Redescubriendo Hajimete no Otsukai

Kara Ema:

Frase del día en ucraniano

Вчора був мій день народження.
Vchóra buv miy denʹ narodzhénnia.
Ayer fue mi cumpleaños.

вчораvchóraayeradverbio de tiempo invariable
бувbuvfueverbo бути (ser/estar), pasado, masculino, singular
мійmiymipronombre posesivo 1.ª persona singular
деньdenʹdíasustantivo masculino, nominativo singular
народженняnarodzhénnianacimientosustantivo neutro, genitivo singular

Vídeo YouTube del día

Angelina Galushkina (6) haciendo una danza del vientre.

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El lunes a eso de las 9:00 salimos de casa. Charlotte tenía que ir a Le Cannet y me ofreció llevarme con el coche por si quería salir a pasear por Cannes. Al igual que la vez pasada, me dejó cerca del Lycée Carnot y desde ahí bajé por el Boulevard Carnot hasta Cannes.

En Asia cada vez que necesito comprarme algo para comer que sea rápido y barato, voy a una tienda de conveniencia, donde siempre hay comida preparada tal como bánh mì, onigiri, tteokboki, fideos instantáneos y demás que puedes comprar, calentar y comer en el momento.

Mientras tanto en Europa la verdad es que no hay nada que reemplace a las tiendas de conveniencia exactamente. Los supermercados venden comida preparada pero —a excepción de los sándwiches y las ensaladas— la mayoría no la puedes comer directamente sino que la tienes que calentar en un microondas, cosa que no suele haber. Tampoco puedes comer fideos instantáneos ya que no hay un depósito de agua caliente como tienen en los konbini asiáticos.

Así que fue al Monoprix de Cannes y me compré una ensalada para servirme de almuerzo, y ya que estaba también un yogur bebible para combatir un poco el calor.

Así venden los crêpes en los supermercados franceses: listos para ponerles cosas adentro y comerlos.
También está la opción de comprar este líquido para hacer crêpes/paqueques/gofres en una sartén. De esta forma te ahorras tener que hacer el líquido desde cero con harina, huevos y leche.
Lo que me compré: ensalada y yogur bebible (5,2€).

He visto ensaladas de supermercado que venían con tenedor de plástico, otras de madera, y otras sin; esta es la primera vez que veo una con tenedor comestible.

Después del supermercado caminé un rato por la calle que bordea el mar, desde el Palacio de Festivales y Congresos (donde tiene lugar el Festival de Cannes) hasta la Plaza Frédéric Mistral, donde me senté en un banco a la sombra para comer mi ensalada.

Square Frédéric Mistral
Statue Jeanne d’Arc

Mucha gente hoy en día consideraría a una joven de 17-19 años como una adolescente inmadura, aún no completamente adulta; algunos incluso usarían el término «niña». Sin embargo, Juana de Arco tenía esta edad cuando participó en el ejército, contribuyó a su victoria y poco después cuando fue capturada, juzgada y ejecutada.

Me quedé un rato largo en ese parque, hasta que en un momento el sol empezó a atacar mi banco y me tuve que ir.

Caminé un rato por la orilla de las playas de Cannes la Bocca en sentido oeste, metiendo los pies en el agua.

Playas de Cannes la Bocca

Luego caminé en sentido norte hasta la Gare de Ranguin. Si bien era la estación anterior a Mouans-Sartoux, había unos 7 kilómetros entre estación y estación. Decidí entonces tomarme el tren desde ahí para volver a casa.

Gare de Ranguin

A eso de las 14:00 rentré.


El martes a las 13:00 fui al Lidl de cerca de casa. Compré:

  • Muesli de chocolate y caramelo.
  • Leche entera.
  • Helado de dulce de leche (sí, había; es raro verlo en Francia pero a veces aparece).
  • Antitranspirante (primera vez que me compro uno de estos en años).
  • Bombones de chocolate con praliné (rochers).
  • Patatas.
Gasté 11,8€

En realidad iba a comprar la leche nada más, todo lo demás fue de yapa. Necesitaba la leche entera (en casa solo había descremada) porque quería hacer dulce de leche.

Tres horas estuve con el fuego en mínimo haciendo el dulce de leche con la leche y el azúcar; casi toda la tarde. A las 17:00 lo saqué del fuego, y una hora y media más tarde —después de que enfriara— lo puse en un frasco y lo guardé en la nevera.

Frasco de dulce de leche casero

El gusto estaba bien, pero la consistencia era espantosa. Me había quedado demasiado líquido. Pienso que el problema fue que no usé azúcar normal, sino una que tenían en la casa que era en polvo. Pero bueno, igual me va a servir y lo vamos a consumir.

A la noche vimos un nuevo episodio de Así aprenderás, en el cual un grupo de cuatro jóvenes de 13 años se la pasaban transgrediendo la ley y las normas de la escuela, agrediendo a otros alumnos, vendiendo droga y demás. Actuaban de esta forma ya que sabían que en Corea del Sur la responsabilidad penal arranca a los 14 años, con lo cual eran inimputables. Pero su suerte cambió cuando la Oficina de Protección de los Derechos Educativos se hizo presente e intervino.


Originalmente mi idea del miércoles era cocinar milanesa con puré para cenar todos, y hacer también una mousse de dulce de leche de postre.

La mousse la preparé con solo dos ingredientes: 250 ml de crema y 250 ml del dulce de leche casero que había hecho el día anterior. Pero como el DDL me había quedado superlíquido, la mousse tampoco salió muy espesa. Igual no tengo dudas de que va a ser rica.

Las milanesas con puré al final no las hice porque Charlotte me dijo que mejor esperara para hacerlas cuando estuviese alguna de sus hijas.

Me pasé la tarde preparando un nuevo CV desde cero (en francés y con colores e íconos para que sea vistoso) para conseguir trabajo de animador.


¿Te acuerdas de はじめてのおつかい (Hajimete no Otsukai), la serie de los niños japoneses que salen solos a hacer mandados con 2-5 años? Cada tanto me acuerdo de ella, y la busco para ver si han salido nuevos episodios. No hay nuevos capítulos —al menos no en Netflix—, pero sí encontré un artículo revelando algunos detalles interesantes acerca de la producción de la serie.

Miro, de dos años, tiene dos misiones: entregarle un delantal a su padre, que es chef de soba, y recoger el reloj de su madre en la joyería. Corre a toda velocidad por una calle de su bulliciosa ciudad, sin apenas detenerse a charlar con los tenderos que la animan, y le entrega el delantal a su padre, que se lo agradece. Pero, de vuelta a casa, se distrae y pasa de largo por delante de la joyería.

Miro deambula por ahí, sin conseguir encontrar la tienda. Cuando llega a casa, se echa a llorar. Cuando su madre se ofrece a ir a comprar helado para las dos, Miro empieza a llorar aún más fuerte. «¡Iré yo, mami!», grita, con los mocos chorreándole por la nariz. «¡Quiero ir yo!». Decidida, al final vuelve para terminar lo que había empezado… y lo consigue.

Desde 1991, el reality de Nippon TV «Old Enough!», que sigue a niños japoneses de entre 2 y 5 años mientras realizan sus primeros recados solos, ha captado la alegría y la agitación de los pequeños (por no hablar de sus padres) dispuestos a dar sus primeros pasos hacia la independencia. Desde que el programa se estrenó en Netflix a nivel mundial el 31 de marzo, las redes sociales se han llenado de comentarios, ya que muchos espectadores internacionales lo han descubierto por primera vez. El programa también ha suscitado un debate sobre las diferencias culturales en la crianza de los hijos, ya que la cultura japonesa fomenta en gran medida el sentido de la responsabilidad en los niños desde una edad temprana. Sin embargo, a pesar de las décadas que lleva grabándose «Old Enough!», el programa no siempre transcurre sin contratiempos (o sin algunas lágrimas).

Entonces, ¿cómo afronta exactamente el equipo los momentos difíciles con los niños pequeños? El director ejecutivo Junji Ouchi y la productora Naoko Yano están aquí para responder a vuestras preguntas más importantes; por ejemplo, si el equipo de producción puede ayudar a niños como Miro cuando se quedan atascados. (Pista: normalmente no lo hacen.)

¿Cómo surgió la idea de «Old Enough!»?
Todo empezó con una reflexión: en Japón siempre ha existido la costumbre, ampliamente aceptada, de pedir a un niño que haga un recado. ¿Y si grabáramos a un niño cuando le mandan a hacer su primer recado, sin que se diera cuenta de lo que estamos haciendo? Quizá pudiéramos encontrar algo en las imágenes que mereciera salir en televisión. Con esa idea, empezamos a hacer simulaciones y descubrimos que, de cada diez recados que grabábamos, aproximadamente uno resultaba apto para la televisión. A día de hoy, nos centramos únicamente en grabar esos primeros momentos de los recados y, de cada seis a diez, uno acaba emitiéndose.

¿Cómo encontráis a los niños? ¿Quién elige el recado que se les asigna?
Elegimos a aquellos a los que, de todos modos, se les va a pedir que hagan un primer recado, independientemente de si van a ser grabados o no. No es lo mismo que buscar candidatos para un programa de concursos de televisión. No sentimos que estemos haciendo un programa de televisión; se trata más bien de un documental, e intentamos encontrar familias que nos permitan grabar sus historias. Las situaciones familiares han cambiado drásticamente en los más de 30 años desde que empezamos con esto, pero en Japón se mantiene la tradición de enviar a los niños a hacer recados. Nuestra esperanza es documentar la «tradición de los recados» antes de que desaparezca poco a poco.

Las familias deciden qué recado quieren que haga su hijo; nosotros no les decimos qué tienen que hacer. De hecho, compartimos historias de fracasos que se han producido a lo largo de los años y ofrecemos consejos sobre cómo conseguir que su hijo se sienta motivado con su tarea. A menudo, sugieren que el niño decida qué quiere comprar, pero eso no es un recado, es simplemente ir de compras. Es cuando hacen un recado cuando sale a relucir su verdadera fuerza. A un niño le cuesta perseverar hasta el final a menos que lo haga por alguien. Por primera vez en su vida, un niño al que hasta ahora le han hecho todo, llega a experimentar la alegría de hacer algo por alguien.

¿Tiene el equipo de cámara instrucciones de esconderse de los niños en determinados lugares?
El equipo de cámara lleva disfraces y finge ser transeúntes, por lo que no necesita esconderse. Les decimos que actúen con normalidad, pero los miembros nuevos del equipo suelen querer esconderse. Saben que, cuando un niño les habla, deben manejar la situación como lo haría un adulto, y tienen instrucciones de no entablar conversación con el niño.

¿Les cuesta mantener la seriedad cuando los niños les hablan mientras hacen un recado?
A veces, un niño pregunta: «¿Qué estás haciendo?». Nosotros simplemente le devolvemos la pregunta y le decimos: «¿Y tú, qué estás haciendo?». Ellos responden «¡recados!» con orgullo y empiezan a hablar de lo que se han propuesto hacer. Se olvidan de que tenían una pregunta y siguen con su tarea. A esa edad, solo pueden pensar en una cosa a la vez, y nosotros aprovechamos eso cuando hacemos el rodaje.

Los niños menores de 5 años y 3 meses no se dan cuenta de que los están siguiendo. Simplemente llegan a casa y le dicen a su madre: «¡El electricista» —que en realidad es un miembro del personal disfrazado— «también estaba corriendo!». Los niños de esa edad se desarrollan a ritmos diferentes en lo que respecta a su capacidad para pensar en varias cosas a la vez, así que nos lo tomamos con flexibilidad.

¿Cuándo se puede ayudar a los niños? ¿Con qué frecuencia hay que hacerlo?
No hay una respuesta sencilla a esta pregunta, ya que depende de cada caso concreto. No hay nada más importante que aceptar la personalidad de un niño, por lo que tratamos a cada uno de ellos como un individuo y tratamos de no herir sus sentimientos. Lo único que realmente queremos es que el niño pase un día increíble, lleno de recuerdos que atesorará toda su vida. Esto es lo que los adultos debemos garantizarle al niño, desde la familia hasta el personal y las personas con las que nos encontramos durante la salida. A veces, tenemos que hacer de malos para animar al niño a ser independiente. «¿Es realmente lo mejor para el niño que le ayude amablemente ahora mismo? ¿Podría tener un efecto negativo?» Cuando los adultos ayudan a un niño por amabilidad, ¿podría ser porque no lo ven como a un igual? La fuerza de un niño proviene de su deseo de hacer algo por los demás y de su autoestima. Intentamos asegurarnos de que no se sienta como si lo volvieran a tratar como a un bebé.

[…]

Netflix Tudum

Encontré también este otro artículo sobre una niña occidental de 6 años que, luego de que su familia se mudara a Japón, estaba maravillada de ver niños de su edad saliendo a la calle solos, así que le dijo a sus padres que ella también quería intentarlo.

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Niña occidental de 6 años yendo a comprar algo al 7-Eleven por su cuenta

Por último, descubrí que —luego del éxito de Old Enough en Netflix— dos países crearon su propia versión de la serie: Singapur y Canadá.

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Versión de Singapur de Old Enough

En YouTube puedes encontrar vídeos de episodios de ambas series, aunque para verlos debes estar en Canadá/Singapur o usar una VPN para hacerle creer a YouTube que estás en Canadá/Singapur. Por suerte Firefox ahora viene con una VPN gratuita así que simplemente usé eso.

Debo decir que me sorprendió ver niños occidentales de 3-4 años yendo solos a hacer recados en Norteamérica, uno de las regiones del mundo desarrollado más hostiles a caminar por la calle. La planificación urbana en Canadá es igual que en Estados Unidos: aceras estrechas, zonas residenciales alejadas de los comercios, dependencia del coche y espacios poco propicios para la vida peatonal. Todo lo contrario a las ciudades japonesas.

En Estados Unidos —y probablemente en Canadá también, ya que cultural y jurídicamente son muy similares—, si dejas que tu hijo se desplace solo por la calle, corres el riesgo de ser acusado de abandono o negligencia, y de que te llamen «la peor mamá del país», como le pasó a Lenore Skenazy cuando dejó que su hijo de 9 años tomara solo el metro de Nueva York para volver a casa. Por esta razón es que me llama la atención que justo Canadá haya decidido hacer su versión local de Hajimete no Otsukai.

Adoré especialmente a Parker, de 4 años, que aparece en la segunda mitad del premier episodio. Tan pronto como la madre le dice que su hermana menor se fue al jardín habiendo dejado en la casa sus guantes y gorro, Parker suelta una sonrisa de oreja a oreja al mismo tiempo que exclama: «I can go on an independent walk!» («Puedo hacer una caminata independiente!»). Luego, cuando sale a la calle se pasa toda la caminata riendo supercontenta de poder ser útil a su familia y hacer cosas ella sola sin la ayuda ni la vigilancia de nadie. Debería haber muchos más padres que se animen a dejar a sus hijos hacer esto; Parker nos muestra que los niños pequeños no solo son totalmente capaces sino que además les encanta.

Igualmente hay un realidad, y es que estos padres no estaban realmente dejando que sus hijos salieran solos a hacer un recado, sino haciéndoles creer que estaban saliendo solos, ya que en realidad había un grupo de gente todo el tiempo observando cada movimiento que hacían, e incluso interponiéndose entre ellos y los vehículos en los cruces peatonales. Dudo mucho que los hubieran dejado si el equipo de producción de la serie no hubiese estado presente durante todo el trayecto, no solo porque habrían tenido demasiado miedo a que le pase algo a su hijo, sino también porque habría sido ilegal.

El programa de Singapur arranca con una leyenda que pone: «CHILDREN IN THIS PROGRAMME ARE CONSTANTLY UNDER CLOSE SUPERVISION» (Los niños en este programa están constantemente bajo supervisión de cerca). Esta para mí es la radical diferencia entre Japón y estos dos países: que en Canadá/Singapur los padres dejan a los niños hacer estas cosas solo cuando saben que va a haber personas observándolos y cuidándolos todo el tiempo, mientras que en Japón lo harían mismo sin las cámaras y el equipo de supervisores.

Ame,
Kato