Etnocentrismo, negacionismo, relativismo cultural y traseros de tortuga

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El otro día te conté que había terminado de leer El Mundo Hasta Ayer, pero te mentí. En realidad me quedaban dos capítulos, así que durante los últimos 2-3 días he estado leyendo en simultáneo tanto este como el nuevo libro que arranqué sobre los Siriono. No suelo leer más de un libro al mismo tiempo, pero como ya estaba por terminar el otro hice una excepción.

Hoy —sábado— sí que lo terminé. Hay una parte del último capítulo que me gustó mucho, ya que realmente pone en perspectiva las diferencias entre una sociedad tradicional y una industrializada. Si bien existen ventajas de vivir en la segunda por sobre la primera (e.g. medicina moderna y eficaz), me interesa más resaltar las ventajas de la primera por sobre la segunda, ya que pienso que las mismas no son tan evidentes para las personas que no viven en sociedades tradicionales.

Resaltaré entonces dichas ventajas citando las siguientes observaciones de niños que se criaron en Nueva Guinea, Filipinas o Kenia y que luego se trasladaron a Estados Unidos cuando eran adolescentes (todas extraídas del epílogo de El Mundo Hasta Ayer):

Los chicos estadounidenses son machos, hablan como machos y se meten con otros niños. A los chicos buenos no les va bien en Estados Unidos.
Después de haber crecido junto a otros niños en Nueva Guinea, lo primero que me llamó la atención como algo diferente en Estados Unidos fue que los niños entran en sus casas, cierran las puertas, juegan a videojuegos y vuelven a salir para ir al colegio. En Nueva Guinea, los niños estábamos siempre al aire libre, jugando unos con otros.
Los niños africanos están rodeados de gente todo el tiempo. Nosotros, de pequeños, solo nos metíamos en casa para dormir. Podíamos entrar en cualquier casa, sabiendo que allí éramos bienvenidos. Sin embargo, los niños estadounidenses no suelen estar con otros niños. Hoy en día, con la proliferación de los videojuegos, el problema de quedarse solo en casa es aún peor en Estados Unidos de lo que era cuando yo era pequeño y solo había televisión, pero no videojuegos.
En Filipinas, los niños llaman «tía» y «tío» a todos los adultos. Entramos y salimos de cualquier casa del pueblo. A la hora de cenar, comemos en la casa en la que nos encontremos en ese momento, junto con otros niños.
Los niños estadounidenses son menos sociables que los de Nueva Guinea. En Nueva Guinea, estoy acostumbrado a sonreír y saludar a cualquiera con quien me cruzo, y a entablar conversación. Sin embargo, los niños estadounidenses se cruzan entre sí o pasan junto a desconocidos sin entablar conversación ni saludar. Cuando les sonrío y les saludo, me responden, pero no son ellos quienes dan el primer paso.
En Estados Unidos, la gente necesita que la entretengan y no sabe cómo entretenerse por sí misma.
En África, si necesitas algo, te lo fabricas tú mismo y, por eso, sabes cómo está hecho y cómo funciona. En Estados Unidos, si necesitas algo, vas a comprarlo y no sabes cómo está hecho.
Los niños estadounidenses tienen menos creatividad que los de Nueva Guinea, porque allí todo les viene ya preparado. En Nueva Guinea, si ves un avión y quieres tener una maqueta, te la haces tú mismo con madera o con palitos. Luego juegas con la maqueta, haciéndola descender en picado e imitando los ruidos. Mi hermano y yo imitábamos el vuelo de un avión con todo detalle con nuestras maquetas caseras. Pero los niños estadounidenses simplemente compran sus aviones de juguete ya empaquetados y no imitan su vuelo con todo detalle.
En África se comparten las cosas. Por ejemplo, cuando iba al colegio, conseguí una cámara de aire roja de un neumático. El caucho era muy valioso para fabricar tirachinas. Durante mucho tiempo, compartí trozos de mi valiosa cámara de aire roja con otros niños para que pudieran fabricarse tirachinas. Pero en Estados Unidos, si consigues algo valioso, te lo quedas para ti y no lo compartes. Además, nadie en Estados Unidos sabría qué hacer con una cámara de aire.
El mayor cambio al que tuve que adaptarme al mudarme de Nueva Guinea a EE. UU. fue la falta de libertad. Los niños tienen mucha más libertad en Nueva Guinea. En EE. UU. no me dejaban trepar a los árboles. En Nueva Guinea siempre estaba trepando a los árboles; todavía me gusta hacerlo. Cuando mi hermano y yo volvimos a California y nos mudamos a nuestra casa allí, una de las primeras cosas que hicimos fue trepar a un árbol y construir una casa en el árbol; a otras familias les pareció raro. En Estados Unidos hay tantas normas y reglamentos, por miedo a que te demanden, que los niños renuncian a la oportunidad de explorar por su cuenta. Una piscina tiene que estar vallada para que no sea un «peligro atractivo». La mayoría de los neoguineanos no tienen piscinas, pero ni siquiera los ríos a los que solíamos ir tenían carteles que dijeran «Salta bajo tu propia responsabilidad», porque es obvio. ¿Por qué iba a saltar si no estoy preparado para las consecuencias? En Estados Unidos, la responsabilidad se ha quitado a la persona que actúa y se ha trasladado al propietario del terreno o al constructor de la casa. La mayoría de los estadounidenses quieren culpar a alguien que no sean ellos mismos en la medida de lo posible. En Nueva Guinea pude crecer, jugar de forma creativa y explorar el aire libre y la naturaleza con total libertad, con ese elemento obligatorio de riesgo —por muy bien gestionado que estuviera— que brilla por su ausencia en la infancia media de un estadounidense reacio al riesgo. Tuve la infancia más enriquecedora posible, una infancia inconcebible para los estadounidenses.
Una de las frustraciones aquí en EE. UU. es la presión constante por estar trabajando. Si te quedas sentado disfrutando de una taza de café por la tarde, deberías sentirte culpable porque es una oportunidad perdida para ganar dinero. Pero si eres de esas personas que ganan dinero en lugar de disfrutar de una taza de café, no ahorras ese dinero extra que has ganado, sino que simplemente llevas un estilo de vida más caro, lo que te obliga a seguir trabajando cada vez más. Estados Unidos ha perdido (en gran medida) su capacidad para encontrar el equilibrio entre el trabajo y el ocio o el descanso. En Nueva Guinea, las tiendas cierran a mediodía y vuelven a abrir a última hora de la tarde. Eso es algo totalmente ajeno a la cultura estadounidense.
Los niños aquí en EE. UU., y quizá los estadounidenses en general, están obsesionados con los productos. En nuestro último viaje a California, nos llamaron la atención las últimas modas o «artículos imprescindibles», en este caso, los televisores de plasma de pantalla plana de gran tamaño. ¿Qué será dentro de seis meses?
En Estados Unidos, todo el mundo vive encerrado en su propio mundo. Los jóvenes africanos que conocí sentían un gran interés por lo que ocurría en otras partes del mundo y tenían conocimientos de geografía. Uno de nuestros pasatiempos consistía en hacernos preguntas unos a otros sobre la ubicación de distintos países, los nombres de los líderes mundiales y de los héroes deportivos. Por supuesto, conocían los nombres de los campeones nacionales de fútbol y de los corredores de fondo de Kenia, pero también estaban al tanto de las superestrellas estadounidenses, británicas, alemanas y brasileñas. Habían oído hablar del Llanero Solitario, de Wilt Chamberlain y de Muhammad Ali, y no paraban de preguntarme cómo era la vida en Estados Unidos. Cuando llegué por primera vez a Estados Unidos, esperaba que me preguntaran por la vida en África, pero pronto me di cuenta de que muy poca gente tenía interés en nada que no les afectara directamente en su día a día. Los estilos de vida, las costumbres y los acontecimientos en otras partes del mundo suscitaban un interés menor, y aprendí a dejar de hablar de África. Muchas personas en Estados Unidos han adquirido una gran cantidad de cosas, pero siguen siendo pobres en lo que respecta a su conocimiento y comprensión del resto del mundo. Parecen estar cómodamente encerradas tras sus muros de ignorancia selectiva y cuidadosamente construida.

Qué fuerte y qué triste. Y esto que dicen de Estados Unidos puede extenderse a otros países occidentales, aunque pienso que EE.UU. es uno de los peores casos (si no el peor). En varios países de Europa, por ejemplo, los niños aún salen a la calle a jugar, aunque no tienen la misma libertad que los de las sociedades tradicionales.


Ahora me toca contarte un poco del otro libro, Los nómadas del arco largo. Ya voy por más de la mitad. No es muy largo así que no creo que tarde mucho más en terminarlo y pasar al siguiente.

Ahora mismo voy por un capítulo que se llama The Life Cycle (El ciclo de vida). La primera sección del mismo se titula Sex (Sexo) y revela cómo es la vida sexual de los siriono.

Excepto que la edición que yo estaba leyendo no revela casi nada en realidad, puesto que ha sido fuertemente censurada por el editor. Hay una nota al pie que pone lo siguiente: «Considerable material relating to sexual behavior was expurgated from the original manuscript.—EDITOR.» («Se ha suprimido una cantidad considerable de material relacionado con el comportamiento sexual del manuscrito original.—EL EDITOR.»).

Sección censurada

Me quedé mirando la nota por un momento, absolutamente incrédulo y repugnado por el etnocentrismo del editor que le había llevado a cometer negacionismo. En otras palabras, el editor había eliminado partes del texto relatando actitudes y comportamientos de otra cultura, debido a que dichas actitudes y comportamientos no se alineaban con los de su propia cultura. En otras palabras: «Esto me incomoda y no quiero que la gente lo sepa, entonces lo quito y hacemos de cuenta que los siriono no son así».

El etnocentrismo […] consiste en utilizar la propia cultura o etnia como marco de referencia para juzgar otras culturas, prácticas, comportamientos, creencias y personas, en lugar de emplear los criterios propios de la cultura en cuestión. Dado que este juicio suele ser negativo, algunas personas también utilizan el término para referirse a la creencia de que la propia cultura es superior, o más correcta o normal, que todas las demás […].

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[…] El negacionismo es la decisión de una persona de negar la realidad como forma de evitar creer en una verdad incómoda. El negacionismo es un comportamiento humano esencialmente irracional que rechaza la validación de una experiencia o un acontecimiento histórico cuando una persona se niega a aceptar una realidad empíricamente verificable.

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Por supuesto que esto no iba a quedar así. No dejaría que un editor etnocéntrico y negacionista me impidiese conocer los más interesantes detalles del comportamiento sexual de esta sociedad tradicional, así que me dispuse a encontrar otra edición del libro que no estuviese censurada. Por suerte la encontré.

A continuación te copio extractos de la sección no censurada sobre la vida sexual de los siriono. Creo que no hace falta que te diga qué partes exactamente habían sido censuradas ya que es fácil imaginarse, conociendo los estándares sexuales de las sociedades occidentales modernas.

No obstante, aprovechando que tengo los dos textos, solo por diversión me dispuse a compararlos párrafo por párrafo para ver las diferencias. Las partes resaltadas en amarillo son las que aparecen solo en la versión sin censura.

El amor romántico es un concepto ajeno a los siriono. El sexo, al igual que el hambre, es un impulso que hay que satisfacer. Por consiguiente, no se ve muy limitado por actitudes de modestia y decoro, ni se ve muy potenciado por ideales de belleza y encanto. La expresión šečubi («me gusta») se aplica indiscriminadamente a todo lo que resulta placentero, ya sea comida para comer, un collar para llevar puesto o una mujer con la que acostarse. Existen, por supuesto, ciertos ideales de éxtasis erótico, pero ante el deseo estos se desmoronan fácilmente, y los siriono se conforman con seguir el principio de «en una tormenta, cualquier puerto vale».

En general, los hombres prefieren a las mujeres jóvenes antes que a las mayores. Al hablar de sus relaciones sexuales, los hombres siempre expresan su predilección por una yukwáki (es decir, una chica de edad cercana a la pubertad), mientras que se refieren con desagrado a una konómbi ačíkwa (literalmente, «trasero de tortuga», es decir, una mujer mayor que tiene el trasero arrugado como el de una tortuga). La preferencia por los jóvenes también se aprecia claramente entre las mujeres, que en ocasiones mantienen relaciones sexuales (evidentemente placenteras) con los hermanos menores de sus maridos, incluso antes de que estos muestren signos de pubertad.

Además de ser joven, una pareja sexual deseable —especialmente una mujer— también debe ser gorda. Debe tener caderas anchas, pechos de buen tamaño pero firmes y una capa de grasa en los órganos sexuales. Los hombres se refieren a las mujeres gordas con evidente orgullo como eréN ekída (vulva gorda) y se considera que son mucho más satisfactorias sexualmente que las mujeres delgadas, a las que se descarta sin más por ser ikáNgi (huesudas). De hecho, la corpulencia es un rasgo sexual tan deseable que he oído con frecuencia a los hombres inventarse canciones sobre las virtudes de una vulva gorda. Por desgracia, nunca pude grabarlas.

Además de los criterios ya mencionados, también se reconocen otros signos físicos de belleza erótica. Se prefiere a una persona alta antes que a una baja; los rasgos faciales deben ser regulares; los ojos deben ser grandes. Se presta poca atención a las orejas, la nariz o los labios, a menos que presenten deformidades evidentes. El vello corporal es un rasgo indeseable y, por lo tanto, se depila, aunque se cree que una cierta cantidad de vello púbico añade sabor a las relaciones sexuales. La vulva de una mujer debe ser pequeña y carnosa, mientras que el pene de un hombre debe ser lo más grande posible.

Aunque los siriono no idealizan el amor de ninguna forma romántica, sí existe cierto grado de afecto entre ambos sexos. Esto se refleja claramente en el comportamiento que tiene lugar alrededor de la hamaca. Las parejas suelen entregarse a juegos traviesos como rascarse y pellizcarse mutuamente en el cuello y el pecho, meterse los dedos en los ojos e incluso tocarse los órganos sexuales. Las parejas también dedican horas a acicalarse mutuamente: se quitan los piojos del pelo o las garrapatas de su cuerpo y se los comen; se extraen gusanos y espinas de la piel; se pegan plumas en el pelo; y se pintan la cara con uruku (Bixa orellana). Este comportamiento suele conducir a un encuentro sexual, sobre todo cuando las condiciones para el coito son favorables.

[…]

Se mantienen muchas más relaciones sexuales en los arbustos que en la casa. La razón principal es que resulta casi imposible tener intimidad dentro de la cabaña, donde pueden colgar hasta cincuenta hamacas en un espacio tan reducido como cincuenta metros cuadrados. Además, la hamaca de un hombre y su mujer cuelga a menos de un metro de la de la suegra de él. Por otra parte, es habitual que los niños pequeños duerman con el padre y la madre, por lo que puede haber hasta cuatro o cinco personas apiñadas en una sola hamaca. Además de estas circunstancias frustrantes, la gente está levantándose y acostándose casi toda la noche, tranquilizando a los niños, cocinando, comiendo, orinando y defecando. En definitiva, las condiciones para mantener relaciones sexuales en la casa son de lo más desfavorables. Por ello, las relaciones sexuales suelen tener lugar con mayor frecuencia en algún rincón apartado del bosque.

Entre las parejas casadas, gran parte de las relaciones sexuales tienen lugar a última hora de la tarde en los arbustos, cerca del pozo de agua o del arroyo junto al cual acampa la tribu. Rara vez se practican más de una vez al día. Una vez terminada la comida de la tarde, y antes de retirarse a descansar, las parejas suelen dirigirse al pozo de agua para bañarse y, tras el baño, mantener relaciones sexuales. Las parejas no casadas y los potenciales cónyuges, por supuesto, deben aprovechar cualquier oportunidad que se les presente.

[…]

En términos generales, se permite una gran libertad en materia sexual. A un hombre se le permite mantener relaciones sexuales no solo con su propia esposa o esposas, sino también con las hermanas de estas, tanto biológicas como por afinidad. Por el otro lado, a una mujer se le permite mantener relaciones sexuales no solo con su marido, sino también con los hermanos de este, tanto biológicos como por afinidad, y con los maridos y posibles maridos de sus propias hermanas y de las hermanas por afinidad. Así pues, aparte de la pareja real, puede haber hasta ocho o diez parejas potenciales con las que se pueden mantener relaciones sexuales. Además, no existe ningún tabú respecto a las relaciones sexuales entre potenciales cónyuges solteros, siempre que las mujeres hayan superado los ritos de paso a la edad adulta. La virginidad no es una virtud. En consecuencia, los adultos solteros rara vez carecen de parejas sexuales y suelen mantener relaciones sexuales con frecuencia. En la práctica, las relaciones sexuales entre un hombre y las esposas de sus propios hermanos, y entre una mujer y los maridos de sus propias hermanas, son frecuentes y no se censuran, pero las relaciones con posibles cónyuges con un parentesco más lejano son menos habituales y suelen dar lugar a disputas o conducir al divorcio.

[…]

Las peleas y discusiones por cuestiones sexuales son habituales, pero se producen con menos frecuencia que las relacionadas con la comida. Como ya se ha mencionado, estas discusiones surgen en gran medida como consecuencia de mantener relaciones sexuales demasiado frecuentes con una posible pareja, descuidando así a la pareja actual; esto es, en realidad, lo que se entiende por adulterio entre los siriono. Por mucho que las esposas reprendan a sus maridos por engañarlas sexualmente, esto parece tener poco efecto en su comportamiento, ya que están constantemente al acecho de cualquier oportunidad para seducir a una posible esposa con la que aún no hayan tenido relaciones sexuales, o para mantener una aventura con una yukwáki (chica joven) que haya superado los ritos de la pubertad. En los matrimonios plurales, sin embargo, rara vez observé celos sexuales pronunciados entre las esposas, posiblemente porque la mayoría de los matrimonios plurales son de tipo sororal.

[…]

La masturbación tampoco es un pasatiempo habitual entre los jóvenes, y nunca he oído que la practiquen los adultos. Sin embargo, los niños, especialmente los varones, se tocan los genitales con frecuencia sin que se les reprenda, y cuando son pequeños sus padres les masturban con frecuencia. Entre los hombres, la costumbre de tocarse el pene, especialmente de tirar del prepucio, se mantiene en la edad adulta. Dado que ocurre con mayor frecuencia cuando están de pie sin hacer nada, probablemente se trate de una reacción automática ante la ansiedad; cuando un siriono está preocupado, suele tocarse el pene.

[…]

Dado que la castidad no se considera una virtud, son pocas las ocasiones en las que las relaciones sexuales son tabú entre los siriono. […]

Nomads of the Longbow

En mi experiencia, los niños de las sociedades industriales también se tocan los genitales con frecuencia—al menos los más pequeños, hasta que se dan cuenta de que a los adultos no les gusta que lo hagan, entonces lo dejan de hacer (al menos cuando están frente a adultos, para evitar ser reprendidos). Los niños siriono nunca fueron reprendidos de pequeños, por eso es que continúan tocándose los genitales en público, incluso cuando se vuelven adultos.

Esto es similar al hecho de que en Vietnam se ve bastante seguido a niños y a adultos metiéndose los dedos en la nariz, y en Taiwán se escucha seguido a niños y a adultos eructando. Los vietnamitas parece que no reprenden a los niños cuando se hurgan la nariz, entonces crecen sin creer que está mal y continúan haciéndolo de por vida. Los taiwaneses lo mismo con los eructos. Los siriono lo mismo con los genitales. Todo es relativo en las culturas; por eso se llama relativismo cultural.

El relativismo cultural es la visión según la cual los valores (como los valores morales) de una cultura deben entenderse en su propio contexto cultural y no juzgarse según los criterios de otra cultura. Defiende la igual validez de todos los puntos de vista y la naturaleza relativa de la verdad, que viene determinada por el individuo o su cultura.

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A eso de las 13:00 volvió Charlotte de trabajar y almorzamos juntos. Luego vimos un poco la serie coreana hasta que ella decidió ir a dormir una siesta y yo a salir a pasear un poco.

A las 14:30 pasé frente a la École élémentaire François Jacob (Escuela primaria François Jacob).

Se veía un poco del patio desde afuera, pero desde una calle que solo daba acceso a la escuela.
También se veía esta otra parte

A esta escuela me la encontré de casualidad en mi camino hacia un sendero llamado Sentier botanique / Piste de la Foux. Entre las 14:40 y las 15:20 estuve haciendo randonnée por este sendero.

Senderismo por Piste de la Foux (I)
Senderismo por Piste de la Foux (II)
Senderismo por Piste de la Foux (III)
Senderismo por Piste de la Foux (IV)
Senderismo por Piste de la Foux (V)

Veinte minutos más tarde estaba de regreso en casa.

El resto del día se pasó tranquilo también, alternando entre comer, charlar con Charlotte, ver la serie coreana, y preparar lo que iba a hacer la próxima semana.

Ame,
Kato