Kara Ema:
El jueves fue mi séptima y última jornada completa en Nagoya.
A las 9:30 bajé a desayunar y a las 11:15 salí del hotel en dirección hacia Meieki, el área de la estación. Ya había recorrido todos los edificios importantes de esta zona excepto uno: el centro comercial de Meitetsu, así que era allí adonde me dirigía.
Grandes almacenes Meitetsu Co. (名鉄百貨店) es una cadena de grandes almacenes de la región japonesa de Chūbu. Tiene su sede en Nagoya (Japón) y es propiedad de la compañía ferroviaria Meitetsu. La tienda principal se encuentra encima de la estación Meitetsu Nagoya, en el distrito de Nakamura, y abrió por primera vez en diciembre de 1954.
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Este centro comercial contaba con dos edificios: el Main Building (edificio principal) con diez platas, y el Men’s Building (edificio de hombres) con seis. El Men’s Building decidí directamente no recorrerlo dado que según lo que pude ver en el mapa no tenía más que indumentaria para hombres, lo cual en ese momento no me interesaba.
El Main Building, además de ropa para mujeres vendía también kimonos, ropa para niños, juguetes, zapatos, cosmética, lencería, joyas, relojes, y accesorios para el hogar. Nada de eso me interesaba demasiado tampoco, así que pasé todos los pisos bastante rápido. El único en el que me quedé un buen rato fue el 8F, dado que tenía una librería.

Me encanta pasearme por las librerías japonesas, dado que sé que siempre voy a encontrar cosas interesantes.

En la sección de manga no vi nada que me llamara la atención, pero sí en la sección infantil que estaba enfrente:

『はじめての「からだ」と「性」のえほん』(«Mi primer libro sobre «cuerpo» y «sexo»»)
Se trataba de un libro ilustrado con un montón de imágenes y texto con palabras simples (y sin nada de kanji, para que los niños lo pudieran leer fácilmente), explicando las partes más importantes del cuerpo, en otras palabras las partes íntimas.
En el interior el libro decía lo siguiente:
¿Qué es lo importante/valioso?
¿La boca? ¿La cola? ¿Las orejas? ¿La cabeza? ¿Las manos? ¿La barriga? ¿Los pies? ¿Los hombros?
Todo eso es correcto. Todas las partes del cuerpo son importantes.
Pero algunas son especialmente importantes. ¿Cuáles son?
Te doy una pista:
Libro「だいじだいじどーこだ?」
La pista que daban era esta:


Luego seguía diciendo:
Nadie, ni siquiera familiares, amigos o profesores,
mirará las partes especiales de tu cuerpo ni las tocará sin permiso.
Tampoco harán fotografías ni grabarán vídeos.[Imagen del niño siendo atendido por una médica]
Cuando te tienen que tocar por una buena razón, te preguntarán: «¿Puedo tocarte?».[Imagen del niño llorando frente a la madre en una bañera]
¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras cuando intento lavarte?
«¡Las partes importantes de mi cuerpo las lavo yo solo!»Lo que está dentro de tus calzones,
sólo tú puedes verlo y tocarlo.
No lo tocarás delante de todos.
Esta es la promesa del cuerpo.¿Y si alguien te pidiera que enseñaras el interior de tus calzones?
Dirás «¡NO!» y escaparás a hablar con un adulto.Hay adultos que te pueden ayudar, ya sean familiares, profesores, amigos, mamá o papá.
Puede que no seas capaz de decir que no o de escapar.
Aunque pienses «¿Puedo hablar de ello?», «¿Se enfadarán conmigo?»…
No te preocupes que todo estará bien.Gracias por haber hablado conmigo.
Tu cuerpo y tus sentimientos son importantes.Solo por haber nacido en este mundo, todos somos geniales.
Libro「だいじだいじどーこだ?」
Tú y todos los demás somos todos importantes y valiosos.

Después también encontré otro libro parecido, solo que en vez de enfocarse en las partes del cuerpo era más sobre lo que un niño debe hacer cuando se encuentra en una situación de peligro frente a un desconocido. Por ejemplo, una niña volviendo de la escuela sola y un hombre se le acerca y la invita a su casa a jugar con los juegos que tiene. El libro aconseja hacer básicamente lo mismo que aconsejaba el anterior: decir fuerte y claro que «¡No, no voy a ir!» y salir corriendo.

Lo último interesante que vi en esta librería no fueron libros para niños sino niños para libros (?), o mejor dicho libros leyendo niños. Quiero decir, niños leyendo libros.

A las 12:00 subí al 9F donde estaban todos los restoranes. Había uno en particular que quería probar, pero cuando vi que estaba lleno de gente haciendo fila para entrar, decidí postergar mi almuerzo para más tarde dado que quería comer ahí sí o sí pero no tenía ganas de hacer toda esa fila en ese momento.
Bajé por el ascensor hasta el primer piso de vuelta y me fui a la estación a tomarme un tren que salía a las 12:30.
Como ya había hecho y visto todo lo que me interesaba hacer y ver en Nagoya, el plan para esta última jornada completa era ir a ver otra ciudad que quedaba a 36 kilómetros de Nagoya, llamada Ōgaki.
Te voy a ser sincero: si no fuese por la película de animé Koe no Katachi, probablemente nunca habría sabido sobre esta hermosa ciudad y nunca la habría ido a visitar. La razón principal por la que iba era porque es donde transcurre la historia de esta brillante película.
A Silent Voice (en japonés: 聲の形, Hepburn: Koe no Katachi, lit. ‘La forma de la voz’) es una película dramática de animación japonesa de 2016 producida por Kyoto Animation […]. Está basada en el manga del mismo nombre escrito e ilustrado por Yoshitoki Ōima. […]
La película abarca elementos de la transición a la adultez y el drama psicológico, abordando temas como el acoso escolar, la discapacidad, el perdón, la salud mental, el suicidio y la amistad de sexos opuestos. Sigue la historia de un antiguo acosador convertido en marginado social, que decide reconectar y entablar amistad con la chica sorda a la que había acosado años atrás.
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A las 13:00 pasadas llegué a Ōgaki.
Lo primero que hice fue dirigirme al norte de la estación, dado que había visto en el mapa de mi móvil que había un gran centro comercial por allí, y quería recorrerlo rápido a la vez que buscaba algo para comer de tentempié, para poder aguantar hasta el almuerzo que al final iba a ser cuando volviera a Nagoya varias horas más tarde.


Para comer me pedí un «Premium Fresh Cream Éclair Cream Puff». Era básicamente un profiterol relleno de crema y cubierto en su parte de arriba con una capa de chocolate.
En un momento, mientras recorría el lugar noté que había una niña pequeña sentada sola con una mochila y una maleta, que entre las dos seguramente pesarían más que ella.

Sé que ya debería estar acostumbrado a esto de ver niños solos dado que hace siete meses que estoy viviendo en Japón, pero mi instinto occidental de preocuparme sigue activándose cada tanto. Si esta niña hubiese estado así sola en un centro comercial en el Occidente, no habrían pasado dos minutos hasta que alguien se habría acercado a preguntarle si estaba bien, si estaba perdida, si necesitaba ayuda, etc. Pero en Japón la gente está tan acostumbrada que todo el mundo pasaba por alrededor de ella sin prestarle la más mínima atención.
La niña no parecía tener cara de preocupada o de perdida, lo cual me tranquilizaba un poco. Sé que se pasó al menos unos veinte minutos allí sentada porque yo pasé varias veces por ahí y ella seguía estando. Lo único que hizo durante esos veinte minutos fue observar a las personas que pasaban.
No me puedo imaginar a un niño occidental siendo capaz de quedarse tanto tiempo haciendo absolutamente nada más que observar lo que ocurre a su alrededor. Yo mismo probablemente no podría lograrlo y acabaría sacando mi móvil del bolsillo durante los primeros cinco minutos. Pero los niños japoneses tienen un carácter muy distinto de los occidentales; mucho más observador, sereno, sensato, reflexivo, modesto y reservado. Esto tiene que ver con la forma en que los crían y el hecho de que desde muy chicos ya les otorgan ciertas responsabilidades y libertades que los niños occidentales no tienen hasta mucho después.
A menudo veo niños pequeños japoneses (de 6-8 años) haciendo toda clase de cosas que jamás he visto a ningún niño occidental hacer, tales como: niñas llevando cartera, niños llevando billetera, niños usando teléfonos móviles, niños usando el transporte público. Casi que no hay diferencia entre lo que puede hacer un adulto y un niño en la sociedad japonesa (salvo, por supuesto, fumar, tomar alcohol y conducir). Mismo la moda es intercambiable. He visto niñas vestidas con tapados y botas de cuero, así como mujeres vestidas con ropa kawaii y de estilo infantil.
Pero volviendo a la niña del centro comercial. En un momento cuando volví a pasar por donde estaba sentada no la vi más allí, pero me la crucé más adelante encontrándose con su madre, quien seguramente la había dejado deambular sola por el centro comercial mientras ella hacía compras. Dato curioso: esto es un crimen en algunos países y se lo considera negligencia por parte de los padres. Por ejemplo, en Canadá sucedió esto hace unos años:
Un padre canadiense se dispone a llevar a los tribunales a los responsables de la seguridad infantil después de que sus cuatro hijos -de edades comprendidas entre los siete y los once años- recibieran la orden de dejar de viajar solos en el autobús urbano, en un caso que ha suscitado un debate nacional sobre las expectativas en torno a la supervisión parental.
Durante gran parte de los dos últimos años, Adrian Crook -padre soltero de cinco hijos que vive en el centro de Vancouver- ha estado enseñando a sus cuatro hijos mayores a hacer el trayecto de 13 km hasta su colegio en transporte público. A principios de año, equipados con teléfonos móviles con GPS, empezaron a hacer solos el trayecto de 45 minutos.
Su tibia incursión en la independencia se interrumpió semanas después. Un denunciante anónimo se puso en contacto con el Ministerio de Infancia y Desarrollo Familiar de la provincia para expresar su preocupación tras ver a los niños solos en el transporte público.
Se inició una investigación que duró varias semanas, durante la cual los hijos de Crook fueron interrogados por separado por el ministerio y se les prohibió tomar el autobús sin la compañía de un adulto. Al final, el ministerio comunicó a Crook que los menores de 10 años no podían permanecer sin supervisión en la comunidad, en casa o en el transporte público, durante ningún tiempo.
La decisión significaba que el transporte público sin un adulto quedaba fuera del alcance de la mayoría de sus hijos, al igual que las pequeñas libertades que durante tanto tiempo habían dado por sentadas, como cruzar corriendo la calle para ir a la tienda que hay frente a su edificio.
«Es una decepción», dice Crook. «Sientes que parte de tu modo de vida se ve amenazado. Hay muchas razones por las que he decidido hacer esto: no es un acto de pereza, no me molesta llevar a mis hijos al colegio. Lo más importante es convertir a mis hijos en seres humanos independientes y seguros de sí mismos, capaces de desenvolverse por sí mismos en la ciudad».
[…]
The Guardian
Cuando vi que la chica con la maleta y la mochila estaba con la madre (quien también llevaba una mochila enorme de esas de camping), me relajé y pude irme del centro comercial a continuar (o empezar en realidad) mi paseo por la ciudad.
A las 14:00 atravesé nuevamente la estación de Ōgaki para dirigirme esta vez hacia el sur de ella.

Tenía anotados en un mapa los lugares por lo que quería pasar, que eran los lugares que recordaba haber visto en la película Koe no Katachi.
El primer lugar se trataba del puente Shin-Ōhashi. No tenía idea de que me iba a encontrar con varias estatuas de niños allí, dado que en el película no aparecen. Pero fue una grata sorpresa verlas.



Esta última escultura a lo mejor te suena familiar. Esto es porque ya había visto una idéntica en Tokio. La verdad es que no me sorprende que hayan decidido hacer una réplica de esta estatua en particular, dado que es una magnífica pieza de arte y una de mis esculturas favoritas de todas las cientas que he visto hasta ahora esparcidas por todo Japón. Es evidente que el alcalde de la ciudad de Ōgaki tiene buen gusto.
Continué mi paseo, pasando por el castillo de Ōgaki hasta llegar al parque de Ōgaki.





Este lugar —la plaza de las Cuatro Estaciones— era absolutamente mágico y hermoso. Si es así en invierno no me imagino lo que será en primavera con todos los cerezos en flor. Bueno, en verdad sí me lo imagino porque es lo que muestra la película.




Luego pasé por un santuario sintoísta, el santuario Hachiman, que tenía esta adorable estatua de una perra mamá junto a su cría:

En este punto ya estaba volviendo a la estación Ōgaki, dado que ya había recorrido todos los lugares de la película que había marcado en mi mapa. Para volver a la estación decidí tomar un camino diferente del que había hecho en la ida. Lo que hice fue simplemente seguir el sendero que bordeaba el río Suimon (denominado «Shiki no Michi promenade»).



A las 15:30 me tomé un tren desde la estación de Ōgaki hasta la estación de Gifu.
Gifu es la ciudad capital de la prefectura de Gifu, donde se encuentra también Ōgaki. Por cierto, Nagoya está en la prefectura de Aichi, ubicada inmediatamente al sur de Gifu.
No tenía planeado hacer nada en esta ciudad más que recorrer un poco la zona de la estación antes de volver a Nagoya.



A las 16:10 me tomé un tren hacia Nagoya, y a las 16:30 ya estaba de regreso en Meieki.
Cuando llegué, lo primero que hice fue resumir donde había quedado cuando partí esa mañana, es decir, en el 9F de Meitetsu. Cuando llegué al patio de comidas de Meitetsu me puse en la fila para entrar a Misokatsu Yabaton, el restorán que quería probar.

De ahí me fui para el hotel, donde llegué a las 17:45. Me quedé allí descansando un rato hasta que a las 19:00 volvía a salir, a por mi segundo paseo nocturno consecutivo, así como mi segunda experiencia en la industria del sexo japonesa.
En el camino a la tienda de servicios sexuales pasé por un parque que no había visto antes, llamado Shimozono.

También pasé una vez más por el parque Shirakawa, en cuyos aseos masculinos me encontré con el siguiente objeto curioso, dejado arriba de uno de los urinarios:

Mi teoría es que el hombre que dejó esto aquí se quiso deshacer de la caja para ocultarla de su esposa y sus hijos. Pero los DVDs parece que aún los conserva dado que no estaban dentro de la caja.
Al igual que la tienda a la que había ido la noche anterior, esta también estaba ubicada dentro de un edificio, de manera tal que tu entrada al local fuese lo más discreta posible. Ningún hombre querría entrar a uno de estos negocios y ser descubierto por una de las amigas de su mujer quien justo estaba pasando por la acera de enfrente.

A las 19:40 llegué a la puerta de la tienda ふぁぼるん (Favolun).
Llegó el momento de que te cuente de qué se trataba esta nueva tienda de servicios sexuales.
Era una tienda de tipo リフレ (reflexología). La palabra «reflexología» hace referencia a una medicina alternativa que involucra masajes en distintas áreas del cuerpo. Pero cuando ves esta palabra escrita en una tienda japonesa, lo más probable es que no se estén refiriendo a masajes sino a servicios sexuales. ¿Qué clase de servicios sexuales exactamente? Eso lo vas a terminar decidiendo tú y negociándolo con la trabajadora sexual.
La sesión de reflexología que encargué duraba 45 minutos y me costó ¥5000 (~US$38), los cuales le entregué en efectivo a la recepcionista cuando llegué.
Después la recepcionista me preguntó si prefería 店内 (en la tienda) o 派遣 (despacho; en un hotel). Le dije que prefería el hotel, así que llamó a un hotel cercano para ver si había lugar. Me dijo que habían reservado una habitación para mí y me pasó la dirección del hotel. Me preguntó también si sabía ya cuál de las chicas iba a querer. Le dije que no, que me daba igual, así que que me diera la primera que estuviese disponible.
Al final me arrepentí de haber hecho eso. La razón por lo cual lo hice fue porque para poder elegir una chica tenías que pagar ¥1000 más, y además tenía que hacer toda una investigación previa, leyéndome los perfiles de cada una de las chicas para ver cuál se acercaba más al estilo que me gustaba. No tenía ganas ni tiempo de hacer eso antes de salir para la tienda, así que no lo hice.
Otra razón es que para mí todas las jóvenes japonesas son guapas, y en esa tienda todas eran jóvenes (pero legales), así que cualquiera sería más o menos lo mismo. O al menos eso creí. Pero eso es porque yo lo estaba pensando en términos de aspecto físico, cuando también estaba la parte de personalidad que no había tenido en cuenta. El caso es que no me podrían haber dado una chica más aburrida y desinteresada.
Antes de salir para el hotel, le aclaré a la recepcionista que quería usar el cupón gratuito que estaba en el sitio web para que la chica hiciera uso de un uniforme escolar. Me dijo que no había problema.
A las 20:00 salí en busca del hotel este que me habían pasado. Estaba más o menos a cinco cuadras de la tienda. Mientras caminaba esas cuadras me encontré con un par de esculturas de niñas decorando las entradas de los edificios:



La habitación era pequeña y la cama también. Ni siquiera tenía sábanas ni fundas para las almohadas—solo toallas. También había un pequeño cuarto de ducha dentro de la habitación, pero el inodoro estaba afuera y era de uso compartido.

Cuando llegué a la habitación lo primero que hice fue quitarme todos los abrigos que tenía encima. Luego me quité también la camiseta, la cual estaba toda transpirada de haber estado caminando todo el día. Mis axilas estaban igual, así que decidí aprovechar que la chica todavía no venía y que tenía una ducha para lavármelas. Mientras estaba enjabonándome la segunda axila escucho el golpeteo en la puerta. Le grito「ちょっと待ってください!」(«¡un momento por favor!») mientras hago todo lo posible por apurarme, dado que la pilla seguro ya me estaba contando el tiempo.
Abro la puerta así como estaba, con los pantalones pero sin nada en la parte de arriba. La saludo y le pregunto su nombre.「しずく」(Shizuku), me dice. Nos intercambiamos las frases introductorias formales. Nos sentamos los dos en la cama. Nos miramos. Ella me pregunta que quería que hiciéramos. Le digo que no sabía, que era mi primera vez (usando un servicio de reflexología) y estaba algo nervioso. Le pregunto qué cosas podíamos hacer.
Ahí fue cuando se me puso a explicar todas las opciones que había, empezando por las más infames (y populares), llamadas「裏オプション」(opciones ocultas). Las mismas consistían en:
- 本番 (honban; sexo vaginal con penetración) – ¥30.000 (~US$230)
- フェラチオ (felación) – ¥20.000 (~US$150)
- 手コキ (handjob) – ¥10.000 (~US$76)
Por lo que tengo entendido, todo esto ya era el negocio de la chica y no de la tienda. La tienda en este punto ya se desligaba. Es decir que estos precios los ponía la chica y el dinero que yo le daba se lo quedaba ella. La tienda solo se quedaba con los ¥5000 que les había dado antes por haberme conectado con la chica.
Esto lo hacen de esta forma para poder eludir la ley japonesa que dice que vender servicios de honban (sexo con penetración) es ilegal. La tienda no está haciendo nada ilegal dado que técnicamente no está vendiendo servicios de honban, sino que está vendiendo el encuentro con la chica. Luego la chica es la que te vende el honban, pero eso ya no es un acto comercial sino un acuerdo privado entre dos individuos, con lo cual la ley no tiene nada que ver ahí.
La verdad es que todos los precios que me dio la chica me parecieron ridículamente caros, sobre todo porque me acordaba que en Tobita Shinchi (el barrio rojo al que había ido en Osaka) salía ¥21.000 una sesión de 30 minutos, que incluía tanto honban como felación. Sentí que me estaba estafando un poco con esos precios.
De todas formas, incluso si hubiese querido hacer alguna de las opciones ocultas, con esos precios no habría podido dado que antes de ir al lugar había sacado la mayor parte de mi dinero de mi billetera, con lo cual no me alcanzaba para ninguna de esas opciones.
Así que la seguí escuchando para ver qué opciones más había aparte de las ocultas. Había masajes en los pies, abrazos, reflexología inversa (tú le haces masajes a la chica), limpieza de orejas, cachetada o patada, y dormir juntos. Por supuesto que todo tenía su respectivo precio.
Al final terminé eligiendo dormir juntos (添い寝; soine), lo cual me costó ¥4000. Pero yo solo tenía un billete de ¥5000 y la chica (supuestamente) no tenía cambio, así que le dije que le regalaba los ¥1000 restantes a cambio de que ella me regalara un corto abrazo. Aceptó.
Así que le di el dinero y nos acostamos los dos en la cama, con la ropa puesta (aunque yo todavía estaba sin nada arriba). El único punto de roce entre nuestros cuerpos eran los brazos; ella me tocaba con el suyo.
Muy rápidamente me di cuenta de que ella se tomaba muy en serio la parte de «dormir juntos», y que se yo no le sacaba charla corría el riesgo de que se me quedara realmente dormida a mi lado. Así que le empecé a hacer preguntas, una tras otra; lo primero que se me venía a la cabeza se lo preguntaba.
La primera pregunta que le hice era la más obvia: «¿qué edad tienes?». Me respondió de una forma medio extraña: «este año cumplo los veinte». Le pregunté si se refería al año que viene (2023) y me dijo que sí. Es decir que tenía diecinueve.
Luego le pregunté por el uniforme escolar, dado que noté que no lo llevaba puesto. Me dijo que lo tenía en una bolsa. La miré con cara de «¿qué esperas para ponértelo?», y la vi como se levantaba de la cama y se cambiaba enfrente de mí. Tras ponerse el cosplay de colegiala le dije que le quedaba bien y se volvió a acostar a mi lado.
La seguí bombardeando con preguntas. Le pregunté si le gustaba hacer este trabajo. Me dijo que sí. Le pregunté si lo hacía más que nada por el dinero y si ganaba mucho. Me dijo que lo hacía para cubrir su 生活費 (seikatsuhi; gastos de su vida diaria) y que ganaba lo suficiente para eso. No me cabe duda de que debe de ganar más que bien, como cualquier otra joven japonesa trabajando en esta industria. Por algo la industria está tan saturada de chicas como está; porque hay un montón de demanda por parte de los hombres. Recuerda que Japón es un país que tiene muchísima gente adulta soltera, mucho más del promedio en otros países.
Le pregunté si tenía novio. Me dijo:「いらない」(iranai; no lo necesito), lo cual me hizo reír, dado que es exactamente la respuesta que esperaría oír de la mayoría de los jóvenes japoneses, ya sea hombres o mujeres.
Le pregunté cuáles son sus pasatiempos, o qué es lo que más le gusta hacer. Me dijo que dormir. Le pregunté si leía manga; me dijo que no. Le pregunté si veía animé; me dijo que solo One Piece.
Le pedí que me contará el mejor recuerdo que tuviese de su época de escuela. No sabía qué decirme. Cerró los ojos. Le dije que no se durmiera. Me dijo que no estaba durmiendo. Le pregunté si estaba pensando todavía. Me dijo que sí. Tardaba mucho, así que le pregunté si toda su época de escuela había sido aburrida. Me dijo que no, que había sido divertida pero que no me podía mencionar ningún momento en particular.
Entonces le pregunté sobre lo que hacía cuando llegaba a su casa de la escuela. Me dijo que se ponía con el móvil o a dormir. Le dije que me parecía aburrido que le gustara tanto dormir.
Le pregunté qué haría si tuviese mucho dinero, o qué pensaba hacer con todo el dinero que estaba ahorrando con este trabajo. Me dijo que lo usaría para comprarse ropa kawaii y de lujo; de marcas caras. Le pregunté si ese era su único sueño. Me dijo que no era un sueño, pero que sí, que no tenía grandes ambiciones más que comprarse ropa y dormir.
¿Ahora entiendes por qué te dije antes que no podrían haberme dado una chica más aburrida y apática?
En un momento nos quedamos en silencio por un rato, dado que ya no se me ocurría qué más preguntarle. Así que le pedí que me hiciera una pregunta ella a mí. Le dije: «¿no hay nada que te intrigue saber de mí?». Tardo unos segundos en pensar en una pregunta, pero finalmente me dijo: «¿de qué país vienes?». Me reí, dado que no podía creer que hubiese tardado tanto para finalmente preguntarme eso.
Luego me preguntó qué venía a hacer a Nagoya (dado que yo le había contado que estaba viviendo en Fukuoka). Le respondí: «vine específicamente para verte a ti». Se dio cuenta enseguida de que era mentira. No podría haber sido nunca cierto dado que no era yo quien la había elegido sino la tienda.
En un momento sonó una alarma. Era el teléfono de Shizuku, que le estaba avisando que quedaban cinco minutos. Se levantó de la cama y se volvió a cambiar (no podía salir de un albergue transitorio vestida de colegiala). Se arregló mirándose al espejo y se puso su calzado.
Mientras se arreglaba le recordé que todavía me debía un abrazo. Fiel a su actitud apática, aceptó ser abrazada por unos segundos, pero dejó sus manos y brazos bajos—es decir, no me abrazó ella a mí mientras yo la abrazaba a ella. Acabó siendo el abrazo más caro y más falso que di en toda mi vida.
Nos agradecimos mutuamente y ella se fue por su cuenta antes que yo, así como había venido por su cuenta después que yo. Cuando me agradeció noté que usó la forma formal de la expresión para dar las gracias, lo cual fue curioso, dado que durante toda la conversación que habíamos tenido acostados en la cama me había estado «tuteando» (usando las formas informales). Pienso que lo hizo para recordarme indirectamente que no había nada entre nosotros más que una relación entre cliente y trabajadora sexual.
A las 21:15 me fui del albergue transitorio (el cual por cierto tuve que pagar aparte de lo que les había dado a la tienda y a Shizuku; me costó ¥2000).
A las 21:30 pasadas llegué a mi hotel. Apenas llegué me fui a duchar, esta vez normalmente y no solo enjuagándome las axilas.
Tengo dos fotos que saqué para mostrarte algo muy interesante sobre los japoneses—el hecho de que están tan acostrumbrados a la inexistencia de robos y hurtos, tan acostumbrados a la confianza plena en el otro, que a menuda los vas a ver haciendo cosas como estas:

Una persona había dejado su billetera y su móvil en el cuarto de duchas mientras iba al baño o se duchaba (no sé bien a dónde se había ido). Esta parte del hotel no tenía cámaras de seguridad, así que yo si hubiese querido podría haber tomado la billetera y el móvil de este hombre y él jamás habría sabido quién se los hurtó. Incluso podría haberle sacado algo de dinero de su billetera y él probablemente no se habría dado cuenta nunca, a no ser que haga como yo y lleve una cuenta exacta del dinero que hay en su billetera a cada momento.

Esta persona dejó su maleta aquí seguramente porque no le entraba en las taquilas que había en la segunda planta. Lo curioso es que la maleta no tenía ningún candado, y el hombre la dejó completamente a la merced de otras personas, mientras él dormía lo más plácidamente dentro de su cápsula.
Ame,
Kato