Kara Ema:
Vídeo YouTube del día
Otra loli cantando You Can’t Stop the Girl.
El domingo caminé 39 kilómetros. Fue la primera de tres jornadas hipermegaintensas.
A las 9:30 me tomé el tren de Mouans-Sartoux a Cannes.
Qué distinta que es la experiencia de viajar en tren en Europa versus Asia, sobre todo comparándolo con Japón. Estas son algunas de las cosas que he visto en los trenes franceses que jamás habría visto en los japoneses:
- Gente hablando fuerte con su grupo, lo cual genera un bullicio generalizado que en países como Tailandia y Japón es raro de escuchar (generalmente allí la gente intenta hacer el menor ruido posible para no molestar a los demás).
- Gente hablando por teléfono.
- Gente viendo vídeos en sus teléfonos (TikTok, YouTube, etc.) con el volumen alto.
- Gente subiéndose al tren con bicicletas o patinetes eléctricos.
- Gente subiéndose al tren con mascotas (esto lo vi menos de lo que me esperaba ver; Taiwán creo que gana aquí).
- Gente vapeando (es decir usando cigarrillos electrónicos).
- Gente fumando en los andenes, o mismo dentro del tren (muchas veces veo que los fumadores se preparan el cigarrillo para encenderlo y empezar a fumar tan pronto como se bajan del tren, y una vez vi a uno que no pudo esperar a que se abran las puertas y empezó a fumar estando todavía dentro).
- Gente poniendo sus pies sobre las sillas.
- Vendedores ambulantes, músicos callejeros y mendigos (en Francia no vi mucho, pero sí en otros países europeos).
- Carteristas (no lo vi personalmente, pero sí escuché un anuncio avisando a la gente que estuviese alerta dado que habían divisado a uno).
- Puertas que no se abren autómaticamente, sino que hay que presionar un botón.
- Trenes de dos pisos (todos los trenes en Francia son de dos pisos; en Japón no es común).
Justamente como son de dos pisos, la altura de cada piso es mucho menor que la altura de los vagones asiáticos. Esto hace que cuando uno está sentado en uno de los asientos, no puede pararse en el lugar sin darse la cabeza contra el techo. Como aún estoy acostumbrado a los trenes japoneses de techo alto, me he golpeado la cabeza al menos cinco veces durante estos tres días.

En la estación de Cannes me compré un pase SudAzur Explore, el cual me permitiría viajar en transporte público de manera ilimitada por tres días, por todo el departamento de los Alpes Marítimos (06), incluyendo Mónaco. Me costó 35€.

A las 11:30 llegué a mi primera comuna maralpina planificada: Èze.

Tan pronto como salí de la estación fui recibido por esta vista:

A pocos pasos de la estación arrancaba el Sentier Nietzsche (Sendero de Nietzsche), el cual era todo en subida por la colina y conectaba la parte baja de la comuna con el centro histórico en la cima.

Caminar dos kilómetros cuesta arriba con temperaturas de más de 30 ºC la verdad que no fue precisamente lo más placentero que he hecho en mi vida. Por suerte tenía conmigo el miniventilador portátil que me había regalado Kalaya.


Me la pasé diciendo «bonjour» durante todo el trayecto. Es que a los franceses les gusta saludar a la gente que no conocen cuando están haciendo senderismo.
Vi a varios franceses usando éventails (abanicos). Es interesando como un artículo de origen oriental como el abanico parece ser usado más en el Occidente (al menos en Francia) que en Asia misma.
También vi a unos asiáticos (probablemente chinos, ya que la mayoría de asiáticos con los que me crucé noté que hablaban chino—aunque supongo que podrían ser taiwaneses también) usando un paraguas para protegerse del sol. Los franceses —y los europeos en general— jamás usan el paraguas de esta manera, lo cual la verdad no entiendo por qué, dado que es una excelente forma de protegerse de los rayos UV. Yo también estaba usando el mío.
A las 12:00 pasadas llegué al casco antiguo.



Tras más o menos media hora arranqué el descenso por el mismo sendero que antes. Por suerte fue mucho más fácil, más rápido y menos cansador que el ascenso.

A las 13:00 me pasé de la montaña a la playa. Ambas estaban separadas por las vías del ferrocarril, el cual bordeaba la costa.


No me pareció muy interesante esta playa. Se trataba de una playa de calas, con piedras en lugar de arena. No había mucha gente cuando pasé.
Al poco tiempo me volví hacia la estación para tomarme un tren hacia la siguiente comuna: Cap-d’Ail. Era la siguiente estación desde Èze hacia el este. Tan pronto como me bajé del tren me fui directo a pasear por el sendero costero (Sentier du Littoral).



Todas estas comunas costeras tienen su propio Sentier du Littoral, el cual normalmente bordea varias playas. Lo que me gusta de hacer estos caminos —aparte de las vistas majestuosas— es que a cada kilómetro más o menos siempre hay una fuente de agua potable. En los centros históricos también nunca estás lejos de un grifo, con lo cual hasta ahora no me ha pasado de tener que ir a un supermercado para comprar algo de beber; siempre pude recargar la botella que llevo conmigo. Otra cosa con la que tampoco he tenido problemas fue para encontrar aseos públicos y gratuitos. Si bien hay baños de pago en Francia, me da la sensación de que no son tan comunes como en Italia.
A las 14:00 dejé el camino costero, y me fui a sentar en un escalón que había frente a la puerta de una les villas (mansiones de gente con mucho dinero) que había por ahí. Tenía algo que me estaba molestando en el dedo del pie izquierdo.
Tras sentarme me quité el calzado y el calcetín. Noté que tenía una écharde (astilla) clavada en el dedo. Más o menos la mitad estaba dentro y la otra mitad afuera, pero era tan minúscula que me estaba costando bastante agarrarla para poder quitármela. Intenté durante un rato largo y exasperante. En un momento empecé a sacar todo lo que tenía en la mochila, para ver si había algo que pudiese servirme como pinza. Finalmente lo encontré: mis gafas de sol. En particular, la parte articulada (bisagra).

A las 14:30 reanudé la marcha. Me dirigía hacia una playa bastante aislada, en la cual —justamente por el hecho de que estaba aislada— se permitía la práctica del naturismo (i.e. estar desnudo).



No había casi nadie en la playa nudista (era muy pequeña y muy aislada). Los pocos que estaban era gente mayor, de los cuales solo dos o tres hombres estaban desnudos.
A las 15:30 llegué (en tren) a Montecarlo, un barrio del micro-Estado de Mónaco. Si recuerdas, ya había estado una vez en Mónaco, pero aquella vuelta no me había dado tiempo de visitar Montecarlo, por eso es que esta vez quise pasar por ahí. Igual la verdad es que no me gusta para nada esta ciudad de millonarios, dado que lo único que hay es mansiones, coches de lujo, casinos y negocios de artículos de lujo.













Este colegio estaba a un paso de la frontera entre Mónaco y Francia, la cual no era más que una rotonda:

Si bien técnicamente ya no estaba más dentro de Mónaco, a pocos minutos tras haber pasado la frontera me topé con el Monte Carlo Beach Club. Nunca en mi vida había visto tantos coches de lujo juntos como vi en el aparcamiento de este Beach Club.

A eso de las 17:00 estuve paseando por otro camino costero más, esta vez en la comuna de Roquebrune-Cap-Martin.

Me tomé un tren desde Roquebrune-Cap-Martin hasta la terminal en Ventimiglia, Italia.
Ventimiglia […] es una localidad turística situada en la provincia de Imperia, en Liguria, al norte de Italia. Se encuentra a 130 km al oeste de Génova y a 7 km de la frontera franco-italiana, en el golfo de Génova, y cuenta con un pequeño puerto en la desembocadura del río Roia, que divide la ciudad en dos partes. El área urbana de Ventimiglia tiene una población de 55 000 habitantes.
Wikipedia
A las 17:30 me bajé en la estación de Ventimiglia.

¿Recuerdas que te conté que el pase que tenía era para transporte público ilimitado dentro de los Alpes Marítimos? Técnicamente Ventimiglia ya no era más los Alpes Marítimos, con lo cual el tramo entre la estación anterior del lado de Francia y la de Ventimiglia no estaba incluido dentro de mi pase. Me podrían haber puesto una multa por haber ido hasta ahí sin billete válido, pero como hasta ahora nunca me habían controlado el billete decidí arriesgarme. Al final nadie se me acercó a verificar ni que tuviese el billete ni que tuviese el pasaporte (lo cual también fue afortunado, ya que no lo llevaba conmigo).















A las 19:30 llegué a la frontera francoitaliana. Esta era la segunda vez en mi vida que había caminado desde una ciudad hasta la frontera entre dos países (sin contar las ciudades-estado), la anterior siendo Vietnam-China.



Había policías controlando a algunos de los coches que venían desde Italia hacia Francia; en la dirección contraria no había nadie. Yo tenía un poco de miedo de que me controlaran el pasaporte —el cual no lo llevaba encima—, pero por suerte nadie me lo pidió.
Continué caminando hasta llegar a la estación de Menton Garavan, desde donde me tomé un tren hacia la siguiente estación: Menton, en la comuna francesa epónima. Llegué allí a las 20:00 pasadas.


Desde ahí anduve hacia la costa, y una vez allí caminé bordeando la costa hasta la siguiente estación al occidente: Carnolès.


A las 20:30 llegué a la estación de Carnolès.

De ahí me tomé un tren de regreso a Mouans-Sartoux.
A las 22:15 llegué a Mouans-Sartoux y quince minutos más tarde rentré.
Charlotte se había quedado todo el día en la casa aprovechando para hacer limpieza. Ordenó todo el cuarto de Juliette, donde estoy durmiendo yo ahora que su hija no está. Personalmente creo que si es el cuarto de la niña le corresponde a la niña ordenarlo y limpiarlo, pero bueno. En Japón desde una edad muy temprana les enseñan a los niños a ser responsables mediante tareas tales como limpiar su propio cuarto. Por eso es que los niños japoneses son tan capaces e independientes versus los niños occidentales.
Cuando llegué Charlotte estaba en el salón viendo una serie. Ya había terminado de ver la serie coreana, lo que significaba que si a mí me interesaba saber como terminaría, tendría que seguir viéndola por mi cuenta. La serie que estaba viendo ahora era italiana, llamada Baby. Me senté a verla con ella.
Me resultó curioso el hecho de que en esta serie, la mitad de los personajes fuesen adolescentes que estaban saliendo (o prostituyéndose) con adultos. La otra mitad eran los adultos que salían con los adolescentes.
Con Charlotte nos reíamos porque decíamos que en las series asiáticas el ritmo es superlento, por ejemplo el primer beso entre los personajes principales es recién en el episodio 8 más o menos. Mientras tanto en las series europeas el ritmo es mucho más rápido: en Baby mostraban escenas de sexo cada cinco minutos más o menos.
Baby es una serie de televisión italiana dramática que se estrenó el 30 de noviembre de 2018 en Netflix. La segunda temporada se estrenó el 18 de octubre de 2019. El 13 de noviembre de 2019 la serie fue renovada para una tercera y última temporada que fue estrenada el 16 de septiembre de 2020.
La serie está inspirada en el escándalo sexual de Parioli, conocido en Italia como «baby squillo», en el que se descubrió que dos adolescentes de familias acomodadas de Roma estaban implicadas en un caso de prostitución infantil del barrio de Parioli, un barrio de clase alta de Roma. Se descubrió que altos cargos del gobierno e importantes empresarios habían estado contratando los servicios de las menores. Este sacudió a la sociedad italiana y generó un gran debate sobre la presión social y el uso de las redes sociales entre los jóvenes.
Wikipedia
Averigüé un poco sobre la historia real detrás de esta serie. Al parecer sucedió en el año 2013 en el barrio de Parioli en Roma, una zona acomodada con muchos residentes ricos y escuelas de élite. Dos adolescentes de 14 y 15 años buscaron en Internet cómo hacer dinero fácil, ya que se querían ir de viaje a la isla de Ponza. Así fue como cayeron en el mundo de la prostitución, llegando a generar 600 euros de ingresos diarios entre las dos. Para ellas, tener dinero propio significaba gozar de independencia y poder darse lujos a los cuales antes no tenían acceso, comprándose la ropa y las joyas que querían sin tener que pasar por sus padres. Por esta razón es que continuaron prostituyéndose hasta que fueron descubiertas.
Después de ver un capítulo de la serie no tardé en irme a dormir, puesto que estaba exhausto.
Ame,
Kato

Bien ingeniandote con los anteojos para sacar la astilla!