Kara Ema:
Martes 1.º de septiembre.
Este día arrancarían las clases los niños de todas las escuelas primarias en Francia. Juliette estaba en la escuela media, así que arrancaría un par de días más tarde (el jueves). Las vacaciones de verano habían oficialmente llegado a su fin.
A las 8:30 llegué a la escuela donde trabajaría en Mougins. Me habían dicho que tendría que ir todos los martes de 8:45 a 11:00 para participar de una reunión para planificar la jornada del miércoles.
Frente a la puerta estaba lleno de padres dejando a sus hijos en la primera jornada de este nuevo ciclo escolar. Algo que me resultó curioso fue que también había varios policías. Se ve que los franceses se toman muy en serio el protocolo antiterrorismo que tienen implementado (Vigipirate).

Esta escuela tenía dos partes bien diferenciadas, y completamente separadas una de la otra: el sector jardín y el sector primaria. Cada sector tenía su propia entrada, y no se podía pasar de un sector al otro desde dentro. Lo que sí se podía era ver el patio de un sector desde el otro, dado que ambos patios estaban enfrentados y separados por rejas.
El colegio estaba ubicado sobre una avenida donde pasaban autobuses. Había una parada de autobús justo frente a la entrada. Sin embargo, como los padres no se tomaban el autobús para venir a dejar a sus hijos sino que prácticamente todos venían en coche, la entrada a la escuela era por el aparcamiento del otro lado. Es decir que si yo venía en autobús, tenía que dar toda la vuelta para poder entrar.
Igualmente por lo general no estoy yendo en autobús sino a pie. Según mi GPS es más de una hora de caminata desde Mouans-Sartoux, pero si camino a paso ligero puedo hacerla en 45 minutos. Lo ideal para una distancia así en realidad sería una bicicleta. Creo que Charlotte tiene una, pero como no la usa nunca no debe de estar en buenas condiciones. Además en Francia —salvo en las grandes ciudades como París— la gente normalmente no usa bicicletas, y puede ser medio peligroso con las calles angostas y el gran flujo de coches (en algunas partes hay bicisendas, pero no en todo el trayecto).
En un momento me hicieron un tour por la escuela, o al menos por las partes a las que tendría acceso los miércoles. Por desgracia no podría entrar a ninguna de las aulas de clase, dado que según me explicaron los docentes no querían que nadie entrara ahí.
Uno de los cuartos que me mostraron y que utilizaría seguido fue el depósito de material recreativo-deportivo, donde había pelotas, conos, aros, cintas y muchas más cosas que podría emplear en mis juegos y actividades.

Luego también me mostraron las dos salas donde instalaríamos a los niños. Una de ellas sería para CE1 y la otra para CP. Yo estaría a cargo de CE1.

Estoy seguro de que te lo conté alguna vez, pero por si no lo recuerdas, la siguiente es la forma en que se dividen los años en una escuela primaria francesa:
| Nombre | Abreviación | Edades |
|---|---|---|
| Cours préparatoire | CP | 6-7 años |
| Cours élémentaire 1re année | CE1 | 7-8 años |
| Cours élémentaire 2e année | CE2 | 8-9 años |
| Cours moyen 1re année | CM1 | 9-10 años |
| Cours moyen 2e année | CM2 | 10-11 años |
Aparte de estas dos salas, los únicos otros sitios del edificio a los que tendríamos acceso serían el refectoire (comedor) y los sanitarios.
Los baños estaban separados por género pero no por rango etario. Es decir, había un baño para varones y otro para mujeres, los cuales podían ser usados tanto por los alumnos como por los animadores.
Si bien nunca los pude ver en persona, según un mapa que vi de toda la escuela, parece ser que los baños de la planta superior son mixtos, es decir no separados por género, como en mi opinión tendrían que ser siempre.
A las 11:30 volví a casa.
A la tarde volví a salir. Me tomé un tren a Cannes con la idea de pasar por una peluquería. No me cortaba el pelo desde que había estado en Atenas, donde el corte recuerdo que me había salido 5€.
En Francia es prácticamente imposible encontrar un corte por 5€. La mayoría suele estar entre 20€ y 25€. Por suerte Charlotte me dijo la calle donde tenía que ir para encontrar una peluquería barata, y allí pude conseguir un corte por 10€ (solo efectivo, obviamente).

A las 16:00 volví a casa y me sentí un rato en el salón con Kitten.

Entre las 17:30 y las 19:00 di una clase online de Scratch.
Sí, conseguí otro trabajo más: como profe de tecnología para niños. Enseñar informática a niños es algo que siempre quise hacer al menos una vez, y al fin he conseguido la oportunidad para hacerlo.
Lo de enseñar por Internet también es una nueva experiencia para mí. Si bien tiene sus ventajas (no tener que desplazarse y poder dar clases desde cualquier parte del mundo), también tiene sus lados negativos, como que a veces hay problemas de conexión y técnicos con la funcionalidad de compartir pantalla, es difícil brindar atención y apoyo personalizados e individuales a cada alumno, etc.
De momento estaré enseñando dos clases: una de Scratch los martes por la tarde y una de Python los sábados por la mañana. Los cursos tienen alrededor de cinco alumnos cada uno. Los de Scratch son niños de primaria (7-11 años), mientras que los de Python son un poco más grandes (12-14 años).
Miércoles 2 de septiembre.
A las 7:00 pasadas salí de casa y empecé a caminar hacia el colegio. Llegué justo a las 8:00 en punto, que era la hora a la que tenía que llegar.
Mi jornada laboral iba desde las 8:00 hasta las 18:00. Sí: diez horas de trabajo. Y encima si bien técnicamente había una pausa de una hora, por lo general no nos la tomamos o nos tomamos apenas 20 minutos en su lugar, dado que son muchos niños y faltan adultos para supervisar a todos.
Para que una persona pueda trabajar durante diez horas ininterrumpidas alrededor de tantos niños ruidosos y revoltosos, y por una paga bastante baja, realmente le tienen que gustar muchísimo los niños. Por suerte ese es mi caso. Para mucha gente imagino que un trabajo como este sería equivalente a ser torturados o enviados al infierno. Para mí era más bien el paraíso.
Por cierto, hablando de paga, todavía no sé exactamente cuánto voy a cobrar por este trabajo. Me resulta medio bizarro que no me lo hayan dicho, y que no esté marcado en el contrato que me dieron y me hicieron firmar. Supongo que así se manejan en Francia. Mientras tanto en Japón me habían precisado exactamente cuánto cobraría e incluso cuánto me cubrirían como máximo por gastos de transporte (cosa que en Japón es común que tu empleador te cubra, pero en Francia lamentablemente no lo es).
El salario mínimo en Francia es alrededor de 10€ netos por hora. Asumiendo que me van a pagar el mínimo y considerando que trabajo 12 horas por semana, un cálculo aproximativo me daría que voy a cobrar 12 × 4 × 10 = 480€ por mes. Y en el otro trabajo de enseñar tecnología en línea, dando dos clases de una hora y media por semana cobraré más o menos 1,5 × 2 × 4 × 10 = 120€. 600€ entre los dos trabajos. Con eso me puedo financiar un pequeño viaje por Europa de 4 o 5 días entre miércoles y miércoles. Nada mal como estrategia, ¿eh? Trabajo de lo que me gusta y gano justo lo suficiente como para poder seguir viajando.
La siguiente tabla muestra a grandes rasgos el programa tipo de un miércoles en el centro de recreación donde trabajo:
| Hora | Descripción |
|---|---|
| 07:20 | Llega el animador encargado de abrir la escuela |
| 07:30 | Recepción de los niños por parte de los padres |
| 08:00 | Llegada del resto del equipo de animación |
| 08:30 | Preparación de las actividades de la jornada |
| 09:00 | Reunión de todos los niños para pasar lista |
| 09:10 | Presentación de la jornada a los niños |
| 09:30 | Comienzo de las actividades de la mañana |
| 11:10 | Fin de las actividades de la mañana, ordenar |
| 11:30 | Comienzo del horario de almuerzo para CP/CE1 |
| 12:30 | Tiempo tranquilo dentro de la sala para CP/CE1 |
| 13:30 | Partida de los alumnos que hacen media jornada |
| 14:15 | Comienzo de las actividades de la tarde |
| 15:50 | Fin de las actividades de la tarde, ordenar |
| 16:00 | Merienda |
| 16:30 | Comienzo de la guardería ※ |
| 17:20 | Se va el animador que había llegado más temprano |
| 17:40 | Se junta a los niños que quedan frente al portón |
| 18:00 | Fin de la jornada |
※ La llamada «guardería» es un tiempo al final de la jornada en donde el animador termina su rol activo de implementar actividades/juegos y arranca su rol pasivo de supervisión. En otras palabras, en este momento dejamos que los niños jueguen y charlen entre ellos sin involucrarnos mucho, pero siempre estando presentes para supervisarlos.
Cuando los niños no se acordaban de mi nombre, me llamaban monsieur, lo cual no me gustaba para nada. Detesto ser llamado monsieur (o mismo «señor» en español, o «sir» / «mister» en inglés); me resulta demasiado formal, y a mí las formalidades mucho no me van.
Igual, como me imaginaba que sería el caso, en los centros de recreación el ambiente es mucho más informal/relajado que en el aula de clases. Los niños llaman a los adultos por su nombre de pila, y viceversa. Todo el mundo se tutea. Mientras tanto, a los docentes normalmente se los debe llamar por el apellido y tratar de usted (o de «vous»).
Varios niños llevaban en sus mochilas juguetes, peluches (doudous) de sus casas. Sabían que no tenían permitido sacarlos en cualquier momento, así que cada tanto se me acercaba un niño a preguntarme si podía sacar su juguete de su mochila.

Otras cosas que me preguntaban a veces era si podían ir al baño, si podían ir a beber agua, si podían sacar juegos (los que estaban en la sala), y si podían dibujar. Me encantaba que me preguntaran todo el tiempo las cosas. Yo el 90% de las veces les decía que sí.
Aunque por supuesto no todos eran unos ángeles que preguntaban siempre antes de actuar y que actuaban siempre correctamente. También había algunos que sacaban juegos sin preguntar, que no ordenaban después de usar las cosas, que jugaban a encender y apagar la luz de la sala, que pegaban o se peleaban con otros, que gritaban, etc.
Cada vez que me encuentro frente a niños europeos que les cuesta seguir las consignas y respetarse mutuamente, no puedo evitar pensar en los niños japoneses. Por ejemplo, cuando les pido a estos niños franceses que se sienten todos en el suelo haciendo una ronda y que me presten atención, a veces tardan varios minutos hasta que finalmente están todos en silencio, sentados y escuchándome. Pienso que los niños japoneses no tardarían más que unos pocos segundos.
Con esto no quiero decir que los franceses (o europeos en general) no sepan educar a sus hijos y que los japoneses tengan hijos perfectos, sino simplemente que la manera en que la sociedad japonesa funciona haciendo tanto hincapié en seguir las reglas, en respetar al prójimo, en que todos somos parte de un colectivo y todos nos ayudamos mutuamente—todas estas ideas de colectivismo y cooperación que se les inculca a los niños desde jardín en Japón claramente contribuyen a que los niños se comporten tan bien y estén siempre motivados a seguir las consignas de los adultos.
Adoro cuando ciertos niños se me pegan, me buscan y me piden estar a su lado. Me resulta hipermegadulce. Por ejemplo, cuando los hago ponerse en ronda siempre están los que quieren ponerse a mi lado y me cogen de la mano. Cuando va a ser la hora del almuerzo, siempre están los que me dicen «¿Puedo sentarme a tu lado en el comedor? ¿Me reservas un lugar?». Escuchar estas cosas me hace sentir que soy un amigo más de ellos, a pesar de que oficialmente los animadores no debemos ser amigos de los niños. «Amigables sí, amigos no», algo así es lo que creo recordar que dijo una de mis profesoras durante mi curso de formación general para el BAFA.
A las 11:30 fuimos a almorzar. Al igual que como era cuando hice el curso del BAFA, teníamos que primero pasar a recoger cada uno de nuestros elementos (entrada, plato principal, postre, pan, vaso, cubiertos, bandeja), y luego nos sentábamos en donde queríamos. En las mesas había jarras con agua que podíamos usar para llenar nuestros vasos.

A las niñas de mi grupo les encanta dibujar. Una de ellas se había traído de su casa uno de esos maletines de plástico que adentro tienen un montón de materiales de dibujo, incluyendo crayones, marcadores e incluso pinturas. Había un problema con eso, y era que le prestaba los elementos de dibujo a sus amigas pero no a los demás, así que yo le dije que si no podía compartir con todos, entonces sería mejor que no lo trayera más a su maletín.



Hay ciertas cosas en la sala que preferiría que no estuviesen allí, dado que prácticamente todo lo que hay es tocado por los niños en algún momento u otro. Por ejemplo, hay una centena de fichas azules, rojas y blancas que no sé bien para qué sirven, pero están en los estantes junto con los otros juegos, y los niños juegan a sacarlas y a desparramarlas por todo el piso de la sala. Luego hay una caja con cosas para hacer música tipo triángulos y panderetas, también hay arcos y escobas. Todas estas cosas están buenas usarlas en determinados momentos, pero no en los tiempos libres/tranquilos. Con lo cual idealmente pienso que deberían estar en un lugar fuera de la sala al que los niños no tengan acceso, y solo dárselas cuando hacemos un atelier de arquería, un atelier de música, etc.

Estas dos niñas eran primas y hablaban ruso entre ellas, y también con otro de los niños de mi clase. La rubia no era mi clase sino que estaba en CE2 (creo). Me contó que había nacido en Ucrania pero se había mudado a Francia cuando arrancó la guerra. La otra niña —que sí estaba en mi clase—, creo que había nacido aquí pero sus padres eran de Rusia. Me sorprendió la cantidad de niños rusoparlantes que había en la escuela.
Estoy seguro de que me estoy olvidando de contarte varios detalles, pero bueno, ya te contaré más en mis relatos de los miércoles subsiguientes.
A las 18:00 me despedí y arranqué la larga caminata de regreso a casa.
Jueves 3 de septiembre.
Me pasé la mañana preparando mi mochila para el viaje. Al mediodía fui a Auchan a comprar provisiones (23€), incluyendo jamón y queso para hacerme sándwiches para el largo trayecto en tren que me esperaba más tarde.
A las 17:45 me tomé un tren de Mouans-Sartoux a Cannes.
Cuando llegué a la estación de Cannes y vi la pantalla anunciando las partidas, no podía creer lo que veía: todos los trenes —incluyendo el mío— estaban retrasados.

Había un TGV que estaba programado para salir a las 17:30 rumbo a París, y que terminó saliendo a las 19:40, es decir tuvo un retraso de dos horas y diez minutos. Esto en Japón no pasaba. No pero en serio no puedo entender cómo un país tan rico como Francia puede tener tantos problemas y retrasos tan frecuentes y tan prolongados en su red ferroviaria. Uno creería que con lo caro que cuestan los billetes de tren aquí (porque son caros), podrían permitirse ofrecer un mejor servicio…
Esperé un rato mi tren en una terraza oculta que tenía la estación de Cannes. Digo «oculta» porque la descubrí de casualidad. Como no había nada en la terraza, no mucha gente iba allí. Aparte de mí solo había un grupo de cuatro chicas adolescentes haciéndose fotos y vídeos para las redes. Noté que unas de ellas estaban fumando con un cigarrillo electrónico. También noté que estaban hablando en ruso.
Tras veinte minutos de retraso, a las 19:50 finalmente me subí a mi tren nocturno rumbo a París. Me había costado 50€. Este tren tenía cosas positivas y negativas. Lo positivo es que tenía baños gratuitos, tomacorrientes para cargar mis dispositivos y wifi gratuito. Lo negativo es que los asientos no se reclinaban y eran medio incómodos para dormir. Igual pude dormir, aunque no sé bien cuánto.
Ame,
Kato