Excursión a Hyères: castillo, parque y mediatecas

Kara Ema:

Frase del día en ucraniano

Моя дочка — студентка.
Moya dochka — studentka.
Mi hija es estudiante.

мояmoyamiadjetivo posesivo femenino
дочкаdochkahijasustantivo femenino, nominativo
студенткаstudentkaestudiantesustantivo femenino, nominativo

Vídeo YouTube del día

Baile de niñas rusas (9-10 años).

YouTube player

¿Viste que te conté que Charlotte el jueves se había ido a pasar el día a Hyères mientras yo estaba en Tolón? Resulta que se olvidó su teléfono en el restorán, así que hoy sábado me mandó en una misión: ir a recuperarlo. Me compró billetes de tren de ida y vuelta para que pudiese ir a Hyères, y de paso pasar la jornada allí para conocer.

Hyères es una comuna del departamento del Var, y queda a solo 15 kilómetros al este de Tolón.

Al igual que habíamos hecho el jueves, a las 6:00 en punto salimos de casa. Charlotte me llevó con el coche hasta la estación de Cannes, desde donde me tomé un TGV Ouigo hasta Tolón.

El tren partió a las 6:30 y llegó a donde me tenía que bajar a las 7:45. Nadie nunca controló mi billete. El baño dentro de mi vagón estaba clausurado, por lo que tan pronto como me bajé lo primero que hice fue ir a los aseos de la estación, los cuales para mi grata sorpresa eran gratuitos. Tenían igual los molinetes, con lo cual parecería que en el pasado solían ser de pago, pero se ve que alguien de la ciudad decidió en algún momento hacerlos gratuitos. Bravo; así tendrían que ser en todas las estaciones.

Mientras esperaba mi segundo tren de Tolón a Hyères, vi una colonia que también parecía estar esperando un tren. Si conté bien, había cinco animadores y una treintena de jóvenes. Es plena época de colonias de vacaciones ahora en Francia, así que no tengo dudas de que me voy a seguir cruzando con más.

Colonia de vacaciones frente la gare de Toulon

Los animadores estaban todos vestidos con una camiseta amarilla para que sea fácil para los jóvenes distinguirlos, pero los jóvenes no tenían ningún tipo de vestimenta ni accesorio en común. Si yo liderara un grupo de treinta jóvenes en una salida, haría que todos tuviesen al menos la misma gorra o la misma pulsera, cosa de poder distinguirlos visualmente de manera rápida y fácil. Igual me imagino que los contaran con frecuencia para asegurarse de que están todos.

A las 8:30 me subí al segundo tren (esta vez un TER local) y a las 9:00 llegué a Hyères. Una vez más nadie controló mi billete.

Cuando llegué ya estaba ahí el hombre que me tenía que devolver el móvil de Charlotte. Lo saludé, recibí el teléfono y lo despedí. Luego arranqué a caminar hacia el centre-ville.

Figuras de niños estratégicamente ubicadas al lado de una escuela para recordar a los vehículos de ralentir (disminuir la velocidad).
École primaire Anatole (vista a través de las rejas en el único tramo donde no había una malla de privacidad).
Dos cuadras más adelante estaba el Lycée Général et Technologique Jean Aicard

Al lado de este liceo me encontré con dos minous (gatitos). El negro me maulló a modo de saludo cuando me acerqué a acariciarlo, y tan pronto como me senté se me subió encima. Hacía rato que no me cruzaba con un gato tan amistoso.

Gato amistoso

A veces sueño con un mundo en el que fuese tan fácil acariciar y hacerse amigo de niños como lo es de gatos. Lo más cerca que estuve de ese mundo creo que fue en Filipinas, donde hacerse amigo de niños era tan fácil como salir a la calle e ir a una de las canchas de baloncesto donde normalmente se juntan. Lo genial era que yo no tenía que hacer nada: eran ellos los que venían a saludarme tan pronto como me veían, supongo que por la curiosidad de ver a un extranjero / alguien de etnia diferente. En Europa estas cosas no pasan. En Japón tampoco. En el resto de Asia pasan más o menos frecuentemente según el país. Filipinas es por lejos donde más me pasó.

Jardin secret (Jardín secreto)

Me gustó tanto ver esto que le tuve que hacer una foto. Es evidente que se trata de un jardín dentro de la residencia privada de una persona, quien probablemente está tan orgulloso de su jardín que decidió abrirlo al público en ciertos momentos del día (o ciertos días de la semana) para que todos puedan disfrutar de él. En Sciacca había uno de estos también, que visitamos con los niños.

El día que tenga mi propia casa a mí también me gustaría abrir una parte de ella al público y ponerla a disposición de todos gratuitamente con donativos opcionales. Solo que en mi caso no se trataría de un jardín —tengo cero interés por la jardinería—, sino de lo que me apasiona a mí que son los niños. En particular, abriría un pequeño Museo de los Niños, un lugar donde todas las obras en exposición han sido realizadas por niños. Tal vez algún día pueda cumplir mi sueño de abrir tal museo.

A las 10:00 llegué al Chateau d’Hyères (Castillo de Hyères), o mejor dicho los restos de él.

Mirador del castillo
Vistas desde el castillo
Vista al centro de la ciudad
Puertas, escaleras y muros del castillo

A las 10:30 bajé de la colina donde estaba el castillo y empecé a explorar el centro.

Centro / casco antiguo de Hyères
Antiguo lavadero
Calle peatonal con escaleras y flores
Tour des Templiers y Place Massillon

Esta si no me equivoco era la parte más céntrica del centro. En ella desembocaban dos calles comerciales: Rue Portalet y Rue Massillon.

Rue Portalet
Rue Massillon

Bajé por la Rue Massillon hasta cruzarme con la Place Clémenceau, en cuyos alrededores había un mercado.

Mercado
Place Clémenceau

A las 11:00 entré a la Médiathèque d’Hyères. ¡Al fin consigo entrar a una mediateca en lugar de encontrarla cerrada!

Médiathèque d’Hyères

Tenía tres pisos. La planta baja (0) incluía no mucho más que la recepción, donde uno se podía hacer socio presentando un documento de identidad. La membresía era gratuita (a diferencia de por ejemplo Vietnam donde sé que te cobran para ser miembro de las bibliotecas estatales) y a través de ella podías pedir prestado hasta 15 ítems (libros, revistas, manga, DVDs, CDs de música, etc.) al mismo tiempo por un mes. Quince ítems al mismo tiempo por persona hay que reconocer que es bastante generoso.

Desde la planta baja me tomé un ascensor hasta el piso más alto, que era la sección de adultos, donde había libros de ficción y no ficción tales como de lenguas, política, religión, filosofía, educación, etc. También había varios lugares para sentarse y relajarse. Incluso tenían una simpática terraza, aunque con el calor que hacía y considerando que dentro del edificio había aire acondicionado, no era el mejor momento para usarla.

Me senté con la laptop con la intención de quedarme un rato ahí. Cuando quise acceder al wifi de la mediateca, me apareció una pantalla pidiéndome que ingresara un identificador y una contraseña. Me acerqué a la recepción para preguntar qué tenía que poner allí. Me mandaron al segundo piso.

En la segunda planta estaban las secciones de cinémusique (películas y música), actualités (periódicos y revistas) y numérique (digital). Una vez más pregunté por el wifi, tras lo cual me pidieron un documento de identidad, me tomaron los datos y finalmente me dieron un código de acceso. La verdad que no entiendo por qué no pueden hacer que cualquiera pueda entrar directamente en lugar de tener que pasar por todo este trámite de registro. Burger King el otro día no me pidió nada para usar su wifi, ¿por qué la mediateca sí?

La primera planta estaba toda dedicada a la jeunesse (juventud).

Section jeunesse

De pura casualidad, durante los veinte segundos que estuve observando los libros que había, me topé con uno que me llamó la atención. Se titulaba Le travail des enfants (El trabajo de los niños), y su autor era Marc Hélary.

Cogí el libro y me fui a sentar a hojearlo, mientras dos niñas se paseaban por la sección, curioseando los libros y cuchicheando entre ellas a pocos metros de mí.

Me pareció que el libro intentaba pintar el trabajo de los niños con matices oscuros, tratándolo de algo que está mal en todos los casos y que debe ser evitado y condenado para que todos los niños del mundo puedan tener una educación y no sean «robados de su infancia».

Esto es lo que yo pienso al respecto:

  1. El hecho de que ciertos niños trabajen no significa necesariamente que no puedan recibir una educación y tener una infancia feliz. Una cosa no quita la otra—al menos no siempre.
  2. Los niños trabajaban junto a los adultos durante el 99% de la historia humana, primero siendo aprendices y recibiendo tareas sencillas y cortas, aumentando en complejidad a medida que iban creciendo.
  3. De acuerdo con mi propia experiencia y observación, en muchos países (quizás la mayoría) los niños trabajan no por obligación sino por un deseo genuino de ayudar a sus padres, de ser partícipes de la economía familiar como todos los demás miembros.
  4. Personalmente no veo gran diferencia entre un niño europeo que trabaja como actor de cine o como modelo para revistas o comerciales, versus un niño camboyano o vietnamita que trabaja junto a sus padres vendiendo productos en el mercado matutino.
  5. Que un niño pequeño realice un trabajo no solo no tiene por qué ser perjudicial, sino que incluso puede ser beneficioso, al enseñarle responsabilidades y desarrollar sus habilidades. Por esta razón es que los japoneses suelen asignarles tareas a sus hijos pequeños, como mandarlos a hacer recados, limpiar el baño, ordenar el cuarto, preparar una comida sencilla, regar las plantas, etc.
  6. Lo más importante para mí no es lo que los niños hacen, sino lo que sienten. Si se sienten a gusto haciendo lo que hacen (e.g. ayudando a sus padres en el negocio familiar), si son felices y nadie los obliga, pues bienvenido sea el trabajo infantil.

Lo que me gusta de este libro es que muestra lo capaces que son los niños (al igual que Hajimete no Otsukai). Muestra todo el potencial que tienen y que por lo general en las sociedades WEIRD modernas nunca lo llegan a poner en práctica, dado que se pasan la mayor parte de su infancia dentro de la escuela o dentro de sus casas. Muchos adultos no saben ni reconocen esta capacidad latente en los niños y adolescentes, justamente porque nunca la llegan a ver, al no darles la oportunidad a los niños de demostrarla.

Dicho eso, una vez más recalco que estoy absolutamente en contra del trabajo infantil forzado. Pero también estoy en contra de que organismos como Unicef y libros como este de Marc Hélary te quieran hacer creer que el trabajo de los niños es intrínsicamente malo en todos los casos, cuando esto no es cierto. Si no pregúntale a los siriono.

Ahora sí, te muestro algunas de las cosas que leí en el libro.

Meas Rotha, 12 ans, chiffonnier. Geeta, 13 ans, vendeuse d’eau à la gare.

Meas Rotha, 12 años, trapero. Camboya.
Hace tiempo que dejé el colegio, pero he tenido tiempo de aprender a leer y a escribir. Mi familia vive en un barrio marginal. Mi padre es repartidor en bici-rickshaw, pero se pasa casi todo el tiempo jugando a las cartas. Mi madre vende huevos. Yo soy chatarrero para ayudarles. Cada día recorro todos los rincones de la ciudad para recoger trozos de tela, cartón y madera de los contenedores de basura. En fin, todos los residuos que pueda revender. Eso me da 20 000 riels (unos 3,30 €) al día. A los 7 años, no pude más: me fui a vivir a un centro educativo durante tres años. Pero tuve que volver a casa en 2006 porque mi familia me necesitaba. No puedo volver al colegio, es demasiado caro para nosotros. Más adelante, espero ser cocinero. Me gusta ese oficio y ganaré más que ahora.

Geeta, 13 años, vendedora de agua en la estación. India.
Vivo en la calle y trabajo en la estación de Charbagh, en Lucknow, India. Vendo botellas de agua a la gente que espera el tren. Las lleno en el grifo y luego pido 10 rupias por ellas, pero si solo me dan 5, también me alegro. Gano unas 70 rupias (~1 €) al día. Las escondo en mi vestido, donde me he cosido un bolsillo secreto. Mi madre se fue con otro hombre y mi padre me dejó con mi hermano mayor. Como me pegaba, preferí huir para vivir en la calle. Duermo cerca del aparcamiento de los rickshaws. Mi amigo Rani me habló de la escuela de la calle. ¡Es genial! Puedo ir cuando termino de trabajar. Aprendo a leer y a escribir en inglés y en hindi. De mayor, quiero ser costurera.

Le travail des enfants

Un momento, ¿dijo que llena las botellas en el grifo y luego las vende? Ehh… ¿desde cuando el agua de grifo de la India es potable?

Bernadette, 14 ans, prostituée. Barat, 9 ans, serveur.

Bernadette, 14 años, prostituta. Ghana.
Viví en un pueblecito hasta los 12 años. Mi padre murió y mi madre no ganaba lo suficiente para mantenerme. Así que me envió a la ciudad. Empecé trabajando como porteadora cerca de los mercados, pero las cosas pesaban mucho y ganaba menos de 2 euros al día. Una amiga me dijo que podría ganar hasta 35 euros por noche acostándome con hombres. Así que fui a ver a la dueña de un burdel y tuve mi primer cliente a los 12 años. Algunas noches me acuesto con cinco, seis u ocho hombres. Es horrible. Lloro mucho. Mis amigas se drogan para aguantar, pero a mí no me gusta eso. Cobro 5 dólares cuando es rápido, 10 dólares cuando dura media hora o una hora. Le doy 10 dólares a la dueña por la habitación. Le envío lo que me sobra a mi madre. Ella no sabe lo que hago. No sé cómo dejarlo.

Barat, 9 años, camarero. India.
Trabajo en una tetería. Tengo que preparar el té y servirlo a los clientes. La mayoría tienen prisa y me reprochan que no sea lo suficientemente rápido. Pero si me apresuro demasiado, corro el riesgo de quemarlos al derramar agua caliente. Mi jefe es un buen hombre porque no me pega. Les doy todo mi sueldo a mis padres para ayudarles a mantener a toda la familia. Desde hace un año, voy al centro escolar de 9 a 11 de la mañana y luego vuelvo al trabajo. Me gusta ir al colegio y soy el único de mi familia que sabe leer y escribir. ¡Estoy muy orgulloso de ello!

Le travail des enfants
Dans le monde, l’âge légal pour travailler n’est pas le même.

En el mundo, la edad mínima legal para trabajar no es la misma.
En el caso de los países en desarrollo, la OIT permite el trabajo a partir de los 14 años, pero anima a los gobiernos a elevar ese límite de edad. Mantener a los alumnos más tiempo en la escuela reduce el riesgo de que se incorporen prematuramente al mundo laboral.

  • En Estados Unidos, la legislación permite que los niños de 14 años trabajen en granjas y campos. La edad mínima puede reducirse a los 12 años si el niño va acompañado de uno de sus padres… ¡Pero no puede trabajar en una oficina con aire acondicionado hasta los 16 años!
  • En Bangladés, la ley permite que un niño de 12 años trabaje en una tienda o en las plantaciones de té.
  • En Haití, se puede contratar legalmente a un niño de 12 años como empleado doméstico.
  • En Argelia, está prohibido que los menores de 19 años trabajen por la noche.
  • En Argentina, la edad mínima legal para empezar a trabajar es de 14 años.
  • En Francia, la escolarización es obligatoria hasta los 16 años. A los 15 años, se puede obtener una exención para cursar estudios en régimen de alternancia en el marco de la formación profesional.
Le travail des enfants

No entendí qué tiene que ver la escolarización obligatoria con el trabajo. En todos los otros casos habla de la edad mínima para trabajar y en el caso de Francia no la dice por alguna razón. La busqué y encontré esto: «[En Francia,] un menor puede trabajar a partir de los 14 años durante las vacaciones escolares y a partir de los 16 años fuera de las vacaciones.» (Fuente: France Travail)

Otra cosa que no entiendo es la siguiente: si, por ejemplo, en Argentina los menores de 14 años no pueden trabajar, ¿cómo es que existen modelos y actores infantiles? ¿Cómo hizo Cris Morena para contratar a todos los actores menores de 14 de Chiquititas, Casi Ángeles, Floricienta, etc.?

Les enfants des rues dans le monde

Rabika, 11 años, vendedora de pan en la calle. Bangladés.
Jatrabari, en Bangladés. A pesar del calor sofocante que agota a la ciudad, Rabika no descansa. Cada día, esta niña de 11 años tiene que vender las pitas (panecillos caseros) que prepara su madre. Este negocio le reporta menos de un euro, que entrega a sus padres, a quienes les cuesta mucho alimentar a toda la familia. De pequeña, Rabika fue un poco al colegio, pero tuvo que dejarlo para trabajar y mantener a los suyos. Desde hace un año, gracias a una organización que se puso en contacto con ella para ayudarla, Rabika asiste a clases en un centro adaptado que le permite compaginar su negocio ambulante con el aprendizaje: «Ahora sé escribir y usar las tablas de multiplicar. ¡Podré utilizarlas para llevar las cuentas de mi tienda!».

Le travail des enfants
Portrait d’une enfant prostituée

Maria, 16 años, prostituta. Rumania.
Nací en una ciudad de provincia. Hace dos años, respondí a un anuncio para trabajar como au pair en una familia rica de la capital. Mis amigas me dijeron que tuviera cuidado y que lo hablara con mi madre. En la radio o en la tele se habla a menudo de chicas del campo a las que les prometen un trabajo y que acaban siendo enviadas a otros países para ejercer la prostitución. Decidí correr el riesgo. De todos modos, pensaba que no tendría ningún futuro si me quedaba allí. En la estación, una pareja vino a recogerme para llevarme a una casa en las afueras donde solo había hombres.

Durante días, me violaron y me golpearon. No paraban. Al final, acabé aceptando hacer lo que ellos querían. Me dejaron en paz unos días y luego vino un hombre. Los traficantes le dieron mis documentos. En el coche, me dijo que me había comprado y que iba a obligarme a prostituirme para recuperar el dinero. Tenía miedo de que volviera a pegarme.

Trabajo en su negocio. Es a la vez un bar y una discoteca, con habitaciones en la planta de arriba. Somos entre cinco y seis chicas, a veces diez. Les servimos copas a los clientes, charlamos con ellos y les acompañamos arriba cuando nos lo piden. Es imposible negarse, aunque el hombre esté borracho y sea violento o no quiera ponerse condón. Una noche, uno de ellos me dio un golpe muy fuerte.

Le travail des enfants
Les grands ont-ils le droit de faire l’amour avec des enfants?

¿Los grandes tienen derecho a hacer el amor con niños?
En Francia, la ley establece en 15 años la edad mínima a partir de la cual un menor puede consentir mantener relaciones sexuales. Se considera entonces que tiene la edad suficiente para decir que sí por voluntad propia. A esto se le denomina «edad de consentimiento».

Le travail des enfants

La edad mínima para decir «sí» es 15 años (en Francia). Mientras tanto, la edad mínima para decir «no» es 0. En realidad es un poco más complicado que eso, ya que los menores de 15 años pueden legalmente tener relaciones sexuales pero solo con personas con quienes no tengan más de 5 años de diferencia de edad. 14 con 19 legal, 14 con 20 ilegal, 13 con 18 legal, 13 con 19 ilegal, etc.

Les enfants prostitués dans le monde

Raju, 12 años, prostituta. India.
Desde hace cuatro años, gano dinero acostándome con turistas. Me pagan entre 80 céntimos y 3,20 euros al día y, a veces, me hacen regalos. Ya me han regalado un reloj y ropa para mi familia. Un francés incluso me prometió comprarme una bicicleta. Solo hay que ser amable y dejarles hacer lo que quieran. Vivo en el barrio marginal de Pentakata, en Puri, con mi madre, mi hermano y mis dos hermanas. Si yo no me acostara con extranjeros, mi madre se vería obligada a hacerlo para mantenernos. Las primeras veces lloré mucho, porque me daba asco y me dolía. Ahora lo hago sin pensarlo, es una costumbre. Aquí no tengo futuro. Espero que algún turista acabe llevándome con él. Así encontraré trabajo y le enviaré dinero a mi madre.

¿Los niños hacen eso por dinero?
Las razones que llevan a los niños a prostituirse son diversas. Algunos han huido de un entorno violento o de una miseria extrema; otros han sido abandonados o vendidos por sus padres para saldar una deuda; otros, incluso, han sido secuestrados y retenidos… En todos los casos, se ven obligados a mantener relaciones sexuales para sobrevivir. Sin embargo, a veces ocurre, como es el caso en Japón, que algunas adolescentes se prostituyen voluntariamente, no para sobrevivir, sino para ganar dinero con el que comprarse algún artículo de moda: un reproductor de MP3, ropa de diseño…

Le travail des enfants

No esperaba leer en este libro un reconocimiento de que, a veces, las adolescentes se prostituyen por voluntad propia sin que nadie las obligue, especialmente luego de darse cuenta la cantidad de dinero que pueden llegar a ganar. Esto es precisamente lo que sucedió en Roma en 2013, sucesos a partir de los cuales hicieron la serie Baby, disponible en Netflix.

¿Las niñas también participan en la guerra?
En la mayoría de los países en guerra, se obliga a las niñas, a veces desde los 7 años, a utilizar un arma para matar, herir o amenazar. También se las emplea para cocinar, limpiar, llevar mensajes… Algunos líderes deciden convertirlas en sus «esposas» y, casi siempre, los soldados las someten a abusos sexuales. Las niñas corren entonces el riesgo de contraer enfermedades como el sida o de quedarse embarazadas. Esto complicará mucho su regreso a sus familias y comunidades, incluso si la guerra termina.

Le travail des enfants
Ben, 16 ans, ex-enfant soldat. Mary, 14 ans, ex-enfant prostituée.

Ben, 16 años, ex niño soldado. Chad.
Desde hace un año, estoy cursando una formación como conductor-mecánico en el CTO (Centro de Tránsito y Orientación, gestionado por la ONG Care junto con Unicef) de N’Djamena. Por las tardes, voy a clases de alfabetización. Pertenezco a la comunidad tama. Hasta los 10 años, cuidaba del ganado e iba a la escuela coránica. Me convertí en soldado porque los zaghawa armados irrumpían en nuestros pueblos para robar el ganado. Un día, los aldeanos los persiguieron. Los mataron a todos. Entonces, junto con otros niños de mi edad, nos unimos a las fuerzas rebeldes. Enseguida empecé a combatir. Pienso en ello a menudo y me arrepiento, porque causé mucho sufrimiento. Cuando llegó el momento de entregar las armas, todos nos negamos. Nos explicaron que, como menores, nuestro lugar estaba en la escuela, no en la guerra. No teníamos otra opción. Con mi formación he aprendido mucho y ya no quiero tener nada que ver con los militares. El ejército no aporta nada cuando eres niño. Yo lo he perdido todo. Tengo que empezar de cero. Mi familia sigue en el pueblo, pero no quiero volver allí: hay tanta injusticia que acabaría uniéndome a la rebelión. Me hice soldado para proteger mi ganado y a mis seres queridos. Si no los hubieran matado, nunca me habría convertido en rebelde. La inseguridad sigue reinando. Habría que quitarles las armas a los civiles y lograr por fin la paz.

Mary, 14 años, ex niña prostituta. Filipinas.
Me escapé del bar hace cuatro meses. Llevaba dos años obligada a prostituirme. Tengo tres hermanas. Mis padres eran demasiado pobres para alimentarnos a todas, y aceptaron que me fuera a vivir con una familia para trabajar de empleada doméstica. No tenía otra opción. Es normal ayudar a los padres. Fue una vecina quien me llevó allí. Fuimos a Albay, al sur de Manila. Me llevó a un bar y allí el dueño le dio dinero y me dejó sola. Estaba aterrorizada y no entendía lo que me estaba pasando. El jefe me dijo que estaba allí para acostarme con hombres y que, si no hacía lo que él quería, enviaría a gente a hacerles daño a mis padres y a mis hermanas. Tenía que atender a más de diez clientes al día. Si me resistía o estaba enferma, me pegaban o me violaban. No tenía permiso para salir y no recibía dinero alguno. Tuve suerte porque un cliente se encariñó conmigo y me ayudó a escapar. Ahora me da demasiada vergüenza volver a casa de mis padres. Estoy enferma y no tengo dinero para darles. He denunciado a mi jefe ante la policía para que salven a las otras chicas que estaban cautivas conmigo. He encontrado refugio en una asociación. Tengo una habitación, me dan lo necesario para curarme y estoy volviendo a aprender a leer, a escribir y a contar. Me gustaría ser vendedora de verduras para poder ayudar a mis padres y tener una vida normal. Todas las noches tengo pesadillas. Vuelvo a ver las caras de los clientes. Tengo miedo de que el jefe me encuentre y me mate. Los hombres no deberían tener derecho a hacernos daño así.

Le travail des enfants

A las 12:30 terminé la lectura, me levanté para dar un paseo por toda la sección jeunesse, y me volví a sentar con la idea de quedarme allí un rato largo con la laptop. Estaba como quería: con aire acondicionado, tomacorrientes para cargar mis dispositivos, wifi y niños cerca. Sin embargo, la dicha me duró poco: a las 12:45 anunciaron por megafonía que la mediateca cerraría en quince minutos.

Francamente Francia tiene un problema con los horarios. Las cosas cierran demasiado temprano y demasiados días. Fíjate la siguiente tabla, la cual compara los horarios de este mediateca versus los de la mediateca de Tolón a la que intenté ir la otra vuelta, la biblioteca Oodi en Finlandia y la biblioteca central de Kaohsiung en Taiwán.

DíaHyèresTolónFinlandiaTaiwán
LunesCerradoCerrado08:00〜21:00Cerrado
Martes13:30〜18:0009:30〜17:3008:00〜21:0010:00〜22:00
Miércoles10:00〜18:0009:30〜17:3008:00〜21:0010:00〜22:00
Jueves13:30〜18:00Cerrado08:00〜21:0010:00〜22:00
Viernes10:00〜18:0009:30〜17:3008:00〜21:0010:00〜22:00
Sábado09:00〜13:0009:30〜17:3010:00〜20:0010:00〜22:00
DomingoCerradoCerrado10:00〜20:0010:00〜22:00
Las bibliotecas/mediatecas francesas tienen horarios muy extraños en comparación a otros países

No es solo las bibliotecas igual: los supermercados y las tiendas en general o no abren los domingos o abren pero solo hasta el mediodía. Mientras tanto en Finlandia y en Taiwán abren todos los días hasta tarde.

A las 13:00 llegué a un Carrefour Market para comprarme algo para comer. Me compré una brioche gigante (630 g) de chocolate, 6 lonchas de fiambre de pechuga de pollo y 10 barras de cereales—todo por 8,4€.

Tentempié del Carrefour

Tras salir del Carrefour me fui directo a un parque llamado Parc Olbius Riquier. Allí me senté a comer mi tentempié.

Parc Olbius Riquier

A las 15:30 volví a la estación de Hyères con la idea de ya tomarme un tren de regreso a Tolón. En realidad el tren que me había reservado Charlotte era para las 18:30, pero como sabía que nadie me iba a controlar daba lo mismo ir ahora o después. Como ya no había más nada para hacer en Hyères decidí volverme más temprano.

Bueno, en realidad había una cosa más que probablemente sea la principal que todos los turistas hacen cuando van a Hyères, y lo que hicieron Charlotte y Julien cuando fueron dos días atrás: visitar la isla de Porquerolles.

Isla de Porquerolles (en francés: Île de Porquerolles) es una isla parte del archipiélago de las Îles d’Hyères, en Var, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, al sureste del país europeo de Francia. Su población era de unos 200 habitantes en 2004 y ocupa 12,54 kilómetros cuadrados.

Porquerolles es la mayor y más occidental de las tres islas en las Îles d’Hyères. Posee unos 7 km de largo por 3 km de ancho, con cinco pequeños sistemas de las colinas. La costa sur está llena de acantilados, y en la costa norte se encuentran el puerto y las playas de Notre Dame, La Courtade, y Plage d’Argent.

Wikipedia

Sopesé la idea de visitarla, pero el billete de barco ida y vuelta costaba 24€ y si iba tendría que caminar y hacer randonnées por toda la isla, con lo cual iba a terminar supercansado. Hacía demasiado calor como para hacer todo eso, sobre todo apenas dos días de haber tenido una jornada hiperagotadora y larga en Tolón. Por eso es que esta vez quise tomármelo con más calma y hacer más paradas en parques y mediatecas en lugar de pasármela caminando todo el tiempo como la otra vuelta.

A las 16:00 llegué a Tolón. El TGV que charlotte me había reservado para volver a Cannes pasaría a las 19:15, con lo cual tenía unas tres horas, y ya sabía exactamente donde las iba a invertir. Había dos lugares que quería visitar: la mediateca a la que no pude ir el jueves porque estaba cerrada, y la Fnac.

La Médiathèque Chalucet quedaba a solo dos cuadras de la estación, así que no tardé mucho en llegar.

Panel informativo con todas las cosas que había en cada piso de la mediateca

Lo primero que hice fue subir dos tramos de escaleras hasta la segunda planta. Vi que había un ordenador que permitía consultar el catálogo de libros, así que se me ocurrió buscar uno que tenía ganas de leer, con la esperanza de que lo tuvieran.

¿Recuerdas cuando, unas semanas atrás, acompañé a Charlotte al dentista, que mientras estaba en la sala de espera descubrí un libro que tenían ahí me gustó mucho? El libro se llamaba Éloge du sourire (Elogio de la sonrisa) y era del fotógrafo francés Alexandre Sattler.

Resulta que este fotográfo tiene varios otros más libros similares publicados, los cuales naturalmente quería ver también. Se me ocurrió entonces buscar su nombre en el catálogo, para ver si tenían algo de él. ¡¡¡Sí!!! Tenían justo los dos libros que estaba esperando encontrar: Éclats de joie (Destellos de alegría) y Ode à la bienveillance (Oda a la bondad), publicados en 2016 y 2019 respectivamente.

Los dos libros de Sattler que me «leí» en la mediateca (pongo «leí» entre comillas porque son libros de fotografías, con lo cual no es tanto leer sino más bien admirar las fotos).

Arranco mostrándote algunas de las fotos que más me gustaron de Éclats de joie.

Niños bajao

Esta es la razón por la que me gustan tanto los libros de Sattler: sus fotografías me recuerdan a mis tiempos en Asia. Los niños en esta foto son de la etnia bajao, como los que conocí en Filipinas.

Vendedora de semillas, para alimentar a los pájaros y traerles buena suerte, a orillas del Irrawaddy, en Yangón, Myanmar.

Esta niña estaba vendiendo semillas. ¡Oh, no, qué horror! ¡Qué espanto! ¡Trabajo infantil! ¡Llamemos al Unicef para que vengan a rescatarla de este infierno! Pero, espera un momento… ¿Qué es eso que tiene en la cara que encandila tanto? ¿Acaso es…? No, no puede ser. ⸘Una sonrisa‽ ¿Cómo es posible? Si a mí me habían dicho que los niños que trabajaban eran todos unos pobrecitos, que estaban siendo obligados a hacerlo y que preferirían estar en la escuela.

Esto es a lo que me refería más arriba y lo que me molesta del libro Le travail des enfants. El discurso que te quieren vender tanto el autor del libro como Unicef y otras organizaciones, es que el trabajo infantil es lo peor que hay en todos los casos, que trabajo infantil = trabajo forzado = esclavitud. Esta pequeña y sonriente vendedora de semillas es la prueba de que esto simplemente no es cierto. Todos los niños sonrientes que yo he personalmente visto durante mis viajes que trabajaban también son esa prueba.

Supongamos que Unicef entrevista a dos niñas de 12 años que encuentra en las calles de la India. Las dos son prostitutas. Una de ellas les dice que se metió a trabajar de eso porque sabía que le daría un buen dinero y quería ayudar a su familia, que no se arrepentía de hacerlo y que nadie la obligaba. Mientras tanto, la otra le dice que en realidad ella creía que iba a trabajar de empleada doméstica pero su jefe la terminó obligando a vender su cuerpo, que sufre un montón, tiene pesadillas todas las noches y no sabe cómo hacer para salir de ahí. ¿Cuál de estas dos entrevistas crees que Unicef publicará en su sitio web y en sus folletos que entrega a la gente en los puestos de promoción y busca de donaciones? La única que confirma su narrativa de que trabajo infantil = esclavitud, claro.

Esto es como el editor del libro de los siriono que censuraba las partes que no le gustaban o que le causaban disonancia cognitiva. Se conoce como razonamiento guiado: la tendencia de las personas a procesar la información de manera no totalmente objetiva, sino influida por sus deseos, creencias, intereses o identidad. En lugar de analizar las pruebas de forma neutral y llegar a una conclusión, la persona parte de una conclusión que quiere defender y busca, interpreta o selecciona la información de manera que la apoye, mientras tiende a rechazar o minimizar la que la contradice.

Niña hmong sonriente en las montañas de Sapa, Vietnam.

Sabía que esta loli era hmong incluso antes de leer la descripción de la foto. Esa cara redonda y los ojos achinados no podían ser ninguna otra cosa.

Una colegiala nepalí en el macizo del Langtang.
Mirada interrogativa en los barrios marginales de Daca, en Bangladés.
Vendedora de flores en una pagoda birmana de Mandalay.
Una niña sonriente en la frontera de Lao Cai, en Vietnam.
Alumnos de una escuela en un pueblo de Laos, a orillas del Mekong.
Una joven camboyana en las afueras de Phnom Penh.
Un beso ofrecido amablemente por una colegiala de Java.
Cómplice hmong en las montañas vietnamitas.
La «princesa de la colza» en un campo de Shaxi, en Yunnan (China).
Dos hermanas laosianas en el pueblo de Pakse.
Hermanas gemelas que conocí en Sulawesi (Indonesia).
Niña de la etnia toraja en Sulawesi (Indonesia).
Un padre y su hija en las fuentes sagradas del templo de Tirta Empul (Indonesia).
Una niña javanesa cautivada por el aroma de una flor de loto.
Madre e hija torajas en el pueblo de Rantepao, en Indonesia.
Una pequeña niña haciendo pucheros con los colores del arcoíris en la ciudad de Ubud, en Bali.

Ahora pasemos al otro libro, Ode à la bienveillance, el cual era casi el doble de largo.

Una joven vendedora de velas en Hoi An, Vietnam.

Otra vendedora con una sonrisa fulminante. Tiembla Unicef.

A orillas del Tonlé Sap, en Camboya.
Casco azul en las montañas de Vietnam.
Una niña vietnamita en un pueblo a orillas del Mekong.
Un hermano y una hermana en una fiesta de pueblo en Rusia.
Dos amigas camboyanas cerca de los templos de Angkor.
Pequeña Shiva en Váránasí (Benarés).
Entre hermanas, Sapa, Vietnam.
Una niña pequeña y su neumático, en un remoto pueblo camboyano.
Una joven vendedora de velas en Hoi An, Vietnam.
En una provincia de Birmania, el thanaka luce alegremente en las mejillas.

El thanaka es una pasta elaborada a partir de corteza molida. Es un elemento característico de la cultura de Myanmar; se suele aplicar en el rostro y, en ocasiones, en los brazos de las mujeres y las niñas, aunque también lo utilizan, en menor medida, los hombres y los niños.

Wikipedia
Después de la cosecha de arroz en un pueblo camboyano.
Jóvenes enamorados camboyanos.
Pequeña monstruita en la isla de Zanzíbar.
Joven himba en el pueblo de Epupa.
Una joven coreana por las calles de Seúl.
Amigas camboyanas.
Adenai en su yurta en Kirguistán.
Joven hmong en Sapa, Vietnam.

Fin. Justo para cuando anunciaron que la mediateca cerraría en quince minutos. Aproveché ese tiempo para recorrer rápidamente las partes y los pisos que aún no había visto.

Espacio con un piano y una máquina de arcade que podían ser usados libremente

De la mediateca me fui a la Fnac. Fnac es una cadena con tiendas por toda Francia. Dentro de sus locales puedes encontrar productos tecnológicos, libros, discos de música, películas, juegos, juguetes y demás.

Meta Glasses
Meta Quest

No usaría un producto de Meta ni aunque me lo regalaran… ni aunque me pagaran por usarlo. Aunque sí fue interesante probarlos. El casco de realidad virtual no se sintió muy diferente de lo que ya conocía con el de la PlayStation (PSVR). Las gafas sí fue una experiencia más novedosa: lucían como gafas normales de la marca Ray-Ban, pero tenían funcionalidades especiales que te permitían escuchar música, invocar a un agente de IA, tomar fotografías y grabar vídeos. Hay toda una polémica actualmente acerca de estas gafas y las implicaciones éticas y de privacidad de llevar todo el tiempo un micrófono y una cámara apuntando a lo que uno está viendo.

Sección de juegos
Sección de novelas infantojuveniles
Ah… Estos libros de laberintos me encantaba hacer de pequeño. Recuerdo que la revista Genios una vez había venido con un suplemento de un montón de páginas con laberintos exactamente como estos.
Disco de vinilo del primer sencillo del dueto ruso t.A.T.u. Las dos cantantes tenían 17 años cuando debutaron. Mostraban una imagen de que eran lesbianas para vender más, pero en realidad no lo eran.
Más discos de vinilo, incluyendo el de la francesa Vanessa Paradis, quien saltó a la fama con su sencillo Joe le taxi, el cual grabó cuando tenía 14 años.
YouTube player
Vanessa Paradis – Joe le taxi
Sección de manga

A las 18:40 llegué a la gare de Toulon, ya listo para tomarme el tren de regreso. Media hora más tarde me subí al TGV, el cual esta vez se trataba de un inOui y no un Ouigo.

TGV inOui

Las diferencias más importantes tengo entendido que son estas:

TGV OuigoTGV inOui
Más barato.Más caro.
Menor frecuencia.Mayor frecuencia.
Un equipaje incluido; extras de pago.Más equipaje incluido sin coste adicional.
Asientos más simples.Asientos más amplios y cómodos.
Sin enchufes en los asientos (coste extra).Enchufes incluidos en todos los asientos.
El wifi es un servicio adicional de pago.Wifi gratuito.
Sin servicio de restauración.Servicio de bar/restorán a bordo.
Un solo tipo de vagón/billete.Vagones de primera y segunda clase.

A las 20:30 llegué a Cannes. Por suerte esta vez sí había trenes a Grasse todavía, así que esperé al siguiente que pasaría a eso de las 20:50. Me lo tomé sin billete, ya que entre Mouans-Sartoux y Cannes Charlotte me dijo que los inspectores no pasan nunca. Hablando de inspectores, en el TGV de regreso tampoco me controlaron.

A las 21:30 rentré.

Ame,
Kato