Vuelta a París – Parte 1: Île de la Cité, Jardin du Luxembourg y Saint-Denis

Kara Ema:

Imagínate estar en tu casa con tu familia tranquilos, comiendo la cena o sentados en el sofá viendo la tele, cuando de repente escuchas el zumbido de un dron proviniendo desde la ventana del balcón, seguido inmediatamente de un estruendo ensordecedor. Lo siguiente que recuerdas es levantarte en el hospital, con dolores intensos y el cuerpo mutilado a causa de heridas por metralla y cristales rotos.

Esto fue exactamente lo que le ocurrió a una familia la semana pasada en Jersón. Un padre de 39 años, una madre de 36, un niño de 12 y una niña de 11—todos sobrevivieron pero resultaron heridos y fueron trasladados a un hospital.

Esta es la clase de crímenes de guerra que Rusia está cometiendo a diario contra los ucranianos. Yo sigo las noticias de Jersón porque es la ciudad de mis ángeles, pero me imagino que estas mismas atrocidades están sucediendo en casi todo el país.

Воля Україні! 🇺🇦


Viernes 4 de septiembre.

A las 8:00 llegué a París. Era mi segunda vez en la capital francesa. Mi primera había sido una semana hace cinco años, donde me la pasé yendo a los sitios turísticos tales como museos y monumentos.

Esta vez no estaba en París para hacer turismo, sino principalmente para encontrarme con mi papá, que había venido de visita con su mujer. Ambos se estaban quedando en un hotel en el centro, cerca de la torre Eiffel aunque del otro lado del Sena, en el arrondissement número 16.

Desde la Gare d’Austerlitz caminé hasta el hotel, atravesando los arrondissements número 5, 6 y 7, todo el tiempo bordeando el Sena. Llegué a las 9:15, mientras aún estaban desayunando. Nos quedamos un rato sentados en la mesa charlando.

Bordeando el Sena

En el hotel había un periódico del New York Times, cuya tapa mostraba a unos niños ucranianos teniendo clase en su escuela primaria subterránea.

Artículo sobre escuelas primarias subterráneas en Ucrania (I)
Ídem (II)

Extractos del artículo:

A simple vista, las escuelas parecen solo patios de recreo o campos de fútbol, con las aulas hundidas como búnkeres bajo yardas de tierra. Los niños solo pueden vislumbrar el cielo de vez en cuando, cuando las señales de fin de alarma antiaérea les permiten pasar un rato al aire libre.

Durante el primer día de clase, el martes, en la ciudad de Zaporizhzhia, al sur de Ucrania, los alumnos pasaron el recreo reunidos bajo los conductos de ventilación o sentados en los bancos que hay junto a los muros de hormigón armado. Sus piececitos se balanceaban por encima del suelo.

En la actualidad hay 74 de estas escuelas totalmente subterráneas en Ucrania, lo que pone de manifiesto la prolongación de la guerra y la campaña de bombardeos aéreos rusos, que no hace más que intensificarse tras más de cuatro años de conflicto.

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Puede parecer apocalíptico enviar a los niños a ese tipo de colegios. Pero, en cierto modo, son los afortunados.

La mayoría de los 3,6 millones de niños en edad escolar de Ucrania estudian en línea o en la superficie. Durante las alertas aéreas, bajan a los sótanos, donde los alumnos de todas las edades se apiñan y resulta imposible impartir clase.

En Kiev, la capital, el viernes, por ejemplo, las alertas aéreas estuvieron activas durante 158 minutos, lo que equivale a cuatro de las seis clases de una jornada escolar. La ciudad lleva días sufriendo ataques casi constantes de drones propulsados por reactores, lo que tiene a los padres muy preocupados. El martes, una alerta aérea interrumpió las ceremonias de inauguración del curso escolar en la ciudad.

Las autoridades de la región de Kiev instaron a los colegios a evitar cualquier acto que reuniera a multitudes, por si un dron les alcanzara. «La seguridad es lo primero», imploró Tymur Tkachenko, el administrador militar regional.

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Zaporizhzhia, una ciudad siderúrgica situada a menos de 15 kilómetros de la línea del frente, lleva años siendo blanco de las bombas y los drones rusos. La ciudad ha construido 10 colegios subterráneos con financiación europea, y hay 22 en toda la región.

Paradójicamente, estos colegios situados en primera línea en Zaporizhzhia —un lugar, en general, mucho más peligroso que Kiev— están mejor preparados para mantener a los niños en las aulas.

Yulia Barabash llegó al patio del colegio Sichovy, situado en el sótano, con su hijo Damir, de 13 años y 1,8 metros de alto, que empezaba 8.º curso. A continuación, bajaron un tramo de escaleras para llegar a las aulas.

Los niños correteaban por los túneles de hormigón pintados de azul, vestidos con camisas tradicionales bordadas y llevando flores para regalárselas a sus profesores el primer día, durante una ceremonia llamada «la primera campana».

La Sra. Barabash dijo que su hijo se había pasado el verano jugando a videojuegos y asistiendo a clases de taekwondo. Se alegraba de que hubiera vuelto al colegio, afirmó, sobre todo porque allí está mucho más seguro que en casa, en la superficie.

«Me gusta estudiar aquí», dijo Damir. «Los profesores son muy amables y me siento seguro».

El año pasado también estudió bajo tierra. Según cuenta, muchos días se pasa todo el día bajo tierra. «A veces, cuando tenemos un descanso entre clases, nos dejan salir a tomar el aire», explicó. «Pero si suena una alarma, hay que volver».

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Para los niños, un recuerdo de la guerra en la superficie aparece en un pasillo en forma de cartel en homenaje a los cuatro antiguos alumnos y un profesor que han fallecido como soldados en el ejército. Unos girasoles frescos en jarrones adornaban el monumento conmemorativo. «Memoria eterna a nuestros héroes», decía.

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Algunos alumnos combinaban el orgullo por su colegio con algunas quejas sobre el hecho de que estuviera situado bajo tierra. «Nos gusta el colegio, pero no podemos salir fuera por culpa de la guerra», dijo María Guchkova, de 14 años, una alumna de 8.º curso a la que le gusta estudiar inglés.

La guerra ha afectado negativamente a la educación, al igual que a muchos otros aspectos de la vida en Ucrania. Las puntuaciones en las pruebas estandarizadas han bajado durante la guerra, según ha señalado Tetiana Zheriobkina, analista educativa de Cedos, una organización de investigación con sede en Kiev.

Los estudios muestran una correlación entre la ansiedad infantil relacionada con la guerra y el descenso de las calificaciones, afirmó. «Año tras año, los indicadores no mejoran», añadió.

El país cuenta con 11 940 centros educativos, de los cuales unos 2 000 imparten clases exclusivamente en línea. La mayoría combina la enseñanza en línea con la presencial. Algunos, a través de clases en línea, imparten clases de forma clandestina a ucranianos en zonas ocupadas por Rusia.

Por ley, todos los colegios de Ucrania deben disponer de un refugio antiaéreo de fácil acceso para poder impartir clases presenciales. Por lo general, se trata simplemente de sótanos, que son seguros pero no aptos para la enseñanza.

Las autoridades de la capital están barajando la posibilidad de habilitar aulas en los sótanos para los cursos más bajos. Los directores serán quienes tomen la decisión definitiva sobre dónde se podrá continuar con las clases durante las alertas aéreas.

En otras partes de Ucrania, las ciudades han construido colegios subterráneos o han reconvertido espacios subterráneos en diversos lugares, como cines, hospitales, guarderías, estaciones de bombeo de agua e infraestructuras de gas natural.

[…]

The New York Times

A eso de las 12:00 salimos a pasear. Nos tomamos un metro a Île de la Cité, una de las dos pequeñas islas ubicadas en el medio del Sena, y en el corazón de París. Pasamos por la Catedral de Notre Dame.

Cathédrale Notre-Dame de Paris (I)
Cathédrale Notre-Dame de Paris (II)
Cathédrale Notre-Dame de Paris (III)

La admiramos solo desde afuera. No entramos porque había que hacer una fila considerable y nadie tenía ganas de esperar tanto bajo el sol en pleno mediodía.

En su lugar entramos a otra iglesia mucho menos turística, llamada Saint-Nicolas du Chardonnet.

Église Saint-Nicolas du Chardonnet (I)
Église Saint-Nicolas du Chardonnet (II)

Luego pasamos frente al Panthéon y a la Place de l’Estrapade, famosa por la película Emily in Paris.

Panthéon
Place de l’Estrapade

A las 14:00 nos sentamos a almorzar en unas mesas de afuera del restorán tibetano Tashi Delek. Nos pedimos un menú de momos.

Restorán Tashi Delek
Almuerzo de momos

A las 15:30 fuimos a por un helado de Amorino.

Helado de Amorino

Cerca de las 16:00 llegamos al Jardin du Luxembourg y nos paseamos un rato por ahí.

Jardin du Luxembourg (I)
Jardin du Luxembourg (II)
Jardin du Luxembourg (III)
Jardin du Luxembourg (IV)

Algo que noté de diferente en París comparado con donde estoy viviendo en el sur de Francia, es la cantidad de niños que veo solos por la calle. Por supuesto que no se le acerca a Japón, pero al menos se ven relativamente seguido, cosa que en otras comunas francesas prácticamente no se ve. Pienso que la razón se debe a que metrópolis como París se prestan bastante bien a usuarios no motorizados, en otras palabras, las calles parisinas son seguras para caminar y para andar en bici.

Esto es lo que me dijo ChatGPT acerca de la razón: «En París se ven más niños y adolescentes solos principalmente porque la ciudad está mucho más densamente conectada y ofrece una red de Metro, RER y autobuses que permite desplazarse fácilmente sin depender de un adulto o de un coche; además, colegios, parques, tiendas, bibliotecas y actividades suelen estar cerca de casa, y los niños parisinos empiezan a desplazarse de forma independiente desde edades relativamente tempranas, especialmente a partir del collège (11-15 años). En Cannes, en cambio, hay más zonas residenciales dispersas y se depende más del coche o de trayectos en autobús, por lo que los padres suelen acompañar más a sus hijos. También influye que en París haya muchísima gente en las calles y comercios, creando un entorno urbano donde los niños pueden moverse solos pero siguen estando rodeados de adultos.»

Niña en París cruzando la calle sola al mismo tiempo que tenía la mirada clavada en la pantalla de su teléfono. Me gusta su estilo de usar Crocs con calcetines. A juzgar por la hora (16:30) y por el hecho de que llevaba mochila, pienso que estaría saliendo de la escuela y volviendo a su casa.

A las 17:00 nos sentamos en una cafetería histórica famosa llamada Les Deux Magots. Por más famosa y buena que fuese, un caramel macchiato a 11€ me pareció bastante exagerado. Por ese precio me compro un menú mediano en McDonald’s o un kilo y medio de helado en el supermercado.

Latte macchiato noisette caramel de Les Deux Magots

Después del café pasamos por un opticien (óptica / tienda de gafas), donde mi papá se compró unos lentes para él.

A eso de las 19:00 volvimos al hotel, donde nos despedimos por el día. Yo me fui a tomar el metro y luego el tren para ir a Saint-Denis, una comuna ubicada justo al norte de la ciudad de París, dentro de su área metropolitana (Grand Paris).

Se trata del suburbio más poblado de París. Dado que vivir dentro de la ciudad es prohibitivamente caro para muchos, lo que hacen entonces es alquilarse o comprarse un apartamento en las afueras (e.g. Saint-Denis), y tomarse todos los días transporte público para viajar a París para trabajar. Podría decirse que Saint-Denis es una ciudad satélite de París así como Saitama lo es de Tokio.

La razón por la que iba ahí era porque había quedado con Marco de BeWelcome que dormiría unos días en su casa. Considerando que en París los alojamientos —incluyendo los albergues juveniles más baratos— no bajan de 30-40€ por noche, la verdad es que me ahorré bastante dinero.

A las 20:00 llegué a lo de mi anfitrión.

Marco era un aficionado a los juegos de mesa, sobre todo a un tipo de juego en particular llamado eurojuego o juego de estilo alemán. Tenía una colección importante de estos juegos en su casa.

Juegos de mesa de Marco (estos ni siquiera eran todos los que tenía).

Marco no solo me ofreció alojamiento gratuito, sino que encima fue lo suficientemente majo para prepararme algo para cenar.

Cena que me invitó mi anfitrión

Me contó que trabajaba como profesor de Bridge, creo que dos veces por semana. También cada tanto participaba o intervenía en torneos.

En unos meses iba a arrancar a estudiar para obtener el BPJEPS, un diploma francés de animación. La diferencia con el BAFA es la siguiente:

  • BAFA (Brevet d’Aptitude aux Fonctions d’Animateur): formación para trabajar como animador con niños y adolescentes, sobre todo en colonias, centros de ocio y actividades extraescolares. Es una cualificación relativamente corta y orientada a la animación.
  • BPJEPS (Brevet Professionnel de la Jeunesse, de l’Éducation Populaire et du Sport): es un diploma profesional de nivel superior que permite ejercer como profesional de la animación o del deporte. La formación es mucho más larga y especializada y puede ser necesaria para ocupar puestos de responsabilidad o trabajar como profesional a tiempo completo.

Su meta era trabajar en una ludoteca, lo cual para mí tenía bastante sentido con lo apasionado que era por los juegos. Era realmente un otaku de los eurojuegos.

Otra cosa interesante de Marco es que todas las noches iba al cine a ver una película diferente (o a veces la misma). Me explicó que está suscrito a un abono mensual de una cadena de cines llamada UGC, el cual le cuesta 24€ y le permite ir las veces que quiera. Una entrada normalmente cuesta como 12€, con lo cual por el precio de apenas de dos entradas tiene entradas ilimitadas. Nada mal, ¿no? Yo también iría todas las noches si viviese cerca de un cine con semejante promoción.

La forma que elige las películas que va a ver también es bastante peculiar. Marco es la clase de persona que no le gusta saber de qué trata una película antes de verla. Mientras menos sepa acerca de la trama, mejor. Cuando me dijo esto, le pregunté: «¿Entonces en base a qué criterios escoges las películas que deseas ver?». Me explicó que lo hace a partir del director y de los premios que recibe el filme (e.g. el Palme d’Or del Festival de Cine de Cannes).

A las 21:30 fuimos al cine; al UGC Ciné Cité Les Halles.

El UGC Ciné Cité les Halles es un multicine de la cadena UGC situado en el Forum des Halles, en el distrito 1 de París.

Desde 2017, es el cine más visitado del mundo. En 2025, recibió a más de 2,5 millones de espectadores y programó más de 700 películas. En 2005, otra clasificación lo situó como el multicines más grande de Europa por número de salas. Sus 27 salas suman un total de 3 896 butacas.

Wikipedia

Fuimos a ver una peli llamada Fjord. Marco pasó gratis, y yo pagué un precio con descuento gracias a la suscripción de mi anfitrión (8€).

Fjord es una película dramática de 2026 escrita, coproducida y dirigida por Cristian Mungiu. La película está protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve como una pareja conservadora (él rumano, ella noruega) que se enfrenta al escrutinio público tras mudarse al pueblo natal de la mujer, remoto y progresista.

La película tuvo su estreno mundial en la competición principal del Festival de Cine de Cannes de 2026 el 18 de mayo, donde fue nominada a la Palma de Oro y posteriormente ganó dicho premio el 23 de mayo del 2026, siendo la segunda Palma de Oro de Cristian Mungiu.

Wikipedia

Si bien en general me gusta el cine europeo, esta peli no me pareció tan buena. Igual es cierto que me perdí algunas partes ya que estaba cansado y me quedaba dormido de a ratos (había estado despierto desde las seis de la mañana y quién sabe cuánto habré podido dormir en aquel tren tan incómodo).

A las 24:30 nos tomamos creo que el último tren (o en tal caso uno de los últimos) de regreso a Saint-Denis.

A las 25:00 Marco convirtió los dos sofás de su salón en camas y nos fuimos a dormir.

Ame,
Kato