Kara Ema:
Vídeo YouTube del día
Loli francesa de padres chinos canta en chino para The Voice Kids France.
No me gustó que ninguno de los cuatro entrenadores se haya dado vuelta. Encima después le dicen «Tu es magnifique !» y le piden un abrazo. Al final del vídeo uno de los entrenadores le explica que la razón por la cual no se dieron vuelta fue que la niña tiene una voz «très jeune» (¿Muy joven? ¿Aguda? ¿Inmadura? No sé bien qué quiso decir con eso la verdad) y que con el tiempo su voz va a grandir (crecer). Patrañas. Su voz es perfecta. Es normal que sea más aguda: las niñas asiáticas tienen en general una voz más aguda comparada con las occidentales, sobre todo cuando cantan.
Childhood and Sexuality
Antes de arrancar con los extractos, un dato de color: este libro originalmente se iba a llamar «Children and Sex» (Niños y sexo), pero la editorial se mostró un poco incómoda con ese título y le pidió a la autora que lo cambie, por eso al final acabó con el nombre de «Chilhood and Sexuality» (Infancia y sexualidad). Pero —por suerte— esa ha sido la única concesión.
Capítulo 4: Solo para adultos
El tabú que sirve para ocultar el sexo a los niños es uno de los más poderosos de la sociedad moderna. […] La razón de ser de este tabú es la necesidad de proteger a los niños de aquellos aspectos de la vida que se consideran perjudiciales para ellos. Pero cualquier tabú es algo más que un simple conjunto de normas; también implica reacciones emocionales complejas. El deseo de ocultar el sexo a los niños refleja no solo nuestras ideas sobre lo que es bueno y malo para ellos, sino también los miedos y las inquietudes de los adultos respecto a la sexualidad. ¿Por qué, por ejemplo, menos de la mitad de los padres británicos y estadounidenses hablan de temas sexuales, incluso con sus hijos adolescentes? ¿Es porque quieren evitar hacerles daño, porque les cuesta hablar de sexo o porque no son capaces de aceptar la sexualidad emergente de sus hijos? En la época victoriana, el sexo se consideraba un peligro tan grave que a los bebés se les ataban las manos a los costados o se les sujetaban al borde de la cuna para evitar que se abusaran de sí mismos. A principios [del siglo XX], especialmente en Estados Unidos, la clitoridectomía era un «remedio» muy extendido para las niñas pequeñas que se masturbaban. ¿Esta violencia estaba realmente provocada por lo que parecía una amenaza para los niños, o los adultos simplemente proyectaban sus propias inhibiciones? Puede que nos hayamos vuelto más humanos en nuestro trato hacia los niños y más sutiles a la hora de controlar su desarrollo sexual, pero seguimos considerando que es nuestro deber protegerlos del sexo y nuestro derecho imponerles nuestra propia moralidad en el proceso.
[…] Ya sea en el cine o en las pantallas de televisión de casa, es probable que los niños sean testigos de mucha más violencia que sexo en el entretenimiento que se les ofrece. Las muertes violentas a gran escala no se consideran una amenaza para su psique, supuestamente delicada, pero, al parecer, el acto sexual más tierno sí lo es. Son pocos los padres a los que les preocupa que sus hijos vean viejas películas del oeste o de guerra en las que mueren cientos de indios o forajidos, alemanes o japoneses. […] Resulta absurdo que el genocidio sea un tema adecuado para el entretenimiento familiar, mientras que en Gran Bretaña incluso la simple imagen de animales apareándose ha impedido que una película obtenga la clasificación «U» (es decir, apta para niños).
[…] No todo el contenido sexual se filtra de los programas infantiles. […] Las bromas basadas en alusiones veladas al sexo o en dobles sentidos van dirigidas, por supuesto, al público adulto y se da por hecho que los niños no las entienden. […] Están aprendiendo que eso que no pueden entender es, de alguna manera, bastante travieso y obsceno, y que por eso resulta gracioso. Así, están adquiriendo actitudes negativas hacia el sexo incluso antes de saber qué es. El hecho de que los niños estén expuestos a este tipo de mensajes, pero se les niegue el acceso a cualquier cosa que les permita entenderlos, ilustra una vez más que lo que se está protegiendo es la moralidad de los adultos, y no la sensibilidad de los niños.
[…] Si el verdadero objetivo de esta censura selectiva fuera evitar que los niños se sintieran perturbados, entonces muchas películas dirigidas específicamente a ellos estarían prohibidas y Disney Productions habría quebrado hace años. […] [Una vez] llevaron a mi hermana pequeña, que entonces tenía unos cuatro años, a ver «Mary Poppins». Tuvieron que sacarla del cine mientras gritaba a pleno pulmón «¡No me gusta!», y seguía llorando cuando mi padre la trajo a casa. No me imagino que ninguna de las dos nos hubiéramos sentido tan perturbadas al ver escenas de sexo en la pantalla, aunque quizá hubiéramos sentido curiosidad o tal vez nos hubiéramos aburrido. A los quince años, libre de la censura británica gracias a que vivía en Extremo Oriente, vi muchas películas que en mi país habían recibido la calificación «X» o habían sido prohibidas por completo y que, sin duda, se habrían considerado totalmente inadecuadas para una chica de mi tierna edad. Ninguna de esas películas me causó ansiedad alguna y, desde luego, me hicieron mucho menos daño psicológico que el que me había causado «Bambi» diez años antes.
[…] No encuentran ninguna referencia al sexo en los libros que leen, las películas que ven ni los programas de televisión que siguen; se les mantiene al margen de las conversaciones sobre el sexo, se les impide observar actos sexuales, rara vez ven a adultos desnudos e incluso tienen muñecos fabricados sin genitales ni pezones. Si de alguna manera logran formular preguntas sobre el sexo, suelen recibir una respuesta evasiva, cuando no abiertamente hostil. Por lo general, los niños tienen un conocimiento muy limitado del sexo y casi ninguna oportunidad de informarse al respecto. No es hasta que se acercan a la adolescencia cuando se les inicia en este conocimiento secreto; solo entonces pueden empezar a dar sentido a esos fragmentos que se han colado por las rendijas de la red tejida por las inhibiciones de los adultos.
Se considera que, hasta que alcanzan la edad en la que se les considera lo suficientemente mayores como para recibir educación sexual, los niños son incapaces de asimilarla, como si ello exigiera un tipo especial de madurez.
Childhood and Sexuality
Esto es lo que nunca entendí del argumento de los adultos para mantener a los niños ignorantes en temas relativos al sexo. Ellos dicen que «aún no son lo suficientemente maduros para entenderlo». ¿Perdón? ¿Estamos hablando de sexo o de física cuántica? El sexo es uno de los comportamientos más básicos y primitivos de los seres vivos. Hasta los perros lo entienden y lo practican. ¿Y los niños supuestamente no lo entenderían?
[…] Por lo tanto, los niños tienen una visión incompleta del mundo de los adultos: siempre hay una faceta importante de ese mundo que se les oculta. Como consecuencia, no pueden aprender sobre la sexualidad de forma gradual, del mismo modo que aprenden sobre el resto del mundo en el que viven.
Pero esto no es así en todas partes. En las sociedades en las que los niños forman parte de manera más plena de la vida social de los mayores, y en las que existe una actitud más abierta hacia el sexo, rara vez es posible determinar con exactitud el momento en que toman conciencia de él por primera vez: allí, el sexo no es un secreto que guarda la comunidad adulta. Una anécdota contada por el antropólogo Malinowski sobre los habitantes de las islas Trobriand ilustra esta actitud tan diferente. Estaba hablando de un tema «obsceno» con un grupo de hombres cuando la hija pequeña de uno de ellos se unió al grupo. Malinowski, adoptando la actitud habitual en Occidente, sugirió que mandaran a la niña a otro sitio para poder terminar su conversación. Los isleños no vieron motivo alguno para hacerlo. La niña, dijeron, no era propensa a los chismes y no repetiría nada confidencial que hubiera oído por casualidad. No les preocupaba que la conversación fuera inadecuada para los oídos de una niña, sino más bien si se podía confiar en que la niña guardara los secretos que pudieran intercambiar durante la misma.
[…] Se cree que, en primer lugar, la sexualidad escapa a la comprensión de los niños pequeños: carecen de lo que los psicólogos denominan la «capacidad cognitiva» necesaria para afrontarla. En segundo lugar, según este razonamiento, al no poder entenderla, les resultaría aterradora y perturbadora. Sin embargo, estas suposiciones no resisten un análisis minucioso. Los niños no tienen ninguna dificultad para comprender otros tipos de placer sensual, así que, ¿por qué este tipo concreto debería resultarles incomprensible? ¿Por qué una actividad que resulta físicamente placentera y que, además, permite expresar atracción y afecto, debería considerarse perturbadora? No existe ninguna base objetiva para ninguna de estas suposiciones. En otras culturas (como las de los mbuti, los !kung o los trobriandeses), que tienen una actitud más positiva y menos reservada hacia la sexualidad, los niños no tienen ninguna dificultad para asimilar la información sexual de la que disponen. Aprenden desde pequeños que el sexo es placentero, lo incorporan de forma espontánea a sus juegos y, a medida que maduran, sustituyen gradualmente el juego por formas más adultas de expresión sexual.
[…] Los niños que crecen en una sociedad compleja como la nuestra aprenden, tarde o temprano, que los valores y actitudes que les han enseñado en casa no son compartidos por todo el mundo. […] Un ejemplo de ello fue cuando una amiga mía, Jean, se llevó a la hija de cinco años de una amiga con ella a visitar a sus padres. La niña, a la que llamaré Lynda (apodo que ella misma eligió), había adquirido conciencia de su sexualidad desde muy temprana edad y había desarrollado una aceptación natural de su propia sexualidad y de la de los demás. Una mañana, durante el desayuno, se volvió de forma espontánea hacia la madre de Jean y le preguntó: «¿Cómo te masturbas?». Al no obtener respuesta, continuó: «Yo lo hago así», y procedió a hacer una demostración. Probablemente, para ella, la pregunta era tan inocente como preguntar «¿Te gusta el azúcar?», y no estaba preparada para la reacción de sorpresa y enfado que provocó. Desconcertada, se quedó sentada en silencio mientras se desarrollaba la acalorada discusión que siguió. El incidente podría haber supuesto un duro golpe para una niña a la que nunca antes le habían dicho que ciertas cosas fueran «sucias» o «repugnantes», pero aprendió una valiosa lección. […] Lynda no parece haber sufrido ningún daño permanente como consecuencia de su experiencia. Tres años después sigue siendo la misma niña vivaz, inteligente y desinhibida, aunque quizá un poco más sensata.
[…] Si nosotros mismos no tenemos una actitud relajada y positiva hacia la sexualidad, a nuestros hijos no les resultará fácil adoptarla.
[…] Algunos de los niños que conozco parecen haber aprendido sobre el sexo desde el principio, adquiriendo esos conocimientos con la misma facilidad y espontaneidad con la que aprendieron a andar y a hablar. Hablé con las personas que los criaron para intentar averiguar cómo se había logrado esto. Sus respuestas coinciden con lo que yo misma he observado: nunca se les ocultó el sexo a los niños, pero tampoco se les impuso deliberadamente. No hace falta que invitemos a los niños a vernos hacer el amor, pero tampoco tenemos que limitar nuestras actividades sexuales a los momentos en los que no están presentes, separándonos rápidamente y eludiendo sus preguntas si nos descubren y nos preguntan qué estamos haciendo.
[…] Por desgracia, resulta mucho más fácil identificar y criticar los obstáculos que impiden que los niños aprendan sobre la sexualidad que recomendar métodos para superarlos. El factor crucial parece ser la brecha que hemos creado entre los aspectos sexuales y no sexuales de la vida, entre las relaciones sexuales y otras formas de relación, y entre los órganos sexuales y el resto del cuerpo. Al intentar cerrar esta brecha, al restar importancia a estas distinciones, podríamos avanzar en cierta medida hacia la creación de condiciones en las que los niños puedan aceptar la sexualidad con mayor facilidad. En tales condiciones, expresiones como «no delante de los niños» o «solo para adultos» quedarían obsoletas.
Childhood and Sexuality
Qué bonito sería vivir en un mundo no adultista donde esas frases fuesen obsoletas, y no existiese brecha entre lo sexual y lo no sexual, o entre el mundo de los niños y el de los adultos. Tal y como sucede en muchas sociedades indígenas, y tal como sucedía en nuestras sociedades antes del siglo XVII, antes de la institucionalización de la infancia.
El martes a las 13:00 salí de casa y caminé hacia la estación para tomarme el tren a Cannes. Justo antes de llegar a la estación hay una escuela primaria llamada Aimé Legall. Cuando pasé frente a la escuela pude escuchar a los niños —que seguramente acababan de terminar de almorzar y estaban en hora libre antes de recomenzar las clases— jugando en el patio.
Los pude escuchar, pero no los pude ver mucho debido al brise-vue (malla de privacidad). Me dije a mí mismo lo siguiente: «Apuesto a que esta malla de privacidad es un añadido reciente, hace un par de años no estaba y se podía ver a los niños jugando en el patio de la escuela desde la calle». Para verificar si mi teoría era cierta o no, me metí en Google Maps y busqué imágenes de Street View de años anteriores. Esto es lo que encontré:





Qué triste que los franceses hayan decidido que las escuelas públicas deben ser ocultas / no visibles desde la vía pública. Mientras tanto en los países nórdicos las escuelas tipo B que tienen ahí son completamente abiertas, al punto de que muchas veces se puede ver a los niños no solo cuando están en el patio sino también cuando están en las aulas.
Fui a Cannes específicamente con una misión: cortarme el pelo en la peluquería «barata» (para Francia) a la que había ido la última vuelta (10€). Concluida mi misión me tomé otro tren de regreso a casa.
Como era mi última noche en lo de mi amiga, para celebrar hicimos una cena especial de pizza y helado. Cenamos mientras veíamos la serie Lupin. En esta casa no pueden comer si no es en frente de una tele viendo algo (no lo critico igual porque yo suelo hacer lo mismo, solo que en mi laptop en lugar de una tele).
Ya tengo todas las maletas preparadas al lado de la puerta para salir mañana a las seis de la mañana a la estación.
Au revoir Côte d’Azur !
Ame,
Kato
