Kara Ema:
Viernes 6 de marzo.
Vía contactos secretos (?), me puse en contacto con el dueño de un hoikuen en Tokio. Me dijo que el viernes podía ir a visitar/ayudar en su hoikuen desde las 8:30 hasta las 16:00. Tenía como dos horas de viaje en tren, así que me tuve que levantar bien temprano.
A las 6:00 salí de casa y caminé hasta la estación.


A las 8:15 llegué a 多摩境駅 (estación Tamasakai). El hoikuen quedaba a 500 metros de esta estación.

Como tenía algo de tiempo, pasé por un konbini para comprarme algo para desayunar. Cuando se hicieron las ocho y media llegué al hoikuen.

Cuando entré todavía no había nadie más que el dueño del hoikuen, llamado Abe-sensei. Charlamos un rato antes de que empezaran a llegar los niños. Algunas cosas que me contó o que aprendí a lo largo de la jornada:
- Anteriormente trabajaba como hoikushi (cuidador infantil) en un hoikuen tradicional.
- Decidió arrancar su propio hoikuen cinco años atrás.
- Él se encarga no solo de administrar el lugar y hacer de sensei, sino también de cocinar y limpiar.
- Además de él también está su esposa, y varios sensei más, aunque no todos trabajan todos los días.
- En su hoikuen hay alrededor de 10 niños, los cuales son cuidados por 2-3 sensei al mismo tiempo.
- Hay una mujer extranjera trabajando como sensei, que solo habla inglés y no sabe japonés.
- Uno de los niños también solo habla inglés y no sabe japonés.
Antes de empezar a narrarte mi día en este hoikuen, me gustaría hacer una tabla comparativa para mostrarte bien las diferencias entre este hoikuen versus donde hice voluntariado por un mes en Kioto, puesto que son varias y es interesante.
| Hoikuen en Kioto | Hoikuen en Tokio |
|---|---|
| 認可保育所 (Guardería autorizada/concertada) Hay un montón de reglas que debes cumplir para poder abrir un hoikuen de este tipo, pero la ventaja es que recibes subsidios del Estado. | 認可外保育施設 (Centro infantil no acreditado) Los requisitos para abrir este tipo de centro son mucho más relajados, pero no recibes subsidios. |
| Una centena de niños de 0 a 5 años. | Una decena de niños de 2 a 5 años. |
| Niños divididos en varias aulas por edades. | Niños todos juntos en la misma aula. |
| Una veintena de maestros (2-5 por clase). | Alrededor de cinco maestros más los dos dueños (2-3 por día). |
| Maestros permanentes (van todos los días). | Maestros rotativos (un día trabaja uno, otro otro). |
| Actividades mayormente en el aula o el patio de la guardería. | Muchas actividades fuera del centro (paseos por el barrio, visitas a parques, etc.). |
| Muchas actividades planificadas por los maestros. | Libertad en las actividades con mucho tiempo de juego libre. |
| Muchas reglas y protocolos a seguir, tanto por los niños como por los maestros. | Mucha más libertad y flexibilidad, tanto para los niños como para los maestros. |
La idea de un centro infantil pequeño, con una sola aula con niños de distintas edades todos mezclados, y con énfasis en la libertad y el juego libre francamente me encantaba. Era muy cercano a lo que yo me imaginaba que sería una guardería si yo la abriese y gestionase.
Justamente al tratarse de un espacio pequeño, lo vi como algo totalmente posible de hacer en algún futuro, es decir, de yo tener mi propio jardín en Japón que luciera y funcionara de manera similar a este. Esta visión no la tuve en el hoikuen donde hice voluntariado en Kioto, dado que estaba completamente fuera de mi alcance: para poder construir un edificio tan grande como para que entre una centena de alumnos hay que ser millonario, pero para hacer uno con una sola aula y diez niños no.
Este hoikuen, a diferencia del de Kioto, tenía una visión liberal. Abe-sensei me dijo que el principal motivo por el cual quiso abrir su propio centro fue porque quería crear un espacio donde los niños pueden jugar más libremente, y los maestros no estuviesen tan estresados con todas las reglas y procedimientos que se deben seguir en una guardería tradicional.
¿Recuerdas que en el hoikuen de Kioto me regañaron por hacer tantas fotos y no me dejaron hacer más? Abe-sensei me dijo que podía tomar las fotos que quisiera, siempre y cuando no las subiese a redes sociales.
A eso de las 9:00 empezaron a llegar los peques. Cuando ya estaban todos o casi todos tuvimos la 朝の会 (asa no kai; reunión de la mañana).


A las 9:40 salimos todos y emprendimos una caminata de media hora hacia un Play Park, donde estaba programado que pasaríamos la mayor parte de la jornada. Siempre había querido salir a pasear con un grupo de niños japoneses de jardín y jugar en un parque de recreación con ellos.


En un momento estábamos cruzando la calle y yo estaba charlando con el niño que tenía al lado mientras íbamos los dos de la mano, yo siempre del lado donde pasaban los vehículos. De repente escuché la voz de Abe-sensei, pidiendo que por favor no habláramos mientras cruzábamos la calle ya que podíamos distraernos y además no nos permitía escuchar las indicaciones del sensei.


El lugar se llamaba 三ツ目山冒険遊び場 (Mitsumeyama bōken asobiba; Parque de aventuras de Mitsumeyama). «Parque de aventuras» es otro nombre para «parque de recreación» (Play Park).
Cuando llegamos saludamos a los tres empleados que había en el parque de aventuras. Por lo que entendí, venían de una organización sin ánimo de lucro que se encargaba de mantener estos parques, la cual a su vez era financiada por el gobierno.


Por cierto, esta loli era hāfu: mitad japonesa, mitad inglesa. Los hāfu que son parte asiáticos y parte occidentales tienen para mí —y creo que para todos— una belleza extravagante y extraordinaria.





Es curioso como cada país tiene sus cosas que les dejan (o les hacen) hacer a los niños pequeños. En Japón les dejan teñirse el pelo. En Vietnam les dejan tomar café. En Papúa Nueva Guinea les dejan masticar nuez de betel. En Portugal les dejan fumar (solo una vez al año en una aldea llamada Vale de Salgueiro). En Tailandia les dejan tomar bebidas energizantes. En Camboya les dejan hacerse aritos en las orejas.
Estas diferencias revelan que las normas de cada sociedad no son más que un reflejo de sus usos y costumbres. En otras palabras que todo es relativo: no existe una moralidad absoluta, por más que la globalización haya extendido las ideas occidentales —especialmente las estadounidenses— e influido profundamente en otras culturas (por ejemplo haciendo que los japoneses sientan pudor y aversión a bañarse con personas del sexo opuesto, a pesar de que tradicionalmente esta era la norma).
A las 11:30 almorzamos en el parque. Cada uno se llevó su propio almuerzo/bentō (cosas que se pueden comer fácilmente con las manos como onigiri y karaage).


Después de comer fui a usar el aseo del parque de aventuras, el cual también era interesante.


Tan pronto como abrí la puerta del aseo para salir me encontré con la loli hāfu que me estaba esperando para jugar.



A las 12:30 recogimos todas nuestras cosas y arrancamos la caminata de regreso al hoikuen.


A las 13:00 regresamos a la guardería y los niños se cambiaron.
Algo que me llamó la atención aquí fue que los niños y las niñas se cambiaran en espacios separados. Los sensei cerraron unas cortinas, creando un lugar para que las niñas se cambiaran. Los varones por su parte fueron a cambiarse al baño, el cual por cierto es un mismo espacio para todos (es decir, no hay baño de niñas y baño de niños, aunque sí hay un cuarto separado para los adultos, con un inodoro más grande).
Me resultó un poco paradógico que en los hoikuen más tradicionales y conservadores los niños se cambien todos juntos en el aula (enfrente de niños de otro género y enfrente de los maestros), mientras que en este hoikuen que supuestamente es más libre/liberal, los niños se cambien detrás de cortinas y separados por género.
Supongo que es porque Abe-sensei quiere que ya desde temprano los peques reconozcan que hay ciertas partes de su cuerpo que la sociedad en la que viven ha decidido que el otro género no las puede ver nunca, dado que es la «zona privada» (este es el término exacto que les enseñan a los niños japoneses para referirse a los genitales).

A las 13:30 los niños se sentaron frente a la maestra para escucharla leyéndoles un libro. Al parecer van a la biblioteca municipal cada tanto a pedir prestados libros ilustrados, con lo cual siempre tienen libros nuevos para leer. Esto me parecio genial.


Después de la lectura fue la «siesta». La tengo que poner entre comillas porque la siesta que hacen en este hoikuen es más bien un tiempo de reflexión solitaria más que una siesta. Dura nada más que diez minutos y los niños no tienen futón ni nada por el estilo; simplemente escogen un lugar de la sala que les guste y se acuestan en el piso hasta que la sensei anuncia que se terminó el tiempo.

A las 14:00 en punto arrancó el tiempo de juego libre. Solo los maestros, el otōban (encargado del día) y los niños más grandes (5-6 años) tenían derecho a abrir el mueble para sacar juguetes. Todos los demás tenían que pedir permiso.

La mayoría de las niñas eligieron hacer ぬりえ (nurie; colorear).


A las 14:40 hicimos la 帰りの会 (kaeri no kai; asamblea de vuelta a casa).

Luego los niños tomaron un snack y luego siguieron jugando a medida que iban llegando los padres para pasar a buscarlos.


En un momento uno de los niños se me sentó en mi regazó y Abe-sensei lo regañó, no entendí por qué. Menos mal que era un hoikuen más libre que los tradicionales…
También los regañó cuando varios de los niños se interesaron por mi reloj—smartwatch con fondos tiernos que yo los pongo a propósito porque sé que a los niños que inevitablemente los descubran les van a gustar y me van a preguntar por ellos.
A las 16:00 pasadas me fui de regreso a la estación de Tamasakai.

A las 18:00 me encontré con Akane y Kenta en un Gyoza no Ohsho frente a la estación de Musashi-Urawa. Allí cenamos unos tonkotsu ramen. Yo invité a todos.

Luego fuimos a una reunión de Komi y finalmente volvimos a casa juntos.
Ame,
Kato