporado al inodoro, el asiento de inodoro calefaccionado, la bañera que permite mantener el agua caliente, la mesa calefaccionada, los mandos para controlar la iluminación a distancia, etc.
Como era miércoles por la tarde, los chicos no tenían escuela. Pero el más pequeño de los dos —Thomas— tenía clase de tenis, así que lo llegamos con el coche. Luego volvimos a la casa, cenamos y nos fuimos a dormir.
El jueves a las 7:30 salimos de la casa con el coche para llevar a los chicos al cole. Van a un colegio privado y católico, lo cual es raro en Francia (más del 80 % van a escuelas públicas). La escuela queda más o menos a 15 minutos en coche de la casa.
Una vez dejados los chicos en el instituto, el abuelo y yo fuimos a hacer compras a Auchan. A diferencia del Auchan que había cerca de lo de Charlotte, este se trataba de un hipermercado, con lo cual era inmenso y tenía muchísima variedad de productos, lo cual me encantó ver. Ya me estaba empezando a aburrir de siempre los mismos artículos y las mismas marcas.
De ahí volvimos a la casa. A eso de las 15:00 salimos de nuevo para ir a recoger a los chicos. Normalmente salen a las 16:30, pero hoy salieron una hora antes dado que el profesor de catequesis había faltado. Por lo que pude ver, muchos de los alumnos se vuelven a casa por su cuenta, ya sea caminando, en patinete eléctrico, en bicicleta o en autobús.
Tras recuperar a los chicos, fuimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad para conocer, pero no paramos (me mostraron algunas cosas pero siempre desde dentro del coche).
Tan pronto como volvimos a la casa los chicos se fueron directo a sus videojuegos. Gabriel juega a uno en la PS5 cuya mecánica es prácticamente idéntica a la del Counter-Strike o el Half-Life de mi época. Lo juega con sus amigos en línea, e incluso puede hablar en tiempo real con su equipo para planear estrategias sobre cómo derrotar al equipo rival.
Cenamos a las 19:30 y al rato nos fuimos cada uno a su cuarto.
El viernes una vez más llevamos a los chicos a la escuela, pero esta vez me tocó conducir a mí. El abuelo quería estar seguro de que pudiese hacerlo antes de dejarme a sus nietos a cargo. El día anterior habíamos pasado un rato practicando.
El coche es manual, lo cual mucho no me gusta, pero igual lo llevo bastante bien. Las dos cosas que más me estresan normalmente al conducir son:
- Cuando hay muchos vehículos a mis alrededores (mucho tráfico).
- Cuando tengo que ir a velocidades muy altas (mayores a 70 km/h).
Por suerte ninguna de estas dos cosas se materializan durante el trayecto entre la escuela y la casa, así que el estrés será mínimo. No tengo que tomar nunca una autopista, y el flujo vehicular por esta región es en general bastante tranquilo.
Mis responsabilidades (dos principales y dos secundarias) durante mi tiempo aquí ocupándome de estos chicos serán, básicamente:
- Principal: Llevarlos a la escuela por la mañana y recogerlos por la tarde (también llevar al pequeño a tenis).
- Principal: Cocinarles y darles de comer.
- Secundaria: Verificar que hagan la tarea.
- Secundaria: Verificar que no se pasen todo el tiempo con los videojuegos/pantallas.
No voy a tener que ocuparme mucho de limpiar la casa dado que al parecer hay una mujer que viene a limpiar una vez por semana. También hay un profesor particular que viene dos veces por semana para ayudar a Thomas con sus estudios y tareas.
También hay dos gatos, pero son completamente independientes y hacen sus vidas más fuera de la casa que dentro. De hecho no tienen derecho a entrar a la casa, salvo por el solárium. Mi única responsabilidad para con ellos es darles de comer.
A las 10:00 los abuelos se fueron de regreso a Bretaña, dejándome a mí solo en la casa.
A las 16:30 los chicos salen del cole, así que más o menos media hora antes saldré a recogerlos. Seguramente llegue temprano, pero prefiero ser yo el que los espere a ellos antes que ellos a mí.
Me dijo su papá que no tienen derecho a usar los videojuegos antes de las 18:00, así que seguramente les voy a proponer jugar a algo conmigo cuando volvamos a la casa, tipo un juego de mesa o algo así.
A las 18:00 los dejaré en sus videojuegos mientras preparo algo para cenar. Una hora más tarde cenaremos (todavía no sé qué, pero nos dejaron la nevera repleta de cosas así que ya veré qué hago con todo lo que hay).
A las 21:00 es la hora en que los chicos deben estar acostados, así que verificaré que lo estén antes de subir a mi cuarto y acostarme yo también.
Según pude ver, la casa no tiene ningún sistema de alarmas ni cámaras de seguridad. Encima el solárium es todo de vidrio, con lo cual si alguien quisiera entrar sería tan fácil como darle un martillazo al vidrio del solárium, y luego otro más al vidrio de la puerta que da acceso a toda la casa desde el solárium. Como no sonaría ninguna alarma, el ladrón tendría tiempo de sobra para llevarse la PlayStation, la Switch, los ordenadores, las televisiones y demás objetos de valor que encuentre.
Otra cosa peculiar es que mientras hay alguien en la casa, normalmente no cierran la puerta de entrada principal con llave. Solo la cierran a la noche antes de irse todos a dormir, y por supuesto cuando queda la casa vacía. Esto para mí da cuenta de lo seguros que se sienten los que viven en Francia. Mientras tanto en Argentina (y muchos otros países) nadie se atrevería a vivir en una casa sin alarma ni cámaras y dejando las puertas sin llave.
Ame,
Kato
