Caminata a Pégomas, la comuna del elefante sin elefantes

Kara Ema:

Frase del día en ucraniano

Я хочу грати на піаніно.
Ya jochú hráty na pianíno.
Quiero tocar el piano.

яyayo
хочуjochúquiero
гратиhrátytocar, jugar
наnaen, sobre
піаніноpianínopiano

Vídeo YouTube del día

Grupo de seis talentosas acróbatas bielorrusas.

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Extractos de Children Full of Life

Hoy me vi la tercera parte del docu japonés.

Probablemente a causa de lluvias durante la noche, el patio del colegio estaba todo embarrado y con varios charcos, los cuales los niños de cuarto grado aprovecharon para jugar. Toda la clase jugaba a salpicarse con barro y con agua los unos a los otros, ensuciándose toda la ropa.

Se ve que lo habían previsto desde antes, dado que estaban todos usando ropa común de casa, en lugar del uniforme que llevaban cuando estaban dentro del aula. Todos llevaban camiseta puesta, lo cual es llamativo dado que los niños europeos para jugar con agua se quitarían la camiseta y usarían simplemente un bañador.

También es llamativo el hecho de que los varones estén usando pantalones cortos (shorts) y las niñas, bragas deportivas (bloomers). Los bloomers era una prenda que formaba parte del uniforme deportivo en todas las escuelas japonesas del siglo pasado, pero actualmente fue reemplazada por shorts para todos, tanto para los varones como para las niñas.

En la siguiente escena el narrador cuenta que los alumnos se habían pasado un mes construyendo balsas, y que hoy irían a hacer rafting con ellas en la piscina del colegio. Repartidos en tres equipos, los mismos niños fueron quienes diseñaron las balsas, recolectaron los materiales y las construyeron desde cero, sin la ayuda de ningún adulto.

Luego se los ve a los chicos de vuelta en el aula. El narrador dice que Kanamori-sensei está furioso. Al parecer uno de los niños no había parado de parlotear y hacer tonterías toda la mañana. Lo hace pasar al frente y le regaña severamente: «Yuto, ¿cuándo vas a ponerte las pilas? En cada momento importante, estás charlando y riéndote. Esto lleva sucediendo desde septiembre, ¿me equivoco?». La clase entera responde que no se equivoca. A todo esto el niño escucha en silencio, con una expresión seria y los ojos lagrimosos. El maestro termina pidiéndole que reflexione sobre sus acciones y le dice que hoy todos van a ir a hacer rafting menos él.

Un compañero de Yuto, en desacuerdo con la decisión del profesor de excluir a su amigo de la actividad de rafting, replica: «Yuto se ha esforzado mucho hasta ahora. Se merece una oportunidad para demostrar que puede ser responsable. Por favor, deja que se suba a la balsa. No podemos dejarlo aquí solo. Por favor, perdonadlo». Tras estas palabras, toda la clase dice al unísono: «¡Por favor!», en señal de apoyo y acuerdo con lo que acababa de decir el compañero.

El profesor dice entonces: «Quiero escuchar la opinión de una persona más». Aquí fue cuando me di cuenta de que en realidad era toda una táctica que estaba haciendo para que los compañeros salieran a defender a Yuto, y que en el fondo él no quería imponer ese castigo tan atroz de no dejarle subirse a la balsa que había estado construyendo durante todo el mes. Su estratagema estaba funcionando impecablemente.

Una niña toma la palabra: «Yuto es un miembro de nuestro equipo. Lo necesitamos en el equipo.» En este momento la niña se quiebra y se lleva las manos a los ojos para secarse las lágrimas. Otro niño continúa por ella: «Yuto no debería haber hablado tanto en clase. Pero, en parte, también es culpa nuestra. No podemos dejarlo atrás sin más. No es justo. Si él se queda atrás, yo también lo haré.»

El niño que habló primero vuelve a tomar la palabra para preguntar si hay alguien en la clase que considere que Yuto debería quedarse en el aula. Todos expresan su deseo de que Yuto participe de la actividad de rafting. Vuelven a decir todos al unísono「おねがいします」(onegaishimasu; por favor).

En este momento Kanamori-sensei felicita al niño por haber hablado tan bien, tras lo cual todos aplauden. Todos van a probar la bolsa contentos, incluido Yuto.

Al día siguiente, Yuto escribe y lee una carta: «Ayer causé muchos problemas. Lo siento. Quiero dar las gracias a Mayuko, que me defendió hasta el punto de llorar por mí. Y a Yo y Kosuki, que también se emocionaron pero siguieron hablando sin callarse. Gracias. Quiero dar las gracias a todos los que me animaron de camino a la piscina. Debería haber sido yo quien derramara todas esas lágrimas.»

Qué fuerte. Pensar que estos niños tienen 9-10 años y ya se expresan de esta manera. La inteligencia emocional que exhiben los niños japoneses es algo que jamás he visto en niños de la misma edad de otros países. Este documental muestra claramente de dónde sale esta inteligencia emocional: de la forma en que los crían y los educan. De las estratagemas de Kanamori-sensei.

Al final de la escena el profe, sentado en el borde de la piscina observando a los niños jugar con sus balsas, comenta que estaba muy impresionado por lo que habían dicho los niños, y que ni siquiera los adultos podrían decir una cosa así. «Fue excelente; una perfecta victoria para ellos y derrota para mí.»

Esta tercera parte concluye con este comentario por parte de uno de los alumnos: «El maestro nos enseñó que venimos a la escuela para ser felices. Todos deben ser felices. Si una persona es infeliz, todos lo serán.» Este es un ejemplo clásico del tipo de mentalidad que se encuentra en las sociedades colectivistas como Japón, y que está ausente en las individualistas como todas las sociedades occidentales. La idea de que todos formamos parte del mismo grupo, y a través de nuestras acciones todos nos beneficiamos o nos perjudicamos juntos, es uno de los pilares fundamentales de los valores japoneses que los niños aprenden en la escuela y en casa.

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Tercera parte de Niños llenos de vida

El martes por la mañana me mudé: ya no estaré durmiendo más en el cuarto de una niña de 12 años. Me pasé al cuarto más grande de toda la casa, el que hasta ahora habían estado usando como depósito y que casi que no se podía ni siquiera entrar debido a la barrera gigante de ropa que había.

Estos últimos días estuve aprovechando el hecho de que estaba solo en casa para hacer limpieza. Lo más importante que hice fue pasar la aspiradora por todos los pisos, paredes y rincones de la casa para deshacerme de las telas de araña que estaban por todas partes. Además de eso, otra cosa que me tomó su tiempo fue justamente ordenar el cuarto grande de arriba para que fuese habitable, trasladando una buena parte de la barrera de ropa al cuarto de Sarah.

Es que a fin de mes, cuando terminen las vacaciones de verano y todos los habitantes de esta casa regresen, va a empezar a vivir aquí también Juliette, la más pequeña de las hijas de Charlotte, por eso es que tuve que moverme de su dormitorio donde había estado durmiendo hasta ahora (sin que ella supiera nada).

Mi nuevo cuarto

Al mediodía almorcé un clásico plato argentino que echaba de menos: salchichas con puré.

El puré lo hice la noche anterior desde cero (pelando y cortando las patatas, lo cual detesto hacer ya que me lleva 923589 años). Le di un toque personal añadiéndole un ingrediente atípico: además de leche y mantequilla, le puse una buena cantidad de queso emmental en hebras. Quedó bastante bien.

Las salchichas las puse en una olla con agua y para mi sorpresa ya flotaban. Resulta que en Francia te venden las salchichas precocidas, con lo cual uno lo único que tienes que hacer es calentarlas. ¿Por qué en Argentina no harán lo mismo?

«Pero Kato, ¿no era que nunca cocinabas nada complejo que requiera mucha preparación a no ser que fuese para otras personas?», te oigo decirme. Eso es cierto: jamás me pasaría una hora pelando y pisando patatas para hacer un puré solo para mí. Solo lo haría si estoy cocinando con otra persona o para otra persona. Pero esas patatas las había comprado hacía más de una semana, y si no las usaba ya se echarían a perder. Así que no me quedó otra.

Por cierto, al parecer los franceses también tienen un plato típico de salchichas con puré, llamado saucisses-purée.

Las salchichas con puré que me preparé

A las 14:30 salí de casa y empecé a caminar hacia Pégomas.

Las comunas que rodean a Mouans-Sartoux son: Grasse al noroeste, Valbonne al noreste, Pégomas al sudoeste y Mougins al sudeste. La única que me faltaba visitar era Pégomas.

Para ir elegí un camino de carretera, el cual en un momento se quedaba sin acera de ninguno de los dos lados, forzándome a tener que caminar por la ruta, con los coches pasándome por al lado a 70 km/h.

Route de Pégomas

Tras cerca de una hora de caminata, llegué a la comuna.

Commune de Pégomas
Rotonda con elefante

Al parecer el elefante es el símbolo de esta ciudad, incluido mismo en su escudo de armas. ¿Por qué un elefante, te estás preguntando? Yo también me preguntaba lo mismo así que lo busqué:

Esto se remonta a hace bastante tiempo, en el siglo XVII. Todos los municipios franceses habían propuesto un dibujo como escudo. Todos, excepto un pueblo provenzal irreductible, que se había quedado fuera… Y así fue como acabamos con un bonito elefante elegido al azar y sin ninguna relación con la ciudad.

PégoMag
Ayuntamiento de Pégomas

No le hice foto, pero enfrente del ayuntamiento había un pump track.

Un pumptrack es, en un contexto deportivo, un circuito, generalmente de pequeñas dimensiones, el cual se puede recorrer completamente con un monopatín o con una bicicleta; impulsándose solamente mediante la inercia adquirida en los saltos, ondulaciones y peraltes del circuito y la propia habilidad del skater o ciclista. Recomendando el no pedalear como la principal norma de esta práctica deportiva.

Wikipedia

Sentados en un banco en el pumptrack había dos jóvenes (un chico y una chica) de unos 12 o 13 años. Cuando pasé por al lado de ellos, el muchacho me saludó con un «Bonjour Monsieur !», y luego me deseó un buen día («Bonne journée»). No es la primera vez que jóvenes franceses me saludan así. Me encanta, aunque me gustaría más que me tutearan en vez de llamarme monsieur y tratarme de usted.

En la cultura francesa lo más habitual es que la gente que no se conoce o que no es cercana se trate de usted siempre. Adultos a adultos y niños a adultos usan imperativamente el vous por defecto con todo el mundo, ya sea el empleado de una tienda, el dentista o el basurero. Solo cuando un adulto se dirige a un niño se prescinde del vous.

He notado también que el mundo de la animación probablemente sea uno de los únicos trabajos en Francia donde todos se tutean y se llaman por el nombre en lugar del apellido. Por eso es que me encanta ser animador aquí. El ambiente no solo es lúdico/divertido sino también relajado e informal. Nunca podría trabajar en una escuela donde los alumnos estarían obligados a llamarme Monsieur.

Para volver a Mouans-Sartoux esta vez tomé otro camino diferente, mucho menos suicida que el anterior, y con casas y naturaleza en lugar de cemento y ladera.

Río La Mourachonne
Adiós Pégomas

¡Ah, sí! Casi me olvidaba de contarte: había llevado mi CV con la idea de dejarlo en el Service Jeunesse de Pégomas, pero al final decidí no hacerlo. Por dos razones: (1) en una comuna tan pequeña como esta era poco probable que me llamaran, y (2) era complicado el viaje entre Mouans-Sartoux y Pégomas (no hay buses, con lo cual habría tenido que caminar o usar el patinete eléctrico).

A las 16:30 rentré.

A la noche vi un documental francés de 2014, llamado Le Sel de la Terre (La sal de la tierra).

Se trata de un documental sobre la vida y la obra de Sebastião Salgado, dirigido por Wim Wenders. Este último acompaña a Salgado en el proyecto «Génesis», una obra artística monumental que rinde homenaje a las civilizaciones desconocidas. «La sal de la tierra» recorre las transformaciones de la humanidad, tomando los caminos menos transitados, y ensalza la belleza del planeta. Desde hace más de cuarenta años, Salgado ha recorrido el mundo provisto de su cámara, captando en blanco y negro la hambruna, el éxodo y las guerras que lo conforman. Así, transmite al mundo, a través de sus fotografías, el anhelo de paz y de los paraísos perdidos.

Wikipedia
Pueblo indígena Zo’é, fotografiado por Salgado en 2009.

Los zo’és son una tribu nativa de Brasil. Usan un idioma ancestral perteneciente a la familia tupí. Todos los Zo’es visten el poturu, una pieza de madera que les atraviesa el labio inferior: «No mantienen un registro escrito sobre de donde viene esta tradición pero sostienen una tradición oral. Siempre ha sido una nación de relatos, el poturu les distingue de otras naciones indígenas. Desde que tienen 6 años, niños y niñas llevan el poturu. Pequeño al principio, aumenta hasta las 7 pulgadas al llegar a la edad adulta. Los Zo’es tienen grandes plantaciones cerca de sus pueblos en las que cultivan yuca, plátanos, patatas dulces y urucum. Los padres evitan siempre cualquier patronazgo sobre sus hijos para que aprendan más rápido sobre sus propios errores. Muy raramente les castigan. Los Zo’es no viven dentro de la cosmovisión occidental basada en la mitología del progreso, por eso no definen su comunidad por derechos internacionales; técnicamente desde su visión interna no son brasileños. Ellos duermen en hamacas colgadas del techo y viven en grandes casas rectangulares con techos de paja abiertos por todos los laterales.

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En el documental, Sebastião Salgado explica que le resultaba impresionante cómo estos indígenas entendieron inmediatamente la idea de que él podía tomar una representación de la imagen de ellos a través de la cámara fotográfica. Al principio les resultó curiosó pero no tardaron en perder el interés, dado que —como Salgado comenta— no era su mundo. Sin embargo, sí se mostraron bastante interesados en un cuchillo que tenía el fotógrafo, y le pidieron si se lo podían quedar.

Otra cosa que cuenta Salgado es que esta gente vive en el paraíso: las mujeres tienen varios maridos y los hombres tienen varias esposas (poligamia simultánea).

Wow, no conocía a esta tribu pero me parece fascinante la forma de vida que llevan. Estuve averiguando un poco más sobre ellos, buscando en Internet y preguntándole a ChatGPT. Me parece que voy a intentar encontrar también alguna etnografía para leer y algún documental para ver y aprender más.

Algún día me encantaría visitar alguna tribu del Amazonas. Por desgracia no es tan fácil. Hay que hablar primero con la FUNAI (Fundação Nacional dos Povos Indígenas) para que te autoricen, y para ello tienes que fundamentar los motivos de tu visita. No creo que me dejen si simplemente les digo que es porque soy un entusiasta de la antropología y defensor de las minorías étnicas…

Antes de ir a dormir me vi el segundo episodio de L’arte della gioia. Esta vez no te revelaré nada de lo que pasa; si te interesa lo tendrás que ver por tu cuenta.

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Me gusta este tema que suena al final de cada episodio (Donato Dozzy & Anna Caragnano ­- Parola).

Ame,
Kato