Kara Ema:
El martes entre las 9:00 y las 11:00 estuve en la escuela para la reunión. Sigo pensando que no es necesario que vaya, y la verdad que preferiría no tener que ir, pero bueno. Al menos me pagan.

Cuando llegué a casa me puse a preparar una actividad para los peques de mi clase.

El miércoles fue mi segunda jornada de mercredi en centre de loisirs (miércoles en centro de recreación).


No le hice foto, pero en el almuerzo comimos ravioles con salsa de tomate.
Una de mis partes favoritas de la jornada fue cuando conecté mi teléfono a un parlante Bluetooth y empecé a pasar canciones que los niños me pedían. Les dije que si querían que pusiese su canción había una condición: la tendrían que bailar o cantar.

Estos son algunos de los temas que me pidieron y que bailaron:
- «Dai Dai» de Shakira.
- «Zoo» de Shakira.
- «No Batidão» de Zxkai y Slxughter.
- «Ma lune» de Zaho.
- «Pilé» de Mauvais djo.
Luego hicimos un juego que preparé yo, y que requería también de música pasada por el parlante. La idea era que cada vez que se paraba la música, los niños tenían que tirarse al suelo haciéndose los dormidos, con los ojos cerrados. En ese momento yo pasaría a poner una toalla encima de uno de los peques, cubriéndole completamente. Acto seguido les pediría que abriesen los ojos y que me dijesen quién había desaparecido.

Cerca de las 18:00 agrupamos a los niños que quedaban cerca del portón. Los mismos estaban jugando al ajedrez.

Al parecer, el ajedrez («échecs» en francés) goza de cierta popularidad en las escuelas primarias del Hexágono. Algunas incluso realizan torneos.
Por cierto, una cosa que no te conté hasta ahora es cuántos somos. En mi sala de CE1 suelen ser alrededor de 21-23 niños, y la mayor parte del tiempo yo soy el único responsable de todos ellos, dado que la otra animadora también es la jefa de todos los animadores, con lo cual tiene otras responsabilidades y no puede estar en la sala todo el tiempo como yo.
Luego, en la sala de al lado (de CP, los más pequeñines), hay dos animadores, y creo que serán también una veintena de críos.
En cuanto a los demás (CE2, CM1, CM2), no sé muy bien cómo se organizan ni en que parte del colegio están ya que nunca me lo explicaron. Lo que sí te puedo decir es que hay cuatro animadores más. Es decir que en total somos ocho animadores. Están buscando contratar más ya que en realidad deberíamos ser más.
Durante la caminata de regreso a casa (y también durante la ida) me puse a escuchar un audiolibro llamado It’s Not Fair: Why It’s Time for a Grown-Up Conversation About How Adults Treat Children («No es justo: por qué es hora de tener una conversación seria sobre cómo tratan los adultos a los niños»). Este libro fue originalmente publicado en 2024 por la escritora británica Eloise Rickman.
¿Por qué algunos adultos creen que está bien pegar a los niños? ¿Por qué el sistema educativo falla a tantos alumnos? Y cuando su futuro está en juego, ¿por qué los niños no pueden votar?
La forma en que tratamos a los niños no es justa. A pesar de las declaraciones de boquilla sobre sus derechos, los niños siguen siendo objeto de discriminación en todos los aspectos de sus vidas: el aumento de los niveles de pobreza infantil, unos sistemas educativos y de cuidado infantil obsoletos y con financiación insuficiente, prácticas de crianza controladoras y sistemas políticos que excluyen sus opiniones sobre cuestiones que les afectarán en mayor medida —entre ellas, la crisis climática—.
Los niños no son víctimas pasivas de la opresión, pero su resistencia y su lucha por la igualdad han sido ignoradas en gran medida por el movimiento más amplio en favor de la justicia social… hasta ahora. En este manifiesto pionero, Eloise Rickman sostiene que es hora de dejar de considerar a los niños como inferiores a los adultos y empezar a luchar para que se tomen en serio sus derechos.
Radical, compasivo y profundamente esperanzador, este nuevo y contundente libro marca el inicio de un debate, largamente esperado, sobre cómo tratamos a los niños. Con soluciones prácticas y las voces de niños y adultos que trabajan para hacerlas realidad, It’s Not Fair es un llamamiento a apostar por la liberación de los niños y por la posibilidad de un mundo mejor y más justo.
Scribe Publications
Como lo estoy leyendo en formato audiolibro, no te puedo copiar extractos del libro como he hecho con otros que he leído anteriormente. En su lugar te copiaré extractos de una entrevista que le hicieron a la autora.
Laura: Muy bien, Eloise, ¿podrías empezar contándonos un poco sobre ti y tu trabajo?
Eloise: Sí, claro. Y cada vez que hago esto, me entra un miedo terrible a olvidarme de algo realmente importante, como «soy escritora» o «trabajo con padres». Así que sí, soy escritora y trabajo con padres. Escribo libros sobre niños y sobre los derechos de los niños.
Y acabo de terminar de escribir mi segundo libro, que trata sobre la idea de la liberación infantil y aborda todo tipo de temas, desde la crianza hasta la educación, pasando por el cuerpo de los niños. Además de mi labor como escritora, también colaboro con padres impartiendo cursos sobre educación en el hogar y sobre crianza basada en los derechos, así como talleres.
[…]
Laura: Vale. Gran parte de tu trabajo gira en torno a la idea de acabar con el adultismo. No estoy segura de que la gente esté del todo familiarizada con ese término, así que, para quienes lo oigan por primera vez, ¿podrías explicar qué es exactamente y en qué aspectos de la vida de nuestros hijos se manifiesta?
Eloise: Por supuesto, y creo que tienes toda la razón en que no es un término con el que la mayoría de nosotros estemos familiarizados en absoluto, y creo que eso es, de hecho, un problema enorme.
Sabes, creo que ahora, en general, como sociedad, estamos mejorando a la hora de detectar cosas como el sexismo, el racismo o la discriminación por discapacidad, y eso es realmente importante; ya sabes, ser capaz de identificar la injusticia cuando la ves es el primer paso para desmantelarla, para combatirla. De lo contrario, ¿cómo puedes saber realmente a qué te enfrentas y por qué es un problema?
Sin embargo, cuando pensamos en algunos de los tratos que sufren los niños a manos de los adultos, ya sea el hecho de que en Inglaterra, en el momento de grabar este programa, siga siendo legal pegarle a tus hijos —aunque nunca se nos ocurriría que se permitiera que las mujeres recibieran golpes de sus parejas—, o el hecho de que, como sabéis, en muchos centros escolares siga siendo muy habitual que se humille públicamente a los niños, que se les prive de los recreos, etcétera.
Todo esto parece estar bastante desconectado entre sí porque no disponemos del lenguaje necesario para relacionarlo. Y creo que por eso contar con un término como «adultismo» es el primer paso para, en cierto modo, unir esos puntos y ser capaces de ver que los niños, como grupo social, están marginados y son objeto de discriminación frente a los adultos.
[…]
Así pues, otros ejemplos de adultismo relacionados con esto son que, a menudo, pensamos que, como los padres son quienes mejor saben, pueden proteger a sus hijos de aquello que consideramos perjudicial. […] Pero, en realidad, estas cosas pueden acabar siendo bastante perjudiciales para los niños porque no se les da la oportunidad de asumir riesgos, cometer errores o descubrir las necesidades de su propio cuerpo, ni de decidir qué es lo mejor para ellos mismos.
[…] Y creo que esa idea de que los niños no pueden tomar buenas decisiones si se alejan de lo que nosotros, como adultos, consideramos que son buenas decisiones, tiene además una consecuencia más amplia, y es que los niños quedan realmente excluidos de la toma de decisiones políticas.
[…] El hecho de que los niños no puedan votar, lo cual, mientras escuchas esto, quizá pienses: «Bueno, claro que los niños no pueden votar, ¿por qué iban a poder hacerlo? Solo son niños». Pero, sin embargo, este es exactamente el tipo de argumento que se solía esgrimir para justificar que las mujeres no pudieran votar.
Y, de hecho, a lo largo de la historia, hemos sido testigos de enormes cambios en cuanto a qué poblaciones se consideraban capaces, en pleno uso de sus facultades mentales y aptas para participar en esa tarea tan intimidante que supone votar y marcar una casilla. Y, de nuevo, hay mucha gente que ahora cuestiona esto, pero creo que el mero hecho de que haya todo un sector de la sociedad al que le decimos «no tenéis voz» es algo con lo que es realmente importante lidiar.
[…]
¿Y si los padres no fueran los que mandan, sino que, en realidad, colaboráramos con los niños, tomáramos decisiones de forma colectiva y buscáramos relaciones respetuosas, tal y como haríamos en nuestras relaciones de pareja, en nuestras amistades, en nuestras relaciones laborales o, simplemente, como seres humanos que convivimos en este mundo, intentando averiguar cómo llevarnos bien de la forma más respetuosa posible?
[…] Hay muchos estudios que demuestran que, en realidad, si lo que se quiere es que los niños tengan lo que se conoce como «comportamientos prosociales», ser muy controlador o autoritario no es la forma de conseguirlo. Y cuanto más castigamos a los niños, más resultados diferentes se producen, todos ellos bastante negativos.
Pero creo que eso sigue sin tener en cuenta el panorama general, que, en el fondo, no decidimos, por ejemplo, no castigar a nuestra hija, ni gritarle, ni mandarla al rincón de pensar porque pensemos que esa es la mejor manera de formar a una persona buena y feliz.
Lo hacemos porque nos parece jodidamente injusto. Es decir, a mí no me gustaría que mi marido me dijera: «Oye, no me gusta cómo me acabas de hablar. Así que te voy a quitar la tarjeta de débito durante dos días». Ya sabes, eso sería maltrato. […]
No es así como nos relacionamos con las personas que nos importan, pero, sin embargo, hemos normalizado por completo esta forma de tratar a los niños. […] Se trata, básicamente, de tratar a los niños como seres humanos, con respeto.
Laura: […] Otra cosa que mencionaste fue […] acerca de un enfoque radical de la crianza de los hijos que se basa en la liberación de los niños. ¿Puedes contarme más sobre eso y, bueno, en qué sentido las cosas se perciben de forma diferente en ese contexto?
Eloise: Sin duda. Bueno, resumiendo mucho la historia, la gente empezó a hablar de la liberación infantil con ese lenguaje en la década de los setenta, con escritores como John Holt, a quien algunos conocerán. Escribe mucho sobre la educación alternativa… o mejor dicho, escribía. Y gente como A. S. Neill, que fundó la escuela Summerhill, que, de nuevo, es una gran escuela radical en el Reino Unido.
Pero el movimiento de liberación infantil de aquella época —al igual que gran parte de los escritos de los años 70— era muy radical, por lo que se basaba en cierta medida en la idea de que a los niños se les debían conceder exactamente los mismos derechos que a los adultos, incluso en lo que respecta a cuestiones como las relaciones sexuales o el acceso a la información; es decir, que a los niños se les debía permitir ver las películas que quisieran. Creo que algunas de estas ideas siguen mereciendo absolutamente la pena ser exploradas y debatidas hoy en día, pero, obviamente, algunas de ellas resultarán muy radicales.
[…]
Así pues, la idea es que sí, en el caso de los niños… deberíamos intentar replantearnos fundamentalmente estas diferencias de poder, pero también hay que partir de la base de que las necesidades de los niños son un poco diferentes a las de los adultos y que podemos seguir asumiendo que los niños son competentes, seguir escuchando sus opiniones e implicarlos en todos los aspectos de la sociedad sin tener que llegar al extremo de una igualdad jurídica absoluta. Así que aún podemos concederles igualdad en sus derechos y dignidad en el trato que reciben.
Así que, para mí, esto es lo que realmente pretende la Liberación Infantil. Se trata de la idea de que es una forma de combatir, en cierto modo, el «adultismo» del que hablábamos antes, y de intentar ver a los niños como personas completas, capaces de opinar sobre todos los aspectos de sus vidas y en quienes realmente se confía. Pero eso va de la mano de contar con adultos a su alrededor que también estén dispuestos a ofrecerles apoyo y cuidados.
[…]
Ya sabes, solemos interpretar que un niño que aparta el plato y dice «No me gusta. No lo quiero» se está portando mal o está demasiado cansado —y quizá sí lo esté—, pero también puede que esté realmente harto de que le controlen las comidas todo el tiempo, y eso es algo que, como mínimo, deberíamos tener en cuenta.
Can I Have Another Snack?
En definitiva, este libro es un manifiesto en contra del adultismo, de la supremacía del adulto, y a favor del infantismo y la liberación de los niños. Me encanta. Ojalá que en los próximos años este movimiento social empiece a cobrar más fuerza como lo hizo en su momento el feminismo y el colectivo LGBT.
El jueves me vi el documental Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom para entender un poco mejor el conflicto entre Ucrania y Rusia.
Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom es un documental dirigido por Evgeny Afineevsky, estrenado en el año 2015 sobre la revolución de la dignidad de 2014, también llamado como euromaidán en Ucrania. Relata los sucesos ocurridos entre noviembre de 2014 y febrero de 2015. Es una coproducción entre Ucrania, Estados Unidos y Reino Unido.
Wikipedia
El viernes, como todas las noches, cené junto a Juliette, Charlotte y Julien mientras estábamos sentados en el sofá del salón viendo un animé. Sí: un animé.
Como sabes, los dibujos animados japoneses son muy populares en Francia. Juliette se la pasa viéndolos, y a Julien también le gustan. Charlotte se interesa un poco también pero pienso que no los vería si no fuese porque su hija y su pareja los ven. Los ven doblados al francés, no subtitulados con el audio original en japonés, lo cual personalmente mucho no me gusta (yo siempre prefiero ver todo con el audio original).
El sábado a la mañana di mi segunda clase de programación en Python. Fue bastante bien, aunque por momentos los chicos me decían que iba un poco rápido. Es que habíamos perdido mucho tiempo al principio intentando configurar el ambiente de los dos alumnos nuevos, y por eso intentaba ir un poco rápido para poder llegar con todo antes del final de la clase. Por suerte llegué, y creo que me pudieron seguir bien.
Ame,
Kato
