Kara Ema:
Viernes 21 de agosto.
Me desperté a las 7:30, lo cual fue un poco duro tras la cinquième hasta las dos de la mañana.
Estas eran las dos listas que había dejado yo para que los jóvenes se inscribieran:

La lista de la izquierda era la de los grupos que pasarían a mostrar su talento (canto, baile, etc.), mientras que la de la derecha era de los roles de soporte en los que podrían participar.
Al principio había puesto un rol de jurado, pero tras debatirlo un rato con los otros animadores, decidimos al final que no habría jurado. Los roles de cronómetro, puntaje y música tampoco fueron utilizados finalmente. Los roles que sí usamos y en los cuales hubo jóvenes que se anotaron, fueron los siguientes:
- Présentateur (presentador).
- Caméraman (camarógrafo).
- Photographe (fotógrafo).
- Responsable coulisses / Régisseur (Responsable de bastidores / Regidor).
Igual ya te voy a contar más en detalle sobre todo esto cuando llegue a la velada del sábado.
A las 8:30 pusimos tres ardoises (pizarras pequeñas) sobre la mesa, para que los jóvenes a medida que se levantaban y desayunaran, se anotaran en la actividad de la cual tenían ganas de participar durante la mañana.

Las actividades eran:
| Actividad | Animador encargado |
|---|---|
| Arquería (prioridad para los ucranianos que todavía no habían ido) | Kato (yo) |
| Preparación y filmación de un vídeo (tipo journal télévisé / noticiario) | Océane |
| Ir de compras al supermercado | Léa |
Yuliia se tomó medio día de reposo—estuvo ausente toda la mañana mientras estuvimos haciendo estas tres actividades.
Cerca de las 10:00 entré a la carpa de las chicas —obviamente anunciándome antes— para ver si Isabelle ya estaba despierta. Efectivamente lo estaba. Me mostró que tenía tres doudous (peluches de apego). Le pedí que los mostrara a la cámara mientras le hacía una foto.

Agathe también se había llevado su doudou al campamento. Como te conté en varias ocasiones, la cultura del doudou es muy importante para los jóvenes franceses—muchos de ellos arrancan a usar un doudou desde que son bebés y continúan hasta bien entrada la adolescencia.
A las 10:30 fui con el grupo que iba a hacer arquería, al terreno de arquería.


Tirábamos siempre con la diana a unos 10 metros de distancia. Cerca del final de la sesión, el animador nos propuso mover las dianas para intentar tirar a 20 e incluso 30 metros de distancia. A estas distancias había que apuntar más alto del objetivo, para compensar la altura que la flecha va perdiendo durante su trayectoria a causa de la gravedad.
Al mediodía volvimos al camping y nos reunimos con los grupos que estaban haciendo las otras actividades. La verdad no sé qué pasó al final con el vídeo que hicieron, ya que Océane nunca lo llegó a mostrar. Creo que simplemente no tuvimos tiempo de terminar con eso.


Uno de los chicos franceses me dio una carta que había escrito para la persona que le había tocado en el juego del amigo invisible, y me pidió si la podía poner sobre su cama.


A las 13:00 me crucé con unas chicas ucranianas en una de las carpas, y les pregunté qué andaban haciendo. Me mostraron que estaban fabricando pulseras con los colores de Ucrania.

Me contaron también que estaban planeando hacer suficientes pulseras para regalar a cada uno de los jóvenes franceses y a todos los animadores también. Me pareció fantástico de su parte que quisieran hacer esto. No podría pensar en un mejor souvenir de mi tiempo compartido con estos chicos que una pulsera ucraniana.
Además me encanta porque es una forma de mostrar mi apoyo a este país. He visto lugares que vendían pulseras ucranianas justamente por este motivo, y he pensado en comprarme una, pero no es lo mismo usar una pulsera que le compré a un desconocido, versus una que me dieron estas chicas, que además de mostrar apoyo a Ucrania tiene un valor sentimental adicional.
Igual la pulsera que estoy usando ahora mismo mientras te escribo —y que espero que me dure mucho tiempo— no me la hicieron las chicas sino yo. Ellas me dieron una cinta azul y otra amarilla, y me enseñaron a entrelazarlas de manera tal que se forme la pulsera. Una de ellas había aprendido a hacer esto tras investigar en Internet, y le terminó enseñando a todos los demás.

A todo esto el grupo cocina estaba preparando el almuerzo.

Hoy almorzamos fajitas. La única regla que había impuesto Léa era que cada persona tenía derecho a agarrar un solo nugget. No eran nuggets de pollo sino de vegetales, pero igual estaban ricas. Los animadores nos pusimos cerca de la mesa para verificar que todos se sirvieran uno solo.
Una cosa que vi y no me gustó para nada fue que una de las profesoras de francés ucranianas se sirvió cuatro nuggets. O sea, si imponemos una regla para los jóvenes cosa de que haya suficientes nuggets para todos, los adultos también deberían acatarla, ¿no? Si no sería superinjusto. Yo me serví una sola como me pareció que correspondía, ya que más tarde habría jóvenes que querrían repetir y si los anims nos servíamos más de una no quedarían para ellos.



De postre Océane nos invitó unas galletas caseras que había hecho su mamá para todos en el campamento. Dijo que la receta no era difícil, así que que invitaba a todos a intentar hacerlas en sus casas también.

Además de traer las galletas para todos, Océane se tomó la molestia de imprimir la receta en ucraniano, para que los chicos ucranianos pudiesen tomarle una foto e intentarla en sus casas. Me pareció un gesto supermajo de su parte.
Traducción al castellano de la receta en ucraniano:
Pequeñas galletas de mantequilla
Mamá de Océane
Ingredientes
• 250 g de harina ecológica semiintegral Lemaire
• 130 g de azúcar
• 130 g de mantequilla blanda
• 1 huevo
Consejo
Según tus gustos, puedes espolvorear tus galletas de mantequilla con sésamo.
Truco
Si no tienes un cortador de galletas… ¡usa un vaso!
Preparación
1. Precalienta el horno a 180 °C (nivel 6 de gas).
2. Mezcla en un bol la harina ecológica semiintegral Lemaire, el azúcar y la mantequilla blanda.
3. Bate el huevo y añádelo a la masa, mezclando bien.
4. La masa no debe quedar perfectamente lisa; ¡ese es el secreto para conseguir unas galletas de mantequilla perfectas! Estírala ligeramente sobre una superficie enharinada (con un grosor de aproximadamente medio centímetro). Si la masa está un poco pegajosa, ¡déjala enfriar en el frigorífico durante 10 minutos!
5. Corta las galletas de mantequilla con un cortador de galletas de aproximadamente 6 cm de diámetro.
6. Coloca las galletas de mantequilla en una bandeja de horno cubierta con papel de hornear.
7. Espolvorea con azúcar granulado y hornea a 180 °C durante aproximadamente 15 minutos.

Después de comer, levantar la mesa y lavar los platos, a las 14:30 fuimos todos juntos hasta la orilla del río Erdre, para hacer una actividad de canoa.
Solo dos personas entraban en cada una de las canoas. Yo estaba esperando a que alguien se me acercara y me dijera que quería ir conmigo, si no iría solo. Se me terminó acercando Ula, la chica que hablaba inglés y con quien había hablado bastante el día anterior. Las otras dos animadoras (Océane y Yuliia) prefirieron ir solas para tener más libertad y facilidad de movimiento.

Creo que yo fui el único que tomó fotografías del tiempo en que estuvimos en las canoas, dado que no vi a nadie más atreverse a sacar sus teléfonos o cámaras estando tan cerca del agua.





Casi tan pronto como tomé la foto del chico que se cayó, giré la cabeza y tomé otra foto más de dos chicas muriéndose de risa por la caída. Así fue como conseguí capturar mi foto favorita de toda la jornada:



Pensaba que los franceses —y los europeos en general— no hacían tanto la seña V al hacerse fotos, ¿pero parece que sí? Me preguntó si se habrá popularizado en los últimos años a partir de los japoneses y otras culturas asiáticas que la hacen todo el tiempo.
Ahora que lo pienso, los franceses consumen muchísimo animé y manga japonés (mayor consumidor occidental per cápita), lo cual ayudaría a explicar la influencia japonesa de hacer la seña V en las fotos.
A eso de las 17:00 volvimos al camping.


Me encantaba ver cómo los jóvenes se esforzaban por escribir las letras en ucraniano (o los ucranianos en francés), cómo se interesaban por el idioma y la cultura del otro. No hay nada más lindo que el intercambio cultural, y para los jóvenes sobre todo puede llegar a ser una experiencia profundamente enriquecedora, al abrirte la cabeza a otras ideas, otras formas de ver y hacer las cosas. Otras formas de pensar incluso, de armar las oraciones y de formar las palabras. Si no pregúntale a Sabine Kuegler.
A las 20:30 jugué un rato con los varones en la terraza de su carpa. Jugamos a un juego que era básicamente como el Babanuki japonés, solo que era francés y se llamaba Pouilleux. La única diferencia era que en lugar de usar el comodín como carta sin pareja, los franceses usan el valet de pique (jota de picas).

A las 21:00 cenamos.

A las 22:00 hicimos una velada sencilla y no obligatoria. Los que estaban cansados y preferían ya irse a sus carpas a descansar podían hacer eso; solo los que tenían ganas estaban invitados a sumarse.
Para la veillée instalamos un proyector contra un muro externo de nuestra carpa, y pusimos varios vídeos de Just Dance de YouTube, de todos los temas que sabíamos que les gustaba bailar a nuestros jóvenes. Yo bailé un poco con ellos también, pero lo que más me gustaba hacer era cantar. Como todos los vídeos tenían también la letra en una esquina, aproveché a cantar un poco también, sobre todo cuando pusieron I Gotta Feeling.
Otra de las canciones favoritas de los chicos que pusimos sobre el final de la velada fue Beauty and a Beat.
Ah, y por supuesto también pusimos —o mejor dicho, puse yo— Toca Toca, uno de mis temas bailables favoritos pero que también sabía que todos conocían y les gustaba. Y luego alguien puso Macarena, que por supuesto también canté.




A las 23:00 pasadas dimos por finalizada la velada y a la media hora el silencio, tranquilidad y oscuridad se apoderaron del camping.
Solo quedábamos fuera de las carpas los animadores para hacer la cinquième en una de las mesas del barnum, como todas las noches.
Nos fuimos a dormir a eso de la una de la mañana.
Palabras de la directora:
El viernes 21 de agosto, ¡los jóvenes volvieron a disfrutar mucho del día y de las actividades propuestas! Un grupo pudo iniciarse en el tiro con arco, mientras que otro se fue a hacer las compras y un tercer grupo se atrevió con el vídeo.
Después de compartir unos wraps, aprovechamos el buen tiempo para dar un paseo en kayak, algo que los niños disfrutaron especialmente. ¡Una forma estupenda de pasar un rato agradable al aire libre!
Por la noche, ¡tocaba una gran sesión de Just Dance al aire libre! Una bonita ocasión para desahogarnos, reírnos y compartir un momento de convivencia todos juntos. ¡Sin duda, uno de los momentos más destacados del día!
Paralelamente, desde hace unos días, los jóvenes participan en el juego del «Gorila y el Cacahuete». Cada uno ha sacado en secreto el nombre de otro joven al que debe mimar con pequeños detalles a lo largo de la estancia. Algunos reciben abrazos, flores, notitas cariñosas… Una bonita iniciativa que contribuye a crear un ambiente acogedor y cálido dentro del grupo.
Los jóvenes se relacionan cada vez más, aprenden a conocerse y comparten más momentos juntos. ¡Es un auténtico placer ver cómo evoluciona el grupo con esta bonita dinámica!
Léa
Ame,
Kato

