Kara Ema:
Frase del día en ucraniano
Мій тато — вчитель, а моя мама — психолог.
Mii tato — vchytel, a moia mama — psykholoh.
Mi papá es docente y mi mamá es psicóloga.
| мій | mii | mi (m.) |
| тато | tato | papá |
| вчитель | vchytel | profesor, maestro |
| а | a | y, pero |
| моя | moia | mi (f.) |
| мама | mama | mamá |
| психолог | psykholoh | psicólogo/a |
Vídeo YouTube del día
Lolis bielorrusas haciendo un sketch acrobático de circo.
El dormitorio de Juliette tiene un interruptor para la luz al lado de la cama. Lo eché de menos en mi nuevo cuarto.

Por supuesto también hay otro interruptor al lado de la puerta, y ambos controlan la misma luz. La idea de tener uno al lado de la cama es que te puedas ir a acostar antes de tener que apagar la luz. En Japón no tienen interruptores al lado de la cama, sino que solucionan este problema de una forma ligeramente diferente: con un control remoto. Es muy común que todos los dormitorios en las casas japonesas tengan un control remoto, el cual no solo te permite apagar y encender, sino también regular el nivel de luminosidad.
Hoy miércoles arranqué el día viendo dos documentales del pueblo Zo’é: uno hecho por ellos mismos hablando en su idioma natal, y otro en el que son visitados por la tribu Waiãpi.
Los waiãpi han cambiado mucho su modo de vida luego de su primer contacto con «los blancos» (o sea, con misioneros y antropólogos de sociedades WEIRD). Mientras tanto, los zo’é siguen viviendo en base a sus costumbres y tradiciones antiguas, al menos por ahora. No me sorprendería que en algún momento el gobierno brasileño decida abrir una escuela en sus aldeas, cambiando a la tribu para siempre, como ha pasado con tantas otras minorías étnicas alrededor del mundo.
Los waiãpi usan una especie de pañuelo rojo a modo de taparrabos, mientras que los zo’é van por la vida siempre desnudos. Un waiãpi explica que ellos no podrían estar desnudos ya que les daría demasiada vergüenza. Los zo’é le dicen que su taparrabos es muy bonito y que la próxima vez que venga de visita que se traiga algunos como regalo.
Esto confirmaría mi teoría de que el pudor no es un atributo natural del ser humano sino un fenómeno sociogénico. Los niños pequeños no muestran pudor hasta cierta edad (7-8 años), tras haberlo adquirido de su entorno por condicionamiento cultural. Los niños de sociedades cuyos miembros andan todo el tiempo desnudos (como los zo’é) no desarrollan sentimientos de pudor nunca.
En otra escena del documental, los waiãpi les muestran a los zo’é una televisión, cosa que nunca antes habían visto. A través de la televisión descubren otros objetos nuevos para ellos, como excavadoras que usan los blancos para deforestar bosques enteros. Me imagino que para una tribu indígena que vive en la selva, ver un vídeo de gente blanca deforestando cientos de hectáreas debe ser como ver una película de terror…
A las 14:00 salí de casa y me tomé el tren hasta la siguiente estación (Ranguin). De ahí caminé tres cuartos de hora hasta el Service Jeunesse de Le Cannet.


Por desgracia me llevé la sorpresa de que en estas oficinas no tomaban CVs, así que no pude dejar el mío. Me explicaron que tendría que ir directamente al ayuntamiento.
De ahí caminé hasta la estación La Frayère, es decir una antes de Ranguin y dos antes de Mouans-Sartoux. Tuve que esperar casi media hora hasta que viniese mi tren.
Algo curioso de tanto esta estación como la de Ranguin, es que son estaciones con una sola vía; es decir que solo puede pasar un tren a la vez.

Algo que nunca voy a entender es por qué, cuando construyeron esta ruta férrea que conecta Grasse con Cannes, decidieron que pase por estos barrios suburbanos que no conoce nadie en lugar de hacer que pase por las partes más céntricas de Le Cannet y de Mougins. De hecho, técnicamente el tren nunca se detiene en Mougins sino que lo atraviesa totalmente: Ranguin queda justo en el borde entre Cannes y Mougins, y la siguiente estación ya es Mouans-Sartoux.
En Japón los trenes siempre pasan por las zonas más céntricas de las ciudades. De hecho las áreas neurálgicas más concurridas y con mayor cantidad de comercios siempre están en los alrededores de una estación. En Francia es muy diferente: las estaciones de Ranguin y La Frayère están prácticamente en el medio de la nada. En lugar de hacer que pase por aquí podrían haber hecho estaciones en Val de Mougins y Rocheville, por ejemplo, que son barrios muchísimo más céntricos y concurridos.
Y por cierto —ya que me estoy quejando de los trenes franceses—, ¿por qué en los andenes de estas estaciones no hay cabinas para esperar con sillas y aire acondicionado como hay en Japón? Me habría venido bastante bien esa media hora que tuve que esperar hoy en La Frayère con 33 ºC de térmica.
A las 16:30 rentré y me puse a ver las últimas dos partes del documental japonés Children Full of Life (Niños llenos de vida).
Arranca con Kanamori-sensei proponiendo a los niños la siguiente actividad. Primero tenían que acostarse sobre un papel blanco del tamaño de ellos y dibujar allí el contorno de su cuerpo. Luego debían rellenar la silueta con cuestiones tales como quiénes eran, de dónde venían y a dónde iban.
En la siguiente escena el profesor les dice a los alumnos que el padre de Tsubasa acababa de fallecer y por eso su compañero estaba ausente. Todos escuchan con atención sin emitir sonido alguno. Kanomori-sensei continúa el relato, precisando que al parecer había muerto mientras estaba durmiendo. Mifuyu-chan dice entonces: «Ah, como mi papá». Su padre había fallecido cuando ella tenía 3 años (como aprendimos en la primera parte).
El docente dice a la clase: «No quiero que esto le vuelva a suceder a nadie más. Pero en la vida no hay certezas. Por eso es importante pensar acerca de la vida. Quiero que todos animéis a Tsubasa cuando vuelva.»
Los alumnos entonces se ponen a pensar en ideas para animar a su compañero. Todos le escriben una carta, y algunos lo visitan en la casa y le llevan golosinas. Unos días más tarde aparecen en la escuela tanto Tsubasa como su madre. La mamá —entre lágrimas— les agradece a los compañeros por haber animado a su hijo en este momento difícil. El representante de la clase les entrega las cartas que habían escrito todos.
Esta es la carta que le escribió Mifuyu-chan: «Querido Tsubasa: Supongo que la muerte de tu padre todavía te duele mucho, pero algún día podrás hablarnos de ello. Ahora tienes que seguir adelante por el bien de tu padre. Tómatelo con calma y mucho ánimo.»
Como proyecto de fin de año de la clase de 4.º 1, los alumnos deciden escribir una carta gigante en el patio del colegio, dirigida a los difuntos padres de Tsubasa y Mifuyu. Cada estudiante talla un ideograma en la tierra dura del patio. Luego la leen todos al mismo tiempo: «Queridos padres de Mifuyu y Tsubasa: Vuestros hijos están bien. Nosotros estamos siempre con ellos, así que no os preocupéis.»
Es el último día de clases. Kanamori-sensei escribe su palabra favorita en el pizarrón: つながり合う (tsunagariau; conectarse mutuamente / establecer vínculos mutuos). Estos 35 niños pasaron dos años juntos con este profesor, y ahora finalmente había llegado el momento de la despedida. Kanamori-sensei saluda a cada uno individualmente, acariciándole la cabeza (algo muy japonés), dándole palmadas en los hombros, chocando las manos e intercambiando palabras de apoyo y de agradecimiento.
Fin.
A la noche vi la peli Sold (2014). Cuenta la historia de Lakshmi, una niña nepalí de 13 años que es llevada a la India con la promesa de conseguir trabajo para sacar a su familia de la pobreza.
¿Recuerdas ese libro que leí la otra vuelta, llamado Le travail des enfants, que te intentaba vender el trabajo de los niños como si fuese todo malo y siempre forzado? Lo que no te cuenta es que muchas veces, en países como Nepal, jóvenes de 13 años como Lakshmi trabajan contentos y orgullosos, sabiendo que están ayudando a su familia. Lo hacen no porque sus padres los obliguen sino por voluntad propia. Jóvenes trabajadores es la realidad de los países pobres, y solía ser la realidad de los países ricos hasta mediados del siglo pasado. Ah, y es la realidad de las sociedades tradicionales desde los orígenes de la humanidad. Pero Unicef dice que está mal.
Igual esta película —realizada por estadounidenses— muestra, como no podía ser de otra manera, uno de los casos en los que sí está mal, ya que se trata no solo de trabajo infantil sino de trabajo forzado. Una película que mostrara a un trabajador de 13 años que estuviese contento y orgulloso no vendería tan bien en el Occidente, dado que iría en contra de la retórica de Unicef y de otros organismos similares.
Lakshmi consigue trabajo en Calcuta, pero no le revelan hasta último momento la naturaleza del mismo. Al no saber lo que se supone que tiene que hacer debido que nadie se molestó en explicarle, cuando la dejan sola con el primer hombre entra en pánico, lo araña y sale corriendo. Enseguida la atrapan, la vuelven a traer al burdel y la azotan a modo de castigo por lo que había hecho. La encierran en una habitación, luego la drogan y se la entregan de vuelta al cliente para que la viole.
El resto no te lo cuento; tendrás que verla para saber cómo termina.
A la medianoche me fui a dormir.
Ame,
Kato
