Kara Ema:
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Otra niña haciendo magia con su cuerpo y una barra de metal.
El martes a las 22:00 salimos a tomar un aperitivo a la playa con Kasia y Leo. Todos se pidieron bebidas alcohólicas (mojitos) menos yo, que me pedí un cremino (2,5€, aunque no tuve que pagarlo dado que invitó Kasia).
El cremino al caffè es un postre italiano frío y cremoso, hecho principalmente con café, azúcar y nata. Se bate hasta obtener una textura espumosa y suave, parecida a una crema o mousse ligera, y se sirve frío en una taza o vaso. Es muy popular en verano como alternativa refrescante al café caliente.
Tenía un sabor muy dulce; me gustó bastante. Lo único que no me gustó fue el tamaño: el vaso que me dieron era de plástico y no tendría más de cinco o seis centímetros de altura. Mientras tanto todos los demás recibieron su mojito en un vaso de vidrio mucho más grande.
En un momento mientras estábamos charlando en el bar de la playa, aparecieron dos niñas: la hija de Leo y su primita. Iban y venían entre la mesa donde estábamos nos los grandes y la calle donde había un grupo de niños jugando y andando en bicicleta. Se querían quedar hasta las duodici e mezza (24:30).
Además de los niños jugando en la calle, también vimos un grupo de adolescentes en la playa. Se ve que esta es la hora a la que salen, al menos en el verano cuando no tienen que ir al colegio al día siguiente.
Los adolescentes desde los 14 años en Italia pueden andar en moto y en coche, pero solo los que tienen cilindrada pequeña y velocidades máximas de 45 kilómetros por hora. He visto a varios en el centro de Sciacca andando en este tipo de vehículos por la noche.

Hablando de adolescentes, la otra vuelta charlé un rato con Julieta —la argentina de 16 años— y le pregunté sobre su vida social aquí en Italia. Me contó que suele salir a la noche con sus amigos, que van a bares y se quedan hasta la medianoche o a veces incluso hasta la una. Luego normalmente la pasa a buscar alguien de su familia de acogida, o bien uno de sus amigos la lleva en el motorino.
Otra cosa curiosa que me dijo es que, si bien a ella en particular no le gusta el alcohol, sus amigos sí beben cada vez que salen. Consiguen fácilmente ya que nadie te pregunta por tu edad aquí, con tal de que les pagues lo que cuesta la cerveza están contentos. Otra cosa que me dijo que hacen casi todos sus amigos es fumar. En Italia es común que la gente empiece a fumar desde los 13 o 14 años.
En general los jóvenes en el sur de Europa (España, Portugal, Grecia, Italia) tienden a probar el alcohol y los cigarrillos mucho antes que los jóvenes del norte (Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia), e incluso muchos de ellos pasan a consumir tabaco y alcohol regularmente. Me imagino que lo mismo vale para otras cosas que los adultos no quieren que los adolescentes hagan, como el cannabis y el sexo.
Por experiencia propia puedo decir que en Argentina también es común que los jóvenes consuman alcohol. Pienso que esto es así en casi todo el mundo, por mucho que les pese a los adultos. Y mejor que ni se enteren los adultos de la cantidad de adolescentes sexualmente activos que hay (o la cantidad que consume pornografía), porque les podría dar un shock traumático.
A los adultos les encanta limitar las libertades de los niños y adolescentes, pero por más leyes adultocráticas que hagan, los jóvenes siempre encontrarán la forma de hacer lo que quieren. Si no fíjate en Australia, que prohibieron que los menores de 16 puedan usar las redes sociales y sin embargo el 80% de los niños australianos sigue usando Instagram y TikTok sin problemas (con cuentas de los padres, identidades falsas, VPNs, etc.).
El miércoles a las 7:30 salimos en el coche de Kasia y Leo. Una vez más habíamos llegado bastante temprano a la escuela; los niños no llegarían hasta dentro de media hora o más. Aproveché este tiempo para dibujar en el pizarrón de mi aula lo siguiente:

Recibí bastante elogios por parte de los piccolinos sobre mi habilidad para dibujar, lo cual me dio gracia ya que realmente no soy bueno dibujando. Pero me esmeré e hice lo mejor que pude por ellos.
Hoy iríamos al cinema (cine) a ver la peli de Coco.
Al grupo de niños que había llegado temprano les hice jugar un juego bastante divertido y didáctico: en ronda cada uno tenía que coger una carta y, si la carta era roja tenía que hacer el sonido del objeto o animal, mientras que si era azul tenía que hacer la mímica. Luego todos los demás debían intentar adivinar de qué se trataba.

Una cosa que me llamó la atención fue que los niños se sentaban en la lona con el calzado puesto. Japón me hizo acostumbrar a que siempre que uno se pone sobre una lona, antes de entrar debe quitarse el calzado. Entonces ahora cada vez que veo personas no quitándose el calzado sobre las lonas es como que me choca bastante.
También jugamos al Dobble.

Cuando llegó Martu se acercó a saludarme y en un momento me abrazó. Bueno no: en dos momentos—recibí dos abrazos de ella, los cuales por supuesto se los devolví abrazándola aun más fuerte y cariñosamente. Por lo general con los niños suelo dejar que ellos sean los primeros en mostrarme afecto por medio de abrazos, sentándose en mi regazo y esas cosas. Pero una vez que me lo muestran se los recíproco el doble.
A las 9:20 arrancamos la ronda (Circle Time).

Como no estaba previsto que hubiese clases ni nada más que el Circle Time y la salida al cine, no me traje nada conmigo excepto por una cosa: los peluches para los niños (en italiano: pelusce; plural: pelusci). Cada vez estoy llevando más. Esta vez llevé cuatro diferentes. Todos estuvieron en manos de un niño diferente, quien cuidó de él durante todo el tiempo que duró la película, y tan pronto como terminó me lo devolvió a mí sin que yo se lo pidiera.
Teníamos que hacer tiempo a que abriera el cine (a las 11:00), así que Kasia nos dijo que después del círculo llevásemos a cada grupo a su respectiva aula y los entretuviésemos un rato. Aproveché entonces para hacerles practicar una vez más la canción de Bare Necessities. Luego les mostré el tráiler de Coco, y les hice hablar un poco de la peli. Finalmente les hicimos dibujar.



A las 10:30 arrancamos la caminata hacia el cine.

Ah… Voy a echar de menos estas caminatas por calles europeas junto a niños europeos. No todos los días uno tiene oportunidad de hacer eso.
Una cosa que me gustó mucho ver durante esta caminata, fue la gente acercándose curiosa, saludando a los niños, sorriéndoles, e incluso algunos de ellos tomando fotos.

Mientras tanto en Japón cada vez que un grupo de niños sale a la calle (sobre todo los de jardín), las maestras que van con ellos siempre llevan carteles con el símbolo de prohibido tomar fotografías, así que las tengo que hacer sin que se den cuenta.
Es normal que la gente quiera hacer fotos cuando ven algo tierno. Los adultos estamos biológicamente predispuestos a reaccionar a los rasgos tiernos de los niños. Evolutivamente, esto ayuda a que los mamíferos adultos cuiden de sus crías, aumentando sus probabilidades de supervivencia. Estos rasgos tiernos en los niños humanos y las crías de los animales que disparan instintos de cuidado y afecto en los adultos se conocen con el término alemán Kindchenschema.

A las 11:00 hicimos una pequeña parada para descansar de la caminata y de paso también para tomar la merenda.


A las 11:15 llegamos a la sala de cine y nos sentamos, listos para ver la peli.

La película la vimos en inglés y con subtítulos también en inglés.
Tras pasar más o menos una hora hicimos una pausa, durante la cual los peques que habían traido dinero podían ir a comprar palomitas de maíz o golosinas.
Al finalizar la peli las dos preguntas que más se escucharon entre la audiencia fueron las siguientes:
- Ti è piaciuto il film? (¿Te gustó la película?)
- Hai pianto? (¿Has llorado?)
Yo era la segunda vez que la veía, y no recuerdo haber llorado la primera. Sin embargo esta vez sí derramé una lágrima en una de las partes más emotivas. Varios de los niños me confesaron que lloraron un poco, y por supuesto los profes también.
A las 13:00 terminó todo. Kasia y Leo nos llevaron de regreso a Foggia con el coche.
A las 19:30 salí con Darcy al minimercado, a comprar un gelato para llevar a lo de nuestros anfitriones que nos habían invitado a cenar a su casa. Nos costó 10€; lo pagamos mitad cada uno.

El «Bacio Perugina» es un bombón de forma irregular y redondeada, relleno de gianduia y trocitos de avellana, y recubierto de chocolate negro. Lo fabrica la empresa Perugina en Perugia.
Wikipedia
A las 21:00 pasamos al apartamento de Kasia y Leo. Como no podría ser de otra manera, cenamos en la terraza; bien al estilo mediterráneo. También, como estábamos en una municipalidad costera reconocida por sus peces y mariscos, comimos toda comida fresca del mar.
Esto es todo lo que comimos, en este orden:
- Sardine (sardinas).
- Polpo (pulpo).
- Pesce spada (pez espada).
- Orata (dorada).
- Cozze (mejillones).
- Gelato (helado).



A las 23:00 volvimos a casa a dormir.
Ame,
Kato

Lindo dia!!