Mi cuerpo, la decisión de Papá, Mamá y Estado

Kara Ema:

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Vuelvo a abrir esta sección. Par contre, le he puesto pausa a mi estudio de ucraniano, así que la sección de «Frase del día en ucraniano» seguirá cerrada.

Antonette cantando Sayang Na Sayang (mi tema favorito filipino) en The Voice Kids Philippines.

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Estos últimos días no hice mucho, aparte de extrañar a los niños de la colonia.

El martes Charlotte tenía que ir a Cannes La Bocca, así que me llevó a mí también con el coche.

A las 11:00 me instalé en un parque y me quedé un par de horas ahí. Luego me fui a la Médiathèque de la Verrerie, donde también me quedé un par de horas.

Paseándome un poco por los estantes de la biblioteca, me topé con un libro titulado Corps, Amour, Sexualité — Les 120 questions que vos enfants vont vous poser (El cuerpo, el amor y la sexualidad: las 120 preguntas que te harán tus hijos). La tapa decía también que estaba destinado para niños de entre 5 y 14 años. Lo abrí y me puse a hojearlo un poco.

Tuve sentimientos encontrados con este libro. Por un lado, me encanta que hagan libros de educación sexual integral y positiva para niños a partir de 5 años, como en Países Bajos que enseñan la educación sexual desde jardín. Por otro lado, hay ciertas cosas que no me gustaron para nada de lo que escribe la autora, como el lenguaje inclusivo que utiliza, las inconsistencias y el adultismo.

Página dirigida a niños de 7-10 años, hablando de lo placentera y beneficiosa que es la masturbación.
Página explicando que uno tiene derecho a decidir si quiere o no usar un sostén, o si quiere o no depilarse.

A cada dos páginas más o menos aparecía la siguiente frase: «Mon corps, mon choix» («Mi cuerpo, mi decisión»). Esta frase es linda en principio, pero la realidad es que los adultos —y en particular las feministas como la autora de este libro— cuando dicen esta frase a los jóvenes no están siendo totalmente sinceros sino hipócritas. La realidad es que el cuerpo de los niños no pertenece a los niños sino a sus padres y al gobierno. En las sociedades WEIRD, los niños no tienen derecho a decidir sobre sus propios cuerpos, ¿entonces por qué les decimos «Mi cuerpo, mi decisión»? Hipócritas.

Página explicando acerca del consentimiento, de que nadie te puede tocar si tú no estás de acuerdo.
Página explicando la ley francesa que determina que una persona menor de 15 años no puede consentir a relaciones sexuales

Me costó leer esta página con la enorme carga de escritura inclusiva que tenía: «Si l’adolescent.e est consentant.e, iel peut avoir…». Un asco lo que han hecho las feministas con el francés, el español y el italiano. Arruinaron las lenguas romances.

Cada país tiene sus ideas sobre cuál es la edad mínima a partir de la cual los adolescentes pueden tener sexo legalmente. En Francia es 15 años, en Japón, 16, Italia, 14, etc. Argentina tiene actualmente una de las edades de consentimiento más bajas de todo el mundo: 13 años, siempre y cuando no haya habido estupro (engaño debido a abuso de superioridad).

Claro que todas estas edades son, al fin de cuentas, arbitrarias, y toda ley que limita libertades basándose exclusivamente en una edad arbitraria es, por definición, edadista. Esto es lo que pasa en las adultocracias: los adultos se otorgan plenitud de derechos a sí mismos, y solo un pequeño subconjunto para los jóvenes, restringiendo sus libertades con la excusa de «protegerlos».

Esta es la página que más me decepcionó

En esta página, la autora define «faire l’amour» (hacer el amor) como un momento de intercambio de intimidad entre dos adultos que han dado su consentimiento. O sea, una definición más adultista no tenías, ¿no? ¿Qué te costaba decir dos personas en lugar de adultos? ¿O acaso los millones de adolescentes que hacen el amor en todo el mundo no son personas?

Más adelante dice también que (perdón pero lo voy a citar sin usar el maldito lenguaje inclusivo que usa ella) «Avant l’âge de 15 ans, on considère qu’un enfant n’a pas assez de connaissance de soi et des autres pour faire l’amour en toute sécurité et de manière consentante» («Se considera que, antes de los 15 años, un niño no tiene suficiente conocimiento de sí mismo y de los demás como para mantener relaciones sexuales de forma segura y consentida»).

Y no, normal que el niño no tenga suficiente conocimiento si los adultos se empeñan en ocultárselo, y les incomoda la idea de hablar con sus propios hijos para informarles. Mientras tanto, en los pueblos indígenas cuyos adultos no se horrorizan al escuchar «niño» y «sexo» en una misma frase, los niños sí tienen los conocimientos y las libertades que las sociedades WEIRD no les permiten a sus jóvenes.

La autora continúa: «L’âge de 15 ans est un âge minimum, pas un âge obligatoire. Certaines personnes découvrent la sexualité dès l’âge de 15 ans, d’autres beaucoup plus tard.» («Los 15 años son la edad mínima, no la edad obligatoria. Algunas personas descubren la sexualidad a los 15 años, otras mucho más tarde.»).

Algunas también la descubren mucho antes de los 15 años, pero de esas mejor no hablemos, ¿no? No vaya a ser cosa que los padres que están leyendo mi libro se espanten y me exijan un reembolso. De hecho, si con «descubrir la sexualidad» nos referimos no a tener sexo sino a masturbarse, la mayoría la descubre a alrededor de los 10 años (como fue mi caso también).

La autora termina esta sección con esta frase adultista: «Quand tu seras grand, ça sera à toi de décider quand tu seras prêt à faire l’amour et avec qui» («Cuando seas mayor, serás tú quien decida cuándo estás preparado para tener relaciones sexuales y con quién»).

O sea, le estás diciendo al joven que puede decidir pero solo cuando sea mayor. ¿Mientras tanto quién decide por él? Los padres y el gobierno. ¿Cómo era eso de «mi cuerpo, mi decisión»? Hipócritas.

A las 15:00 me fui de la mediateca y caminé hasta Cannes. Una hora más tarde entré a O’Tacos y me pedí un taco francés. Tuve suerte: justo solo por hoy el taco mediano estaba a 5€, así que me pedí uno en aquel momento, y luego otro más dos horas más tarde.

Taco francés de O’Tacos

A las 19:00 me tomé un tren para volver a casa.


El miércoles fui a la mediateca de Mouans-Sartoux.

Libros de parentalité

Hablemos un poco de esta palabra: «parentalité». En inglés, «parenting». En italiano, «genitorialità». En español, ¿crianza? No, no es exactamente lo mismo. Resulta que en español no hay un término exacto para lo que los angloparlantes llaman parenting y los francófonos, parentalité. «Parentalidad» no existe (no aparece en ningún diccionario).

Te cuento algo aun más curioso: todas estas palabras (parenting, parentalité, genitorialità) se empezaron a usar en los años 1970-1980. Antes no existían. La industria multimillonaria de los parenting books (libros enseñándote a cómo ser un buen padre) nació a fines del siglo pasado.

A diferencia de los términos «parent» (padre) o «child-rearing» (crianza), el término «parenting» no describe sino que prescribe. Es decir, se refiere no al hecho de ser padre, sino al hecho de cómo uno debería ser para ser un buen padre. Es una disciplina, un negocio, algo que hay que aprender.

Ya que entramos en este tema, le paso la palabra a la experta Alison Gopnik:

A finales del siglo XX ocurrió algo extraño con las madres, los padres y los niños. Se llamó «parenting». Desde que existe la humanidad, las madres, los padres y muchas otras personas han cuidado especialmente de los niños. Pero la palabra «parenting» no apareció en Estados Unidos hasta 1958, según el diccionario Merriam-Webster, y no se generalizó hasta la década de 1970.

A veces se utiliza el término «parenting» simplemente para describir lo que hacen realmente los padres, pero con mayor frecuencia, sobre todo hoy en día, «parenting» se refiere a lo que los padres deberían hacer. «Parent» es un verbo orientado a un objetivo; describe una tarea, un tipo de trabajo. El objetivo es convertir de alguna manera a tu hijo en un adulto mejor, más feliz o con más éxito: mejor de lo que sería de otro modo o (aunque esto lo decimos en voz baja) mejor que los hijos de los vecinos. El tipo adecuado de «parenting» dará lugar al tipo adecuado de hijo, que a su vez se convertirá en el tipo adecuado de adulto.

[…] En lugar de valorar el «parenting», deberíamos valorar el ser padre. En lugar de considerar el cuidado de los niños como una especie de trabajo, destinado a formar adultos inteligentes, felices o exitosos, deberíamos verlo como una forma de amor. El amor no tiene objetivos, ni criterios de referencia, ni planes preestablecidos, pero sí tiene un propósito. El propósito del amor no es moldear el destino de nuestros seres queridos, sino ayudarles a forjar el suyo propio.

[…] Como padres a título individual y como comunidad, nuestra labor no consiste en moldear las mentes de nuestros hijos, sino en dejar que esas mentes exploren todas las posibilidades que el mundo les ofrece. Nuestra labor no es crear un tipo concreto de niño, sino proporcionar un espacio protegido de amor, seguridad y estabilidad en el que puedan desarrollarse niños de todo tipo, por muy impredecibles que sean.

The Wall Street Journal

Alison Gopnik es psicóloga del desarrollo y autora de un libro que arranqué a leer hace unos días, titulado The Gardener and the Carpenter: What the New Science of Child Development Tells Us About the Relationship Between Parents and Children (El jardinero y el carpintero: lo que nos revela la nueva ciencia del desarrollo infantil sobre la relación entre padres e hijos).

A las 16:00 fui al parque del castillo de Mouans-Sartoux, me senté en un banco y me puse a ver una peli francesa, llamada La Puce (1998).

«Puce» es un término francés que tiene varias acepciones diferentes:

  • Pulga (insecto)
  • Chip (componente electrónico)
  • Viñeta (elemento de una lista)
  • Pequeñajo (persona de poca estatura)
  • Cariño, peque, cielo, mi niña (apelativo cariñoso)

Se trataba de un mediometraje, es decir de una película cuya duración es lo suficientemente larga como para no poder llamarse cortometraje, pero no tan larga como para poder hablar de un largometraje. Duraba 40 minutos.

El argumento era el siguiente:

Marion, de 14 años, está de vacaciones con su familia en Normandía. Allí conoce a Marc, un seductor de 35 años. Juntos se entregan a un juego de seducción sin llegar demasiado lejos. De vuelta en París, vuelven a verse en varias ocasiones. Marion, todavía virgen, querría acostarse con Marc, aunque no se atreve a confesárselo. Por su parte, Marc está cansado de las maniobras de acercamiento y de repente se muestra más decidido: invita a su tímida presa a su dormitorio. Pero Marion se encierra en su pudor y sus contradicciones. Pacientemente, Marc enseña a su compañera los gestos del amor. Tras varios cambios de opinión, Marc acaba desvirgando a Marion y haciéndole descubrir el placer carnal.

Wikipedia

Un momento, la feminista del libro de educación sexual me había enseñado que hacer el amor era algo reservado a los adultos nada más. Aquí hay algo que no encaja.

Isild Le Besco, la actriz que hizo el papel de Marion, tenía 16 años cuando se filmó la peli, es decir que según la ley francesa podía consentir, pero el personaje que interpretaba (con 14 años) no podía.

A las 18:00 volví a casa y me puse a ver otra película más, también francesa—esta vez un largometraje llamado La Boum (1980).

«La Boum» es una película francesa dirigida por Claude Pinoteau, estrenada en 1980.

Esta película generacional supuso el inicio de la carrera cinematográfica de la joven Sophie Marceau. Considerada un fenómeno social, esta comedia romántica narra las emociones de una adolescente de trece años que quiere decidir sobre su vida y sus amores. Fue un gran éxito, con 4 300 000 espectadores en Francia y 15 000 000 en Europa.

Wikipedia

Me gustó mucho esta peli. Las actuaciones son magníficas, sobre todo la de la actriz principal, Sophie Marceau, quien hace el papel de Vic, una niña de 13 años perdidamente enamorada.

Hay una segunda enamorada que aparece en la peli y que actúa muy bien también: Samantha (Alexandra Gonin), la hermana pequeña de la mejor amiga de Vic. Su enamorado es François, el padre de Vic.

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«Qu’est-ce qu’il est sexy !», Samantha le dice a su amiga acerca del padre de Vic.

Esta noticia reciente me pareció interesante, acerca de un grupo de colegialas que miran la película La Boum y analizan cómo era la vida de los adolescentes en aquella época versus ahora:

Una película de culto sobre la adolescencia, el ligoteo y las relaciones entre los jóvenes. Hace justo 45 años, el 17 de diciembre de 1980, se estrenó en los cines «La Boum» y lanzó la carrera de Sophie Marceau.

En la región parisina, un grupo de cinco alumnas de escuela media se ha reunido para descubrir juntas, y por primera vez, las aventuras de Sophie Marceau, alias Vic. En la película, tiene su misma edad: 13 años. Pero en 2025, las cosas han cambiado mucho. Los cortes de pelo, el teléfono de marcación… Tantos detalles que sorprenden a las jóvenes.

Luego llega la escena que da nombre a la película: la invitación a la «Boum». «En la vida real habría saltado aún más alto», bromea una adolescente, aunque en 2025 ya no se dice «boum», sino «soirée». «Hay música, bailamos con nuestras amigas y no demasiado con los chicos», a diferencia de la comedia de 1980.

En la mítica escena de la película, el personaje de Mathieu le pone unos auriculares a Sophie Marceau antes de bailar un lento con ella. «¿Así de directo? ¿Cómo te enamoras en cinco minutos?», comenta una adolescente. «Muy físico», añade otra.

«Se acercan directamente a la gente […] Se atreven mucho, mucho más. Nosotros, ahora, cada uno va por su lado. Oh, no, mira, tengo miedo, tengo miedo. En cambio, ellos van directos, de verdad, hay una mirada. Mientras que ahora, son años, meses y meses», describe otra joven ante el micrófono de RTL.

«Ahora, cuando llegas al colegio, te da vergüenza porque a esa persona solo le hablas por mensajes». Las pantallas actúan como un filtro para los sentimientos y las amistades. «No les da miedo mirar a la gente, están entre ellos. Se conocen todos, aunque nunca se hayan visto antes», destaca una alumna.

RTL

Ah… Los noventa. La gloriosa época en la que la gente vivía el momento, y pasaba la mayor parte del tiempo mirando la cara de las personas que tenía enfrente, en lugar de mirar una pantalla como hacemos todos ahora. Época en que la gente no esperaba que estuvieses disponible a cada instante, en que los padres no necesitaban saber la posición exacta de sus hijos en todo momento, en que podías pasarte horas totalmente incomunicado e inencontrable y nadie se preocupaba.

Y eso no es lo único que ha cambiado mucho. A las adolescentes también les llama la atención que los padres sean más permisivos. «Por ejemplo, en aquella época podíamos salir, a los padres les parecía bien. Ahora es imposible que salgamos a los 13 años a patinar en otra ciudad. Es imposible. Hoy en día es mucho más estricto», cuenta una joven.

RTL

Época en que los jóvenes tenían muchas más libertades: podían salir a las discotecas y estar horas fuera de la casa sin que los padres estuviesen detrás de ellos siguiéndoles el rastro con un GPS, o enviándoles un mensaje a cada hora para ver si están bien. La película también muestra varios jóvenes en motoneta, cosa que hoy en día ya no se ve (salvo quizás en Italia).


El jueves vi La Boum 2 (1982), la segunda parte de La Boum.

Ahora la protagonista tiene 15 años. Su mejor amiga también tiene 15, y en una de las primeras escenas de la peli le cuenta a Vic que se acostó con un chico de 18.

Al igual que en la uno, el segundo filme gira en torno a los sentimientos románticos que siente Vic por un chico. Esta vez el chico se llama Philippe y tiene 18 años. También aparece otro personaje llamado Félix, un pianista de 25 años que seduce a Vic y van a cenar juntos. Al final igual se queda con Philippe.

Vic y Philippe tienen suerte de haber nacido en Francia. Si hubiesen nacido en uno de los siguientes países no habrían podido tener relaciones sexuales entre ellos legalmente:

  • Algunos estados de Estados Unidos (California, Florida, Nueva York, entre otros).
  • Reino Unido.
  • Canadá.
  • Rusia.
  • Países Bajos.
  • Bélgica.
  • Irlanda.
  • Turquía.
  • India.
  • Singapur.

Al parecer Sophie Marceau y Pierre Cosso (los actores que interpretaron a Vic y a Philippe) estaban saliendo en la vida real también:

«Tenía 16 años cuando empezamos a salir», explica él. Él tenía entonces 21. «Sus padres confiaban en mí. Yo los adoraba. Vivimos algo muy intenso durante ese rodaje. No fue una simple historia de amor. Nacimos juntos».

Télé 7

Imagínate una relación así hoy en día, o que estrene en 2026 una película como La Boum 2, donde un hombre de 25 sale con una chica de 15. Difícil de imaginar, ¿no? Los códigos morales han cambiado mucho desde los ochenta hasta hoy. Todo se lo debemos a feministas como la autora del libro Corps, Amour, Sexualité.

Ame,
Kato