La singular infancia de Tippi en la sabana africana (Parte 2)

Kara Ema:

Frase del día en ucraniano

Скільки тобі років? — Мені сім років.
Skilʹky tobi rokiv? — Meni sim rokiv.
¿Cuántos años tienes? — Tengo siete años.

скількиskilʹkycuántopronombre interrogativo
тобіtobia tidativo de ти (tú)
роківrokivañosgenitivo plural de рік (año)
меніmenia mídativo de я (yo)
сімsimsietenúmero cardinal
роківrokivañosgenitivo plural de рік (año)

Vídeo YouTube del día

Tres lolis rusas bailando en una competencia (categoría 7-9 años).

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Extractos de Patterns of Sexual Behavior

El capítulo 8 se titulaba Relations Between Different Species (Relaciones entres especies diferentes).

El tipo de comportamiento sexual que se aborda en este capítulo se denomina habitualmente «zoofilia». Este término hace referencia a las relaciones entre un ser humano y un animal de una especie inferior. […]

La zoofilia ha sido condenada por una sociedad tras otra desde tiempos inmemoriales. Tanto el Código hitita como el Antiguo Testamento y el Talmud contenían prohibiciones específicas contra este tipo de actividad, y a los infractores se les imponía la pena de muerte. Los tribunales medievales condenaban a muerte a cualquier persona declarada culpable de mantener relaciones sexuales con animales y, en algunos casos, se ejecutaba a ambos participantes en la relación. La complicidad de los animales se determinaba por medios legales.

Este método de castigar a los infractores fue desapareciendo poco a poco tanto en Europa como en Estados Unidos. E. P. Evans afirma que, en Vanvres, en 1750, un tal Jacques Ferron fue ahorcado por mantener relaciones sexuales con una burra. El animal fue absuelto alegando que había sido víctima de un acto de violencia y que no había participado por voluntad propia. El prior del convento local y varios ciudadanos de la localidad firmaron un certificado en el que declaraban que conocían a dicha burra desde hacía cuatro años, y que siempre se había mostrado virtuosa tanto en casa como fuera de ella y nunca había dado motivo de escándalo a nadie.

[…] Como señala Evans, resulta paradójico que los legisladores cristianos que adoptaron el código judío contra las relaciones sexuales con animales lo ampliaran para incluir a los propios judíos. La convivencia de un cristiano con una judía se consideraba equivalente a la «sodomía» con animales. […] Los hombres y mujeres condenados por mantener relaciones sexuales con un ser humano que no fuese cristiano eran ejecutados, junto con sus parejas.

Kinsey, Pomeroy y Martin estiman que aproximadamente el 8 % de la población masculina actual de Estados Unidos ha mantenido contacto sexual con animales en algún momento. […] La cifra es especialmente baja en el caso de los hombres criados en la ciudad, que tienen pocas oportunidades de contacto con animales. Entre el 40 % y el 50 % de los chicos criados en granjas mantienen relaciones sexuales con otras especies y el 17 % de este grupo alcanza el orgasmo durante el acto.

[…] La condena extrema de las relaciones sexuales con animales, como la que prevalece en las sociedades que acabamos de describir, dista mucho de ser universal. En aproximadamente el mismo número de sociedades, los contactos con animales se consideran simplemente antinaturales, ridículos o repugnantes, y sin duda inferiores a otras formas de actividad sexual. Los hombres y las mujeres de Kurtatchi mantienen ocasionalmente relaciones sexuales con perros, pero esto se considera un último recurso ante la falta de una pareja sexual más adecuada.

[…] Existe una última categoría formada por unas pocas sociedades en las que se practican los contactos con animales y no son objeto de condena. Entre los esquimales del Cobre, las relaciones sexuales entre hombres y animales vivos o muertos no son infrecuentes y no están prohibidas. […] La zoofilia es bastante habitual entre los indios hopi. Se dice que los hombres mantienen relaciones sexuales con burros, perros, caballos, ovejas e incluso gallinas. Los hombres kusaianos utilizan en ocasiones al ganado como objeto sexual y, entre los masai, es costumbre que los chicos mantengan relaciones sexuales con asnas.

Patterns of Sexual Behavior

No lo voy a copiar, pero este capítulo también menciona varios casos de animales no humanos queriendo iniciar actos sexuales con humanos y con otras especies de mamíferos.


El domingo terminé de leer el libro de Tippi. Nos habíamos quedado aquí:

Es difícil describir África. Hay millones de diferencias entre África y Francia. Millones.

A menudo, la gente dice que soy la hermana pequeña de Mowgli. Y no me importa, porque Mowgli es salvaje y yo también lo soy. La verdad es que no sé cómo explicarlo. Todas las niñas que conozco son tranquilas, excepto yo. Soy salvaje porque viví en África, lejos de las ciudades, y también porque considero que los animales son mi familia.

A menudo pienso que me encantaría volver. Allí se vivía una vida extraordinaria. No sé por qué siempre tenemos que marcharnos. Los problemas empiezan cuando llegamos a las ciudades.

[…]

No debemos creer que el mundo de los animales es perfecto. La verdad es que hay muchas dificultades y también mucha violencia. Por ejemplo, las suricatas pierden a sus crías la mayoría de las veces porque los astutos chacales se las roban y se las comen. Entonces, las suricatas se llenan de tristeza. Porque las suricatas tienen mucho amor.

En cuanto a los reptiles, no lo sé. Los camaleones, por ejemplo: sé muchísimo sobre ellos. Creo que tienen amor, pero no estoy segura. Cuando los machos se aparean con la hembra más bonita, ¿es amor? Creo que sí, pero no estoy segura, porque aún soy pequeña y no he vivido lo suficiente, aunque tenga diez años y esté entrando en la edad adulta.

Tippi: My Book of Africa

«Aunque tenga diez años y esté entrando en la edad adulta»… Eso es algo que solo diría una niña que ha sido criada en una tribu donde los niños pasan a ser considerados adultos cuando entran en la pubertad, que es lo que sucede en el pueblo San/!Kung, y prácticamente en todas las sociedades humanas salvo las WEIRD. Un niño criado en Francia jamás pensaría que está entrando a la edad adulta a los 10 años.

Un cachorro de león es una monada. Este se llama Mufasa. ¡Era tan suave y tan gracioso! Jugamos mucho juntos. Una vez incluso nos echamos una siesta juntos y, mientras dormíamos, me chupó el dedo.

Cuando nos volvimos a ver un año después, había crecido. Como por arte de magia, se había vuelto enorme. Me reconoció y se acercó para jugar conmigo. Me acarició con la cola, ¡pero tenía tanta fuerza, incluso en la cola, que me hizo caerme!

Tippi: My Book of Africa
Loli durmiendo con león

La verdad es que no creo en Dios. En realidad, creo en Él, pero no puedo estar segura hasta que lo haya visto. Ni siquiera estoy segura de que tengamos alma, ni de que podamos ir al cielo para empezar otra vida después de la muerte. Quizá seamos una especie de robots y, cuando morimos, nos quedemos en la oscuridad y dejemos de existir por completo.

Los indígenas siempre creen en al menos un dios, pero no sé si se trata de Dios. Creo que su dios es un animal. Quizá para ellos, todos los animales juntos formen un solo dios. No lo sé… De lo que sí estoy segura es de que no me gustan las personas que creen demasiado, porque son cerradas y da la impresión de que no son libres y de que Dios decide por ellas. Me enfado cuando alguien decide por mí.

Tippi: My Book of Africa

¡Wow! No esperaba leer un comentario tan introspectivo y existencialista proveniendo de una niña de 10 años. Esto es lo que pasa cuando te salteas el colegio y en su lugar te vas a vivir a la selva con indígenas: te abre la mente hasta el punto de volverte nihilista (chiste).

Rezo, pero soy consciente de que soy yo quien provoca las voces que oigo en mi cabeza. No puedo evitarlo; soy yo quien las hace aparecer. Y si dejo de pensar en ellas, las voces desaparecen. Nunca he creído que Dios me hablara, pero eso me decepciona mucho: me gustaría oír una voz que no viniera de mí misma. Pronto, si Él realmente no quiere hablar conmigo, acabaré por no creer en Él en absoluto. Además, tengo la impresión de que no se preocupa mucho por el planeta. En cualquier caso, de momento no veo muy bien qué hace…

Por eso no creo realmente en Dios. Creo mucho más en los ángeles de la guarda.

Tippi: My Book of Africa

Si le hiciesen una prueba de inteligencia a esta niña, y luego le hiciesen una a cada uno de los niños de su edad con quienes comparte clase en la escuela ahora que ha vuelto a Francia tras haber vivido sus diez primeros años de vida en Namibia, apostaría mil euros a que los resultados mostrarían que ella es considerablemente más inteligente que todos los demás.

Tippi abrazando a una suricata

«¿No tienes miedo? ¿Cómo consigues no tener miedo?». Esta es la pregunta que todo el mundo me hace, sobre todo los adultos. Claro que no tengo miedo; si no, no me acercaría a ellos. Cuando estoy con los animales nunca tengo miedo, pero a veces me quedo impresionada. No es lo mismo en absoluto.

Pero tengo que admitir que conozco a los animales porque nací entre ellos. Y mi mamá y Dadou me enseñaron cuáles son peligrosos. Por ejemplo, una cobra amarilla… bueno, si la tocas, estás muerto. Pero una pitón, si le das mimos y le haces cosquillas en la barriga, no te hará daño. Son cosas que hay que saber…

No sé cuántas veces he oído a mamá o a Dadou repetirme: «Nunca tengas miedo, pero desconfía siempre».

[…]

Los animales nunca son «malos», pero pueden ser agresivos. He dejado de intentar explicarle al mundo entero que no debemos decir «animal malo», sino «animal agresivo». Es inútil; nadie quiere entenderlo. ¿Qué puedo hacer? No voy a pasarme toda la vida explicando lo mismo…

Tippi: My Book of Africa

La adoro. Me encanta su personalidad, y cuando se fastidia por tener que explicar cosas que ha aprendido en sus aventuras tribales, a la gente de las sociedades industriales que no entiende nada.

Los animales se vuelven agresivos cuando quieren protegerse a sí mismos, a sus crías o a su territorio. Y también cuando están heridos o de mal humor. O simplemente porque han nacido así. En cualquier caso, siempre tienen una razón. No es como los humanos: a menudo, los humanos ni siquiera saben por qué se portan mal. Por ejemplo, a veces, cuando estoy enfadada, me vuelvo una auténtica bruja. De mi boca salen palabras horribles y ni siquiera quiero evitarlo.

[…]

En la vida hay grandes alegrías y muchas desgracias. Y a veces las cosas son simplemente normales. Cuando vivíamos en Namibia, todo era especialmente normal. Solo teníamos las preocupaciones habituales y, a veces, grandes alegrías, pero nunca grandes desgracias. Allí nuestra vida era realmente estupenda.

Cuando volví a Francia, intenté hablar con gorriones, perros, palomas, gatos, vacas y caballos. Pero no funciona. No sé por qué. Creo que es porque mi verdadero país es África, no Francia.

Tippi: My Book of Africa

Solo que África no es un país 🙂 Pero igual se entiende lo que quiere decir.

El amor por los animales es algo en lo que no hay lugar para las discusiones. O, si discutimos, es de una forma diferente a como lo hacemos con los humanos. No sé por qué es tan diferente. Pero creo que es porque los animales se conforman con lo que tienen, mientras que los humanos siempre quieren algo más.

Mi madre dice que los bosquimanos son los seres humanos más cercanos a los animales. Saben cómo vivir en la naturaleza desde hace cientos y cientos de años, quizá miles.

Como no han conocido la civilización, no han cambiado ninguno de sus hábitos. Para ellos, normalmente, ni el tiempo ni el dinero importan.

Los conocí en el desierto del Kalahari y en el norte de Namibia. Tengo mucha suerte de haber conocido a los bosquimanos. No suelen acercarse a los blancos.

Lo primero que me gustaría decir sobre ellos es que son muy, muy guapos. A menudo parecen mayores, pero eso se debe a que el sol les quema tanto la piel que les salen arrugas, incluso a los más jóvenes.

Además, son muy amables. Siempre se ríen. Los hombres parecen actuar como en una comedia; imitan a los animales y hacen el tonto para hacer reír a los niños y a las mujeres.

En cuanto nos conocimos, entablamos amistad al instante. Nos lo pasamos muy bien jugando con los niños. Me sentí muy a gusto con ellos. No hace falta entendernos con palabras para hacernos amigos.

Tippi: My Book of Africa

Esto que dice la loli de no hacer falta endenderse con palabras para hacerse amigos resuena muchísimo conmigo, por todas las amistades que me he hecho con niños en el Sudeste Asiático sin hablar el mismo idioma que ellos.

La lengua de los bosquimanos es muy bonita; se parece un poco a la música: más que palabras, emiten «chasquidos» con la lengua. Soy demasiado tímida para hablar sin conocer el idioma, salvo en una ocasión. Le dije algo a una mujer haciendo sonidos al azar y también algunos «chasquidos» con la lengua. ¡Me escuchó y me respondió! Me preocupé: ni siquiera sé qué le dije. Espero que no fuese una tontería.

Los bosquimanos no desperdician nada. Cuando tienen comida, se la comen hasta la última miga. ¡Y sus estómagos se hinchan, se hinchan! Respetan demasiado a la naturaleza como para tirar la comida. Por ejemplo, nunca matarían a un animal que no necesitaran de verdad.

No tienen cerillas. Frotan un palito contra otro con mucha fuerza y así se enciende el fuego. Lo he intentado, pero no es fácil. Hay que practicar durante mucho tiempo.

[…]

En lo más profundo de mi corazón, sentía que era una bosquimana. Igual que ellos. Además, iba vestida como una de ellos. Pero ellos no son del mismo color que yo. Yo soy blanca. Y nunca podré tener el mismo color que ellos.

Tippi: My Book of Africa
Tippi con los bosquimanos

Me cuesta entender por qué los humanos matan a los animales. Es una tontería: si los matamos, no quedará ninguno y ya no podremos hacerles fotos. Las fotos no les dan miedo, pero las armas sí.

A veces, nos vemos obligados a matarlos, ya sea para protegernos o para alimentarnos. Mi madre me contó que, cuando yo era bebé, ella solía tener un pequeño revólver en el cochecito, por si acaso nos atacaba un león, porque, entre la vida de un animal y la de un ser humano, por lo general siempre es la del ser humano la que prima. Al fin y al cabo, no creo que mi madre tuviera que disparar.

Los bosquimanos, cuando matan a un animal para comérselo, siempre le dan las gracias por haber dado su vida para alimentar a la tribu. Es normal que respeten la naturaleza.

No es como los cazadores a los que no les importa en absoluto. Es horrible, pero ¿qué puedo hacer? Además, ahora vivo en un piso en Francia y ya no estoy allí. Y soy una niña. Así que lo único que puedo hacer es decir que es triste.

[…]

Me encanta, me encanta, me encanta esta foto de mi amigo León, el camaleón. León es un encanto. Tiene garras, que ni siquiera hacen daño, y cuando juega con mi pelo, ¡me hace cosquillas! Bueno, claro que a veces me pellizca un poco…

Me paso horas cazando saltamontes para él. Solo por el placer de verlo entrecerrar los ojos y sacar su lengua pegajosa. Es muy divertido, y es como escupir un trozo grande de chicle muy rápido. Solía mirarlo pensando: «Vamos, León, vamos». Con él, los saltamontes no tenían ninguna oportunidad. Pero a mí no me importan los saltamontes. Simplemente les doy las gracias por alimentar a León. Los animales se comen unos a otros, es normal, y han nacido para eso. También han nacido para alimentar a los humanos, pero solo un poco, no demasiado. Así es la vida.

Tippi: My Book of Africa
Tippi con León el camaleón

Todo el mundo tiene problemas. Yo no tuve ninguno mientras viví en la selva de África. Luego volvimos a París. Y nos fuimos a Madagascar. Ahí fue cuando empezó todo.

[…] Los adultos piensan que convivir con los animales salvajes de África es una aventura. Están totalmente equivocados. Las aventuras son, por ejemplo, ir con tu mejor amigo a coger unos dulces y unas galletas de la cocina y comértelos a escondidas en el baño. O inventarte misiones secretas para luchar contra tus miedos. A menudo, los adultos llaman «tonterías» a estas aventuras.

Eso es porque no lo saben, o porque lo han olvidado… Ojalá la vida pudiese ser siempre maravillosa… No sería aburrida si solo hubiera aventuras increíblemente emocionantes. Incluso podríamos decir que ahí está el secreto de la felicidad: vivir aventuras. Pero solo si elegimos aventuras sin problemas.

[…]

Me encanta aprender muchas cosas, pero eso depende de mi profesor. Durante nuestros viajes, estudio a distancia con mi madre o con un profesor. A veces no me gusta mucho estudiar con mi madre. En Madagascar, mi maestra se llamaba Perlette. Era mi mejor amiga entre los adultos. Solía venir a nuestra casa a las 7:30 cada mañana, cuatro días a la semana y medio día los miércoles. Nuestra escuela estaba en la terraza, a la sombra. Eso también era genial, porque todos los animales venían a visitarnos: la gallina de Guinea que pensaba que era un helicóptero, los pollitos, el loro que se subía a mi cabeza, el gallo grande… Trabajábamos sin darnos cuenta, porque convertíamos los ejercicios en juegos.

Tippi: My Book of Africa
Tippi estudiando en su escuela de Madagascar
Tippi con su amigo lemur

Eso es todo lo que tengo para contarte sobre la extraordinaria vida de Tippi la africana.

Ame,
Kato